PISCIS
Pertenecen a este signo
los nacidos entre el 19 de febrero y el 20 de marzo
Este signo cierra el círculo zodiacal y nuestro estudio de los prototipos viriles a través del camino de las estrellas; en él se anastomosan el principio y el final del Zodíaco, campo formador que ha condicionado la aparición y el desarrollo de la vida sobre nuestro planeta. Aquí, la gran serpiente de las mitologías antiguas se muerde la cola, dando lugar a un perpetuo renacer en el devenir cíclico del mundo.
Esto lo saben muy bien las mujeres a través de su poderosa intuición; el hombre Piscis es un enigma vivo, mitad sangre fría, mitad sangre caliente, que las atrae como un imán en su búsqueda por resolver los secretos de esta personalidad, a veces jeroglífica. El emblema del signo ya nos habla de dualidad -dos peces-, que se repite en los signos finales de estación, a excepción del de Virgo: Géminis -dos gemelos- y Sagitario -el centauro Quirón, mitad hombre, mitad caballo-. Hay quienes piensan que esta dualidad es más bien una multiplicidad, y de hecho, en este signo, así parece ser.
Por un lado, como hemos
dicho, Piscis es final de ciclo; se acaba el anterior y los patrones dominantes
de su período vital, debiéndose crear en esta última fase las bases
estructurales que marcarán el siguiente impulso, el siguiente ciclo. Son por
tanto momentos de confusión, de caos y evolución rápida en los que se acelera
el ritmo de los acontecimientos; consecuentemente, domina en ellos
Por otro lado, Piscis
completa en el Zodíaco
Y así, tres planetas sobresalen entre los demás en este signo, proporcionando con sus cualidades la impronta pisciana; de los clásicos, Júpiter encuentra aquí uno de sus domicilios, y Venus la exaltación. Por el contrario, Mercurio exiliado y caído se halla en Piscis bajo mínimos, a menos que otros factores del horóscopo individual lo potencien. De los planetas nuevos, Piscis es el domicilio de Neptuno, si seguimos la indicación generalmente aceptada por los astrólogos modernos.
Y aunque ni
Fin de ciclo, Elemento Agua, Júpiter, Neptuno y Venus como planetas notables y Mercurio poco significativo, son los patrones característicos que cristalizan dentro del prototipo pisciano. El signo de Piscis puede ser notable en el individuo a través del Ascendente, y si no se encuentran planetas allí o hay uno de los tres notables para el signo (Júpiter, Venus o Neptuno), la impronta pisciana se manifiesta también a través del cuerpo físico en el parecido y las formas, inconfundibles.
En tal caso domina en el
individuo
Los labios son llenos y carnosos, sorprendentemente blandos, de los más apetecibles de atacar; la voz suave y sin estridencias, salvo en ocasionales arrebatos de cólera que, paradójicamente, también pueden sobrevenir a este hombre de apariencia tan moderada. La nariz no resulta vistosa, carece de angulosidades; redondeada en la punta le da cierto aire de chiste. Los lóbulos de las orejas destacan por sus abundancias, y también por una fina sensibilidad, otra fuente de inspiración para la mujer. La piel, extraordinariamente delicada, casi se puede decir que carece de vello; a veces aparece con algunas pecas como adorno o algún que otro lunar travieso. De tacto muy agradable, incita a las mujeres a tocarla, casi sorprende verla así en un varón. Los cabellos suelen ser más bien débiles, y dada la composición hormonal del tipo y su tendencia a sudar en exceso crecen con lentitud, siendo frecuente la alopecia a partir del primer retorno de Saturno (de los 28-29 años en adelante). Pocas veces serán negros del todo, pues se distinguen en ellos tonos castaños o aún más claros, casi siempre finos y lisos, o suavemente ondulados.
En conjunto, la cara tiene una expresión un tanto abstraída y ausente, lógico en un ser de extraordinaria riqueza interior, otra interrogante para las mujeres tocadas por el atractivo pisciano masculino. En el cuerpo destacan las formas llenas y redondeadas, casi femeninas; los hombros, que desnudos pueden llamar al desvarío, las tetillas, dos abultamientos prodigiosos para un hombre, asiento de refinadas y agradabilísimas sensaciones cuando son trabajados por la amante conocedora de sus bien guardados secretos, y las espaldas, una provocación al asalto por la retaguardia. El vientre tiende a llenarse de adiposidades al acercarse a los 40, por lo que debe cuidarse para mantener su atractivo si no quiere perder todo el encanto de la juventud; lo tiene coqueto, de niña, con su centro geométrico origen de esfericidades subyugadoras. Y las nalgas, cuántas mujeres las envidian: llenas, moldeadas, firmes y carniprietas, sus suavidades son difíciles de igualar, auténticos culitos de rana. Lampiñas y dominadas por las alburas, son una tentación para los ojos femeninos; aunque éstos sean discretos, las mujeres no pueden evitar acariciarlas al posar la mirada en ellas, incitantes, provocadoras hasta para los hombres capaces de captar su explosivo mensaje...
Y las virilidades, tan
presentes como modestas, no podría ser de otro modo en este prototipo dominado
por Venus y
Siguiendo la tónica venusino-lunar del tipo, las piernas suelen ser bonitas y atractivas para un hombre, y las manos y pies igualmente, a menos que lo contradigan severas aflicciones planetarias en el horóscopo personal. Los dedos suelen ser largos y lisos, en contradicción muchas veces con las ampulosidades del resto del cuerpo; a veces se los puede ver más gordezuelos, en todo caso mantienen el atractivo y son una herramienta imprescindible en los rituales amorosos...
La marcha de los Piscis resulta algo cansina y su andar tiene ciertos aires de torpeza; los pies constituyen una debilidad natural del prototipo -sobre todo si el Ascendente es Piscis y hay allí alguna aflicción planetaria-, manifestándose entonces alguna patología en ellos desde temprana edad (pies planos, puente excesivo, hipersudoración, callosidades, duricias, juanetes, malformaciones de los dedos, superposición digital, etc.).
Signo doble y femenino, de
Agua, Yin y asimilable a
La circulación tiende a ser lenta, de ahí que se los vea frioleros y tengan las manos y los pies fríos durante el invierno, época del año en la que son especialmente propensos a constiparse, segregando entonces gran cantidad de moco y flema (Fuego escaso). Con esta tendencia suya tan acuosa pueden sufrir reblandecimiento de los tejidos y derrame de los humores, por ejemplo del líquido sinovial de las articulaciones. El aparato respiratorio de Piscis, como en los demás signos dobles, raramente es fuerte. Por la misma causa su digestión es laboriosa y perturbada a menudo por desarrollo excesivo de gases. Signo armónico de Virgo (opuesto, armónico 2), pueden darse también con frecuencia problemas de origen intestinal, una debilidad constitucional del tipo.
Pero la impronta pisciana
en la personalidad viene dada mayormente por otros factores distintos del
Ascendente, como son un Sol importante en el signo que nos ocupa,
Una personalidad marcada por la disgregación de lo presente y en vías de plasmar los patrones del futuro, una personalidad sin márgenes precisos y poco o nada dada a lo racional, -exilio de Mercurio-, inclinada hacia lo colectivo, a la disolución del individuo en el grupo y a lo irreal, es problemática de encuadrar, definir y clasificar, pero, como hemos dicho, seduce sobremanera a las mujeres, extrañamente sorprendidas de encontrar tantas afinidades a ellas en un hombre.
Si queremos acercarnos al problema planteado por una personalidad dominada por Piscis, debemos tener en cuenta en primer lugar que, en este caso, los planetas sub-dominantes cobran especial relevancia; en efecto, la falta de delimitación y consistencia, así como su tendencia a la variabilidad, hacen que valores planetarios, en otros casos inoperantes, actúen en el individuo pisciano con sorprendente eficacia. Al progresar el horóscopo por las direcciones, se observará cómo el sujeto Piscis es especialmente sensible a las crisis de los diversos planetas, sufriendo en ellas auténticas transfiguraciones; dada su plasticidad, para él no resulta difícil comportarse como un marciano durante una crisis de Marte, como un saturniano en una crisis de Saturno, etc. Piscis es un individuo capaz de adoptar a lo largo de su vida todo el amplio espectro de los tipos planetarios, proteico como no hay otro en todo el Zodíaco.
Sin temor a errar puede
afirmarse que la característica básica del prototipo Piscis es su excepcional
plasticidad psíquica, sobre la cual operan como en ningún otro signo las
restantes tonalidades de carácter; esto puede desconcertar al mejor de los
observadores. Entre los extremos opuestos representados por ambos peces del
signo -el tipo dilatado y el encogido- hay innumerables subtipos Piscis que
hacen las delicias de los estudiosos de
Con unos rasgos tan cambiantes e imprecisos no es de extrañar que la personalidad pisciana sea capaz de trastocar a muchas mujeres, sobre todo a las amantes del riesgo y del misterio, fascinadas al comprobar lo influenciable e impresionable que puede llegar a ser este hombre por las circunstancias externas, un rasgo tan afín a la naturaleza femenina. Piscis es un auténtico diapasón capaz de resonar a las vibraciones más sutiles y variadas de cualquier tipo de ambiente, lo cual no deja de ser chocante en un hombre, mucho más seco e impermeable normalmente en comparación con la mujer. Suena la música y Piscis se deja llevar por entero; cualquier estilo, cualquier melodía, evocan en él auténticos paisajes del alma, de los que se embebe ajeno por completo a su situación física. Piscis se deja envolver por la música y entonces su riquísimo mundo interior cobra vida y color por instantes, pero también ante la visión de un cuadro, un paisaje o un ambiente callejero, en una situación amistosa o familiar entrañable. Es hombre de recuerdos y se sume frecuentemente en el pasado, o recrea tiempos pretéritos con extraordinaria facilidad; un perfume, una melodía o determinada situación son estímulos suficientes para que reviva intensamente experiencias anteriores...
Un muñeco, una marioneta o una figura religiosa, cualquier objeto representativo, es para Piscis mucho más que una masa inerte, pues toma vida en su imaginación. Durante las ceremonias litúrgicas Piscis se transporta, escapando literalmente de sí mismo, al igual que en otros tipos de rituales. La publicidad sugerente, los anuncios prometedores, las ideas originales, los llamamientos de cualquier tipo de líderes, son algo por lo que Piscis queda atrapado enseguida.
De ahí la fama mística y religiosa del signo; Piscis se deja arrastrar fácilmente por otras voluntades más fuertes que la suya, diluyendo su individualidad en lo colectivo. Misioneros, predicadores, monjes, sectarios y fanáticos de todo tipo, engrosan las filas de este signo, absorbidas sus voluntades y capacidad de criterio por las propagandas más increíbles. La misma causa tienen su tendencia a las drogas, a los estados alterados de conciencia, a la visión deformada de la realidad y también a los desvaríos del sexo, los cuales pueden generar en él una dependencia similar a ciertos tipos de sustancias (acción relajante y liberadora de endorfinas durante el orgasmo).
Los cielos estrellados de
la noche, las salidas y las puestas de Sol, el paso cansino de los atardeceres
veraniegos, los días brumosos o de cielos cargados, penetran con facilidad en
las entretelas piscianas, transmitiéndole sus correspondientes estados de
humor. Nadie como él es capaz de pasarse horas muertas mirando a las nubes; en
increíble sucesión calidoscópica su fantasía le hace ver animales, monstruos,
escenas mitológicas, rostros humanos y todo lo que tan explosiva fantasía le
permite vislumbrar. Piscis presiente como ningún prototipo zodiacal otra
realidad sustancial más allá del mundo físico, y la palpa en sus ambientes
privilegiados: en los bosques frondosos, en los manantiales, en el curso de los
arroyos y de los ríos, en los santuarios de arcaica tradición religiosa, en las
ruinas antiguas, en las cuevas escondidas de las montañas, contemplando los
fenómenos atmosféricos, durante los instantes críticos en los que
Piscis no sólo es una esponja capaz de empaparse de esos ambientes que filtran otra realidad más allá de lo tangible; nos encontramos ante un ser que roza a menudo la mediumnidad, extremo nada deseable por lo patológico. El prototipo masculino de este signo intuye como una mujer, incluso puede decirse que siente casi como una mujer más, de ahí que ellas lo encuentren tan afín, y una vez rotas las barreras del antagonismo entre los sexos se confíen a él con naturalidad o se sientan extrañamente cautivadas por su personalidad paradójica, por la ambivalencia que entraña...
¿Puede extrañar que muchos hombres del signo no muestren abiertamente esta especial condición, su gran sensibilidad y romanticismo acabado? La mayoría de ellos han construido una coraza protectora que oculta su verdadero modo de ser, el cual tan poco sintoniza con los papeles y las pautas aceptados por nuestra cultura tradicional; en unos ambientes donde estaba mal visto el lloro de los niños porque no era de hombres, o, dicho de otro modo, donde se reprimía por sistema la exteriorización de los sentimientos en las criaturas, un ser tan sentimental como este no tenía cabida, al alejarse del arquetipo convencional. No creemos desvelar ningún secreto al afirmar que muchísimos hombres del signo de Piscis son dados a llorar fácilmente, y aunque lo disimulen delante de otros, cuando están a solas las lágrimas se les escapan con emociones relativamente leves.
Por eso, para intimar con los Piscis y desvelar su verdadera personalidad hay que acercarse a ellos con prudencia, no pisar jamás su terreno y serles leales sin titubeos. Con el tiempo, el hombre Piscis es capaz de reabrirse a la mujer capaz de ganar su confianza, poniendo entonces al descubierto un universo riquísimo de sentimientos, emociones, fantasías, ensoñaciones y maravillosas ideas, pues la mente pisciana resulta extraordinariamente creativa a nada que se la estimule mediante la seguridad y estabilidad afectivas.
Precisamente aquí, en la acción y la capacidad realizadora, encontramos uno de los puntos flacos de este nativo (el hombre es activo por naturaleza). Si su tema astral de nacimiento no se encuentra apoyado por los valores planetarios netamente masculinos (al menos en un grado razonable), este prototipo con tendencia a lo vago y nebuloso puede convertir su vida en un auténtico caos. A pesar de ello, tal circunstancia no deja de ser un motivo más para acrecentar la fascinación que ejerce sobre ciertos tipos de mujeres, especialmente en aquellas de personalidad poco asentada. Tal fue el caso de Ravel, que aunque excelente compositor lleno de inspiración, su vida era un juguete en manos de otros. Pero con el timón de Marte y Saturno el hombre Piscis puede resultar verdaderamente deslumbrante: son los casos de Johann Sebastian Bach, Gabriel García Márquez, Victor Hugo, Albert Einstein, Miguel Ángel, etc.
Piscis proporciona por lo
general una rica personalidad capaz de cristalizar en una u otra modalidad
según la fortaleza y condición de los planetas en el tema horoscópico
individual. Con un Saturno preeminente puede plasmarse en el científico, el
investigador o el amante de
El amor constituye uno de los terrenos donde Piscis se desenvuelve en su elemento, siguiendo aquí unas pautas similares a las de otros aspectos de la vida; es enamoradizo, voluble, romántico, inspirado, hombre de inesperadas fantasías, antojadizo, en ocasiones exuberante, aunque poco pegado al suelo, poco o nada práctico... Eso no quiere decir que carezca de egoísmo, sino que mayormente es un ser pulsante incapaz de ir más allá de los intereses del momento, un seguidor convencido de sus súbitas corazonadas...
Hombre de amplia vida interior, tiene una gran tendencia hacia los amores platónicos. Esto, que es propio de la etapa adolescente, cuando todavía no ha cuajado la personalidad del joven ni éste es capaz de dominar y conquistar el medio que lo rodea -los planetas masculinos, el Sol y Marte, son actualizados más tarde-, se alarga en el prototipo Piscis hasta bien entrada la edad madura. Sentimental y romántico como no hay otro, recrea en su mundo interno lo que no es capaz de resolver en la realidad, cosa natural para un venusino de tendencia fantástica dominado por el Elemento Agua.
El mundo pisciano es un entorno bañado de sentimientos, afectos y emociones, aunque por lo general estos hombres no lo dejen traslucir, como ya hemos dicho. No son machos de primer impulso, ni luchadores ni conquistadores; sus instintos están filtrados por impresiones momentáneas. Difícilmente se podrán observar hombres Piscis de rompe y rasga; en cambio, amorosos, aunque tímidos y suaves en el trato, atraen a su alrededor como una mujer. Se dejan recrear, no son hombres de prisas e ir directo al grano, sino de largos festejos y dilatados pródromos. Les encanta la conversación y la compañía femeninas igual que a una mujer; disfrutan de las intimidades en los ambientes recoletos de los jardines, de los parques, de los paseos bajo los árboles floridos en primavera o de los rincones solitarios. Se conforman con las adyacencias en una glorieta, pueden dejarse llevar por los empalagosos perfumes femeninos y luego se recrean evocando el recuerdo en la soledad de sus ensoñaciones, incluso cuando están despiertos...
El romanticismo pisciano
está adornado de paisajes otoñales, de atardeceres con arco iris en los cielos,
del gozo de la vuelta a casa tras el disfrute de las horas felices, de soles
que se ocultan y lunas que se levantan, de felicidades tan imposibles de
retener como el agua entre las manos. Tiene un especial sentido del fluir del
tiempo, de la inconsistencia de lo que para otros son sólidas realidades. No
olvidemos que
Hay una fuerte dosis de estoicismo en la típica actitud vital pisciana de aceptar lo que tenga que venir sin oponerse, en su reconocimiento instintivo de que no puede suceder nada que no esté escrito previamente, actitud propia de finales de ciclo histórico con la que esta personalidad sintoniza (idénticamente, rasgo saturniano).
Como a otros prototipos venusinos, le son ajenas las competiciones por la hembra, las pasiones súbitas y el instinto posesivo exclusivamente penetrador. Otros más dominadores lo miran por encima del hombro y se compadecen de sus aparentes debilidades...Si supieran... Si supieran los bien guardados secretos de este hombre sólo llamativo por sus modestias, por la aparente falta de empuje...
Tras la fachada de su virilidad Piscis esconde una exquisita sensibilidad en el cuerpo, excepcional cualidad que ninguna mujer entendida debiera desdeñar. Su nuca es asiento privilegiado de inefables sensaciones si se la ataca por la retaguardia, preludio de melodía amorosa si después la compañera le recorre fervorosamente el surco de la espina dorsal con lengua acariciadora y entregada. Perteneciente al grupo de los femeninos, el hombre Piscis se deja cortejar con naturalidad y sabe incitar a la hembra ofreciéndole lo más regalado de su delicada anatomía.
De masculinidades desvanecidas, sus senos pueden llegar a ser envidiables; realzados por prendas ajustadas en la estación veraniega, los remates recuerdan la forma almendrada y subida de las niñas que acaban de dejar de serlo. No los disimula, y menos aún en los festejos con la amante; sabe ofrecerlos con femenina liviandad, y en el momento en que son copados por los labios ávidos de la consorte, se produce simultáneamente el milagro de la erección. El cuerpo Piscis sufre en esos momentos un auténtico flujo y reflujo de regaladas sensaciones, y ante el cúmulo de ternuras dispensado por su compañera, el miembro masculino, inadvertido hasta el momento, perezoso y rezongón, despierta de golpe, cobrando inesperada longitud y dureza.
Aún así, nuestro hombre no parecerá inmutarse, y, discreto, seguirá dejándose hacer hasta que el fuego abrasador provoque en él inaplazables urgencias. Le encanta ser sobado de cualquier modo, que el cuerpo le quede reluciente de humedades o le toquen con descaro las partes más comprometidas de su edificio corporal, y aunque no resulta hombre de iniciativas y prefiere que le despierten primero los fuegos, también sabe condescender a continuación con su compañera, devolviendo aumentado todo lo recibido.
Pero Piscis es el signo de los pies, esas piezas tan a menudo olvidadas en los festejos amorosos. Las antiguas culturas del Extremo Oriente no sólo no desdeñaron estas delicadas partes de la anatomía humana, sino que las convirtieron en auténticos objetos de culto dentro del recogimiento de sus alcobas. Y parecido hicieron con las manos, tomándolas como fetiches.
Muchas amantes conservan el instinto de atraer a sus labios las manos de los hombres para besarlas en medio de los cortejos amorosos, festejándolas con la lengua en un acto de delicada quirofagia. No todos saben apreciar estas sutilezas y ante ellas quedan sorprendidos y sin saber qué hacer. Las más imaginativas van más allá y juguetean con los dedos masculinos entre sus labios cargados de evidencias, iniciando así de uno de los actos más conmovedores que pueden darse durante la cópula; como quien no quiere la cosa, con unos ojos que manifiestan el abandono al que sólo una mujer puede llegar, comienzan a sorber los dedos masculinos por las yemas, uno solo, después dos, realizando así una auténtica digitofellatio que constituye un delicado regalo para el escaso grupo de hombres capaces de apreciarla. Dentro de él se halla el prototipo Piscis, persona de detalles más que de estridencias, más de sutilezas que de avalanchas, de calidades que de cantidades... No menosprecie por tanto la amante de Piscis estos adornos durante el acto amatorio y obséquielo con inspiración, que también hallará su recompensa si se abandona relajadamente a los instintos más primarios.
Pero si cumplimentar las manos puede resultar derretidor para ambos contendientes, no debemos olvidar que en este signo los pies revisten una especial importancia, y a ello tendrán que aplicarse ambos amantes con idéntica entrega. Es conocido que algunos hombres tienen especial debilidad por esta parte del cuerpo, sin que se sepa bien el porqué; en su modestia, los pies parecen carecer de importancia, y sin embargo son piezas fundamentales de la anatomía humana. Soportan el peso de toda la masa corporal, y en su interior se encuentra toda una obra de ingeniería natural que equilibra y distribuye esta carga de modo que resulte posible la marcha sin sufrimiento de la columna vertebral ni de ellos mismos, pese al esfuerzo cotidiano que deben realizar.
Un puente armonioso los dota de una gran resistencia al peso y al esfuerzo, pero también de singular belleza para quien se para a contemplarlos como se merecen. Unos pies sanos, sin callosidades ni duricias inoportunas, sin juanetes o crecimientos anárquicos de los talones, reflejan buena circulación, y en general, buena salud. No perdamos de vista que Piscis (los pies) es signo opuesto a Virgo (los intestinos), y como armónicos que son de la onda zodiacal presentan algunas regencias comunes en el ser humano. Unos pies saludables (Piscis) indican por tanto buena digestión y asimilación intestinal, claves ambas para un adecuado equilibrio orgánico y funcional. Conocido resulta también el hecho de que los pies fríos denotan mala circulación; a la inversa, llevarlos mojados puede provocar un buen resfriado (Piscis es signo común, en relación por tanto con los pulmones y las vías respiratorias). Dada la elevada sensibilidad y abundancia de terminaciones nerviosas de las plantas, su manipulación mediante masaje permite la estimulación refleja de otras partes del cuerpo (reflexoterapia podal).
No pocos amantes saben captar el especial atractivo de los pies, y a ellos se entregan en los prolegómenos amorosos; que se sepa, esta debilidad alcanza preferentemente a los hombres. Entre ellos, los hay que eligen cuidadosamente el calzado para realzar el poder de seducción de sus mujeres según las preferencias personales: botas altas calando hasta el final de los muslos, de longitud media hasta las rodillas o simples botines, zapatos de puntera aguda, tacones altos o de aguja, imprescindibles en los asaltos por el Sur, sandalias para exaltar la desnudez de las piezas anatómicas más codiciadas, charoles, cueros, alburas y negruras, escarpines, hebillas y espartos, todo según el capricho ocasional que aumente la excitación a través de la contemplación de los pies femeninos...
Otros prefieren dejar a ellas la elección de la vestimenta de tales debilidades, y en cambio las someten a larguísimas y fervorosas sesiones de pedicura; cortar las uñas, limarlas y darles forma, esmaltarlas una a una con productos cosméticos de fantasía, cambiar su color para darles variación, eliminar cualquier detalle o crecimiento anómalo que importune la estética de los pies, rebajar los talones, aplicar aceites aromáticos de lavanda o ajedrea que tan excelentes resultados proporcionan para la piel, y en medio de tanto cuidado, prodigarse besos, caricias, cositas, devociones insustanciales y otras delicadezas, son para ellos la parte más esperada de los estímulos eróticos en la intimidad de la pareja... Los más adictos, en su devoción, combinan ambas tendencias...
Estas pequeñas
perversidades, si así puede llamarse a semejantes sutilezas, se encuentran
indicadas a menudo en el horóscopo personal; tal es el caso de algunos
individuos que han sufrido ciertos tipos de desviación de la libido en épocas
tempranas, jupiterianos sibaritas o venusinos inspirados que tengan a Piscis o
Neptuno en las cúspides de las Casas V (los juegos eróticos) o en
En todo caso, los pies son siempre una buena excusa para el relajamiento, y cualquiera puede comprobarlo tras un día de fatigas, cuando el cansancio se apodera del cuerpo; un buen masaje en la planta y en los dedos tras el baño, facilita la recuperación y proporciona momentos agradables de abandono propicio al descanso. Incluso al comienzo de los festejos amorosos, si es el consorte quien prodiga sus mimos, tales manipulaciones constituyen uno de los mejores inicios...
Habitualmente son los
hombres quienes se encaprichan de los pies femeninos, y hay mujeres que los
poseen de inigualable belleza; sin embargo, resulta un hecho conocido que ellas
son mucho más proclives a padecer todo tipo de dolencias podales que los
hombres. Esto encuentra explicación en la naturaleza del sistema nervioso,
mucho más delicado en la mujer -
Por tanto, las aflicciones planetarias en el horóscopo personal que afecten al signo de Piscis, o a su opuesto Virgo, sobre todo en la mujer, indican posibilidad de desarrollo de problemas en los pies, que no son sino manifestaciones físicas de otras complicaciones de la personalidad. El uso de zapatos excesivamente ajustados o estrechos, con puntera compresiva o tacones escandalosos, tan al gusto de la coquetería femenina, favorece por lo general la aparición de estos problemas, estando dentro de lo posible la transmisión a la espalda u otras partes del esqueleto. Por las relaciones de Piscis con Neptuno puede explicarse un hecho constatado por la experiencia astrológica, como es que un misticismo equivocado, mal encauzado o dificultado en su expresión -a menudo producto de sublimación o desviación sexual-, va asociado a serios problemas de salud en los pies.
Salvo en los casos de serias aflicciones planetarias el prototipo Piscis es, junto al de Libra, el que posee los pies masculinos más bellos y armoniosos de todo el Zodíaco. Son piezas codiciadas que, si pulquérrimas, la amante conspicua debe festejar con igual fervor que las manos durante la celebración de los oficios amorosos; a su vez, Piscis sabe devolver aumentados los favores, pudiendo sorprender a la más experta de las amantes una y otra vez con su venusina fantasía sin fin. Nuestro hombre se va curtiendo con la edad en el arte de amar y, pícaro por naturaleza, aunque no lo aparente, antes o después la musa Inspiración lo cubre con su manto para felicidad de la compañera de cortejos.
Durante el baño común Piscis puede cogerla por sorpresa e intrigar con un pie en el lugar más comprometido de su anatomía. Con una planta tan suave y delicada, damiforme al igual que otras partes de su cuerpo, Piscis sabe llamar discretamente al portal femenino sin asaltos ni brusquedades, propiciando así la curiosidad y entrega de la consorte. Por su parte, él disfruta con el cosquilleo que le proporciona el tapizado de ricillos traviesos al deslizar la planta por encima, recibiendo simultáneamente las caricias de los que se ondulan bajo el movimiento de las aguas...
Luego, en su imperceptible avance, le llega el contacto de otras partes más blandas y cálidas, suavemente deslizantes; nada regalará más la vista curiosa de Piscis que el abandono al que cede su hembra cuando propicia la entrada del allanador con femenina lasitud. Apoyando los brazos sobre los bordes de la bañera, ella entornará los ojos para mejor concentrarse en sus goces, y sin musitar una palabra se dejará hacer solícita y confiada...
Piscis sabrá provocar la convulsión de sus entrañas con cuidadosa y suave porfía, penetrando los entrantes con el dedo de mayor tamaño, pinzando los salientes entre éste y el que le sigue, sin olvidar con el otro pie el masaje a lo largo de los muslos, del vientre, de los flancos, y, cómo no, dulcificando también los senos femeninos con singular destreza, para así catapultar a tan afortunada compañera a las glorias del eretismo...
Si posee una Venus exaltada en el horóscopo individual, el prototipo Piscis puede convertirse en un díscolo con la experiencia y el aplomo que da la edad, alcanzando capacidades sobradas para cometer mediante los pies auténticas fechorías eróticas en las situaciones más inimaginables. Si tal es el caso, nuestro amante pisciano saltará las normas y barreras que otros hombres en apariencia más dotados y temerarios ni siquiera se atreven a soñar.
Capaz de insólitas intrigas eróticas con los pies en la intimidad de la pareja, Piscis puede atreverse a desarrollar sus fantasías a plena luz del día, rodeado de gentes y en las condiciones más insospechadas. Un impulso súbito de su imaginación -que no de su flojo Marte-, o un capricho imperioso de su Venus exaltada, pueden bastar para desencadenar la tropelía.
Nos refería uno de estos hombres venusinos del signo de Piscis -Sol en sextil con su dispositor (Júpiter), Venus en VII y Neptuno en Ascendente- cómo trabó contacto amoroso con una amiga casada que le coqueteaba desde hacía tiempo. Fue en el transcurso de un banquete de bodas, junto a la propia esposa y enfrente del marido de su ocasional amante, mientras comían, mediante la técnica que él denomina pedestre. Amablemente nos lo ha referido por escrito para que incorporemos su testimonio en esta miscelánea, orgulloso de una hazaña tan pisciana como la de hacer el amor en público y a distancia, sin otro contacto físico que el de su pie diestro sobre el nidal de la pretendiente. Así lo narra él mismo:
Hacía unos meses que
Isabel venía tras de mí; lo había observado, y ella no se esforzaba nada por
disimularlo. Yo estaba a la espera, pues un amigo astrólogo me había anunciado
algún suceso de tipo erótico-femenino para aquella primavera, y por experiencia
sé que se acerca a la realidad en las fechas y en la clase de acontecimientos
pronosticados. Isabel empezó a llamarme por teléfono, a hacer coincidir su camino
con el mío, en fin, era bastante evidente y en el fondo me agradaba, de alguna
manera alimentaba mi orgullo y no le corté las esperanzas en ningún momento.
Durante el verano nos
tocó sentarnos frente a frente en la boda de unos amigos comunes; entonces me
di cuenta de que la situación estaba cristalizando y era inevitable que algo
sucediese aquella tarde.
Sobre las mesas
alargadas nos apretábamos los comensales a ambos lados, el marido de mi amiga a
su izquierda, yo estaba con mi esposa a la derecha, las dos parejas frente a
frente. Isabel me acaparó desde el primer momento con tanta naturalidad que
sólo yo podía darme cuenta de sus devaneos. Miradas, guiños, risitas, gestos,
todo eran evidencias de sus deseos y de una disponibilidad manifiesta.
Realmente estaba bella e insinuante, nadie se hubiera podido resistir.
Comenzamos por el
marisco en los entrantes; ella jugueteaba con los langostinos mientras tenía
los ojos fijos en mí, les quitaba las costras sin mirarlos, con una sensualidad
de la que sólo una mujer puede ser capaz. Luego fue pasando una a una las colas
peladas por la salsa rosa sin prisas, hasta que se las empezó a llevar a los
labios henchidos, palpitantes, engulléndolas lentamente sin dejar de mirarme,
deleitándose en la acción...
Para seguirle el juego
me subí las mangas cortas de mi camisa de verano y le ofrecí los hombros
desnudos, que los sé femeninos y excitantes para algunos tipos de mujeres
activas, de esas que les agrada tomar la delantera. Pero esta vez fui yo quien
tuvo la iniciativa.
Sin pensarlo dos veces
me despojé del zapato del pie derecho, y desnudo éste y al amparo de los manteles
alargué la pierna en derechura hacia las de Isabel. Palpé sus zapatos y el
empeine, ella ni se inmutó. Subí hacia las pantorrillas con el corazón fuera de
mí, las acaricié a izquierda y derecha, ella con sus langostinos y yo
disimulando, alcé más la pierna y le separé las rodillas sin encontrar
resistencia. Pensaba que iba a estallarme la cabeza, pero su mirada de amables
gozos me hizo seguir complaciente. Tenía su completo consentimiento, allí y en
medio del jaleo y la multitud, junto a nuestras respectivas parejas.
Emocionante, todo un desafío; sus muslos se fueron abriendo poco a poco según
avanzaba yo bajo el vestido largo, amplio y de lo más acogedor para el intruso.
Sentí un calor creciente según me iba acercando al final del trayecto. Dominé los
sudores y las palpitaciones, no era para menos, y por fin toqué fondo, tras
entretenerme en mimos a diestro y siniestro a lo largo de sus muslos. Un
aluvión de delicias me ascendía desde la planta del pie por todo el cuerpo.
Experimenté una fuerte sensación de orgullo, sí, un orgullo supremo, y sobre
todo superioridad, me sentí como el cuco cuando va a poner los huevos en nido
ajeno...
En el extremo, exploré
con los dedos el material del tejido que se interponía en mi camino; era todo
un primor de encajes minimizado en extensión, tanto hacia arriba como hacia los
flancos. Breve y escueto, pero obstáculo al fin y al cabo; con el tacto
distinguía perfectamente la forma y tamaño del tejido y el comienzo de la piel
desnuda, extraordinariamente fina y agradabilísima de palpar. Imaginé la delta
invertida que me cerraba el paso, por su delicadeza debía ser transparente, una
delicia, la estaba tocando pero deseaba verla, contemplarla, aunque eso... Eso
lo tenía vetado, era una imposibilidad física. Forzando las cosas, tal vez
podría llegar a retirar el fino velo y colarme en el interior de mi
consentidora y atrevida amiga...
Hice una mueca de
decepción, y ella no dudó en la interpretación del mensaje. Aún así me
entretuve para retozar sobre aquella débil y fina barrera, disfrutando no menos
de las expresiones placenteras del rostro que ella me enviaba como respuesta.
Los ojos le hablaban; Isabel estaba gozando con aquella situación tan insólita
como disparatada. Nuestras vistas cruzadas eran una vía muda de comunicación en
el más alto grado de complicidad y mutuo consentimiento, algo que no he vuelto
a experimentar jamás...
En esos precisos
instantes no las tenía todas para poder ir más allá con el juego, pero cuál no
fue mi sorpresa cuando ella pidió excusas y se levantó con el pretexto de ir al
lavabo, bien sospechaba yo para qué desde el primer momento. Aproveché su
ausencia para recuperar el aliento y distraer con la conversación a los
respectivas cónyuges, no fuesen a poner al descubierto nuestras intrigas bajo
los manteles.
Isabel volvió enseguida
con la sonrisa amplia, encajándose en el asiento todo lo que pudo contra la
mesa. Cómodamente arrellanada siguió con el marisco, más para disimular que
otra cosa, y así, al buscar de nuevo mi objetivo, lo encontré mucho más cerca y
accesible, exento de prendas innecesarias.
Un hormigueo
estremecedor me invadió cuando la eminencia de debajo del dedo gordo detectó la
alfombrilla de ensortijadas vellosidades. Ajeno a la múltiple presencia de los
demás me engolfé sobre aquella acogedora pradera, y ella, encandilada
con mis caricias sobre zona tan sensible, se sumergió dentro de sí misma. Sus
ojos medio entornados disimulaban una desmedida alegría interna, y yo,
enardecido por el éxito que estaba teniendo la operación, busqué aberturas y
las encontré; la invadí con el dedo que puede imaginarse y giré sobre la
posición conquistada. Le faltaba el aire; qué delicia de tacto, cálido y húmedo
a la vez, su nido de amor renegando de vulgaridades, arriba y abajo, adentro y
afuera, y los demás con sus naderías, conversando para matar el tiempo y el
aburrimiento, gritando para poder entenderse y de vez en cuando "vivan los
novios", qué insignificantes, nosotros envueltos en el clamor de nuestro
silencio acaparados por las dulzuras de un encuentro tan inesperado, nadie de
entre quienes nos rodeaban podía imaginar lo que estábamos viviendo, y mejor
fue así, que si no se hubiera armado un buen escándalo... Con qué complacencia
se dejó hacer Isabel, con qué malicia, y yo aprovechando la vía abierta sin
ceder en el empeño, blanduras en mis manos y en mis pies, el marisco y su
vulva, todo delicias... La virgulilla femenina, a modo de dintel sobre aquel
pórtico de las glorias, se notaba más dura al tacto que el resto,
cartilaginosa, como una diminuta aldaba en medio de aquella hornacina de amor
que Isabel no dudó en entregarme un solo instante. Nuestra situación resultaba
totalmente inverosímil; la pincé con los dedos maestros, la froté
contrayéndolos como un simio arborícola. No tardé en percibir sus temblores
evidentes, ecos del cataclismo interno que acababa de sobrevenirle; su mirada
perdida lo evidenciaba...
-¿Te encuentras bien,
cariño?- incordió su marido-. Pareces ausente. ¡Ah, ya comprendo, disculpa!
Me batí en retirada
discretamente, teniendo que aguantar la risa. Jamás había tenido a la vista un
cornudo tan reciente al lado. Para colmo de los colmos dejé caer al suelo mi
tenedor, adrede, y al agacharme para recogerlo pude contemplar aquel sexo
glorificado en todo su esplendor, todavía hendido y abierto, reluciente, las
ninfas con sus arreboles de canícula destacando bajo las negruras del espeso
matorral, sotillo de amable recuesto para mi pie mancillador de honras y
propiedades ajenas. Fue un instante fugaz de maravillosas visiones con las que
aún supo ella extasiarme, abriendo los muslos de par en par bajo las faldas de
su desabrochado vestido...
Aunque toda primera vez es única, hemos repetido con éxito la operación en algunos encuentros esporádicos; ella también ha aprendido a manejar sus pies, y se aplica a ello estimulando con suaves caricias mis virilidades. Estoy en condiciones de asegurar que la excitación así conseguida es enorme, tal vez debido a la fantasía e imaginación que requiere poner en juego este modo de relación erótica sin apenas otro contacto que el de los pies, a distancia. Puede hacerse en casa frente a frente sentados a la mesa, sobre un sofá o en el lugar convencional si se prefiere. Da lo mismo, una mujer puede colmar así a su hombre con todos los gozos imaginables; se pueden aplicar los mimos con un solo pie o con los dos, simulando una cavidad que iguale el proceso a una penetración, para lo cual es aconsejable lubrificar antes los pies intrigadores con aceites esenciales o aromatizados al gusto, siempre poniendo la imaginación y el buen gusto de por medio para hacer de cada encuentro algo distinto que provoque el ansia de la continuidad, alimente el deseo y mantenga vivo el fuego de la pasión avasalladora...
Por ello, la amante conocedora de las debilidades piscianas ha de agasajar la bolsa escrotal de su compañero de recreos eróticos con ligerezas tales como simular su aplastamiento, amasarla o rebajarla hasta poner al descubierto su extremo hiriente. Si repite el movimiento de vaivén una y otra vez logrará una derretidora masturbación, y en el estallido final podrá explayarse con el conmovedor espectáculo de la eclosión viril. Abandonado a su suerte, el miembro masculino se contrae en espasmos incontrolables que lanzan a diestro y siniestro una lluvia de albura incomparable, salpicando aquí y allá el destilado de la vida que se elaboró en las entrañas soliviantadas de tan original manera...
Para remate, nada halagará más a un hombre imaginativo como él que alguna ocurrencia amena de la consorte; por ejemplo, que ésta se abalance sobre él durante la eyaculación para acaparar sobre su cuerpo los disparos de tan destemplada artillería. Si a continuación se unta con ellos los rincones más delicados de su anatomía, o los sorbe directamente del desvalido en medio de tiernos besos, no habrá nada más disociador para Piscis, hombre acuoso por naturaleza y amigo de toda clase de caprichos insustanciales...