A R I E S
Tienen al Sol en este
signo las nacidas entre el 21 de marzo y 20 de abril
Cuando el Sol, desplazándose
sobre
Con uno de estos
equinoccios -el de primavera- da comienzo el Zodíaco -0° Aries-; antes de la reforma juliana del calendario (
Este corte del camino del
Sol con el Ecuador Celeste, es conocido todavía por los astrónomos con el
nombre de punto γ. Pero, ¿no es éste el mismo grafismo que el del signo de
Aries, γ, emblema de los cuernos del morueco? ΅Hasta qué punto el
pensamiento astrológico impregnaba
Con el equinoccio de
primavera, hacia el 21 de marzo actual, se produce en el Hemisferio Norte
terrestre un renacimiento de
Aries es signo cardinal
(inicio de estación, cambio respecto al cuadrante del invierno) y masculino
(activo, racional o diurno, en la terminología de la ciencia de
Las fallas valencianas, que
se celebran no sólo en la capital, sino en numerosos pueblos de esa región,
tienen su origen en las fiestas paganas de la primavera. Son realmente
celebraciones de Año Nuevo, y no es por casualidad que en ellas sea todavía
preponderante el elemento Fuego, con
El propio nombre del mes de
marzo clama a gritos su filiación astrológica, pues tal denominación le viene
del planeta Marte, al que se consagró en
Las características
psicológicas de los Aries vienen dadas por los tres planetas de Fuego citados,
Sol, Marte y Plutón, los cuales aportan las cualidades secas y cálidas a los
nacidos bajo su influjo. Venus y Saturno encuentran en este signo el exilio y
la caída respectivamente. Veamos las particularidades del carácter y
temperamento de una ariana, ya sea por fuerte influencia del Sol en este signo,
de
Con un Marte prepotente, el factor dominante de la estructura psicológica de la ariana es la primariedad. Su ser se encuentra casi exclusivamente implicado en el presente, en el instante, y por tanto la proyección hacia el pasado y el futuro resulta escasa. En clave sexual, Marte simboliza el miembro masculino; entra súbitamente en acción y se pone erecto, rígido, duro, ataca y embiste como un ariete -máquina militar antigua consistente en una viga reforzada por un extremo, generalmente con una cabeza de carnero metálica, que se utilizaba para echar puertas abajo o derribar muros-. Finalmente sobreviene la eyaculación y todo acaba, volviendo rápidamente a su languidez habitual, a su insignificancia y modestia características... Tras la furia de la tempestad, regresa la calma de un modo tan súbito como aquélla se inició...
Es por tanto la ariana una mujer de reacciones fuertes, inmediatas y breves. Impulsiva, las impresiones en ella son fugaces, de ahí su gusto por el cambio y la movilidad. La precipitación, el arrebato, la testarudez, la espontaneidad, la improvisación y la exaltación, son sus más genuinas maneras de comportarse. Es la mujer del "todo o nada", proyectada siempre hacia el futuro con cierta carga de violencia. Palabras como arisco o ariscarse tienen su origen en el genuino modo de ser de los Aries. Pero, aunque siempre ande planificando cosas, su falta de constancia hace que lo iniciado por ella sea recogido a menudo por los demás.
Esto es así porque el principio saturnino se encuentra menguado en Aries, signo de la caída del último planeta visible
a ojo desnudo. Todo lo que sea reflexión, prudencia, concentración o valoración de los peligros, en definitiva, el criterio racional para juzgar las circunstancias, es algo de lo que la ariana típica carece en buena medida. Por contra, están exaltadas en ella la osadía, el valor, la afirmación activo-agresiva del Ego, el ardor, el empuje combativo, a la par que, por falta de cohesión en todas estas cualidades, su firmeza y perseverancia resultan débiles, y por ello raramente recoge el fruto de sus impulsos.
Como en el símil sexual, su acción es espasmódica y está caracterizada por la alternancia típicamente marciana de impulsos optimistas y estados de desaliento. Comienza cualquier actividad de una manera furibunda, pero por falta de constancia suele abandonar la empresa al poco tiempo y cae presa fácil -sorprendentemente en ella- de la apatía...
Los movimientos de la ariana son rápidos y expresivos, denotando gran energía interior y un vivo sentido del instante. Las prendas deportivas le sientan mejor que a ningún otro prototipo zodiacal femenino. Suele ser generosa, aunque también egocéntrica, en tanto que Marte dispensa la fuerza, pero también un primitivo sentido de la autoridad. Combatiente, amante de la aventura, emprendedora, valiente e idealista, la ariana también desprecia la debilidad. Sus cóleras son súbitas, casi siempre inesperadas, pero duran poco y olvida con facilidad.
Un detalle de los Aries típicos: suelen pagar las deudas rápidamente, no gustan demorar los pagos. Las dilaciones no son cómodas para ellos, pues acaban en olvidos.
El cuerpo de la ariana es delgado y bien formado. Con el Ascendente en los primeros grados del signo, el cuerpo resulta más corto y la tez más morena que si se halla en los grados posteriores. La frente se ve ancha, el rostro convergente hacia el mentón, triangular; los ojos, abiertos, chispeantes, muy vivos, su conjuntiva enrojece con facilidad. La mirada es fija, audaz, aguda y penetrante; la nariz aguileña, con ventanas dilatadas. Los labios pequeños y apretados, de color encendido; la boca recogida, refleja cierto desdén. Un castaño claro en los cabellos, o un tinte rojizo, es propio de los marcados por este signo. Cuando el Ascendente contiene a Marte en Aries o Capricornio, tenemos esas personas pelirrojas con la cara llena de pecas sobre la piel sonrosada.
Las manos tienen la palma cuadrada y son firmes, con dedos cortos; las uñas aparecen más bien cortas, de un rosado chillón. La piel es fuerte, seca y caliente. La voz, algo áspera y vibrante, no esconde su tono autoritario.
A la mujer Aries le gusta el fuego, y el fuego en el amor por encima de todo, pues éste es su elemento. Los signos con los que mejor congenia son Leo y Sagitario, y en menor grado Acuario. En principio Géminis también resulta compatible, pero la excesiva versatilidad de este signo es algo que la ariana no soporta fácilmente. Fuego y Aire, Aire y Fuego, son los elementos necesariamente presentes en toda combustión, de ahí que formen una buena mezcla (a no ser que por exceso de pasión se consuman en ella).
Muchos hombres piensan que una mujer tan indómita y enérgica, que dice siempre lo que piensa -y al revés, raramente piensa antes lo que va a decir- desea ser conquistada; están en un craso error. La aventura de seducir a la ariana y hacerla suya ha fascinado a muchos hombres, pues tal empresa es un desafío para el orgullo masculino. Empeño inútil, engreimiento vacuo, ilusiones de macho; siempre será ella quien decida en último término.
El modo de ser de la ariana, antes que anhelar protección, la dispensa; antes que ser elegida, elige; antes de someterse, somete. Aparentan ser rasgos viriles pero no es así, al contrario, se trata de la genuina manifestación externa de su íntima condición, es el resultado de la combinación de las energías del cielo operando dentro de ella en la proporción que le corresponde.
Solamente en el caso de aflicción planetaria pueden arruinarse estas cualidades, y entonces aparecerán los equívocos y las conductas erráticas. Salvo en sujetos bien determinados, la ariana puede considerarse tan femenina y buena compañera como la que más de todo el Zodíaco. Afirmar lo contrario es conocerla superficialmente.
La femineidad de la mujer Aries resulta bien distinta a la de otros prototipos zodiacales; al ser este signo exilio de Venus, el componente sentimental y romántico, la dulzura, delicadeza y ternura típicamente dispensadas por este planeta, la capacidad para apreciar el refinamiento estético, así como el magnetismo pasivo para atraer a los hombres, se hallan bajo mínimos en la ariana. No es que ella no sea bien femenina, sino que esta cualidad se manifiesta de un modo muy diferente respecto a otros prototipos de mujer.
A cambio, Aries es la mejor compañera en los momentos difíciles, en las crisis y durante las horas bajas, pues aporta la energía y el ánimo necesarios para superarlos. Su fuerza crece con las exigencias, ya que estas cualidades tan dinámicas pertenecen al núcleo más íntimo de su modo de ser. Por contra, nuestra nativa no soporta tener al lado un hombre pulsilánime que se arrugue a las primeras de cambio; los victimistas, los apocados, aquellos que siempre están cansados, si tienen una compañera Aries, deben prepararse para perderla, porque algún día los dejará plantados sin la menor consideración.
En el terreno amoroso, la ariana pone el mismo entusiasmo que gasta en las demás facetas de la vida. No es precisamente la soñadora romántica que espera paciente la aparición del Príncipe Azul, sino la mujer que, siguiendo el dictado de sus impulsos, apasionada y espontánea, se lanza a la aventura en cuanto tiene ocasión. La ariana no utiliza medias tintas en lo concerniente al amor, por el contrario, pone alma y corazón en ello. Como en todo, le gusta llevar la iniciativa desde el comienzo en cualquier relación; pero dado que su sino es la impaciencia y la precipitación, así como no ponderar suficientemente los inconvenientes y las dificultades, sus relaciones no alcanzan la estabilidad espontáneamente.
Mas, ¿qué le importa a nuestra nativa, tan aficionada al cambio como ignorante de la constancia, o, con otras palabras, si es tan dada al flechazo y al flirteo, especialmente durante la adolescencia y la juventud? Cuando en este período de la vida una ariana mantiene una relación duradera, es seguro que la persona objeto de su afecto está tan entregada a ella que la mantiene en un estado de perfecta satisfacción.
Hija de Marte y Plutón, constituye una conquistadora nata. El primero manifiesta su influencia visiblemente, pero la acción del segundo resulta más sutil, oculta e imperceptible. El influjo plutoniano es la causa de que haya hombres a los cuales les encanta dejarse seducir por una criatura como la que estamos describiendo, secretamente fascinados por la ambivalencia de su cuerpo y de su temperamento.
La ariana raramente piensa en el matrimonio, salvo por acción del paso del tiempo; prefiere probar, engolosinar a los hombres, entretenerlos entre sus redes. Una mujer así no puede ser atesorada, reeducada ni enjaulada; los años y la experiencia constituyen el único apagafuegos para su modo de ser.
En el sexo, la ariana resulta particularmente fulgurante, pues no escatima esa vitalidad que ella sabe derrochar a raudales. Este contraste entre su impulsividad y el ser mujer halaga especialmente a dos signos: Acuario y Géminis. Ambos son seducidos por ese cuerpo femenino tan apetecible, no exento de aristas y algún que otro hueso sobresaliente. En la ariana las carnes son más bien justas, mucho menos rellenas y redondeadas que en otros signos, pero eso no es impedimento para que despierte el deseo, sobre todo en los hombres de signos compatibles.
Su piel caliente llena de ángulos y el cuerpo que deja insinuar el esqueleto, son una llamada incluso para muchas mujeres que han renunciado al hombre. Los movimientos secos de la ariana, su voz de mando, esa mirada que parece horadar las conciencias, es capaz de fascinar no sólo al sexo contrario, sino también al propio.
Podríamos decir que su
cuerpo es árido, exento de las humedades de otros planetas como Venus o
Sobre sus caderas ceñidas, el vientre no destaca, sino que se halla replegado hacia adentro. Sería casi masculino a no ser por la deliciosa curvatura que describe al aproximarse hacia el monte de Venus, prominencia pubiana que en la mujer Aries apenas resulta perceptible. El vello que adorna el portal del antro femenino no irradia hacia otros lugares, como ocurre en signos más linfáticos, sino que se ciñe únicamente a lo que debe proteger. De tonos claros, sin excesivos desarrollos, ese musguillo adopta forma de triángulo isósceles, estrecho, dejando ver perfectamente las comisuras de las ingles.
Como toda característica genuinamente femenina, en la ariana la vulva es discreta, mas no por ello desmerece. Todo lo que carece de tamaño le sobra de esencias, pues en las anfractuosidades alberga puro fuego y, de hecho, su forma recuerda la de una llama. Reducida en dimensiones tanto a lo largo como a lo ancho y estrecha de labios, dos cosas llaman la atención en quien ha sido elegido por la fortuna para contemplarla: el tono encendido de las interioridades y su clítoris magnífico, esa llave maestra capaz de abrir las puertas a las sensaciones más voluptuosas de la mujer, pendiente como una aldaba en la parte superior del pórtico femenino.
En efecto, ese apéndice tan minúsculo, homólogo del pene masculino, está desarrollado por las fuerzas marcianas, las cuales, singularmente potentes en la ariana, hacen de este orgánulo uno de los más bellos y admirables de todo el Zodíaco. Para nuestra nativa su longitud rondará siempre el centímetro, y por tanto se distinguirán perfectamente en él detalles tales como las uniones de los pliegues de los labios menores formando el capuchón y el frenillo del clítoris, o su abultamiento de la punta en forma de bellota, llamado glande.
Después de lo dicho, fácil resulta imaginar que la sensibilidad de la ariana se concentra en este orgánulo, allí donde la fuerza de Marte predomina, mientras que con una Venus debilitada es mucho más escasa en la vagina.
Nuestra nativa despierta a la pubertad tempranamente, y sus fuegos la consumen como a pocos otros signos del Zodíaco. Es por ello que, unida su fogosidad a la gran sensibilidad clitoridiana que posee, la masturbación resulta más frecuente entre las Aries que en las mujeres de otros signos.
La adolescente de este prototipo zodiacal es proclive a la autosatisfacción, pues a la par que la necesita, se halla al alcance de su mano. No tiene sino acariciarse el minúsculo penecillo y enseguida su cuerpo se torna un mar embravecido surcado por olas de placer. Comenzando por el clítoris, este oleaje llega hasta la vagina, sube por el útero y alcanza la fosa anal, inunda las nalgas y después se pierde bajando por las piernas. Puede llegar incluso a las puntas de los pies, y en ese caso sus deditos se mueven involuntariamente. Semejantes oleadas placenteras bañan también el abdomen, produciendo un grato estremecimiento a la altura del plexo solar; igualmente llegan hasta los pechos, y con ello las areolas se hinchan y los pezones quedan erectos. En tales momentos, al acariciarlos, se generará una deliciosa contracorriente que, descendiendo, repercutirá sobre el clítoris con efecto multiplicador, al superponerse armónicamente ambos flujos.
El estremecimiento agradabilísimo que resulta de las caricias del clítoris puede ascender también hasta el cuello y afectar a las mejillas; si así es el caso, incluso las raíces de los cabellos se tornarán sensibles. En esos momentos, los labios de la ariana, tan recogidos como tiernos, incrementarán su volumen ostensiblemente, exaltando aún más la sensualidad que ya poseen; las ventanas nasales se ensancharán y resoplará agitadamente cuando suelte la respiración contenida, soliviantada por la catarata de regaladas emociones que la inundan...
La vulva, tan discreta, también se habrá hinchado; al abrirse los labios, dejarán ver su maravilloso contenido cubierto de reluciente rocío. A juzgar por su silencio y la expresión contrahecha, un amante inexperto podría llegar a pensar que nuestra nativa está pasando por un mal trance; nada más alejado de la realidad, las sensaciones que puede experimentar una ariana son tan intensas que su cuerpo allanado por el placer difícilmente es capaz de soportarlas. Encumbrada en la cima de las voluptuosidades puede verse entre sus manos el florecimiento de un hermoso capullo desplegado a la entrada del orificio vaginal; alcanzado el eretismo, sus paredes vibran en medio de un solemne silencio, hasta el útero podrá sufrir algunas contracciones...
Este tipo de orgasmo, el más intenso que se conoce, es común entre las arianas, y no debe extrañar a quien pueda contemplarlo que no escape por la garganta de la mujer ningún alarido. Caso de que nuestra nativa sea estimulada por un compañero, la explosión final se desencadena fácilmente llevando los labios del amante a los senos de la mujer; se provoca así tal cruce de corrientes gozosas a lo largo del cuerpo femenino que el orgasmo resulta inmediato.
Es bien curioso en nuestra ariana que, tan extrovertida en todo, raramente grite durante el feliz suceso, como tal vez sería de esperar. A lo sumo gime y solloza, víctima afortunada del placer tan intenso que la invade. Este hecho es propio del orgasmo clitoridiano.
Pero en ese sentirse mujer
característico de
Sin duda, Aries prefiere los fogosos como ella, activos y buscadores de la mejor contienda amorosa -Leo y Sagitario, como dijimos-, o con el encanto y las dificultades que presenta la conquista de Acuario y Géminis. En todo, el riesgo y jugar con fuego encanta a nuestra nativa. Nótese que estos dos últimos signos citados son de Aire, y como en el símil físico, el Aire aventa al Fuego.
A la ariana nada le halaga más que ser ella la cortejadora, seducir a su amante, trabajarlo para sí y aventajarle en la iniciativa. Déjese llevar por ella el hombre privilegiado de la fortuna y disfrutará como nunca pudo imaginar, pues la mujer Aries sabrá cederle el terreno a tiempo y dejar que satisfaga sus instintos de macho.
Solícita, la ariana bañará con sus labios el cuerpo entero del feliz amante como si fuese una criatura, provocándole el frenesí que solamente ella sabe calmar. Nuestro hombre se retorcerá de placer al verse atendido con tanta devoción y, si fuese la primera vez, quedará gratamente sorprendido. Generalmente se tratará de uno de esos individuos apasionados, masculinos, de abundante vello en el cuerpo, aunque sin exagerar, prueba tangible de su temperamento armónico con el de la ariana.
Nuestra nativa, hija de Marte, centrará rápidamente su atención sobre el cetro viril, ese vástago cuya fuerza primaria le es tan afín, y, fascinada, se detendrá por unos momentos a contemplarlo. En el fondo, deplora su falta secretamente, y por eso admira al dueño de tan noble instrumental. Pero, al fin y al cabo, ¿qué importa si igualmente está a punto de disfrutar de él y alojarlo en su propio cuerpo, de apretujarlo entre sus entrañas expectantes y extraerle los jugos que la harán feliz?
En esos instantes los ojos de la ariana brillan de codicia; sus manos despojarán de la caperuza el egregio puntal, y a la vista de la encendida cabezuela, no dudará en envolverla entre los labios, frotándola con la lengua arriba y abajo. Hará de la boca una invaginación y, tragándose todo hasta la base, golpeará la punta contra su campanilla. Ambos consortes se verán recorridos por una marea de envidiable disfrute y un estremecimiento vital sacudirá sus cuerpos engolfados en la pasión disgregadora...
Soltada la presa, el agasajado amante se verá en la perentoria necesidad de montar a la generosa ariana. Ella no necesitará más, y si él dispusiera perderse ahora por el cuerpo de la mujer para corresponderle, Aries sufrirá de impaciencia, aunque también sabrá esperar.
Este prototipo de mujer no es amante de preludios ni circunloquios amorosos, así que lo mejor será cumplimentarla de inmediato. Verse invadida, penetrada, sentir sus entrañas allanadas, es algo que a la mujer de este signo produce una sensación contradictoria; pero enseguida lo supera y goza estrujando al amante entre las manos hasta hundirle las uñas en la carne, feliz de disponer de toda su virilidad embutida en las cálidas y acogedoras entrañas femeninas. Ella cree, porque así lo desea, haber invadido al compañero, y de hecho, lo embestirá aunque se encuentre en posición de sometimiento.
Realmente, es muy difícil para el hombre por sí solo llevar a la ariana hasta la explosión final. El hecho de que la sensibilidad de esta mujer se centre casi exclusivamente en torno al clítoris hace aconsejable dejarle tomar la iniciativa para que ella busque la mejor satisfacción. A no dudar, lo hará saliendo en busca del amante para, en cada acometida, frotarse su penecillo contra la base del augusto homólogo masculino. Sólo de este modo gozará de una oleada de placenteras sensaciones con intensidad creciente, aspirará profundas bocanadas de aire con ritmo irregular y, moviendo las nalgas hacia adelante y hacia atrás con rapidez poco más de una docena de veces, alcanzará el eretismo casi en silencio. El hombre sólo podrá percibir la explosión interna de su pareja por unos débiles latidos de las paredes de la vagina contra su miembro engastado dentro de ella...
Al ser Aries signo cardinal, el orgasmo de este prototipo femenino llega mucho más rápido que en otros, y de acuerdo con la habilidad del amante para contener su eyaculación, resulta preferible que se suelte después de la mujer, pues así ella podrá disponer en su carrera hacia el ansiado final de toda la erección del miembro masculino. La ariana no hará esperar.
Tras una breve pausa, es admirable contemplar a nuestra nativa fresca y lozana como una flor por la mañana, dispuesta para continuar la batalla amorosa. Si el amante se siente capaz o es hombre de resistencia, se halla frente a la compañera ideal.
La ariana pertenece al grupo de mujeres cuya sensibilidad clitoridiana le permite alcanzar el orgasmo sin penetración. Si tras la cópula, él se sintiera desfallecido y ella requiriese continuar, con este mujer existe una solución bien sencilla que puede complacer a ambos. Debe ponerse el hombre sobre ella, colocando su pene a la altura de la zona genital femenina, no importa que se halle aquél en erección o no. Nuestra ariana volverá a abrazarlo y embestirlo, suavemente, acompañando cada impulso de un leve gemido de furia. Cerrará los ojos, fruncirá el ceño, pondrá toda su alma en la acción, dejará caer la cabeza a un lado y se abandonará a los instintos...
Si el hombre la besa apasionadamente en los labios, si mordisquea sus orejas o succiona los pechos, la mujer Aries es capaz de repetir con increíble rapidez el eretismo de su penecillo y verse inundada de nuevo por agradabilísimas sensaciones. Incluso sin ayuda adicional, por el simple roce de sus genitales y el contacto de piel contra piel, la ariana alcanzará el orgasmo unos segundos más tarde.
La desfloración de la mujer
fuertemente influenciada por el signo de Aries resulta una de las más fáciles,
pues allí, tanto las fuerzas de Venus como las de Saturno son escasas, según
hemos dicho. En clave simbólica sexual, el himen femenino es el velo de
En cuanto a que la mujer Aries sea fiel al marido o al amante, depende exclusivamente de ambos. La ariana, propensa al cambio, es capaz de encontrar la estabilidad en un hombre digno de su admiración, que sea el espejo donde ella pueda verse. Así mantendrá la devoción por un tipo masculino y agresivo, lo suficientemente hábil para retenerla sin poner la menor cortapisa a las libertades que la ariana ansía. El modo de mantener íntegro un matrimonio semejante será por mutuo consentimiento y se basará en recíproca atracción.
La mujer Aries genera celos en sus maridos con extrema facilidad, y no será por imposición ni a la fuerza como se conseguirá mantener la fidelidad ariana. Su orgullo está por encima de todo; bastará la menor cortapisa a la libertad de movimientos de esta mujer para que el cónyuge caiga del pedestal y rápidamente sea sustituido por otro.
Sépanlo pues quienes traben relación con una nativa de este prototipo: el único modo de retenerlas es mantener el embeleso inicial y no defraudarlas con mediocridades. La ariana ama el fuego y en él gusta consumirse, las tibiezas son aborrecibles para esta mujer. Las únicas cadenas que admite son las de la pasión.
En cuanto a sus posibles tendencias homosexuales, ya hablamos del contraste existente entre el temperamento de la ariana y su modo de expresar la femineidad, que suele generar más de un equívoco y a menudo es causa de confusiones.
Sin embargo, a falta de aflicciones planetarias suficientes, la nativa de Aries busca a los hombres tanto o más que cualquier otra. Son los aspectos entre los planetas los que pueden impeler a una mujer de estas características en pos de otras mujeres, pues de salida lo tiene fácil, por temperamento y por sexualidad.
En efecto, la naturaleza
conquistadora y agresiva, así como su facilidad para encontrar satisfacción
sexual sin penetración, ponen en bandeja a la ariana la posibilidad de unirse a
otras mujeres. Serán siempre los aspectos inarmónicos entre el Sol y
De aquí que no resulte extraño encontrar muchas feministas entre las Aries: George Sand, la primera que se recuerda, pertenecía a este signo.