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Discapacidad, dependencia y autonom�a.
Por Ant�n.
Marzo 2003.
Coincidiendo con el auge del Estado
de bienestar, desde los a�os sesenta diferentes sociedades del mundo
desarrollado han proporcionado a miles de personas con discapacidad la
posibilidad de recibir servicios directos dentro de programas de Vida
Independiente, cubriendo las necesidades que las hacen dependientes de
otras personas para sus actividades de la vida diaria y evitando
situaciones de exclusi�n derivadas de la dificultad para tener el control
de sus vidas, provey�ndoles de otras alternativas al confinamiento en
residencias o al modelo de dependencia familiar.
Las personas con discapacidad, que
tengan una vida "dependiente" y que buscan una Vida Independiente, tienen
aspiraciones propias derivadas de su condici�n de personas. Toda vida
tiene un gran valor y todo ser humano debe disponer de las oportunidades y
alternativas necesarias para que pueda decidir sobre los asuntos que
afectan a su vida. En consecuencia, los servicios de Asistencia Personal
son esenciales para las personas con discapacidad severa, y las sociedades
demuestran avanzar en progreso al disponer de los recursos necesarios
procurando un entorno y unos servicios concebidos de tal manera que las
personas con discapacidad puedan vivir en igualdad de condiciones respecto
al resto de los ciudadanos.
Seg�n datos del Instituto Nacional
de Estad�stica, en Espa�a cerca de 1.500.000 personas con discapacidades
tienen dificultades severas o totales para realizar actividades de la vida
diaria, lo que supone el 41 por ciento del total de personas con
discapacidad que investiga el INE. Considerando los datos relativos a
menores de 64 a�os, se advierte que de 1.500.000 personas con discapacidad
y edades entre 6 y 64 a�os, m�s de la mitad tiene dificultades para
realizar actividades de la vida diaria, y en casi 500.000 esta dificultad
es grave y se corresponden a personas con afectaciones severas. En cuanto
a personas con discapacidad mayores de 64 a�os, casi el 70 por ciento
tiene dificultades para realizar las actividades de la vida diaria y el 68
por ciento de ellas tiene dificultad grave. Este porcentaje no se aparta
mucho del correspondiente al grupo de 6 a 64 a�os, lo que expresa que el
n�mero de personas en este grupo es menor y la gravedad es similar.
En una carta reciente, una
persona discapacitada manifestaba que se siente afortunada de
haber nacido en Holanda porque �hay muchas
facilidades para que las personas con discapacidades puedan vivir
independiente�. Argumenta que �el Estado te proporciona unos ingresos
suficientes si tienes una discapacidad a partir de un 80por ciento. No es
una cantidad muy elevada, pero es para una familia el total del salario
m�nimo, alrededor de unos 1200 euros al mes. Cantidad que no incluye las
subvenciones adicionales para el alquiler de vivienda y la ayuda de los
hijos�. A�adiendo que �la mayor�a de los gastos extra que tienes debido a
tu discapacidad son tambi�n pagados por el Estado�, y existen diversas
opciones de acceso a viviendas individuales adaptadas, como �las casas
denominadas �fokus�, donde las personas pueden vivir independiente y
tienen ayuda profesional durante las 24 horas del d�a�. Finalmente
comenta que cree que hay algunas posibilidades m�s, aunque las desconoce
ya que sus necesidades est�n cubiertas.
La situaci�n mayoritaria de las
personas con discapacidad en Espa�a deber�a tender a converger con la de
nuestros vecinos europeos m�s desarrollados en ese campo, pero actualmente
los efectos del neoliberalismo econ�mico, con su doctrina de �menos Estado
m�s mercado� y su discurso negativo sobre la protecci�n social, tiene
consecuencias negativas para la satisfacci�n de las necesidades y
aspiraciones de las personas con discapacidad: o disponen de recursos
econ�micos para resolver sus demandas en el mercado o han de recurrir a la
red de solidaridad y apoyo basada en las familias. Al mismo tiempo se est�
produciendo un cambio social y cultural que tiende a debilitar la red de
solidaridad informal. As�, nos encontramos en un punto donde lo que en
realidad converge es la erosi�n del sistema de protecci�n social del
Estado con el debilitamiento de la red de solidaridad informal.
Dicha red informal de asistencia a
personas con discapacidad est� formada por la familia, los amigos y los
vecinos, quienes aportan afectividad a una relaci�n que no est�
burocratizada ni profesionalizada, y que se desarrolla en �mbitos
dom�sticos. El perfil mayoritario de la persona que presta Asistencia
Personal es el de mujer, ama de casa, que no ha recibido formaci�n para el
cuidado de personas dependientes, siendo la experiencia el fundamento del
adiestramiento, y que se dedica al cuidado permanente de la persona con
discapacidad. La Asistencia Personal informal permanente y continuada, en
el mismo hogar, produce consecuencias de orden f�sico y ps�quico en los
cuidadores que deterioran su salud y le pueden discapacitar en alguna
forma. Pero la solidaridad basada en el sentimiento trabada a las
concepciones culturales de nuestra sociedad y los muy condicionadores
recursos disponibles, influye en la contraproducente minimizaci�n de esas
consecuencias negativas.
Es un hecho el envejecimiento
poblacional, el aumento de separaciones, de divorcios, de segundos
matrimonios, de la movilidad geogr�fica laboral, de los hogares
unipersonales, de la importancia social de la mujer, y la independencia
econ�mica de la mujer, ocurre al mismo tiempo que la disminuci�n de la
importancia del concepto de familia, del n�mero de personas por unidad
familiar, de la presi�n social sobre la mujer como figura de cohesi�n y
soporte familiar; y todos ellos son factores que inciden en el cambio
socio cultural mencionado, que tiene repercusiones en el modelo familiar y
por tanto en las redes de asistencia informal m�s habituales.
En este panorama la ayuda del Estado
es concebida generalmente como accesoria o como el recurso sustitutivo de
la falta de la familia. Se recurre a la oferta de servicios de asistencia
formal, que pueden ser de provisi�n p�blica, o privada para cubrir
aquellas necesidades que surgen en actividades de la vida diaria, b�sicas
e instrumentales, cuando no es posible para la red informal de asistencia.
Los servicios de Ayuda a
Domicilio est�n siendo demandados por las personas con discapacidad y
mayores para realizar las tareas del hogar, de Asistencia Personal en
actividades vitales, y actividades de relaci�n con el entorno y ayudas
complementarias. La mayor�a de usuarios de estos servicios, el 70 por
ciento, reciben una pensi�n contributiva de entre 192 euros y 600 euros;
de ellos, menos del 8 por ciento, son receptores del servicio con
frecuencia de siete d�as a la semana. Estos �ltimos suelen ser personas
con un alto grado de dependencia que recurren a estos servicios como apoyo
o refuerzo de la red informal de asistencia.
La m�xima subvenci�n para Asistencia
Personal y Ayuda Domiciliaria, en conjunto, asciende al importe mensual de
273,88 euros; al precio regulado de 4,42 euros por hora, lo cual supone
ayuda con financiaci�n p�blica para unas dos horas diarias: Parece que nos
encontramos bastante lejos de lo comentado anteriormente respecto a
Holanda, ya que seg�n la OCDE Espa�a se encuentra en el �ltimo lugar de
ese grupo de pa�ses en cobertura del servicio de asistencia a domicilio,
muy por debajo del 5 por ciento en Irlanda, y no digamos del 25 por ciento
de Austria.
Nuestro
Estado tambi�n deber�a destinar
recursos econ�micos y humanos suficientes para consolidar los servicios de
apoyo a la familia, facilitando la convivencia de todo el n�cleo familiar,
si as� lo desean, involucr�ndose en la universalizaci�n de la figura del
asistente personal y diversificando las ayudas domiciliarias,
imprescindibles en algunos tipos de discapacidad grave, para garantizar
unos m�nimos de autodeterminaci�n y autonom�a a los ciudadanos que lo
necesiten. No es iron�a que la Asistencia Personal haya sido denominada
por algunas administraciones como ayuda de tercera persona, ya que
impl�citamente nos est�n haciendo constar que la ayuda p�blica asomar�
tras la segunda persona, que en la mayor�a de casos se personifica en la
familia, y m�s concretamente en madres, hermanas, hijas, cu�adas y nueras.
El leguaje, como instrumento que moldea las conciencias con gran sutileza
y contribuye a forjar y ajustar las estructuras sociales, es utilizado de
modo que las inocentes palabras aluden a realidades virtuales,
despist�ndonos de la esencia de las condiciones aut�nticas de existencia.
Los servicios de
acogida residencial pueden y
deber�an ser concebidos y desarrollados desde perspectivas de Vida
Independiente asistida para las personas que opten por dicho modelo,
cambiando as� la percepci�n generalizada de dichos servicios como �ltimo
recurso por una nueva concepci�n m�s aceptable, en la cual la finalidad
esencial es la persona humana, no la instituci�n.
Pero la realidad actual nos dice que Espa�a es uno de los pa�ses
con menos cobertura residencial de la OCDE, no alcanzando el 2 por ciento,
frente al 6,3 por ciento de la media, o al 8 por ciento de Holanda y
Suecia. El d�ficit de plazas residenciales unido a una gran demanda de
este servicio propicia la multiplicaci�n de situaciones vitales
angustiosas y pat�ticas.
En el �mbito
residencial, adem�s de la acogida de larga duraci�n, se disponen de
Programas de estancias temporales o de respiro familiar y de Hogares o
viviendas tuteladas. Los Programas de estancia temporal o de respiro van
dirigidos a familias con personas discapacitadas a su cargo, ya sea para
estancias cortas, programadas o circunstanciales, en centros
residenciales o centros de d�a. Son un servicio que se viene incrementando
en los �ltimos a�os. En todo el Estado existen casi ocho mil plazas
p�blicas en centros de d�a. En Galicia la casi totalidad de centros de d�a
son plazas geri�tricas frente al 17 por ciento de media estatal. La titularidad de
las plazas existentes de Viviendas tuteladas es predominantemente p�blica,
en una proporci�n de 2 p�blicas por cada una privada, en el mejor de los
casos.
Los Servicios
Residenciales son escasos, alejados del contexto donde los usuarios viv�an
y por tanto de sus familias y redes de apoyo habituales, funcionan con
programas poco participativos, con esquemas de intervenci�n muy
asistenciales, y est�n muy burocratizados. Adem�s la insuficiencia es la
t�nica general: faltan plazas de residencia que posibiliten a la persona
con discapacidad grave y su familia beneficiarse de los programas
temporales o de respiro a lo largo de su vida, permiti�ndoles ir
conociendo la vida fuera del �mbito familiar; faltan tambi�n residencias y
viviendas con apoyo donde pueda vivir una persona con discapacidad grave
en pareja o en compa��a de otros, afectados o no, con la asistencia
adecuada.
Al observar lo
referente a la cuant�a de servicios asistenciales advertimos que
aproximadamente por cada 1 euro que el Estado desembolsa el sector privado
aporta 3. En el apartado residencial encontramos los costos asistenciales
m�s elevados: de cada 100 euros desembolsados, 34 corresponden a atenci�n
domiciliaria, 1 a centros de d�a, y 65 a
residencias. En el entorno europeo, Noruega, Suecia y Holanda son los
pa�ses que destinan la mayor inversi�n para asistencia de la dependencia
(porcentajes del 2,7 al 2,8 por ciento del PIB), siendo en los casos de
los pa�ses escandinavos de aportaci�n totalmente p�blica. La aportaci�n
p�blica y privada en Espa�a para ese mismo cap�tulo es del 0,56 por ciento
del PIB, superando tan s�lo a Grecia y Portugal, cuyas aportaciones no
alcanzan el 0,4 por ciento. Desde 1993 Espa�a ha disminuido las
aportaciones a protecci�n social.
Se ha constatado
que el coste diario acumulado de la asistencia informal a personas con
dependencia grave puede superar ampliamente al de los servicios
residenciales. Se debe tener en cuenta que, adem�s de los costes de los
cuidados prestados, existen costes derivados de la p�rdida de ingresos de
los asistentes informales por dedicaci�n a los cuidados: por cada 100
euros dedicados a servicios residenciales, las redes de asistencia
informal emplean aproximadamente 140 euros.
Tambi�n se ha
advertido que la capacidad media de las residencias existentes en Espa�a
es inferior a 50 plazas, las cuales tienen una estructura de personal
superior a las de mayor capacidad de usuarios. La relaci�n de 9,9
profesionales por cada 10 usuarios no significa estrictamente que exista
una mayor dedicaci�n a Asistencia Personal en las residencias de menos de
50 plazas que en las residencias de m�s de 50 plazas, con 7,7
profesionales por plaza, ya que la dotaci�n de personal de cada centro
incluye profesionales dedicados a otras ocupaciones adem�s de los
cuidados. En cualquier caso, los costes de personal son un factor
importante que supone por t�rmino medio el 60 por ciento del gasto total
de la residencia.
Este no es un
documento t�cnico, s�lo se pretende mostrar un panorama y disponer algunos
elementos para reflexionar sobre el sentido de la evoluci�n necesaria del
sistema de protecci�n social, especialmente de las alternativas a
los sistemas tradicionales residenciales de cuidado total y del
mejoramiento de la asistencia basada en la red informal, en un momento de
cambio y por tanto de incertidumbre.
La sociedad espa�ola de este inicio
del siglo XXI deber� poner medios para que las personas con discapacidad
puedan evitar el desarraigo y el apartamiento de su entorno habitual,
posibilit�ndoles las condiciones de asistencia y habitabilidad adecuadas
para sus desventajas y, si lo desean, vivir independientemente y de manera
autodeterminada, procurando una cobertura universal y solucionando las
necesidades individuales de las personas seg�n los deseos y las
instrucciones del usuario con discapacidad.
Se podr�an mencionar ejemplos
desarrollados en nuestro entorno europeo que ser�an trasladables aqu�.
Pero sin necesidad de importar buenas ideas ya probadas, con s�lo utilizar
los recursos existentes y realizar algunas peque�as innovaciones en su
forma de distribuci�n y gesti�n, en un corto plazo se podr�an poner en
marcha soluciones viables.
Las mejores soluciones ser�n las
personalizadas, posibilitando al usuario la elecci�n de su meta de Vida
Independiente y la provisi�n de servicios de asistencia suficiente,
mediante la financiaci�n directa universal, viviendo en su entorno
habitual. El principio de personalizaci�n tambi�n es cabalmente viable en
modelos grupales de vivienda, compartidos por comunidades de usuarios
perfectamente integradas en la poblaci�n.
El modelo comunitario se fundamenta
en la idea de combinar la vida autodeterminada con el abastecimiento de la
ayuda para las actividades diarias, en una disposici�n de vivienda situada
cerca de una base de Asistencia Personal que se sirva de la misma, para
asistir en los casos solicitados por los residentes con necesidad de
ayuda, con horarios regulados por unos usuarios que podr�n decidir sobre
el momento y la duraci�n de la ayuda, y tambi�n en la manera que desean
que sea realizada.
Un modelo as� no necesita m�s
condiciones especiales de habitabilidad que unos m�dulos de vivienda
adecuados para personas con discapacidad, con accesibilidad interior, e
insertos en un entorno exterior accesible, que est�n ligados a una base de
la ayuda y Asistencia Personal directamente o por un sistema de
comunicaciones fiable y seguro, posibilitando realizar los ajustes
espec�ficos dentro del m�dulo seg�n las necesidades individuales del
usuario.
La creciente demanda de servicios de
protecci�n social en general y las repercusiones que el cambio social
anteriormente se�alado multiplica; la demanda de plazas de residencia y
las limitaciones de la Asistencia Personal formal a personas con
discapacidad, que superan las posibilidades de los recursos disponibles a
corto plazo y evolucionan de forma ascendente; los modestos recursos
p�blicos destinados a financiar nuevas infraestructuras de residencia y
sus dotaciones correspondientes; el elevado coste de los equipamientos
residenciales frente a la econom�a de modos de Vida Independiente
contrastables; las incomparables ventajas de vivir en el entorno natural
de la persona frente a la antinatural, desalmada y alienante
institucionalizaci�n; son algunos elementos que evidencian la idoneidad y
conveniencia de implantar unos servicios a la medida del usuario en su
entorno elegido, mediante la econom�a que supone universalizar el pago
directo de las prestaciones necesarias para las personas con discapacidad
y el progreso hacia modelos de Vida Independiente.
En aquellos casos de
desinstitucionalizaci�n de las personas que as� lo desean, de cobertura de
la demanda de prestaciones asistenciales y/o residenciales en lista
espera, de alivio a las cuentas relacionadas con nuevas infraestructuras
residenciales; se podr�a razonar que la satisfacci�n de los usuarios no
est� re�ida con la sobriedad presupuestaria. Detrayendo del costo total
del modelo residencial la cuant�a correspondiente a la Asistencia
Personal, aproximadamente el 60 por ciento, y deriv�ndola hacia el pago
directo al usuario, se podr�an realizar nuevas econom�as en cobertura
social con el 40 por ciento remanente de dicho costo, y forjar una v�a
orientada a las necesidades individuales de las personas con discapacidad,
m�s acorde con los derechos humanos y civiles y con los principios de la
auto-determinaci�n, la auto-ayuda, la posibilidad para ejercer poder y la
responsabilidad sobre la propia vida y acciones, sin que las condiciones
de dependencia f�sica supongan un l�mite para dichos principios.
La Comisi�n Europea, en su
comunicaci�n �Tendencias sociales, perspectivas y retos�, se hac�a eco de
estas cuestiones al se�alar la Asistencia Personal como cuesti�n capital,
tratando sobre la respuesta a la necesidad de cuidados en casos de
dependencia f�sica, haciendo referencia a los periodos prolongados de
dependencia econ�mica tanto de los j�venes como de las personas de edad,
en los que se somete a la gente en edad de trabajar a una presi�n cada vez
mayor. Dadas las tendencias sociales observadas, plantea las divisiones y
las fronteras que existen entre las responsabilidades p�blicas y las
privadas y se�ala que el debate se centra en gran medida en el modo de
reducir las tensiones en las relaciones entre generaciones al tiempo que
se garantizan unos servicios de alta calidad para satisfacer las
necesidades de las personas dependientes.
Los principios b�sicos de la
Filosof�a de Vida Independiente indican un camino a seguir para dar
respuesta satisfactoria a las cuestiones que discapacidad y dependencia
plantean en la actualidad, afrontado el borroso panorama de cambio social
y de cicatero neoliberalismo econ�mico en protecci�n social.
En definitiva, est�
justificado y es necesario que las organizaciones sociales de discapacidad
y las administraciones del Estado se impliquen decididamente en la labor
de desarrollar las acciones precisas para lograr servicios orientados
hacia modos de vida aut�nomos satisfactorios para los usuarios de dichos
servicios, coherentes con los avances que nuestra sociedad moderna y
desarrollada ha logrado en los �ltimos tiempos, yendo
m�s all� de la
cobertura de las necesidades b�sicas, asegurando la integraci�n y la
participaci�n activa de la persona en la comunidad.
Anexo: Ayudas T�cnicas.
Al tratar sobre la autonom�a de las
personas con dependencia y las posibilidades de determinarse hacia una
Vida Independiente es importante hacer menci�n de las Ayudas T�cnicas (AT),
entendidas como productos, instrumentos, dispositivos o sistemas t�cnicos
que utiliza una persona con discapacidad, especialmente producidas para
evitar, compensar, mitigar o neutralizar la deficiencia, la discapacidad o
la minusval�a, constituyen una muy importante contribuci�n para
desarrollar la autonom�a de la persona con discapacidad y por tanto
avanzar en formas de Vida Independiente. Dichas ayudas abarcan todos los
aspectos de la actividad de la persona, desde el dormitorio, la higiene
personal, las transferencias, la movilidad, el posicionamiento, las
comunicaciones, la accesibilidad, hasta la manipulaci�n de veh�culos y
otras, y las administraciones p�blicas financian m�s de cien tipos de
ayudas mediante subvenciones, cuyo importe m�ximo no supera los 3.000
euros.
Una persona incomunicada, mal
conectada al mundo por una discapacidad cognitiva, motora o sensorial
puede llegar a controlar su entorno mediante una serie de clics sobre un
interruptor, que es el mecanismo b�sico de muchas pr�tesis inform�ticas
que han cambiado la vida de miles de personas discapacitadas abri�ndoles
el mundo del trabajo y la educaci�n. Es admirable el ejemplo del
cient�fico brit�nico Stephen Hawking, mostrando c�mo las nuevas
tecnolog�as inform�ticas aplicadas a las Ayudas T�cnicas permiten la
participaci�n social y nos enriquecen a todos.
Actualmente el desarrollo de la
Dom�tica con los dispositivos de control f�sico en viviendas y acceso a
informaci�n del entorno, las alarmas personales, los sistemas de apoyo,
educativos, laborales y comerciales a distancia, etc. permiten unos
niveles de independencia que deber�an estar al alcance de cualquier
persona que los necesitara, en lugar de constituir un lujo inasequible.
Las innovaciones y
el desenvolvimiento en el campo de las telecomunicaciones permiten la
posibilidad de controlar durante las 24 horas las demandas de asistencia
en el propio domicilio de las personas dependientes. De especial inter�s
es la aplicaci�n en los casos de zonas rurales y zonas aisladas. La
llamada telemedicina funciona de manera experimental en Espa�a, aunque
funciona como servicio p�blico en pa�ses como Dinamarca, Francia,
Alemania, Grecia, Italia y Portugal. En Espa�a el Servicio de
Teleasistencia es una modalidad de servicio con 17000 usuarios, siendo el
principal proveedor para personas que lo necesitan y no disponen de
recursos econ�micos la Cruz Roja, financi�ndolo mediante la subvenci�n con
cargo al 0,52 por ciento del IRPF, del Ministerio de Asuntos Sociales, y
de diversos convenios municipales.
La mayor�a de Ayudas T�cnicas de que
disponemos en Espa�a son importadas; aunque se invierta en investigaci�n
no contamos con una relevante industria productora de este tipo de
aparatos. Por ello nos enfrentamos a inconvenientes como su precio elevado
y la compra por cat�logo. En la actualidad existen diversas iniciativas de
financiaci�n mixta p�blica y privada de desarrollo de Ayudas T�cnicas,
mayormente relacionadas con el desarrollo de dispositivos y aplicaciones
de tecnolog�as de informaci�n para la relaci�n con el entorno.
Las nuevas tecnolog�as de la
informaci�n y de materiales son aplicadas por una f�rtil industria de las
Ayudas T�cnicas, en gran medida encaminada a la b�squeda de remedios para
las dificultades caracter�sticas de las poblaciones envejecidas de pa�ses
desarrollados, que es generadora de productos que impulsan el desarrollo
de la autonom�a personal ante la discapacidad. Un buen conocimiento de las
necesidades de las personas y la participaci�n de los usuarios finales en
la investigaci�n y el desarrollo de los productos, procurar� su buen uso
en aspectos relacionados con el soporte de la Vida Independiente, la
asistencia sanitaria y social, la comunicaci�n y el ocio, y el apoyo a los
profesionales de la asistencia. Pero hay que tener presente que la
accesibilidad, la disponibilidad, el conocimiento de los productos y
servicios por parte de los usuarios y, muy frecuentemente, los costes de
los mismos pueden suponer barreras para lograr una r�pida y amplia
difusi�n entre los potenciales beneficiarios.
Tambi�n hay que mencionar la gran
cantidad de adaptaciones que destacan por su simplicidad y econom�a, que
no son el resultado del trabajo de multinacionales de la ingenier�a o la
inform�tica, sino de peque�os grupos de amigos, de estudiantes o de
personas con habilidades manuales que desean solucionar problemas
puntuales mediante bricolaje simple y operativo. Lo hacen aunando ingenio
y tecnolog�a, sirvi�ndose de los elementos mec�nicos, electr�nicos e
inform�ticos que tienen a su alcance para componer la Ayuda T�cnica que su
amigo, compa�ero o pariente necesita cuando el dinero es un problema
a�adido.
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