SEGURIDAD
EN INTERNET
La
identidad de alguien puede parecer muy tenue en Internet: la dirección
de correo electrónico, el historial del
navegador con las URLs visitadas, etc.
son cosas que no resultan muy significativas
a primera vista, pero proteger
esos datos puede ser de gran importancia. En
este artículo abordaremos
procedimientos para preservar nuestra
privacidad y anonimato en los dos
servicios de Internet más utilizados: el
correo electrónico y la WWW.
Remailers
El concepto de remailer describe a un
servidor de correo que acarrea tanto
tráfico convencional como mensajes a grupos
de noticias y que preserva el
anonimato de quien lo usa. Existen diferentes
tipos: unos ofrecen
pseudónimos, otros (los de tipo I o
cypherpunks * ) eliminan de las
cabeceras de los mensajes cualquier
información que pueda apuntar a la
identidad del emisor y otros (los de tipo II
o mixmaster) están construidos
sobre una arquitectura diseñada a prueba de
casi todo tipo de ataques y de
intentos de análisis del tráfico.
Los remailers de tipo cypherpunk,
introducidos por Hal Finney y Eric Hughes,
eliminan las trazas de la identidad del
emisor de un mensaje y después lo
reenvían a su destinatario, de manera que
éste no puede saber quién le ha
enviado dicho mensaje. En concreto este tipo
de servidores de correo
soportan la posibilidad de recibir mensajes
cifrados que contengan
instrucciones acerca de cómo deben ser
gestionados por el remailer,
sistemáticamente eliminan las cabeceras del
mensaje original y añaden
otras nuevas (como Subject:, etc.), algunos
de ellos desechan cierta
información del final del mensaje (como posibles
firmas), muchos soportan
latencia, es decir, pueden interpretar
instrucciones que le indiquen un
tiempo (fijo o aleatorio) durante el cuál
deberán mantener los mensajes sin
enviarlos y pueden además reordenarlos
manteniendo una cantidad fija en
el servidor. Cada remailer tiene una clave
pública PGP disponible. Gracias a
ella podemos cifrar los mensajes para que un
observador situado entre
nosotros y el servidor de correo no pueda
conocer ni el texto ni la identidad
del destinatario final del mensaje. Por otro
lado, es posible hacer pasar
nuestro correo a través de una cadena de
remailers cifrando
progresivamente el mensaje con las claves
públicas de los distintos
servidores por los que queremos que pase de
forma que sólo el último de
ellos verá la dirección de la persona con
quien nos queremos comunicar.
Este enfoque parece bastante seguro a simple
vista y lo es en gran medida,
aún así existen varias amenazas potenciales
contra este planteamiento en
las que un atacante estaría monitorizando
todo el tráfico que entra y sale
de los servidores de correo anónimo de manera
que le sería posible llegar a
averiguar la identidad del emisor o el
receptor de un mensaje. Lo mejor
para saber más sobre esto es leer el
excelente ensayo sobre el tema
realizado por Lance Cottrell y que se
encuentra en
www.obscura.com/~loki/remailer-essay.html.
Para hacer frente a esas
debilidades y basándose en el texto
Untraceable Electronic Mail, Return
Addresses, and Digital Pseudonyms de
David L. Chaum
(www.world.std.com/~franl
/crypto/chaum-acm-1981.html)
nace una nueva generacion de remailers
denominada Mixmaster. Las particularidades
fundamentales de esta
arquitectura son que mantienen una lista de
identificadores de mensajes
para asegurarse de que no envían dos veces el
mismo, ninguno de los
servidores que se encuentran en la cadena a
excepción del último conoce la
ruta completa que seguirán los mensajes,
además de esto todos ellos son
fragmentados en paquetes más pequeños e
independientes para evitar que
un posible atacante pueda distinguir por su
tamaño el mensaje que busca.
Además, el software de las cadenas mixmaster
hace uso del algoritmo RSA
para efectuar el cifrado de clave pública y
triple-DES para efectuar el resto
de operaciones.
A grandes rasgos el funcionamiento de un
servidor de pseudónimos
consiste en dar de alta una cuenta de tipo
[email protected]ónimo.com y
mantener instrucciones acerca de cómo dirigir
los mensajes recibidos a
nombre de ese alias a nuestra dirección real.
Asímismo, cuando nosotros
enviamos un mensaje a través de este tipo de
remailers nuestra dirección
real es eliminada y sustituída por nuestro
alias. De esta manera la gente
con la que nos estemos comunicando sólo
tendrá como referencia el
pseudónimo que utilicemos y no nuestra
dirección real.
El primer servidor de este tipo que hubo fue
el mítico anon.penet.fi dirigido
por John Helsingius. Su servicio fue finalizado tras
un incidente que provocó
que las autoridades finlandesas confiscasen
el equipo para averiguar la
identidad de alguien que hizo uso de
anon.penet.fi para publicar ‘secretos’
de la Iglesia de la Cienciología. En dicha
ocasión consiguieron revelar la
identidad del emisor ya que este servidor de
pseudónimos empleaba
métodos muy primitivos.
Hoy en día servidores de pseudónimos de
segunda generación como
nym.alias.net o nymserver.com mantienen
instrucciones para el envío de los
mensajes recibidos a nuestra dirección real
de manera que podemos
especificar que se nos haga llegar el mensaje
a través de una cadena de
remailers para mayor seguridad (algo
altamente recomendable) y además
almacenan una clave pública PGP con la que el
servidor verifica nuestra
identidad a la hora de modificar la configuración
de nuestro alias o enviar
un mensaje a través de él.
Es posible hacer llegar un mensaje a un
remailer a través de la web o por
correo electrónico. Hacerlo empleando alguna
de las pasarelas que existen
en la WWW es muy cómodo pero quizá poco
conveniente ya que si no
usamos SSL (Secure Sockets Layer) nuestro
mensaje se transmitirá hasta la
pasarela web en texto plano, es decir, sin
cifrado de ningún tipo, con lo cual
a cualquiera que esté observando situado
entre nosotros y el remailer le
sería posible conocer nuestra identidad o el
propio mensaje si éste no se
encuentra a su vez cifrado con la clave
pública del destinatario. La otra
opción es emplear SSL, que en su versión
internacional funciona con el
algoritmo RC4 (de 40-bits). Se trata de un
criptosistema considerado en un
primer momento (por Netscape) como suficiente
para proteger las
transacciones realizadas a través del WWW
pero que se ha conseguido
romper en unas 31 horas empleando el tiempo
muerto de los procesadores
de múltiples ordenadores en Internet, lo cual
nos lleva a pensar que si una
red distribuída de ordenadores ha podido
barrer el espacio de claves de
40-bits en un tiempo tan corto es de suponer
que una agencia
gubernamental o una empresa dispuesta a
invertir en grandes ordenadores
con potencias de cálculo considerables puedan
descifrarlo en menos tiempo.
Con todo, enviar un mensaje con SSL por web
se reduce a apuntar con
nuestro navegador a
www.replay.com/remailer/anon.html y seguir las
instrucciones (si usas Lynx para navegar
existe una versión con soporte SSL
en ftp.replay.com).
Varios programas nos pueden facilitar el
envío de un mensaje de manera
anónima por correo electrónico como Premail
(www.cs.berkeley.edu/~raph/premail.html) para
plataformas UNIX, Private
Idaho para DOS/Windows (www.eskimo.com/
~joelm/pi.html) o Mixmaster si lo que
queremos es hacer pasar nuestro
correo por una cadena de este tipo.
Para entender cómo funciona el procedimiento
paso a paso y no depender
de ninguno de estos programas que nos
facilitan la tarea lo mejor es
ilustrar brevemente el envío de un mail a
través de una cadena de
remailers de tipo cypherpunk.
El primer paso consiste en obtener una lista
reciente de los remailers fiables
(en funcionamiento) para ello podemos emplear
el comando finger
[email protected] o bien apuntar con
nuestro navegador a
anon.efga.org/~rlist/rlist.html, tras esto
nos bajaremos el anillo de claves
públicas de los remailers en cuestión y los
incorporaremos a nuestro anillo
de claves pgp con la orden pgp –ka.
A continuación trazamos el camino de nuestro
correo... vamos a enviarlo a
través del Georgia Cracker Anonymous Remailer
y tras éste lo haremos
pasar por el de Replay Associates. Así que
escribimos el mensaje:
::
Request-Remailing-To:
Esto es una prueba.
Es muy importante que haya un espacio en
blanco antes de los ‘::’ y
después del ‘Request-Remailing-To:’, que es
el comando que le indica al
remailer la dirección a la que tiene que
enviar el mensaje. Tras esto
dejamos una línea en blanco y escribimos el
texto. Ahora queda cifrarlo con
la clave pública del último remailer de la
cadena, Replay, que será el que
nos lo envíe, para ello guardamos este texto
en un fichero llamado por
ejemplo prueba1.txt y lo ciframos con pgp
–eat prueba1.txt
Con esto producimos un fichero llamado
prueba1.txt.asc así que ahora
podemos editarlo e incluír las instrucciones
al principio para que el Georgia
Cracker (anon.efga.org) se lo envíe a
Replay:
::
Request-Remailing-To: [email protected]
::
Encrypted: PGP
-----BEGIN PGP
MESSAGE-----
Version:
2.6.3ia
.
.
.
-----END PGP
MESSAGE-----
Guardamos el archivo como
prueba2.txt y lo volvemos a cifrar, esta vez con
la clave pública del Georgia Cracker del
modo: pgp –eat prueba2.txt
[email protected] con lo que producimos
el fichero prueba2.txt.asc al
que añadiremos al principio las
instrucciones:
::
Encrypted: PGP
A continuación una línea en blanco y el resto
de prueba2.txt.asc, lo
guardamos como prueba3.txt y ya está listo
para que lo enviemos a través
de nuestro programa de correo a
[email protected].
Ya hemos enviado nuestro primer correo
electrónico anónimo. Cuando
llegue de vuelta esta prueba a nuestro buzón
veremos que al analizar las
cabeceras del mensaje todas las trazas
terminan en el último remailer que
hemos empleado:
Received:
(from remailer@localhost)
by replay.com
(8.8.7/RePlay, Inc.) id OAA10749;
Sat, 2 Jan
1999 14:34:36 +0100
Date: Sat, 2
Jan 1999 14:34:36 +0100
Message-Id:
From:
Anonymous
Comments: This
message did not originate from the Sender address above.
It was
remailed automatically by anonymizing remailer software.
Please report
problems or inappropriate use to the remailer administrator at
.
Navegando anónimamente
Una de las mayores amenazas a nuestra
privacidad que se encuentran en
la WWW son las cookies, una tecnología que
consiste en permitir a una
página almacenar datos en el disco duro de
quienes acceden a ella para
que ésta pueda ‘recordar’ algo sobre nosotros
en el futuro. Son ficheros de
texto cuyo tamaño no puede superar los 4 Kbs,
pensadas para evitar al
usuario de una página tener que repetir datos
como claves de acceso,
números de tarjeta de crédito, etc. cada vez
que éste accediese a ella. Hoy
en día están siendo empleadas por empresas
como Doubleclick, NetGravity
o IntelliWeb para ‘seguir’ con fines
comerciales al usuario y trazar un perfil
sobre él a partir de sus hábitos a la hora de
navegar. Se llegó a formular
una propuesta de estándar que limitaba
severamente esta tecnología (el
RFC 2109) pero debido en parte a la presión
ejercida por compañías como
las anteriormente mencionadas ningún
navegador implementó esa
propuesta y en su lugar Microsoft y Netscape
están desarrollando Open
Profiling Standard, lo que probablemente se
convertirá en el estándar
de-facto acerca de cookies. Por suerte, los
usuarios disponemos de software
como Cookie Crusher para Windows (www.thelimitsoft.com/cookie.html)
o
Cookie Monster para Mac
(www.geocities.com/Paris
/1778/monster.html). Más información en
http://www.cookiecentral.com/.
Cualquier sede web con la que conectemos
conoce nuestra dirección IP,
sistema operativo y el navegador usado.
Empleando esta información le
sería posible explotar brechas de seguridad
en nuestro navegador para
acceder a información confidencial en nuestro
ordenador. Los errores de
software con implicaciones de seguridad en
navegadores aparecen a
menudo y nadie está exento, tanto Netscape
como Internet Explorer o Lynx
han demostrado ser vulnerables a ataques
directos o basados en el uso de
applets de Java o controles ActiveX malignos
(si alguien quiere comprobar
cosas de este estilo puede probar http://www.digicrime.com/ y
www.geocities.com/ResearchTriangle/1711). La
mejor manera de evitar
estas incidencias es navegar a través de otro
ordenador (un proxy) para
evitar que los servidores de las páginas que
visitemos puedan averiguar
nuestra dirección en Internet además de
desactivar Java y ActiveX de
nuestros navegadores. Para llevar esto a cabo
podemos usar servicios como
Anonymizer
(http://www.anonymizer.com/), LPWA ( http://www.lucent.com/ )
o navegar a través de cualquiera
un proxy mal configurado (lista en
http://www.theargon.com/ ) y que pueden
servir para enmascarar
información sobre nuestra procedencia.
Otra posibilidad consistiría en usar agora
(permite recibir páginas web a
través de correo electrónico) junto con algún
servidor de pseudónimos para
anonimizar completamente nuestro acceso a una
web. Se pueden obtener
instrucciones detalladas sobre el uso de este
servicio en
www.dna.affrc.go.jp/htdocs/Agora/Help.txt .
Quizá alguien podría pensar que adoptar
medidas como las expuestas a lo
largo del artículo sería propio de un
paranoico. Pero desprendemos
información sin darnos cuenta con sólo
arrancar nuestro navegador o enviar
correo electrónico, información valiosa para
compañías que se dedican a
seguir nuestros pasos para vendernos con
mayor efectividad coches, sexo o
el producto de turno. Aunque mucho más
sombrías resultan las evidencias
de Echelon, una red internacional de
interceptación de comunicaciones con
objetivos no militares dirigida por la
National Security Agency
estadounidense. Pensar que nuestros mensajes
están siendo monitorizados
y analizados suena a 1984 pero el hecho de
que se haya presentado un
informe al respecto en el Comité de
Libertades Civiles del Parlamento
Europeo disipa las posibles dudas. ¿No te lo
crees? ¿Sigues pensando que
sólo los criminales necesitan utilizar ese
tipo de servicios? Lee
www.europarl.eu.int/dg4/stoa/en/publi/
166499/execsum.htm y tomarás tu privacidad
más en serio.