E-COMMERCE TENDENCIAS

 

 

"Según la empresa SABRE, casi el 50% de la gente que visita sitios web buscando

 información para viajar, compra los billetes en línea. Algo está cambiando en los

 hábitos de consumo: es la revolución del comercio electrónico"

 

 Todo está preparado para que este año empiece el despegue generalizado

 del comercio por Internet. El comercio electrónico nos permite comprar

 virtualmente cualquier producto o servicio en cualquier lugar del mundo con

 sólo apretar un botón. Nuestro ordenador conectado a Internet se

 convierte en la mayor galería comercial. Nunca comprar fue tan fácil ni tan

 inmediato. Pero también nunca fue tan inteligente. Lo que no admite el

 comprador electrónico son persuasiones burdas como en la televisión:

 

 "es cosa de hombres...", "podrás montar a caballo...", "los planes claros...",

 etc. Bien al contrario, la motivación de compra se sustenta sobre mucha

 información (precios, características de productos, demos, etc.) y en la

 experiencia de la compra (rapidez, recomendación de lo que nos gusta,

 regalos, etc.). Significa pasar de un mercado de masas anónimo a un

 mercado de individuos con nombres y apellidos.

 

 El comercio electrónico resurge con Internet pero ya existía en redes no IP

 como Ibertex, sin demasiado éxito. Desde que las empresas se volcaron en

 la Red se han realizado transacciones de compra-venta, pero hasta ahora,

 no ha sido una práctica demasiado frecuente, ni en lo que se refiere a la

 oferta ni a la demanda. Sin embargo, la situación está cambiando muy

 deprisa. Y ya era hora. El primer paso de muchas empresas ha sido

 es-tablecer su presencia en In-ternet. Tener un sitio y darse a conocer. Un

 segundo paso ha sido empezar a utilizar las posibilidades de Internet en el

 ámbito de los procesos internos de las empresas. Son las tan nombradas

 Intranets. Pero ¿qué hay más allá? El comercio electrónico. Cuando la

 compra-venta de pro-ductos y servicios se realiza entre empresas (business

 to business o e-business) el mo-delo se llama extranet. Estas establecen

 relaciones electrónicas de diverso tipo -no sólo co-merciales-, entre

 proveedores y fabricantes o entre fabricantes y clientes. Son la versión

 Internet del EDI (Electronic Data Interchange) que se ha utilizado con

 tecnología muy específica, en los sectores industriales más avanzados como

 el del automóvil.

 

 En cambio, cuando el comercio electrónico se realiza al usuario final, al

 consumidor propiamente dicho, se le llama business to consumer o

 e-commerce, y aunque es el que ahora tiene mayor éxito, todo parece

 indicar que el comercio entre empresas será muy superior, hasta catorce

 veces más grande.

 

 ¿Dónde están los compradores?

 Una de las primeras empresas que vendió por Internet fue curiosamente

 Pizza Hut (http://www.pizzahut.com/). Esta iniciativa un tanto excéntrica, fue

 más promocional que comercial, ya que en los comienzos sólo vendían

 cuatro pizzas al mes. Y eso que se podían solicitar desde todo el mundo,

 aunque con una pequeña restricción: sólo se sirvian en Nueva York.

 

 Mucho ha llovido desde entonces, aunque no hayan pasado más de cuatro

 años. El 24% de las empresas americanas ya venden por Internet, en

 Europa este año sólo 600, pero en el 2000 serán 64.000. Según datos de la

 AECE (Asociación Española de Comercio Electrónico) el 35% de las empresas

 españolas con presencia en Internet están realizando en la actualidad

 co-mercio electrónico. El año pasado en nuestro país a través de Internet se

 realizaron transacciones electró-nicas mediante tarjeta por valor de 200

 millones de pesetas. Desde luego no es para tirar cohetes, pero según

 todas las previsiones los incrementos anuales van a ser ingentes: se

 calculan 3.000 millones para este año y 32.000 para el año 2.000. Esto ya

 es otra cosa.

 

 Hay una auténtica inflación de datos y estudios sobre el comercio

 electrónico, que no permiten realizar una proyección razonablemente

 acertada del tema. Sin embargo, todos coinciden en que aunque el

 crecimiento será lento, arrasará con la manera de hacer negocios que

 conocemos hoy.

 

 Esto significa que muchos intermediarios desaparecerán y otros nuevos

 nacerán. Lo mismo pasará con el em-pleo: unos se extinguirán y otros

 nuevos surgirán. Y por supuesto, la misma suerte correrán las empresas

 que no se adapten a los cambios. Las preguntas que nos podemos hacer

 todos son: ¿sobrevivirá el comercio minorista?, ¿compraremos directamente

 a los fabricantes?, ¿nos desplazaremos a las grandes superficies? No

 sabemos. Pero hay hechos incontrovertibles. Un ejemplo muy claro es el de

 los libros. Antes cuando querías un libro americano tenías que encargarlo en

 una librería. Te tardaba un mes y pagabas el doble de su precio. ¿Quién

 compraría hoy un libro de este modo, pudiéndolo tener en tres días a un

 precio más barato que el de la librería de la esquina? Esta claro que me

 refiero a Amazon (http://www.amazon.com/), paradigma del éxito del

 comercio electrónico. Amazon fue fundado por Jeffrey P. Bezos en julio de

 1995 y en mayo de 1997 empezó a cotizar en la bolsa americana (índice

 NASDAQ, símbolo AMZN). Amazon tiene cuatro millones y medio de usuarios

 de los cuales un 64% repite compras. Su capitalización en bolsa es

 espectacular, alcanzando los 10.778 millones de dólares, algo así como cien

 veces más de lo que factura al año. Pero saben una cosa, Amazon no ha

 tenido nunca beneficios. Por tanto, a pesar de la confianza que tienen sus

 inversores y sus clientes, Amazon es un espejismo hasta que no gane un

 duro. Eso sí, un espejismo ejemplar en el que todos los emprendedores del

 comercio electrónico se reflejan.

 

 La transformación social que se puede derivar de esta nueva situación en el

 comercio internacional, puede ser radical y hasta traumática. Según el

 estudio "CONDRINET: Content and Commerce Driven Strategies in Global

 Networks. Building the Network Economy in Europe"

 (www2.echo.lu/condrinet/start.htm), elaborado por la consultora Gemini

 Consulting por encargo de la DGXIII de la Comisión Europea, en el año

 2002, más de 80 millones los europeos usaran la Red habitualmente, lo

 que representará un 20% de la población total. También en ese mismo

 año, un 5% del PIB (Producto Interior Bruto) de la Unión Europea

 corresponderá a transacciones realizadas en la Red o determinadas por

 esta. Lo más importante del estudio es que se afirma que esto no es una

 mera moda, y que, consecuentemente, gobiernos y empresas deben

 empezar a prepararse para ello. Según otras fuentes el 5% del comercio

 mundial se realizará a través de Internet.

 

 Esta claro que aunque en la sopa de cifras despierte cierta confusión, esto

 va en serio. Y tan en serio. Y si no que se lo pregunten a la agencia de

 bolsa, Charles Schwab, que la mitad de las transacciones que ha gestionado

 han sido solicitadas a través de la Red.

 

 El mercado son personas que compran. El desarrollo del mercado

 elec-trónico depende en buena medida de la penetración de la informática,

 de Internet y de las redes de banda ancha en los hogares españoles. Pero

 también, de algo tan fundamental como las facilidades para los nuevos

 emprendedores. Y es que por muchas predicciones que se realicen, el futuro

 está abierto, depende de la iniciativa privada. Como dice el reconocido

 publicista Joaquín Lorente, el futuro del comercio electrónico está en manos

 de los "osados cerebrados", jóvenes inteligentes y luchadores que intentan

 convertir en negocio, ideas que en muchos casos parecen absurdas.

 

 ¿Cómo son los compradores?

 En EEUU la penetración de Internet constituye el 36% de la población, por lo

 que no es de extrañar que el comercio electrónico americano represente el

 80% del total mundial. En España, según los últimos datos del EGM (Estudio

 General de Medios) la penetración de Internet sólo llega hasta el 4,3%. De

 todas maneras, no hay que dejarse llevar por la idea de un mercado

 nacional. Lo imprescindible en Internet es tener un segmento de mercado al

 que dirigirse con un producto concreto, aunque los posibles consumido-res

 estén repartidos en diversos países. Internet es un mercado global. No

 cuesta ni más ni menos dirigirse a compradores extranjeros que nacionales.

 

 Para el desarrollo del comercio electrónico de consumo es necesaria una

 importante masa crítica, que como se ha indicado antes, aún no existe en

 nuestro país. Sin embargo, la cantidad no es el factor más importante, sino

 la calidad de los consumidores potenciales, es decir, compradores

 realmente interesados en un producto o servicio. Estas microaudiencias, en

 la mayoría de los casos transnacionales, son lo que normalmente se llama

 comunidades virtuales. Estas comunidades tienen unos hábitos de compra

 completamente diferentes a los que acuden a las tiendas reales.

 

 El cliente virtual es una persona que acude al web con todos sus sentidos y

 su inteligencia. Espera una respuesta inmediata sin restricciones de tiempo

 o lugar, que tenga información real, comparable, y donde el proceso de

 venta suponga una decisión completa del comprador en la que el vendedor

 no pueda influir y donde todo el proceso de compra sea transpa-rente. El

 comprador electrónico cuando está interesado por un producto entra en lo

 que se llama estado de flujo, que es una comunicación bidireccional,

 interactiva, con alto interés y motivación, donde la experiencia de navegar

 por el web para conocer el producto, determinará en la mayor parte de los

 casos una compra y un contacto continuado. El comprador electrónico exige

 garantías de privacidad totales, pero al mismo tiempo le gusta que sea

 conocido y reconocido, por lo que muchos sitios de comercio electrónico

 recomiendan productos nuevos sobre la base de algoritmos basados en

 compras anteriores. Conocimiento, interactividad, relación con otros

 consumidores, experiencia sensorial de la compra, ubicuidad, privacidad y

 personalización. Estas son las nue-vas reglas del juego.

 

 El desconocimiento de este cliente virtual por parte de muchas empresas, es

 uno de los obstáculos para la generalización del comercio electrónico. No en

 vano, uno de los inconvenientes resaltados en el ya mencionado es-tudio

 de la AECE, es que las empresas achacan la culpa de su inmovilismo a los

 hábitos de los compra-dores en un 36%, cuando deberían hablar de un

 desconocimiento profundo del comprador electrónico, que ya existe dentro

 de un mercado cada vez más especializado.

 

 ¿Quiénes son los vendedores?

 Existen diversos tipos de vendedores. En primer lugar tenemos las grandes

 superficies electrónicas como (http://www.coverlink.es/ o

 http://www.cybercentro.com/) donde se pueden encontrar productos de un

 rango muy variado, representados por un único vendedor. También existen

 las galerías comerciales, que son diferentes pequeñas tiendas

 pertenecientes a vendedores independientes. Finalmente, tenemos las

 tiendas virtuales que corresponden a un solo vendedor, que en muchos

 casos es el mismo fabricante. Por otra parte, tenemos los ICP (Internet

 Commerce Providers) que alquilan sitios web junto con un programa servidor

 de comercio electrónico, para crear y gestionar tiendas virtuales

 (store.yahoo.com).

 

 CISCO, el conocido fabricante americano de encaminadores, es el sitio que

 vende más del mundo. Más de 500 millones de pesetas al año (3,008

 milones de EUR). Y lo más curioso es que no vende directamente sino a sus

 distribuidores. CISCO ha automa-tizado tanto su Intranet que de no ser por

 la estructura actual tendría que aumentar su plantilla en 2.000 personas

 más y gastar 35.000 millones de pesetas (210,5 millones de EUR) más al

 año. Sorprendente lo que se puede ahorrar haciendo bien las cosas.

 

 El 63% de las empresas españolas cree que el comercio electrónico va a

 tener un im-pacto importante en su negocio. Pero muchas no saben por

 donde empezar. Es aconsejable empezar adoptando la estrategia que los

 expertos en marketing proponen para adaptarse al nuevo mercado. Se trata

 de pasar de la clásica fórmula de lo que se conoce como el mix del

 marketing que contempla cuatro aspectos (producto, precio, publicidad y

 distribución) a una nueva. Las empresas deben dejar de centrarse en el

 producto para orientarse al cliente, al cliente con nombres y apellidos, a sus

 necesidades, a las comunidades que conforman. El cliente define al

 producto y no al revés. Es como en el web de la Barbie

 (http://www.barbie.com/), donde es posible personalizar la muñeca a

 nuestro gusto y que nos la envíen a casa por el mismo precio que en la

 tienda. Por encima de la importancia del precio está el llamado coste de

 adquisición, que es lo que nos cuesta com-prar una cosa. Por ejemplo, un

 producto me cuesta X, pero a lo mejor estoy dispuesto a pagar X+1 porqué

 si lo encargo por Internet y me lo traen a casa, me evito perder una hora de

 trabajo y el desplazamiento que sumados representan un coste superior. En

 el aspecto de la distribución adquiere importancia la conveniencia sobre

 cualquier otra consideración: dónde el consumidor quiere en el momento

 que quiere. Y finalmente, en el aspecto de la promoción lo que se valora es

 el contacto, la relación uno a uno, fidelizada a través de una marca.

 

 La empresa que quiere vender por Internet tiene que cambiar radicalmente,

 tiene que ser como un cuerpo de elite y no como una división del ejercito,

 tiene que estar cambiando cada día y siendo completamente flexible para

 adaptarse a las necesidades de los clientes. Todos los productos se

 convierten en servicios, pues lo importante es mantener una relación a largo

 plazo con ventas acumu-ladas y no una transacción única. El tiempo de

 ponerlos al mercado tiene que ser extremadamente corto, así como su ciclo

 de vida se puede re-ducir a meses. Es lo que se llama "tiempo Internet".

 

 Todas las tiendas, sean de coches, de viajes o de ordenadores, tienen algo

 en común: su interfaz es el web. Esto quiere decir que vender en Internet

 significa tener presente que depende de los contenidos. Hemos cambiado

 los escaparates y las técnicas de venta tradicionales por la realización de

 contenidos audiovisuales. Lo primero a tener en cuenta a la hora de vender

 es el contenido, ya que es lo que ve el internauta en primera instancia. Lo

 segundo es la comunidad en la que en virtud de sus preferencias se

 inscribe. Y tercero y último, la venta. Aunque parezca paradójico lo más

 importante del comercio electrónico no es la venta en sí, sino la relación

 duradera entre la confianza que el comprador deposita en el vendedor y la

 satisfacción que éste último sabe darle.

 

 Según Alfons Cornella, profesor de ESADE, las estrategias definidas en el

 comercio por Internet se circunscriben a dos variables: los clientes a los que

 se dirigen y los servicios que prestan. Según sean estos nuevos o actuales

 se forma una matriz con cuatro posibles estrategias de las empresas que se

 lanzan al comercio electrónico:

 

      A clientes actuales con servicios nuevos: es el caso de CISCO o

      Amazon.

      A clientes nuevos con servicios actuales: es el caso de la librería

      física Barnes & Noble.

      A clientes nuevos con servicios nuevos: por ejemplo el web Jango,

      que es un comparador de precios.

      A clientes actuales con servicios actuales: es la opción de muchas

      cybertiendas, y por desgracia es una opción perdedora, ya que al no

      generar valor es difícil que tenga éxito.

 

 Sea cual sea la estrategia que se tome, según todos los indicios, Internet

 superará a la televisión como canal co-mercial en el año 2000. No está tan

 lejos y estar a la altura de la caja tonta ya es algo serio.

 

 Los agentes comerciales

 Robert Kuttner, columnista del BusinessWeek, afirma que en Internet

 resulta tan fácil para un consumidor obtener información sobre las

 características de los productos, especialmente el precio, en diferentes

 tiendas virtuales, que ello puede provocar una agresiva guerra de precios,

 de tal modo que los márgenes comerciales del vendedor se diluyan. Han

 proliferado últimamente un sinfín de comparadores de precios. Los mayores

 portales poseen programas comparadores de precios, también llamados

 agentes (shopbots). Por ejemplo, Amazon y otros cuarenta webs de relieve

 utilizan Junglee (http://www.junglee.com/), Excite utiliza Jango

 (jango.excite.com) y Microsoft utiliza Firefly (http://www.firefly.com/) que

 además ha comprado. El servicio que prestan estos agentes inteligentes,

 consiste en facilitar la localización de aquella tienda de Internet, que ofrezca

 el mejor precio por el producto que se está interesado además de otra

 información complementaria. Son como unos agentes comerciales

 personales. Desde el punto de vista del comprador, estos servicios son de

 una gran utilidad: aumentan su poder de elegir la cibertienda con la mejor

 oferta. En cambio, desde el punto de vista del vendedor, puede ser ruinoso

 si tiene que entrar en guerras de precios. Esto parece ir en contra de las

 posibilidades de hacer negocio en la Red.

 

 Kuttner recuerda lo que ya dijo Schumpeter, "la competencia imperfecta es

 necesaria para un capitalismo eficiente". Pero las cosas no tienen porqué

 ser tan apocalípticas ya que los agentes inteligentes también existen para

 los vendedores. Son tecnología de doble uso. Se pueden clasificar en cuatro

 categorías:

 

      1- interfaces conversacionales

      2- perfiladores

      3- filtros para colaboración

      4- comparadores.

 

 Los primeros complementan los interfaces gráficos de usuario. Normalmente

 se trata de asistentes que guían al navegante paso por paso,

 preguntándole en cada momento por opciones concretas. Un ejemplo es el

 agente Bob de Microsoft o Extempo Imp (http://www.extempo.com/). Los

 perfiladores son generadores de perfiles mediante la recolección de

 información del usuario.

 

 Son la base de las relaciones de marketing uno a uno. Ejemplos son el ya

 mencionado Firefly (http://www.firefly.com/) que mediante tecnología propia

 permite personalizar ofertas comerciales. También la empresa Broadvision

 (http://www.broadvision.com/) vende un software servidor que permite

 personalizar los servicios en los web. El tercer tipo de agentes son aquellos

 que permiten predecir los gustos de los compradores mediante la

 comparación de perfiles de usuarios con gustos similares. Se utiliza

 preferentemente en los sitios de venta de libros y música. También aquí

 existe un producto de Firefly llamado Firefly’s Passport Office (desarrollado

 en el MIT) y otro de GroupLens (http://www.netperceptions.com/)

 desarrollado en la Universidad de Minnesota. En último lugar, tenemos los

 agentes más co-nocidos que son los comparadores de precios como los ya

 mencionados Junglee y Jango. Estos programas buscan el precio más

 barato de todos los webs que venden un mismo producto.

 

 Los agentes inteligentes para co-mercio electrónico permiten realizar

 recolecciones de información sin intervención humana, que de otra manera

 serían imposibles o se tardarían muchos días en obtener. Además, estos

 agentes banalizan los precios, porqué descubren con eficacia el más bajo.

 

 Sin embargo, el precio ya no es lo que importa, sino lo que uno está

 dispuesto a pagar por el valor añadido. Quien no sea capaz de crear valor

 cada día, no tiene nada que hacer en el mercado de Internet. Como decía

 un popular anuncio de detergentes: busque, compare y si encuentra algo

 mejor cómprelo. Parece ser, que este es el lema del comercio en Internet.

 

 ¿Y la seguridad?

 Todo esto es muy bonito pero si no podemos realizar transacciones

 económicas seguras, de nada sirve el comercio electrónico. Esta es una de

 las barreras que más preocupa al consumidor final. De todas maneras, es

 mucho más inseguro pagar con una tarjeta de crédito en un restaurante que

 en Internet y curiosamente hasta ahora nadie se había parado a pensar en

 ello.

 

 Desde el punto de vista del usuario existen diversas soluciones para realizar

 un pago seguro, pero siempre dependen de las opciones que le ofrezca el

 vendedor. Todo sistema de pago tiene una parte en el navegador cliente y

 otra parte servidor web, que deben entenderse. Si el vendedor le ofrece al

 comprador diversos sistemas éste podrá escoger, de otro modo no. Desde

 el punto de vista del comerciante, existen diversos aspectos de seguridad

 que exceden el mismo pago. El primer aspecto es el de la disponibilidad de

 los datos. Para que sean accesibles todo el año, a todas horas, se

 necesitan sistemas redundantes basados en clustering o mi-rroring. El

 segundo aspecto, es el de la seguridad del sistema, que se establece

 median-te un programa de filtrado de paquetes de datos llamado

 cortafuegos. Finalmente, a nivel de pago se necesita un servidor seguro que

 permita una comunicación confidencial, es decir, que nadie ajeno a esta

 pueda entender o descifrar, y autenticada, o sea, que estemos seguros de

 la identidad tanto del emisor como del receptor. El nivel de seguridad de los

 agentes que intervienen en una comunicación con transacción económica

 viene dada por el tamaño de las claves utilizadas. Se emplean algoritmos

 de clave pública como el RSA, y el MD5 para autenticación. Por ejemplo, en

 el protocolo SET, el cliente tiene una clave de 512 bits, el vendedor de 768

 bits y las entidades financieras de 1024 bits. Para ver el nivel de seguridad

 de estas claves basta un ejemplo: se tardó casi un año y la concurrencia de

 cientos potentes ordenadores, en romper un mensaje encriptado con la

 clave RSA-126. El protocolo SSL (Secure Sockets Layer) versión 3, es el más

 utilizado hoy en día y permite crear una relación confidencial y autenticada.

 Su único inconveniente es que si el pago se realiza mediante una tarjeta de

 crédito, el número de esta y la fecha de caducidad son conocidos por el

 vendedor. Si éste nos ofrece confianza no tendremos mayor problema, pero

 de otro modo podemos temer que realice transacciones electrónicas,

 usurpando la titularidad de nuestra tarjeta. En cambio, el protocolo SET

 (Secure Electronic Transaction) auspiciado por VISA, MasterCard y las

 mayores empresas de informática, sirve para autenticar tarjetas de pago sin

 que el númerode la tarjeta sea conocido por el vendedor. Tan sólo el

 usuario y la entidad financiera lo conocen. El sistema SET es el más seguro

 que existe, ya que está pensado especialmente para el comercio

 electrónico, y aunque tiene otras muchas ventajas, su gran problema es que

 está poco implantado.

 

 Recientemente, en España la ACE (Asociación de Certificación Española) ha

 empezado a expedir certificados basados en SET. Nadie sabe cual va a ser

 el estándar del futuro y se está trabajando continuamente en nuevas

 soluciones, como las basadas en tarjetas monedero o inteligen-tes. Éstas

 permiten pagos de manera más fácil, utilizando un dispositivo lector físico.

 De todos modos, no sólo es importante la seguridad sino la impunidad. Por

 mucha seguridad que haya, siempre habrá fraudes, estafas y delitos. ¿Qué

 se puede hacer contra esto? Hay que señalar que al contrario de la creencia

 generalizada, en el Código Penal de 1995, actualmente en vigor, se tipifican

 muchos delitos relacionados con Internet. Por ejemplo, las estafas

 electrónicas se recogen en el artículo 248, la publicidad que sea engañosa

 en Internet en el artículo 282 o la interceptación de telecomunicaciones en

 el artículo 197. Además muchos artículos son susceptibles de penar

 actividades electrónicas criminales como podríamos citar, entre otras, la de

 falsedad documental (artículo 390).

 

 España es el país con mayor circulación de dinero en efectivo con el 11% y a

 pesar de tener tres millones y medio de tarjetas de crédito el 22% de las

 transacciones tienen un valor inferior a las 1.200 PTA (7,2 EUR). Esto

 significa que la confianza de los usuarios no es muy elevada. Quizá por

 ello, uno de los temas que más preocupa al consumidor, es el de la

 usurpación de la titularidad de las tarjetas de crédito. Sin embargo, según

 Javier Ribas, abogado experto en Internet, existe un reconocimiento de los

 derechos del internauta por ley que conceden el derecho al titular de una

 tarjeta a exigir la anulación del cargo que se ha hecho sin la presentación

 de ésta. Para la ejecución del pedido se establece legalmente un plazo de

 30 días a efectos de su cumplimentación. En el comercio electrónico se

 aplica la norma del desistimiento: el usuario siempre puede devolver el

 producto en un plazo de siete días (a excepción de algunos tipos de

 mercancía como textos, imágenes, música, etc.), si este no se ajusta a sus

 expectativas o a la publicidad. Bien, dicho esto no hay mucho que temer. ¡A

 comprar bits!

 

 El nuevo bazar

 Los movimientos de las grandes empresas de Internet hacia el comercio

 virtual, como evidencia la compra de Netscape por América On Line,

 demuestran el gran interés que existe por tomar posiciones de liderazgo en

 la nueva búsqueda de El Dorado. Nuevos webs fáciles, rápidos e

 inteligentes, prestos a vender van a inundar nuestros navegadores.

 Parafraseando a Negroponte, podemos decir que vamos a pasar de las

 tiendas de átomos a las de bits, los nuevos bazares virtuales.

 

 El comercio electrónico va a ser uno de los grandes catalizadores de lo que

 se puede considerar como la nueva revolución digital. Nuestros hábitos

 cotidianos más usuales pueden cambiar. Si el comercio electrónico tiene

 éxito puede provocar una generación obesa, que no se mueve de casa ni

 para comprar el pan. El comprar por Internet se puede convertir en un

 nuevo deporte de sillón.

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