Salomé

III

 

El sacro ritmo de la danza marca,

en la cintura, un junco que se quiebra;

en el torso, un gran lirio que se enarca,

y en los flancos, el anca de la cebra.

 

Ardiente el ojo inmóvil del Tetrarca,

en la armoniosa ondulación se enhebra

y enturbia el cristal, como la charca

cuyo fondo agitara una culebra.

 

En la fiebre divina que la impulsa,

Salomé es una ménade convulsa.

Danza con el furor de la bacante

 

que azota el dios en el antiguo coro,

hasta que por la sangre pululante

de Juan, resbalan sus talones de oro.

 

Rafael López.

Obra poética.

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