Ruelas

 

El diablo, tu divino maestro de dibujo,

en tus sueños proclama la virtud de su influjo;

y mandrágoras cortas con tus manos de brujo.

 

Y como gran artífice de belleza y gran mago,

los cabellos de Ofelia desparrama en tu lago

y en tu claro de luna crucifica a un endriago.

 

Aunque un fauno lascivo se encorva en tu cimera

imitas a Jerónimo: tu querida primera

y tu querida última, será una calavera.

 

La inspiración que mueve tu lápiz, digna es

de las noches protervas que gozó Gille de Retz,

de que sirenas giman y bailen Salomés.

 

La ilusión despedaza su divino secreto

en el desbordamiento de tu numen concreto,

donde tiembla la sombra de un convulso esqueleto.

 

Taciturna y maligna, tu flotante quimera

tiene pechos de esfinge, de mujer la cadera,

a la flor del acónito huele su cabellera.

 

Tus cartones fulguran con diabólicas llamas,

y tus hilos de sombra dejan ver en sus tramas,

de serpientes deformes los quietos monogramas

 

Y a tu modo repites con la punta cortante

del carbón, encendido como un limpio diamante,

las terribles palabras del infierno de Dante.

 

Abres trágicamente la Caja de Pandora

y en el acero mismo del ancla salvadora

a la Esperanza clavas con el bien que atesora.

 

Exegeta preclaro de los bellos poemas,

tú que diste a los versos resplandores de gemas,

y los interpretaste con figuras supremas,

 

hoy circuyo tu frente en la noche oportuna,

con los mirtos que brotan donde ha sido tu cuna,

bajo el grave silencio de mi madre la luna.

 

Rafael López.

Obra poética.

 

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