
…Cubierta ya por la chía de destellos grisáseos y morados; arrullado por la bengala del manto nochero, paseaba y rondaba buscando... tratando de al fin conjuntar mi eternidad en abstinencia de la noción, con la luciernaga desvelada; hermosa y seductora, doncella de niebla, vestida en luz pálida y en blanco perla. La luna rompía el silencio de mi trayectoria, mas las hojas secas crujían entre mis pasos y hacian la noche enfurecer. Nubes y tinieblas tropezaban en mi camino, haciendo de ésta, una pesadilla tardía y pesada. Los búhos lloraban, la noche aullaba, y escuchando el dulce bel canto, sin duda a mí ella llamaba. Miles de espectros rodeaban mi ser, delirando, condenadas hacia una atmósfera totalmente débil y ahogada en su propio pantano, tocando arpas de plata y gaitas serenas, expresando pena y frialdad, atrapadas en sarcófagos desesperadamente pidiendo libertad. Notas discordantes corrían dentro de mis venas mientras el bosque bailaba en ritmo de la melodía. Candelas decoraban la vereda encendiendo fuertemente la llama azul y plateada mientras danzaba entre ellas, al parecer no era la única alma que vagaba bajo la oscuridad. Con un tremendo decrescendo musical entre los frondosos y fragantes pinos de la medianoche y en dirección del eclipse, iba apareciendo una aguja barroca, cubierta de antiguas redaderas de rosas dormidas y edades muertas. Mientras el bosque iba abriendo el paso, crecía la enormidad de esta ciudad con altos pilares, atlantes y cariátides soteniendo el tremendo paredón, cuya osadía parecía desafiar las leyes de la gravedad. Reinada por entristecidos y flamígeros querubínes de piedra, contrafuertes, arbotantes de mosaicos, armaduras de roca, y gigantes rosetones similares a una aurora boreal. El extranjero clima delicado y extremo a la vez, estremecía todavia mas mi ataraxia…
Rodeado por un cromático lago reinaba el alcázar amurallado de llanto. Enriquecido por la antigua precencia de los cisnes; feroces chacales con ojos de rubíes lo rodeaban como centinelas en guardia; niebla carbonizada cubría la colosidad. Siguiendo el arpegio de la armónica dulcinea ascendia por la aglomerada pasarela de la torre. La inmensa barrera de su entrada parecía ser un portal hacia otra dimensión, incluido por un macabro estruendo de alaridos y truenos en agonía. Elementos sobrenaturales de fuego, agua y viento revolvían en su interior uniendo las fuerzas de dioses y arcángeles prisioneros dentro de ella. Fuertes ráfagas de viento caían sobre mí como granizo de invierno. Al poder llegar al centro del portal decidí abandonar el alma llevada, ya que algo sagrado e inesperado llamaba, cantaba y esperaba por mí. Podía oír claramente el aullído del ambiente abandonandome poco a poco. Portones con viejos y ancianos cerrojos habían por doquier, y alumbrado por terribles antorchas con llamas del mismo plateado y azulado del bosque. Sombras corrían por los pasillos, caballeros de negro cuidaban de ella, grandiosas y enormes esculturas de bestias y demonios observando mis pasos, uno a uno. Sonámbulos susurros mantenían la tentación de llegar hacia mí. Tapices ahogados en vino y orillas de finos áureos abrigaban mi camino. Ascendiendo escalones con detallados acantos y habitaciones de tremenda expansión y archivoltas arropandolos, finalizé mis pasos hacia un salón gigantesco, repleto de mitológicos bustos y místicos candelabros. En él, situados varios retratos y pinturas de una dama vestida en terciopelo, pesados y tibios cabellos de un negro fúnebre cayendo sobre su espalda baja, tez pálida, una frágil mirada con tremendos destellos de traumas y una…El dulce canto llamaba nuevamente... Seguí la embrujada llamada por todo el Palacio sin poder encontrar mas que la dulce y erótica voz de la tierna doncella.
Siguiendo el camino extenso, repleto de acaneladas fragancias de especies, sentí la compañía de una fría nube rodeando mi cuerpo, hechizado y debilitado ya por conjuntos de sonidos tiple y cristalinos. Decendiendo de la parte superior de la nave central de la ábside, bajaba una sombra de temor abrumado junto a gritos silenciosos, cánticos de stábat e himnos gregorianos. Un verdugado brillante y detallado se asomaba diciendo:
Et vuínd ed servêlle pert’es llent,
Cell’es lu çie ye cell’es somber…
¡Auscultare me cantus, unde canture per veus!Revuelos finalizaban su espléndido traje, constelaciones giraban alrededor de sus tiaras. Luces obscuras la rodeaban, torbellinos de truenos circulaban sus diademas, mientras los colores del ambiente se convertían totalmente neutrales mientras bajaba. Llegando hacia mí, estando a leguas de distancia, tomó mi ser y llevó mi ausencia junto con ella. Llevándome por los pasillos del palacio, miedo y sensualidad corría dentro de mi. Sin palabra alguna dirigendome a su eterna noche de pasión, contando sangrientas leyendas y seductivos sueños de encanto paseabamos por los sin fines de los pasillos. Hacia el interior, se encontraba la rústica y alfombrada arquitectura victoriana. Llamas rojas despertaban de cada una de las candelas, mientras el aroma del mismo ambiente cubría la habitación de lujosos adornos y cancelas con vista hacia la estrellada y congelada noche…
Dentro de un corsé asangrado, cedas sensibles que arropaban sus pantorrillas, el dulce color de las rosas jugaba con sus pies descalzos mientras acariciaba su delicioso cabello con tremenda sensualidad. El llanto del clavicordio junto a la viola francesa creaban que la lujuría se derramara ante su vanidad. Entre murmullos, lenguas y gemidos me aterraba con su acústica vibración, a la vez incendiando mi placer con su perversa mirada. Sugestionando y atrayendo mi ser ante ella, me hacia arrodillar ante un acto fetiche, suavemente desgarraba mi sotana mientras el oscuro suspenso navegaba dentro de mis venas. Estimulando los mares del placer, olas y viento ahogaban mis sueños dentro de pesadillas eternas y profundas. Llamas de cera cubrían mi cuerpo creandome asi, solo una porción de la tiniebla. Arrastrando mi espalda con su tierno y suave pecho comienza a rayar mi piel mientras rompía mi externidad dolorosamente, haciendo crecer a gritos de sufrimiento. Viendo jeroglíficos en el cristalino vidrio del cielo, tensaba y hacia nudo mi cuerpo hacia la gamuza, fuertemente clavando sus dientes en mi espalda derrotando mi debilidad dentro de un fuerte hechizo, dejando pequeñas marcas de mordiscuras y moretones sobre mi columna y antebrazo. Hóstilmente levantando mi cuerpo y cerrando mi sentido, amarro un capirote a mi cabeza mientras absorbiendo mi existencia, ritos e invocaciones ella inhalaba. Acostado ya en acantáseas del holocausto, sangre bajaba hacia mi cabeza estando colgado de la cúspide de la épica pirámide, al parecer ser esto una sonata de destrucción y alaridos atraves de lujuria y estimulos quemados por el deseo y traición. Separando mi tristeza y llanto de la morgue pude asi entender y decifrar que sus palabras fueron mi salvación...He venido a salvarte por tu llanto,
Soy la luz y soy la sombra...
¡Escuchad mi canto, y yo cantaré para vos!Para mientras mi alma sigue vagando.... y siendo asi, la noche cayó, creció, nació y se hizo nuevamente... mi ser solo espera nuevamente el amanecer para otra noche de encanto y crueldad...