
No
hubo verdad, solo mentiras e hipocresias.
No hubo dolor, solo sufrimiento...
No hay luna que ofrezca la belleza de la sangre,
y nunca existirá ese alguien que diera por tí vida eterna
Solamente una en la cual vivas
en tu negra vida por toda la eternidad…
No existía amor, solo un terror mortificado en un mundo vacio de luz y de un cerúleo camino hacia la vida de un alma desesperada. El mundo estaría condenado para la vida eterna estando en manos de una luna encremada por el vacío de la soledad. Mi madre, Meglett Andhrielle, y padre, Thronieth Diemerti, Conde de siete planetas ya cubiertos por el manto del disgusto afiebrado. Me tuvieron un tormentoso y escalofriante sabbatum. Era una noche oscura junta con dolor y llanto. Mientras la luna afligida lloraba sangre amarilla sobre nuestro trono, los lobos aullaban y los chillídos de los mamíferos nocturnos chupaban la vida de mi madre por la ventana. Habían gritos, truenos, todavía yo podia sentir los aullídos de todas las pesadillas que me rodeaban sin aún haber nisiquiera salido del vientre repleto de futura destrucción e incumplimientos de hipocresías. Se oía un tipo de sistro y el odre de las gaitas sonar, muy parecido a la melodia ruidosa de las trompetas del juicio final. Pero sabiendo que no era el final, sino el principio del mismo infierno en vida. Las criadas servían a mi madre mientras el torturo de la sangre fría cruzaba por las venas de mi crapuloso cuerpo, rotamente sentía que se acercaba el momento de nacer en el cual veía un lobo de centellas negras, con rojo sangre que se acercaba a mi, poco a poco, seguido por naguales y un cerbero con un collar de siete gemas primas representando la maldad de estos siete planetas malditos. También llevaba dos botellas llenas de vino Negro, el cual me lo ofrecían por yo salir de ese vientre lo antes possible. El cual se lo negaba una y otra vez. De momento hubo un silencio lleno de tinieblas y un frío cristalino nunca antes sentido. No habían gritos, solo truenos. Mi madre pareció haber fallecido repentinamente, y en menos de que la luna derramara otra lágrima mas, una enorme y extraña bestia con cuerpo de pantera, piel de serpiente, y rostro de un tipo de vampiro desesperado por sustraer la sangre y vida de mi madre, entro al Castillo donde se encontraba ese planeta podrido, caído del cielo, dentro del vientre mas condenado de toda la etermidad. Entró por la ventana rompiéndola en pedazos y cada fragmento de ella que caía a la ensangrentada alfombra, era como mil puñaladas dadas a mi corazón. Mi padre agarró su espada de vida en forma de defensa hacia el vientre de mi madre, las criadas estaban tiradas en la sangre de las alfombras, los guardianes guerreros; servidores de mi padre, ya habían muerto solo con la sombra de esta extraña bestia. La bestia se acercaba cada vez más y más, y haciendo gemidos y hablando en un tipo de lengua muerta, y ese terrible e inolvidable aliento infernal, le pedía a mi padre el darle de obsequio el corazón de la criatura de ese vientre de Meglett. Ofrecía vidas, ofrecía tesoros, por ese corazón, no sabiendo mi padre el por qué, ni su razón. La bestia no lo podía tener si no era con la autorización de Thronieth. La bestia no aguantó otra lágrima de luna más, y en menos de que un trueno volviera a caer encima de este trono, se acercó a mi padre empujándolo al olvido. Se acerco a mi madre, diciendo blasfemias y un tipo de alabanza no se a que, o a quien, la cual nunca podre olvidar. Me sentía horrible, sentía vértigo, cada movimiento, cada Mirada y cada palabra que decía sentía el acercamiento de los infiernos a mi alma. Mi padre ya perdido, muriendo probablemente, no pudo hacer nada ante ella. Y en eso la bestia terminó su maldita alabanza. La cabeza de mi madre había sido arrancada por la bestia. Sentí odio y terror, sentí que en la vida o en la muerte tendría que sacrificar mi vida en sangre para quitar la vida a esta maldita bestia. Costara mi trono o costara mi corazón. Y el poder saber porque o para que es que me quiere y algún día entregar la cabeza de ésta a el corazón de mi amada madre. Yo Lezerthrop Diemerti, juro traer la cabeza del demonio a éste corazón. En el nomen del Pater, del Fillius y del Spiritus Sanctus, amén.
Habían pasado ya los siglos, teniendo ya 24 años. Mi padre había muerto. Terribles guerras pasaron entre este martirio de tiempo, de mi recorrido por las encatolizadas espinas del camino. Muchas llamas de edad negra pasaron. Todavía los marchitos pétalos de mi negra rosa no habían caído al olvido. Sentía todavía el infierno en mi corazón y no podia descansar hasta encontrar la cabeza de aquella maldita bestia que robó mi santa vida. Al saber que estaba condenado por tan solo haber nacido esa llorada e inflamada noche de encanto. Casado yo con Ilazha y con Trynleste, mis dos nobles condesas de la noche. Las dos doncellas negras caídas del cielo, hijas de los emperadores de Samaelth y Gronthiel. Una de ellas hechicera y otra de ellas sobrenatural. Y viviendo en nuestro Castillo de Arkistania, uno los planetas bajo mi poder. Maldiciendo todos, mi nombre por supuestamente causar la muerte de mi madre sin aun haber nacido siquiera. Nunca había mencionado la bestia, y nunca había contado los espadasos sentídos por cada maldita blasfemia mencionada por aquella maldita animala. Nadie me creería. Y sabiendo yo, que Arkistania estaría maldito para la vida eterna. Tendría que encontrarla para poder defender este planeta ya caido por el odio. Viviendo en nuestro Castillo ya en otro planeta, teniamos todo. Todo parecia ocurrir encantado, hasta que se dio una nueva guerra, llamada “La Guerra Kazteldabra”. Que fue una Guerra ante los “Kindreds”(bestias con poderes sobrehumanos y sobrenaturales),“hijos de la noche”, llamados ellos. Un tipo de bestia-vampiros practicamente invencibles, nunca ni en vida o en muerte llevados con los “Grimtheos”que eramos nosotros, civilizaciones bastante distintas. Siempre desearon mi trono, siempre envidiaron mi nobleza. Todo lo deseaban reinar ellos, viviendo en otro planeta. Llegaron a invadir Arkistania, solo para tartar de destruir y extraer nuestros tesoros y la mayor ganancia: “Mi Trono”. En fin, tuve que mandar a mis nobles esposas a otro planeta, cada una de ella cuidada por mas de 1,000 guerreros de la oscuridad. Y dos reyes para mayor protección. Pude reunir tan solo 6 de mis planetas con tan solo 8,000 guerreros cada uno ya que uno estaba ya reinado por los Kindreds por destruccion total y ganancia de su reino por nuestro traicionero avaro Rey que en maldicion descanse…
Continuará...