INTRODUCCIÓN / RESUMEN
El presente documento fija su atención en la incidencia cada vez mayor
de lo global sobre las interacciones locales-globales; las identidades
territoriales; las referentes a la cultura; la vida política; la social y
las condiciones sociobiológicas de los individuos. En tránsito desde una
modernidad –imitada- los/las ciudadanos/as disponen de un acceso fácil,
directo, rápido a un sinfín de informaciones y productos generados en
cualquier lugar del planeta. Las PC individuales, el monitor de televisión y
la red de redes o internet han abierto diferentes posibilidades al mundo
exterior desde los ámbitos más íntimos y hogareños. Ello permite que se
puedan intercambiar cibernéticamente opiniones con personas residentes en
los ambientes sociales y geográficos más disímiles y diversos.
Mientras que la manipulación informativa ya fuere en la restricción o en la
parcialidad dieron un gran paso adelante en la democratización
comunicacional, no ha sido así en el terreno de las singularidades en la
extensión de los fundamentos morales e intelectuales. El poder económico,
político y social están determinados por una multiplicidad de noticias antes
que por una tradicional escacez. De un contexto que está en permanente
asceleramiento y con una fuerte incidencia de la mundialización económica,
las identidades territoriales se hallan sometidas a un proceso de
redefinición con derivaciones para la cultura política, la vida ciudadana,
la movilidad social y el entramado institucional.
Globalización y decaimiento de
identidades
La globalización conjuntamente con la desparición del estado-nación
trajo el decaimiento de las identidades ciudadanas enraizadas en los órdenes
cívico y cultural típicos de los estados nación. Unos años atrás no
hablabamos de “ciudadanía” sino del concepto de “pueblo” con el que las
identidades poseían una relación más directa al remontarse a las
tradiciones, ideas, símbolos y creencias, ambos conceptos poseen su base en
los fundamentos de la explicación y concreción de la política. Hoy en día
las identidades nacionales están corroidas y expuestas a procesos de
fragmentación, de competición y a elementos superpuestos de variada índole.
Paralelamente existe por doquier y en todo ámbito urbano, un fortalecimiento
de identidades locales, regionales y nacionales minoritarias, observable a
escala mundial.
La conceptualización para describir las movilizaciones políticas y
conflictos identitarios, es denominada etnoterritorialidad. Como este
no es nuestro objetivo, baste con recordar que los fenómenos regionalistas y
nacionalistas son de compleja objetivación y que este tipo de movimientos se
atribuyen una autopercepción de identidad grupal que contrasta con la de
ciudadanía del estado en los que están inmersos. En la heterogeneidad y
discontinuidad de los entramados sociales existe una multiplicidad de
identidades ya que los y las ciudadanos/as en las sociedades plurales se
adscriben a grupos de referencia que muchas veces están en competencia entre
sí. Ello produce una multiplicidad de identidades dinámicas y cambiantes que
no siempre se expresan de manera explícita. El problema que subyace a esta
búsqueda de identidades, especialmente para las disciplinas sociales es la
existencia, causas y formas de movilización política que se relacionan con
las identidades territoriales.
La situación de las identidades urbanas en la Argentina pueden ser buscadas
en distintas referencias de adscripción, por adhesión a grupos políticos,
partidos políticos, barrios, pueblos, identidades de provincias, estado, y
en las últimas décadas por la adscripción a los denominados movimientos
sociales adosándose a éstos en la actualidad “las redes”. Pero lo que
aparece como diferente es la adscripción a entidades supranacionales como
pueden poseer los habitantes de la Unión Europea y que a la vez poseen
referencias distintas según naciones, regiones, entidades locales, etc.
El planteo de la globalización tiende a reducir y a homogeneizar una
referencia semejante para las naciones del Tercer Mundo, e incluso esta
última categoría pareciera no tener referencia en la actualidad. En todos
lados se trata de imponer la superación del estado-nación como arena central
que representó la trama de la vida social, política y económica. En general
las controversias sobre el término globalización discurren por andariveles
que ponen el acento en la permanencia del capitalismo ya fuere como
sustancias de capitalismos diferenciados o como mercado único en el que la
globalización –con el modelo anglosajón- supera a las fronteras nacionales.
Estas concepciones están basadas en la fuerte presencia del comercio mundial
como espectro mucho más amplio de lo que fuera anteriormente como flujos de
bienes y servicios, hoy la principal diferencia son los flujos financieros y
de capitales. Estos breves comentarios que hacen al panorama mundial señalan
caminos diferentes tanto para las políticas externas como para las internas
de los estados aunque la líneas divisorias entre ambas quedan cada vez más
desfiguradas ya que los actores externos transnacionales se inmiscuyen en
los asuntos internos de los estados. Las políticas de ajuste con la
similitud de aplicaciones en los noventa en América Latina, los acuerdos con
el Fondo Monetario Internacional y por esa vía la ingerencia en las
orientaciones de políticas internas por vía del Banco Mundial y del Banco
Interamericano de Desarrollo tuvieron y tienen una particular influencia
sobre los actores y asuntos internos.
Lo nuevo de la época es que si bien son los estados nación los que acuerdan
con aquellas corporaciones y organismos financieros por las políticas
económicas, existen también acuerdos que se establecen en los planos más
descendentes de los estados, como los ámbitos locales. Si bien estas
tendencias podrían suponer una mayor descentralización de los poderes, por
incentivos regionales, apoyos urbanísticos u otros, recrudece un mayor
protagonismo de sus respectivas sociedades civiles por el cúmulo de
información y porque el contexto se tornó flexible en cuanto a las
necesidades impuestas por la sociedad informacional.
La repercusión de estas direccionalidades en las que las clases capitalistas
se estructuran y benefician por la competencia entre las localidades
nacionales de producción, adscriben a las nuevas teorías de “la nueva
economía política”, que a su vez constituyen el sustento teórico ideológico
de la “nueva política social”. Esta última opera como consecuencia de la
disminución de las funciones del Estado para eliminar las desigualdades
sociales, apoyándose en el mercado como la institución reguladora que
garantiza la seguridad social y bajo la consigna de “lo privado es lo
mejor”. En su aplicación cotidiana para la formulación e implementación de
la política económica y social las visiones conservadoras ponen el acento en
la “situación de pérdida de los procesos de modernización”, lo que no es más
que una división cada vez más profunda entre los grupos e individuos, entre
los que están integrados estratégicamente al desarrollo económico mundial y
aquellos sectores que están marginados de la sociedad nacional.
Dicho de otra forma es la conformación y consolidación de potencias
económicas privadas cuyas cifras sobrepasan el producto bruto interno de las
naciones. La denominada sociedad activa, no es más que el traslado de la
responsabilidad del bienestar de la ciudadanía social al mercado, asegurando
relaciones entre éste último y las políticas sociales. En el plano de la
vida cotidiana y en el de las políticas públicas la vida de grandes
cantidades de población se ven afectadas en términos de justicia o de
redistribución. Paralelamente las identidades territoriales dejan de poseer
el anclaje en la tradición, en los símbolos de legado histórico, en la
creencia en el poder del estado nación y en la política y aparecen
vocaciones más cosmopolitas con deseos de desarrollar culturas cívicas
locales.
La privatización de los medios y satisfactores sociales modificó la vida
social dando mayor importancia a la posesión de bienes de consumo. El
“consumismo” está desplazando a la “ciudadanía social” como un concepto
integrado a la política social. Sin embargo el mercado por sí sólo no genera
igualdad de oportunidades, ni equidad, ni equilibrios regionales, las
políticas sociales actualmente tienden a actuar como industrias de la
economía globalizadora, ofreciendo servicios de salud, educación, seguridad
social y actuando como respuestas a las determinantes de los alicaídos
mercados laborales. Un nuevo comunitarismo deviene como efecto defensivo,
como respuestas instrumentales ante las construcciones urbanas y ante una
socialización de prácticas sociales individualistas. Si bien en los ámbitos
de toda América Latina aparecen todos los días “identidades de resistencia”
ante las políticas de ajuste, la avalancha informacional de la sociedad red
trae aparejado otro tipo de entrelazamientos de identidades y una
multiplicidad identitaria favorecida por diferentes lealtades con distintas
legitimidades políticas.
El modelo de ciudad se presenta por lo dicho anteriormente como modelo de
ciudad global o ciudad mundial, en los territorios se verifican no sólo las
reapropiaciones del espacio urbano por lo transnacional sino que los sitemas
productivos que aparentan estar descentralizados, concentran actividades
productivas, circuitos financieros, gerenciamientos, ocios y tecnologías.
Las ciudades operan como ciudades globales por los circuitos de intercambios
que generan, que son competencias y cooperaciones. En las ciudades
globales-latinoamericanas- la sociedad se presenta fragmentada, con
exclusiones y fundamentalmente como sociedades mediáticas, cumpliendo así el
paradigma del consumismo que postula la globalización. Este consumismo
responde a la era de lo visual en la que las informaciones –que se presentan
con una inmediatez ascelerada- y evidencian un conocimiento, ya que la
legitimación de lo visual por la imagen ensalsa el comentario televisivo. La
era de lo visual se corresponde con la situación de la política y de su
desencanto –que es bien distinto a los existentes en los Estados Unidos y en
la Unión Europea.
Las escenas a que nos tiene acostumbrad@s la política de este siglo XXI son
las de los miedos, las sospechas, las consecuencias de los ajustes
económicos, la precarización de las vidas cotidianas, la flexibilidad en las
relaciones laborales, la exclusión, las crisis, la inseguridad y la falta de
perspectivas futuras. En vez del modelo integrador y asimilador de ciudad
que se pensaba en los años 60 las sociedades avanzan con los modelos del
melting pot como expresión de asimilación de inmigrantes que aún poseen
los referentes territoriales de sus países de procedencia. O en otros
términos, se profundiza el proceso de una hibridación social en la que
grupos de distinto origen social y étnico se disuelven en nuevos compuestos
sociales y culturales, en espacios en los que los actores sociales van
conformando su subjetividad y las identidades sociales.
Éstas se irán constituyendo como formas de actuar, de pensar, de sentir,
organizando y haciendo tangibles formas de vida asimilables a las nuevas
situaciones acompañando el recorrido de lo humano en la construcción de la
sociedad ya que en el compartir los ámbitos de heterogeneidad van
construyendo diferentes formas en las áreas laborales, familiares, de ocio y
recreación. Esas identidades sociales son construídas a partir de las
instituciones dominantes en cada situación histórica y recrean otras
identidades en los ámbitos urbanos, de manera que lo universal y lo
particular transvasados por las comunicaciones se dan al mismo tiempo. Lo
universal toma características locales y lo global da lugar a la formación
de identidades particulares.
El global melange y las nuevas tecnologías de
información y comunicación
El proceso de reorganización de las sociedades a partir de los desarrollos
tecnológicos, económicos, socioculturales supone una interdependencia con el
resto del planeta. La globalización instauró una conflictiva desigualdad a
nivel internacional y una concentración de los organismos financieros
internacionales como de empresas transnacionales que pasaron a guiar y a
legitimar las políticas públicas de los estados-nación, a la vez que
cambiaron los abordajes en las comprensiones sociales sobre la realidad. La
sociología que se especializó sobre los estados nación está dando lugar a
una sociología de formaciones, tiempos y espacios híbridos en los que se
vuelven a repetir desigualdades, discriminaciones, heterogeneidades, pactos
políticos, convenciones culturales y éticas.
Esta transformación va en conjunto al cambio de las políticas mundiales y a
los originados por los medios de comunicación a la vez que a las tecnologías
más avanzadas. La sociedad camina más despacio que las consecuencias
objetivas de la denominada “sociedad global de la información” y no toda las
sociedades poseen consciencia de estas influencias. Porque la denominada
sociedad global trajo aparejado víctimas y verdugos, inforicos e infopobres.
La electrónica incorporada a las intimidades de la vida cotidiana aparenta
trasladarnos a una sociedad deshumanizada, ya que cada día que pasa se
iluminan células informativas que recogen las huellas de los seres humanos.
El aliento por una vida global, formas de conciencia y otras categorías para
analizar las nuevas realidades vienen acompañada por el fuerte impulso dado
a las TICS. La nueva economía que se desenvuelve en las ciudades pasó a ser
informacional y global. La Red de Redes o la Internet se convirtió en pocos
años en el pilar de la comunicación entrelazada, tal cual lo hicieran a
principios del siglo XX la radio que permitió comunicar comunidades y el
teléfono en años posteriores que dio a las familias y a las relaciones
laborales un nuevo sustento de relación capital-trabajo.
En este contexto el conocimiento aparece como la principal fuente de
productividad, pero no es conocimiento tradicional derivado de las
universidades y/o de los ámbitos académicos, sino el que surgió por el
asentamiento de un nuevo paradigma tecnológico de información. Un paradigma
que surgió acompañado por una industria generada en Silicon Valley, que es
el centro mundial de la informática, del software y de Internet. Silicon
Valley surgió por los años cincuenta por el apoyo académico de la
Universidad de Stanford, por la escuela de ingeniería para crear un parque
industrial; en los setenta se desplegó el desarrollo del ordenador de Apple
y desde aquella vez no dejó de fabricar el software para las PC.
En Silicom Valley trabaja más de un millón de personas, el 40% de ellas con
títulos universitarios, más de la tercera parte nacieron en el extranjero,
es decir que S. Valley se transformó en un enclave generador de trabajo y de
desarrollo de tecnologías, las empresas se instalan allí como Intel y Cisco
Systemas, y las que no, compiten para llegar a instalarse. Los miembros de
facultades de departamentos de ciencias e ingeniería de Stanford y de
Berkley fueron los primeros en poner en marcha esas empresas.
Otras universidades de EE. UU. no tuvieron la misma suerte, quizás se deba
en parte al estilo de trabajo que se implementó en S. Valley, sin –aparente-
ayuda financiera del estado, muy flexible y sobre todo con la unión de la
empresa y la vocación de hacer de la tecnología informática una industria.
En realidad la planificación económica de EE.UU. siempre subvenció el
desarrollo de la investigación, ya fuera a través de su Departamento de
Defensa, a través de universidades, o simplemente la informática a
instituciones públicas y privadas. El enclave de Silicon Valley responde a
la denominada “ideología Californiana” que se propagó en los EE. UU. a
través de masividades culturales que aparentaron ser libertarias en lo
cultural pero conservadoras en lo económico. Es también el sitio de donde se
desarrollo la industria del magnate Bill Gates y el lugar donde la
hipermedia se desarrolla con voluntades monopólicas, con un discurso anti-estatista
y propagador de un individualismo cibernético de derecha.
La transformación acaecida mediante la incorporación de las tecnologías de
información y comunicación en las ciudades y en la vida cotiadiana aparece
como una nueva construcción de subjetividades y de entrecruzamientos en los
que es posible construir otras identidades a partir de las nuevas
circunstancias políticas, económicas, sociales, culturales, históricas. La
sociedad conocida como digital es tratada de dos maneras: como “sociedad del
conocimiento” por aquellos que apuestan a una transformación mediante el
aprendizaje y la socialización de la mayorías y que incluye además la
acentuación de una constante información que retroalimenta a los seres
humanos y como “sociedad de la informatización” por aquellas versiones que
ponen el acento en un despliegue del desarrollo de las actividades
comerciales y empresariales mediante las tecnologías informáticas.
El hecho es que el mayor despliegue de lo que se conoce por sociedad digital
global se realiza en los centros urbanos, aunque esta sociedad no conoce
fronteras geográficas ni temporales ya que posee un destino planetario. Es
un tipo de conocimiento convergente ya que en él coinciden numerosas
disciplinas y especialidades del saber; su fundamento es la interacción, el
diálogo y la cooperación; no admite jerarquías reconocidas ni autoridades
burocráticas y es la fuente de una una nueva realidad: la virtual que no es
ni representada ni imaginada sino real, es autónoma y se desarrolló con
rapidez.
La incorporación de los sistemas técnicos digitales a la manipulación,
transporte y recepción de la información permitió reducir a un solo
elemento-los bits- lo que antes estaba compuesto de elementos diferentes. En
ello convergen nuevos sistemas de comunicación y nuevas culturas –textos,
imágenes animadas, sonidos- y el comienzo de una nueva civilización. Si bien
es cierto que los estudios de los efectos de la internet se centran en las
modificaciones que ocurren en la vida doméstica y social y en el último año
en sus posibilidades de desarrollo económico, según uno de los futurólogos
más reconocidos del escenario digital Nicholas Negroponte “el mundo de los
átomos tenderá a ser sustituído por el de los bits”.
Cualquier cosa puede ser representada por los bits, incluso en un futuro no
muy lejano hasta el cuerpo humano podrá ser descripto a través de bits. El
mundo de los bits –esta formado por palabras-, que se presentan al ojo, al
oído, como lectura; la reducción del los textos a bits es una nueva
representación formado por lo que se denomina ancho de banda, que es la
capacidad de mover muchos bits por segundo. Es probable que en futuro las
máquinas hablen entre sí -y que reemplacen a los humanos- por el goteo de
información o la transmisión de billones de bits por segundo (Negroponte,
2000). Sin embargo en la actualidad la divisoria digital –o la brecha
digital- es muy significativa, el 50 % de internet está usado por los
Estados Unidos, 40% por Europa, 5% pertenece a Japón y Corea y el 5%
restante al resto del mundo.
En la región de América Latina, Brasil posee el 3.5 millones de usuarios de
internet, los mexicanos un millón y Colombia y Argentina apenas medio millón
de usuarios. En Brasil hubo fuertes inversiones de sectores empresarios
hacia el comercio electrónico, comportamiento que no es de extrañar ya
históricamente los industriales brasileros siempre se movieron con una dosis
de riesgo más fuerte que en la Argentina. El e-commerce en ese país tuvo una
gran importancia por las facilidades de crédito, al igual que México que
mantiene cierta dosis de semejanza en las tratativas comerciales por la
cercanía a los EE. UU. Las tecnologías ya se convirtieron en una fuente de
división de naciones ricas y de naciones pobres, porque el problema
fundamental es su financiamiebto, sin una infraestructura económica y
políticas para generarlas la brecha digital continuará de la misma forma que
lo fue anteriormente la división entre países desarrollados y
subdesarrollados.
Es sabido que la América Latina está en una situación desfavorable con
respecto al desarrollo de las comunicaciones por bits, el retraso está en el
inacceso aún a otras fuentes ya fuere tecnológicas como del conocimiento,
pero el uso de la navegación por internet está en pleno crecimiento. La
posición de Argentina no es la mejor en Latinoamérica, sino la de Brasil
país que conjuntamente con Costa Rica fue de los primeros en instalar la
navegación gratuita-, en cambio Argentina al igual que Venezuela es de los
más caros por el uso de la internet ligado a la conexión telefónica.
A mediados del año anterior la cantidad de usuarios argentin@s estaba
cercano a los 600.000, aunque el acceso no supera según las estimaciones más
felices del 2.5% de la población. Los usos pioneros al igual que en otros
países fueron el de los ámbitos académicos científicos y los ligados a los
servicios. Los usuarios de hogares (que ya llegan a 1 millón a mediados del
2000, 1 de cada 4 hogares con computadora tiene acceso a internet en la
ciudad de Bs. As.)– y que en su mayor parte aún sigue siendo masculinos un
75%- tienen un promedio de 29 años se iniciaron con el e-mail y con los
chats. Hay un cambio en las costumbres especialmente en las generaciones
jóvenes que al casarse incluyen una computadora como mínimo entre sus
necesidades de artefactos del hogar, pero el grueso de esas compras aún
permanecen entre los sectores altos y medios altos.
A medida que la transformación de las empresas incorporó el uso de
tecnologías en las áreas laborales la masificación tomó auge y se
trasladaron usos en los trabajos en los que las PC son herramientas
necesarias para el engranaje industrial tecnológico. Una de las barreras más
conocidas es el costo de las redes telefónicas, su densidad y el tráfico
mundial de las telecomunicaciones. En este sentido aún la apropiación de las
tecnologías de información y comunicación pertence a los ricos y/o a los que
están en condiciones de sobrevivencia mejor. Pero la infraestructura urbana,
lo relacionado a los servicios depende en la actualidad de la instalación,
manejo y confluencia del conglomerado hipermedia, de los medios de
comunicación, informática y telecomunicaciones. Recuérdese la pavura que
provocó el efecto Y2K al comenzar el nuevo siglo.
En este sentido la dirección del capitalismo, la diversificación y la
intensificación del trabajo humano depende cada vez más de la integración de
las diferentes tecnologías. El Estado tomó hasta el momento escasa
participación en un aspecto de la sociedad que sin lugar a dudas es “de
desarrollo”, como lo categorizaron las Naciones Unidas en 1989 en el informe
sobre Desarrollo Humano. El papel del estado en conjunto con las TICs se lo
ve como potenciador y apoyador de un capital humano, como dinamizador de
sectores de la economía. Rol que aparece como prometedor en los últimos
meses y que coincide con una inversión en un portal educativo, la
capacitación a distancia de todos los sectores docentes del país y la
promesa de computadoras en todas las escuelas, modificaciones que van unidas
a un préstamo que otorga el Banco de la Nación Argentina para la compra de
PC con créditos.
El sensacionalismo mediático por el uso de la Internet –y una promesa de
cambio de la situación económica por el uso de una herramienta de manera
aislada- no condicen con la situación real. Un plan informático no soluciona
la calidad educativa ni los accesos a la educación en términos de justicia,
como tampoco condicen el impulso dado en publicidad para la obtención de
montañas de datos. Aún prevalecen en la denominada sociedad digital zonas de
concentración e irradiación, que son zonas del conocimiento y de poder.
Tanto la masa de hosts de los EE.UU., los usuarios de software de
investigación, el peso de la ideología informática, las clasificaciones y
jerarquizaciones de la información, los links, las formas de lectura,
el monopolio del inglés como lenguaje técnico, de lectura y de las
búsquedas, hacen que el procesamiento de la información produzca un cierto
vaciamiento de memorias históricas y de culturas que afectan especialmente a
los países más rezagados en lo tecnológico. La frase que sintetiza esa
posición es: “si no está en la red es porque no existe”, es
simplemente un etnocentrismo informático-cultural y que funciona en pos de
la acentuación de un “darwinismo informático” al igual que en el plano de lo
social ocurre con el “darwinismo económico social de fines del siglo XX”.
La hibridización que se produce en los usos de la Red está relacionada en
parte con un postulado “la información quiere ser libre”, que es una
consecuencia de la guia del exceso de información con los buscadores
típicos; es el postulado del “éxito” trasvasado por un modus operandi: la
del hobby, la de los entusiastas que se reunen en sus microcosmos
individuales, que intercambian códigos y experiencias en sus clubes de chats
e informáticos. Sin embargo –para no ser agorera- esto está cambiando porque
a medida que avanza el uso de-redes comunitarias-; a medida que se modifican
las infraestructuras y los accesos se tornan posibles habrá mayor cantidad
de personas con el uso de TICs. Además cada vez hay más uso de los
conocimientos en el sentido de usarlos para el entorno de la Red y se
popularizan ciertos postulados realistas como: que internet es
revolucionaria pero no utópica; que el Estado debe formar parte en el juego
electrónico; que conectar a las escuelas no es una salvación; que la
información debe ser protegida por medidas públicas; que las sociedades
deben beneficiarse con el uso de las TICs y que la comprensión de la
tecnología debe ser un elemento esencial de la ciudadnía global.
Bibliografía