REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

UNIVERSIDAD YACAMBÚ

DOCTORADO EN GERENCIA

SEMINARIO AVANZADO EPISTEMOLOGÍA

 

 FORO: PARADIGMA DE LA GLOBALIZACIÓN

SUBTEMA: LOS PARADIGMAS EPISTEMOLÓGICOS DE LA GLOBALIZACIÓN: LOS RETOS A LA EDUCACIÓN

 

Paradójicamente, la llamada era del conocimiento, de las transformaciones tecnológicas, de la informática en el marco de la globalización, han puesto sobre el tapete aquello que se consideraba propio de la educación, vale decir, el mundo de los conocimientos en cuento factor de integración, de ciudadanía potencial y real. Y es que conocimientos no dicen hoy, en primer lugar, referencia a “verdad”, sino a “poder”. Y es éste un tópico que debiera articular toda reflexión sobre escenarios de futuro globalizados.  

Tenemos que reconocer que pretender bosquejar escenarios de futuro no es cuestión de vaticinios, aunque sí de anclaje simultáneamente en la historia que precede, en la historia de hoy leída desde sus raíces y sus matices o novedades propios. Y es que los escenarios de futuro son hijos de los de hoy que a su vez arrastran huellas de los de ayer. Quizá en nuestra dominante racionalidad moderna, cartesiana y occidental, estos tiempos aparezcan
como escindidos unos de otros. Pero además, plantearse un ejercicio de imaginar escenarios de futuro, es un ejercicio de no postmodernidad, en la medida que ésta tendería la renuncia de la finalidad representa rendirse al presente, a su mediocridad y a sus injusticias. Par los postmodernos no cabe ya pensar en la producción del futuro, sino apenas el consumo del presente; no hay más creación, apenas repetición. 

Apuntar a uno de los fines irrenunciables de la educación, es entrar en la complejidad y conflictualidad que la búsqueda de algo, siempre embrional en su materialización. La pregunta que debemos hacernos es si la educación y las agencias que la concretan están realmente aportando a la formación de motivaciones, expectativas, deseos e intereses que confluyan en una razón utópica dinamizadora de los seres humanos y de los colectivos sociales.

La educación asimismo deviene vía las agencias educativas, o en canal de refuerzo y consolidación de sentidos comunes y prejuicios, o en posibilidad de desmontaje de aquellos que han tenido funestas implicancias en la sociedad y la creación de nuevos y positivos sentidos comunes.

Con el término de la sociedad industrial y el ingreso en la era post-industrial, entramos en el paradigma de la globalización como lugar epistemológico para la redefinición de los grandes fines de la educación y de las formas institucionalizadas de su materialización: la informática, la telemática, los grandes medios de comunicación y las agencias sobrevivientes, como la escuela y la universidad, redefinidas en su rol y en sus alcances.

Lo primero que sobrecoge al referirse a escenarios de la educación en el futuro, es la complejidad del asunto. Son complejos los escenarios, lo es también la educación como proceso de cada persona, de cada comunidad, como práctica social, como organización institucionalizada en las más diversas agencias, tiempos y espacios; lo es como relación humana, como conexión virtual, como encuentro intergeneracional, como interculturalidad; lo es como propuesta axiológica, como ofrecimiento de desarrollo social, etc.

La cuestión central para nosotros se pone en relación a la necesidad de una radical transformación de los paradigmas heredados en materia educativa, en una visión crítica e innovadora de los paradigmas que se nutren en la cultura capitalista. Y es que referirse a paradigmas educacionales, es ingresar directamente en la cuestión ética que subyace a los mismos.

Lo que está en juego es el proyecto humano, de humanidad; la cuestión principal es una preocupación por el destino de la especie humana en las próximas décadas; quizá no sea tanto imaginar guerras de destrucción masiva, de exterminio violento de la humanidad. Lo más grave es que la exclusión, la relegación a condiciones infrahumanas de gruesos sectores de la población mundial, equivale a su exterminio social, a su insignificancia política, a su relegamiento cultural, a su desaparición como población económicamente productora de riqueza y bienestar. La educación deberá estar preparada para dar su contribución a todo esfuerzo que pretenda establecer, institucionalizar y “naturalizar” la existencia de una humanidad de primera categoría y otra, de ínfima categoría apenas numeraria. Y en este sentido, la educación recobra trascendencia, vale decir, su misión y su labor transcienden lo puntual, lo coyuntural, lo inmediato al encararlos en la vida cotidiana. No habrá humanización sin educación, aunque no toda educación hoy sea gestora de humanización. Sin embargo es innegable que el paradigma dominante esgrime con fuerza un discurso sobre “capital humano”, sobre “capital inmaterial”, la “formación de recursos humanos”. Lo pertinente es analizar el contenido y el sentido que cada uno de estos discursos trae consigo.

Otro eje de este paradigma es la preeminencia de lo cognitivo, de los conocimientos; la era de los conocimientos no es ajena a la nueva función económico-financiera en el marco de la globalización. Pero además fomenta la tendencia a una prolongación de la escolaridad- como una muralla de contención de la presión de las nuevas generaciones en el mercado de trabajo- la misma que, está demostrado, acarrea en sociedades ya escandalosamente desiguales, un efecto desnivelador  que aumenta la brecha de las desigualdades y no asegura obligatoriamente mejores condiciones para postular exitosamente a un empleo. Este eje epistemológico hoy instalado, está al origen de la inflación de ofertas educativas, de cursos de post-título, de diplomas post-grado, de maestrías, todo ello proporcional, quizá, su devaluación por un lado, y a su creciente carácter meritocrático. Podemos decir que una consecuencia de esta tendencia, es cierta desvalorización de los saberes de la vida, del desdibujamiento de la educación de base comunitaria o la reducción de la misma a cuestiones de empleo del tiempo libre, para los que lo tengan. No por nada, todas las reformas educativas contemporáneas apuntan justamente a una revalorización de dichos saberes, de la comunidad como educadora.

Otro eje de dicho paradigma dominante es la permanente innovación y cambio de instrumentos, mas no de sentido. Atrae entonces el quedarse simplemente en una reingeniería social que proyecta una falsa imagen de modernización, pero que mantiene los viejos usos y funciones de los modelos. Y de las agencias. Tendríamos que preguntarnos si la globalización en su fase actual realmente ha o no, cancelado el pacto social de la modernidad, centrado éste en el sujeto, en una escala de valores privilegiante de la libertad y la igualdad ontológicas de los individuaos y en un sentido democrático de la vida y gobierno de los pueblos. De ser así, estamos ante otro paradigma que articula el pacto social que subyace a la globalización y centrado más bien en un reconocimiento formal de la igualdad de los seres humanos ante y en el mercado, de valores tales como la competitividad, la eficacia y eficiencia, así como una aspiración formalmente proclamada a la equidad y a la democracia. Más específicamente, en el campo de la educación esto significa el reto de enfrentar las fracturas culturales producidas en el mundo entero, la imposición de un conocimiento oficial aunque no percibido por grandes mayorías como válido, apropiado y necesario. Y es que repensar la noción de conocimiento “implica repensar la noción de poder y por ende la noción de la democracia y la ciudadanía”. Sin embargo, hoy con más fuerza que en la Ilustración, se afirma casi como si se tratara de un axioma, la educación es una palanca imprescindible para el progreso y un bien en sí misma. Debiéramos añadir la tendencia creciente a hacer de la privatización de los servicios como la educación y la salud, la panacea para asegurar eficiencia y calidad.

Otro eje, para algunos el más característico de la nueva era, es que estamos ante la primacía del eje de revolución tecnológica, era de la información. Hay quienes con toda razón señalan que hay un nuevo rubro de analfabetos, los analfabetos tecnológicos. Pero además acertadamente se plantea que la revolución tecnológica e informática no es ajena, entre otros efectos, a cierta desestructuración de las edades y a la autonomía total de los escenarios pedagógicos virtuales que escapan a legislaciones nacionales.

Quizá uno de los aspectos más afectados por dicha revolución, refiere al trabajo. Se ha producido una transformación radical del sentido y de las condiciones del trabajo de los seres humanos, es decir, de la función social, espiritual, gozosa del mismo. Es en este campo en el que se evidencia la ética neoliberal en el marco de la globalización como uno de los aspectos de mayor impacto en la subjetividad de las personas y en sus condiciones de vida material. Desde varias décadas ya se habían levantado voces alertando sobre los procesos no sólo de deterioro del trabajo, sino sobre la desaparición de sociedades basadas en el trabajo que día a día devenía un bien escaso y que abría inquietantes interrogantes sobre su propio futuro. Podemos decir que el trabajo ha devenido en una mercancía más del mercado, y es que la cuestión del trabajo, del empleo, es la que nos da el termómetro de los niveles de inseguridad, de inestabilidad emotiva, del estado de salud mental colectiva. Los escenarios educativos hoy, están afectados por la creciente conciencia de estar educando para el desempleo, para el rápido saberse desactualizado después de haber estudiado y haberse capacitado en los sitemas y agencias educativas aún vigentes en la mayoría de nuestros países, por lo que, es pertinente afirmar que la educación desde una perspectiva no mercantilizante, refiere en primer lugar al trabajo y no al mercado.

Consideramos que una epistemología de la globalización excluyente, no puede inspirar una educación que tenga como eje epistemológico lo dialógico, entendido éste no como apenas algo interpersonal y privado, sino algo que refiera a interaccionismo global sin discriminaciones inducidas y desarrolladas sistemáticamente.

Y es que lo dialógico está indefectiblemente ligado a las exigencias de lo que H.Assmann llama la nueva epistemología, aquella que subyace y nutre la sensibilidad solidaria. Entre otras características y exigencias de dicha epistemología cabría mencionar, por paradójico que parezca, la humildad, vale decir, la superación de toda autosuficiencia o autoimagen de superioridad de la que se desprenda una subestima del otro; una actitud entonces de principio que valore al otro como es; una sensibilidad solidaria y exigente que no escamotee la consistencia conceptual, teórica de los análisis de la realidad y sus implicancias; un gran sentido de apertura, de escucha, de mentalidad antidogmática.

Finalmente, podemos discutir el desafío de la tecnología en educación; la educación el concepto de “tecnología” resiste muchas interpretaciones. Históricamente, los intentos de optimizar la enseñanza/aprendizaje recurriendo a lo que genéricamente podemos denominar “tecnologías de aprendizaje” ha consumido muchas horas de reflexión, de ensayo-error, de propuestas teóricas, metodológicas, evaluativas, etc.

 

El acceso masivo a computadores y a la Internet tiene consecuencias para la educación que no pueden ser soslayadas. Por una parte, ponen a disposición del usuario alumno tal cantidad de información que en muchos sentidos el rol del maestro que enseña, muestra y corrige, pareciera resultar prescindible, ya que como alguien desde la disciplina sociológica me señalaba: “ahora el usuario ha dejado de ser proletario, puede ser dueño de los medios de producción”. Efectivamente, el conocimiento diseminado a través de Internet, el fácil acceso a bases de datos, museos, listas de correo, chats, etc., pone en situación de tener acceso inmediato y desde cualquier lugar a la información y el conocimiento; de ser, en este sentido, “dueños de los medios” que antes estaban en poder de las bibliotecas, instituciones, centros de documentación o de los maestros. Si esta imagen es plausible, es inconcebible, entonces, que el profesor actual ignore esta disponibilidad, a riesgo de no poder responder adecuadamente a los requerimientos educacionales contemporáneos; de no poder responder al conocimiento previo de sus alumnos, uno de los predicamentos de la educación actual.

 

En fin, si el antiguo aislamiento de la escuela tiende a transformarse, si el tránsito hacia un aprendizaje interactivo y autónomo sí es posible, si poner distancia y tiempo entre profesor y alumno es factible (aunque con reservas), si simular ambientes virtuales de aprendizaje es una realidad a mediano plazo, si la conformación de redes (escenario reticular) está potenciándose, entonces muchas de las preocupaciones de la educación deberían desplazarse a la imaginación de escenarios educativos futuros, a la investigación y desarrollo de concepciones educativas y de las capacidades superiores del entendimiento (competencias y destrezas), al problema de los valores, a las temáticas emergentes que nos indica la agenda educativa actual, a una mayor flexibilidad curricular que permita fluidez (entradas y salidas) con el mundo del trabajo, a reconocernos en el “mundo de la vida”.

 

La Educación Pública debe jugar un papel central en cualquier sociedad que valore la democracia y la justicia social.  Apoyar la educación pública debe ser parte clave de cualquier programa desarrollado por grupos comprometidos a convertir su sociedad más democrática e igualitaria.  La forma en que la globalización se está desarrollando actualmente, representa una amenaza contra la democracia e igualdad social, asi como contra los sistemas de educación pública que reflejan y apoyan estos valores.

 

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