Pláceme
pertenecer a la Alianza Youseah. El encuentro con el mundo árabe, sus aromas y
sabores, no muy lejos de lo “gastronómicamente correcto”, patente en la dieta
mediterránea, me ha permitido solapar la tradición europea con la islámica.
También mis años como diplomático y el máster en cocina hindú con fogones a
base de metano biológico han condicionado mi chispeante encuentro con el mundo
culinario.
Hoy,
para empezar esta serie de artículos que amablemente me ha invitado el Sr Daw
Youseah, me centraré en la tradición arábiga del eructo. En principio volvamos
a la infancia. Centrémonos en nuestros tiernos años con nuestra mamaíta y,
reconozcámoslo, ¿cuáles eran los momentos más felices? Bien, para algunos
pediatras psicoanalistas, el momento culminante era el de la defecación, con la
presentación del bolo fecal. Consultados expertos neuro-proctólogos, éstos nos
informan que verdaderamente, y según estudios de la universidad de Moller
(USA), la circunstancia que produce mayor felicidad familiar es el eructo de
bebé. Recordemos la alegría del padre y de la madre, saltando, aplaudiendo y
gritando ante aquella atronadora onda sónica que partía de la gruta bucal del
bebé… ¡¡¡Vaya aspavientos!!!
Siguiendo
esa característica antropológica ancestral, el pueblo árabe, llámese islámico
de forma incorrecta, incorpora el eructo como tradición y formalidad
gastronómica. Aunque desde nuestro punto de vista occidental esta deflagración
digestiva nos parece una grosería, desde el punto de vista árabe es una
reacción fisiológica que es de buen ver. El invitado debe eructar sonoramente
después del banquete como muestra de agradecimiento y como evidencia de la
calidad del festín ingerido.
El
mundo occidental, colmado de los más insolentes y agresivos ruidos, no tolera
un eructo en sociedad. Tampoco es respetuoso con otras flatulencias más
olorosas de las que hablaremos en un futuro. Sin embargo, no sólo tolera, sino
que admira el paso de las motocicletas a altas horas de la noche; y no digamos
los coches con ingentes amplificadores que emiten insoportables pseudo-canciones
más cercanas a la sonoridad de la maquinaria pesada en los planes de desarrollo
estalinistas que no de la sociedad musicalmente culta.
La
Alianza Youseah cree que algunas tradiciones orientales deben incorporarse al
mundo occidental. La multiculturalidad, la diversidad y el onegetismo deben ser
caminos adecuados para importar y expandir el eructo en la sociedad. Expertos
saldrán posteriormente para formar, escribir, relatar y jerarquizar su uso,
pero eso es otra cuestión y debe ser relatada en otro momento.
En
acabando ya, debo recordarles que en algunos espacios de discusión en la red se
utiliza a menudo la flatulencia como símbolo de agresión cuando no existen
razones para defender ideas y posiciones. El eructo, lejos de ser un acto
agresivo, putrefacto y molesto, es una invitación a compartir la diversidad
cultural.
Diplomático
en excedencia
Miembro
de la Alianza Youseah