La batalla del Lago
Machevort “el despiadado”, duque de Parravon, contempló el campo de batalla desde su privilegiada posición. Su ejército ya estaba formado, esperando, cuando en la lejanía comenzaron a aparecer las tropas enemigas. Miles de figuras que antaño debieron ser nobles guerreros comenzaron a rodear el lago. Descendió un poco para contemplar más de cerca la línea enemiga. ¡Cobardes! La primera línea del ejercito del Conde Vampiro la formaba una enorme unidad de necrófagos que ocultaba el centro de la línea enemiga: la Caballería Negra, un Carruaje Negro y una enorme unidad de esqueletos al mando de un Vampiro Neonato; el propio Conde del Ordo Draconis Sanguinis estaba allí. En los flancos la imagen era parecida: a su derecha una enorme unidad de Tumularios avanzaba cubierta por cientos de zombis, mientras que a su izquierda eran los esqueletos de un nigromante los que se escondían tras los desechos de lo que un día fueran campesinos y artesanos.
Iba a descender cuando una figura halada llamó su atención; en el flanco izquierdo del ejercito, ¿qué era aquello? Un segundo Conde Vampiro montado sobre una bestia halada de pesadilla. El noble duque elevó una plegaria y ordenó a su hipogrifo que regresara.Cuando Machevort aterrizó entre sus tropas estas ya estaban arrodillándose para rezar. Miró a sus lados y vio la enorme línea que formaba el ejército bretoniano. A la izquierda sobre una colina estaba una de sus unidades de arqueros, y a los pies de la colina los lanceros de la guardia de la ciudad y unos escuderos montados.
Confundiéndose entre las tropas vio a Isabella, la doncella miraba con temor el cáliz sagrado que tenía entre las manos. En el flanco derecho estaba la otra gran unidad de arqueros, y en el centro rodeándole se encontraban sus caballeros, cuatro cuñas de caballeros de Parravon. De izquierda a derecha estaban los Caballeros del Reino, los jóvenes Noveles, los orgullosos Caballeros del Grial y otra unidad de Caballeros del Reino. Junto a los caballeros del Grial vio aparecer a lomos de su corcel blanco a Syranah, la hermosa Profetisa de la Dama.
El ejercito enemigo comenzó su avance y Machevort levantó su lanza sagrada, como respuesta sus arqueros comenzaron a dispara hacia las pantallas de tropas inservibles que tapaban la verdadera fuerza del vampiro mientras los caballeros esperaba el momento.
De pronto el vampiro montado sobre la pesadilla halada elevó el vuelo y cayó en picado sobre los lanceros. Machevort ordenó a los caballeros del flanco izquierdo que se encararan hacia allí esperando que en cualquier momento los lanceros salieran huyendo, pero para su sorpresa permanecieron allí; habían sufrido muchas bajas por la maligna espada del Dragón Sangriento, pero el sargento supo mantener el orden en sus hombres. Pronto la vestía se vio rodeada, una, dos, tres lanzas se clavaron el la pesadilla hasta que cayó derribando al vampiro. Con un grito este se lanzó contra el muro de lanzas sellando su destino. Solo quedaba una tercera parte de los lanceros pero habían eliminado a aquella poderosa criatura sin huir, Machevort estaba impresionado.
El ejercito enemigo estaba muy cerca y los arqueros apenas habían hecho nada, debía retrasarlo. El duque levantó el vuelo sobre su montura y fue a aterrizar tras la línea enemiga; ahora el Conde Vampiro tendría algo más de que preocuparse.
Machevort sonrió, los tumularios del flanco izquierdo estaban girando para ir por él, bien, estaba alterando sus planes. La magia no había hecho nada hasta ahora, los poderes de los nigromantes y el vampiro no dejaban mucho que hacer a sus hechiceras, pero estas llevaban defensas mágicas suficientes para frenar lo que de otro modo habría sido un torrente de magia nigromántica.
El duque escuchó un fuerte estruendo frente a él. ¡Maldita juventud! Los Caballeros Noveles se habían lanzado contra el enemigo antes de tiempo, habían destrozado la unidad de zombis pero los esqueletos al mando del Vampiro Neonato que había detrás los habían rechazado. Al menos los supervivientes habían podido replegarse hasta la línea del resto de los caballeros.
Machevort vio como Isabella bebía una vez más del cáliz sagrado, parecía cansada, estaba forzando su cuerpo para detener el torrente de magia nigromántica y el poder que fluía por su cuerpo le estaba pasando factura. Bebió una vez más del cáliz pero algo salió mal, una expresión de dolor se reflejó en su rostro y cayó inconsciente.
Había llegado el momento, el enemigo estaba cerca; Machevort se elevó por los aires y alzó su lanza de nuevo, como respuesta los caballeros que había frente a él cargaron contra la línea enemiga que pareció gemir como un animal herido. Durante unos minutos el final fue incierto, las doncellas espectrales derribaron muchos caballeros, y el Carruaje Negro causó estragos entre los caballeros bretonianos, pero pronto los no muertos comenzaron a caer y rápidamente solo quedó la unidad de Caballeros Negros con el Conde Vampiro que decapitaba un caballero tras otro
Machevort cerro los ojos y elevó una plegaria a Su Señora mientras cargaba contra el Conde. El duque lanzó su feroz desafío y el Conde Vampiro se giró asintiendo, pero no tuvo tiempo de reaccionar, una lanza dorada se clavó en su corazón atravesando carne y armadura por igual.
El señor de Parravon elevó la cabeza contemplando el final de los combates: en el flanco izquierdo los arqueros terminaban con los últimos zombis con sus espadas, mientras estos casi se desmoronaban solos, en el flanco derecho la ultima doncella espectral se desvanecía rodeada por los tres únicos supervivientes de la unidad de lanceros, y en la retaguardia algunos necrófagos corrían a refugiarse en los bosques.
Batalla a 3.000 puntos entre un ejército de Dragones Sangrientos y un ejército de Bretonia. Resultado: masacre a favor de Bretonia.