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Jacobo Matos sale desesperado de su oficina de administrador. Y como un verdadero loco llama a María Luisa Tovar, la amante predilecta, perfecta y principal de Cándido Batista, el capo mayor de todos los capós. La conoció una noche que se celebró la venta más grande de armas y drogas jamas vista en esos lares y desde ese entonces no dejó de amarla a escondidas y de prometerle una libertad secreta. Ambos se citan para darse a la fuga, con papeles falsos y un cheque a su nombre donde él mismo transfirió desde las compañías Batista, la nada y absoluta suma de mil millones de dólares. Jacobo Matos tiene una esposa, Virginia, psicóloga y amante de todo lo que tiene que ver con el ocultismo. El es contratado por la mafia del narcotráfico cuando su compañía cae en una racha de mala suerte por las deudas y bajo la tutela de su amigo Humberto deciden asociarse a semejante empresa y desafío. Narcotráfico y él se van convirtiendo, poco a poco, en una simbiosis donde él será el testaferro de confianza. A tal extremo llega que se convierte en el segundo del grupo y al igual que Cándido comienza a mandar casi a su mismo nivel. Un día cansado de procesar tanta inmundicia, decide jugarse el todo por el todo, abandonar su mal matrimonio, tomar a la amante secreta y darse a la fuga lleno de dinero y felicidad. Pero el destino le juega un revés imposible de la cual ya no tendrá salida y deberá jugar un ajedrez macabro que le combinará la vida con un rompecabezas inigualable. Ese día Jacobo se lleva casi a la fuerza a María Luisa, pues ella presume serán perseguidos hasta el confín del mundo y así es cuando Don Cándido se entera. Ya al pasar la frontera el carro se voltea en una curva y María Luisa muere en el acto, mientras que el sale del carro sin un rasguño pero desmemoriado, con una amnesia y un cheque abultado en cifras. Deja el carro en el sitio de los acontecimientos y una vez que un auto stop en la larga carretera fronteriza se siente libre de todo, incluso de su conciencia. En el pueblo donde llega de noche conoce a la Gargantúa, una prostituta sabihonda de artes de cama y veedora de las barajas españolas que le dice entre sabanas que él es un hombre muerto y que aunque huya la pelona ya se lo lleve se llama Carlos Pacheco, pero en momentos un eco le viene a su mente y él cree llamarse de otra manera. Al segundo día ve a la Gargantúa y le parece, sin maquillajes, una niña casi de pecho con un erotismo inusual; le gusta y le propone huir de ese pueblo con él e irse, ya que el tiene un cheque que los haría feliz de por vida y le enseña el cheque, lo que hace que a la Gargantúa se de cuenta en que peligro anda este tipo, pero más puede el interés y lista recoge sus cosas y sin pensarlo dos veces se lanza a la aventura. (continuará) |