“la Muerte juega ajedrez”

 

 

por GERARDO MARTINEZ

 

 

1.-El Film.

1.1.    Sinopsis.

1.2.    Contexto histórico.

1.3.    Contexto Filosófico.

2.    Los Símbolos.

2.1  Los Arcanos mayores del Tarot.

2.2  El consultante.

2.3  Los amantes.

2.4  El ciclo de la vida.

2.5  El loco.

2.6  La torre.

2.7  La muerte – La peste

3.    Conclusiones

4. Bibliografía

 

 

 

 

 

1.-El Film.

En el año 1970, la revista  juvenil, “STEREO”, afirmaba, en un reportaje titulado “Meet the Bergmans”, que de cada cien cines del mundo uno presentaba un film de Bergman por lo menos una vez al día. El asombroso descubrimiento, según el magazine, era que  Bergman podía seducir a la juventud “actual” con la interpretación de sus sueños,  vistos a través de las imágenes y de los textos  subyacentes  de  cada  uno de sus caracteres y de sus filmes. Guido Arístarco, en su gigante y famoso ensayo sobre cine: “la Disolución de la Razón” dice que los éxitos de Bergman, para el entonces, sólo eran comparables con los de los Beatles, y en el mismo ensayo, él también argumentaba que Bergman creaba un mundo ideológicamente confuso a partir de la extraña e inusual manera de combinar signos, símbolos y sueños.

En el año 1957, Bergman  combinó esos tres elementos  en el film “El Séptimo Sello” y los colocó en boca de sus protagonistas, la Muerte y el Caballero, hecho que causó no sólo un pacto entre estos caracteres sino entre  público y film. Desde entonces este film ha sido visto, aclamado, criticado, estudiado hasta el cansancio, parodiado y estereotipado en todas las formas y versiones imaginables e inimaginables.  Los ataques así como los apoyos a Bergman no se hicieron esperar durante y después de su estreno. Fellini afirmó que Bergman era un nuevo trovador y Poeta, mientras que Jean Luc Goddard señaló en un artículo publicado en “Cahiers du Cinema”, acerca del cine contemporáneo, que Bergman era un autor poco prolífico, mal ajustado en la verdadera creación y un  autor de plagios. Años después Bergman  contestaría, en su libro “Bergman on Bergman”, que:  “My basic view of Things is – not to have basic view of things”.

El film, se convirtió, desde su primera vez, en un  “talismán de gurú” para los jóvenes que querían acceder a la cultura oriental, a través de los ojos de la filosofía occidental. Una amiga, me dijo en los años ochenta, durante sus estudios de filosofía, que  este film la había dejado con el sabor de no saber nada acerca de las cruzadas, la edad media y la Muerte desde una óptica religiosa, 15 años después ella me escribe en una onírica carta que cuando vio por segunda vez el film comprendió que el mismo es una puerta burlona para entender los códigos sobre existencia y no- existencia de las culturas orientales así como de  las claves de la historia.

En efecto, el film es un cúmulo de hechos  que aislados cuentan una simple  historia; la de la muerte y lo terrenal, y que agrupados se convierten en un juego circular como el mismo final que adorna la última secuencia del film.

 

 

 

 Sinopsis:

Antonius Block, el caballero y Jons, su ayudante, descansan, duermen o sueñan, como, tal vez, en la muerte, en una orilla de playa, llena de piedras, bajo un cielo gris, que anuncia, en palabras del Apocalipsis y a través de un pájaro, que el cordero de Dios rompió “El Séptimo Sello”. Al despertar, Antonius, es visitado por la muerte. Esta le anuncia que ha venido por él. Antonius, quien apenas regresa de una de las Cruzadas, reta a la muerte a un  juego de ajedrez, para así ganar tiempo al tiempo. La muerte acepta y Antonius Block camino a su casa se topa con un grupo de  juglares medievales, con el sacrificio de una bruja, con una doncella y su raptor, va a una iglesia, donde se  honra a Dios con sacrificios humanos y se duda sobre la aplicación de los mismos; después de todo esto, consigue a su esposa  aguardándole encerrada en una torre. La muerte se le asoma en cada esquina y le concede tiempo, una y otra vez,  para seguir jugando, hasta que  por un error de Antonius la tabla de ajedrez cae al suelo, perdiendo así el juego y por ende la vida de él y del grupo que le acompaña. Luego la muerte se los lleva danzando en un círculo macabro.

 

 

 

 

 Contexto Histórico.

Con  éste film, afirman algunos autores, críticos y  ensayistas de cine, se puede  hablar de muchos tiempos unidos en uno o lo que  se podría interpretar y/o manejar, como que podrían existir varias vertientes de interpretación  o lecturas en un mismo texto.  Alan Stanbrook, dice, en su ensayo “the Seventh Seal”, que el film se convierte, desde su estreno hasta nuestros días, en una especie de espejo  de los sucesos existencialistas del hombre, si se analizaba en los sesenta, se veía en  el film el miedo de la postguerra y el terror a la guerra fría, mientras que hoy, interpreta Stanbrook, se puede ver como un delirio de fin de siglo con  el SIDA y la globalización de la macroeconomía en manos de unas pocas empresas, que en este caso fungirían como la muerte, hostigando el “ser real” del hombre.

El hecho es que el film de Ingmar Bergman se sitúa en un periodo, de la Edad Media, no del todo claro, ya que si a los eventos correspondemos una interpretación, los dos señores feudales, protagonista y co-protagonista, regresan de alguna cruzada,  y en el film no se indica cual. Imprecisión histórica, tal vez usada por el autor con la finalidad de manejar la idea cíclica de que todo el movimiento de lucha religioso, durante los siglos XI al XIV, fue simplemente un dar vueltas sobre el mismo eje.

Ateniéndonos a los eventos que se relataron por los historiadores, hubo cuatro cruzadas, que comenzaron con la caída del Imperio Bizantino y la subsecuente  subida de la iglesia católica romana. La primera de las cruzadas fue altamente  cohesionadora de los estados europeos, dispersos entre si por guerras y pequeñas revoluciones entre  latifundistas, reyes y señores feudales. La idea de salvar  el santo lugar de Jerusalén así como los reinos de Constantinopla de manos musulmanas fue sólo un acto político de Unificación.  Mientras que la segunda, tercera y cuarta solo sirvieron para enfrentamientos de poder entre Estados Islámicos y Católicos.[1]

 

 

 

 

 

 

Contexto Filosófico

Ingmar Bergman maneja en el film la historia de las cruzadas y de su marco histórico: la Edad Media, sólo para justificar un relato en apariencia “evangelizador”, en él confluyen  elementos bíblicos y filosóficos y detrás de estos siempre se oculta  un discurso esotérico, que, sólo a través de un análisis semántico,  logra descubrirse. Todo un mecanismo de juegos que el autor justifica con la imagen. De allí que en esta disertación se indique que los paradigmas sobre la cual está construida la historia, contada en El Séptimo Sello  es el infinito juego del Tarot y de sus artes adivinatorias.

Pero bien, veamos por que el film comienza con las palabras del Apocalipsis.

 “The credits - white on black - go through swiftly. The film begins in print.  We read:

In the middle of the fourteenth century, Antonius Block and his Squire, after long years as Crusaders in the Holy Land, have at last returned to their native Sweden, a land ravaged by tile Black plague.

The screen goes black. The music, 'Dies Irae"; begins solemnly-. The screen flashes light - a cloud whitened in an otherwise grey and turbulent sky. The choir burst our on the cut; a dramatic reworking of the Dies lrae' music. The second cut is to a solitary sea eagle hovering almost motion less against that sky. The third cut is to a barren shoreline; the music is taken out .a quiet and gentle voice reads from the book of revelations;  “and when the Lamb had opened the seventh seal there was silence in heaven for the space of half an hour. And the seven Angels which had the seven Trumpets prepared themselves to sound.” (“The seventh seal”. Melvin Bragg. Page 56)

El  libro de las Revelaciones o Apocalipsis de San Juan, tal como es conocido  en la actualidad, proviene de la interpretación y re-escritura  que  hicieron las escuelas bíblicas de Jerusalén y de Roma. Según el catolicismo estas escrituras poseen la facultad sagrada de llevar implícito dos autores, uno terrenal y el otro divino,  que venido directamente de la palabra de Dios, se revela al hombre con su mensaje de salvación, ante el pecado para que luego éste  camine puro y sin defectos morales a la vida eterna.

El otro autor, el terrenal, es el que, según la iglesia católica, transcribe, interpreta y añade adherencia e inherencia del conocimiento humano.

En los libros del Antiguo y Nuevo Testamento convergen dos mensajes, dos re- escrituras convergentes, la primera es la Temporal: que anima al hombre a la salvación, la otra es Universal, ya que puede ser interpretada por toda la humanidad.[2]

Si a esto nos atenemos  las últimas cartas de san Juan, bien conocido como el libro del Apocalipsis o de las Revelaciones, es sencillamente un cierre de escrituras eclesiásticas, ya que allí se celebra la “Parusia”, que en griego significa la llegada y que para las iglesias cristianas es el regreso glorioso de Jesucristo al final de los tiempos, luego que “según las revelaciones de san Juan” se hayan limpiado las almas en un Juicio Final.

Para el momento en que San Juan redacta las revelaciones e indica que vendrá un Juicio Supremo, el mundo es gobernado por un sistema ideológico  que considera el politeísmo como base  de su estado, mientras que el cristianismo incipiente, primitivo, primario  obligaba, bajo edicto y leyes secretas, a adorar a un solo Dios. Indicarle a un Estado que en un futuro sería enjuiciado por un Dios Monoteísta era inconcebible y, aún más, era sencillamente subversivo. Por ello  los libros del Apocalipsis, entre  otros, están escritos en códigos y su lectura debe  efectuarse en una constante interpretación de las lecturas entre líneas. Pero hay más, para el tiempo histórico, en que se escriben estas cartas, la moda de la redacción era la parábola y por lo explicado, hasta ahora, era necesario el uso constante de la  metáfora.

Inconcebible, a primera  vista, pero es lo que Ingmar Bergman hace en éste film, usa la metáfora para disuadir, esconder y explicar a través de la interpretación un  profundo juego de Tarot con el espectador.

 

 

 

 

 

 

Los Símbolos

Los semíologos   Greimas y  Pierre Giraud coincidieron en afirmar que el símbolo nace de la conjunción idea- pensamiento y traduce formas y  hechos de la vida  o bien en la mente del espectador o en sus acciones socioculturales.

La simbología, para los estudiosos de la antropología, es una categoría que  arropa la dimensionalidad del ser humano para que  éste entienda su entorno. Allí cabe todo, lo mágico, lo humano, lo inconcebible y por ende fantasioso, lo inexplicable y  lo maravilloso. Siempre los símbolos estarán vestidos o disfrazados de historia o de magia. Con los  símbolos se explica todo. La  actualidad lo usa hasta la desesperación. Todo lo mitifica a través  de una imagen  y de su semejanza.

Bergman  utilizó estos elementos cuando realizaba sus filmes. En ellos el Sujeto (individuo principal ó protagonista) se encuentra siempre  en una  terrible dialéctica entre su Presente y su Pasado; lo que lo obliga  a preguntarse una y otra vez sobre su existencia y asimismo  reflejarse en cualquier símbolo colocado en el contexto.  Ejemplos sobran: El maestro recordando un mejor pasado en “Fresas Salvajes”. La esposa histérica en “Escenas de un matrimonio”.  Las hermanas y el niño en una ciudad de múltiples idiomas en “El Silencio” y también  el caballero jugando con la muerte en “EL Séptimo Sello”

 

 

 

 

 

El Tarot y sus Arcanos Mayores.

Las barajas del Tarot vinieron escondidas entre las faldas de las gitanas, venían llenas de colores hechos con tiznes indianos o tal vez persas o tal vez interpretadas por los Hindúes de las antiguas cartas de las sabidurías chinas. Su origen se pierde en la desmemoria. Los maestros del Antiguo Egipto se permitieron inducir que las cartas del juego habían sido aportadas directamente de la mano del Dios Amon Rá, el bueno. Ellos insisten, aún en la actualidad, que el Tarot como es conocido hoy tiene seis milenios de antigüedad.

 Según  Eliphas Levi, prolífico mago y autor medieval, la palabra Tarot proviene de las mágicas entonaciones de hindostani “Tar Ro” , que significa tablas mágicas.  Y que fueron introducidas por los gitanos que venían de la India, quienes a su vez interpretaron estas de parte de los chinos. Levi aseguró que  los arcanos mayores consistían en una interpretación cíclica del árbol de la vida cabalístico de la Tora judaica. Sea como fuera, el Tarot se impuso en  la Europa medieval y  renacentista  como una de  las más  completas formas de adivinar el futuro de un ser humano. En 1889, el Doctor Gerard Encausse escribió un texto titulado “El Tarot de los bohemios” y en el  aseguró que si bien los arcanos mayores venían de Egipto, los menores eran simplemente una combinación de las antiguas cartas gitanas de adivinación, que leían y leen las gitanas del sur de España. Allí él también manifestó que, para el momento, su lectura era mas famosa que la astrología y que en sus múltiples e inacabables combinaciones matemáticas se escondían las claves psíquicas de comunicación espiritual y dimensional. Años más tarde  el escritor y filólogo argentino Jorge Luis Borges hizo hincapié  en que el Tarot leído y analizado por Carl Jung y otros tantos maestros es simplemente una llave para transgredir el espejo de lo desconocido, y que él llamó así, pues, según sus teorías, el mundo oculto se reflejaba y se hacia paralelo al nuestro.

 

 

 

 

 

El Consultante.

En cualquier folleto de instrucciones para usar el Tarot se puede leer que  “El Consultante”  es la representación de la comunicación entre consultado y contexto que le rodea.  En el caso del film analizado, el consultante se convierte en un juego bien pensado por parte del  director y del guionista, ya que el mismo es el público que asiste al  cine a ver el film.

Partimos de una tesis donde se explica que la historia de “El Séptimo Sello” es un juego del Tarot  y al estudiar las variaciones representativas de las cartas en el film, no dudamos que el mago es  la masa que acude al cine, pues las características de éste, en el juego, son:  relación - reacción del colectivo en unión al que consulta o al objeto consultado. Poder de decisión frente a lo comunicado. Intercomunicaciones entre hechos y consultantes. A profunda vista la descripción de esta carta define la comunidad de individuos o el individuo que decide a manera grupal, es decir lo colectivo.

Bergman lo utiliza a partir del primer momento en que el film se inicia con palabras del Apocalipsis, que es el cierre de los escritos del Nuevo testamento, pero también es la última etapa de los escritos bíblicos  donde el hombre se comunica con Dios,  lo hace vivo en el verbo y lo comunica colectivamente, a través de señas y símbolos, que traducen un terror  atávico  y arcaico originado  por las incontrolables fuerzas naturales. En palabras de Carl Jung, este es  el miedo  a la colectivización, o la angustia de  ser uno mas en la masa y el temor a dejar que un grupo te aliene y te esfuerce a llevar una vida que no te pertenece.

Lo descrito funciona en el film, simplemente como una introducción al saber semántico que se esconde en todo el metalenguaje del film. Recordemos que es una interpretación de un suceso medieval, de una manera cristiana. Visto a través de un hombre que ha luchado para descreer en lo que anteriormente le había sido otorgado por convicción. La mejor escena para ilustrar esta paradoja es cuando  Antonius Block se confiesa y dice que tiene el corazón vacío  y sin creencias en un mundo poblado por fantasmas y miedos e inmediatamente se da cuenta que su confesor es la muerte que lo ha perseguido durante todo el trayecto que ha recorrido hasta encontrar una Iglesia (que a su vez representa el lugar civilizado). En efecto, el paradigma del suceso es aquí una vez más descrito con el público. Antonius Block es el público, con ansias de descubrirse o de descubrir sus miedos y sus fobias ante las relaciones  sociales.

 

 

 

 

 

Los Amantes.

Cuando Erich Fromm redactó, en los años cincuenta, su celebre ensayo “El arte de amar”, concibió que no hay amor más perfecto  y de hecho más inconcebible que el amor místico, ya que según él era entregarnos a la nada y al miedo que esa nada engendraba. Por ello los apegos individuales a Dios y a todas sus formas y símbolos  se hacían a través del amor.

La humanidad ha navegado en aguas del amor desde siempre, bien sea por sentido biológico o bien sea por el psicológico. Para tratar el amor se ha escrito durante toda la historia. Si hubiésemos acumulado cada escrito, cada palabra, no cabría tanta información sobre el tema en la tierra. Se ha dicho mucho y se ha explicado poco. Por amor se han edificado naciones y también se han destruido. Se han decretado guerras y se ha hecho la paz y se ha traicionado y mentido en nombre de el amor.

El amor referido en este capítulo  se simboliza  en los amantes, no de pareja o de dualidades,  está establecido a través del triángulo, que es como lo representa el Tarot. En el film hay dos grupos de amantes, uno formado por   Jons, The  Squire , Raval y la muchacha muda,  y el otro está formado por: Plog, The blacksmith, su mujer y Jonas Skat, el bailarín de los juglares. Dos triángulos, dos situaciones.

La primera formada en el miedo, se inicia con el descubrimiento de una doncella violada, raptada (hecho que Bergman continuará describiendo en su film “The Virgin Spring”) y rescatada por el Caballero de manos de su raptor. Este se la lleva a la supuesta libertad. Su enmudecimiento finaliza con la llegada de la muerte.

 La segunda por la lujuria, vista con toques cómicos y de circo. El herrero bruto y su esposa coqueta que cae en amores infantiles con el hacedor de mimos.

Los dos son triángulos imperfectos , en lo físico y en lo moral. Son “isósceles” que a pesar de converger en las puntas, uno de los lados es más grande que el otro.

En las lecturas del Tarot los amantes significan  conflictivas decisiones entre  emoción e inteligencia, lujuria  y amor, es la escisión entre  cuestiones terrenales y deseos espirituales. Si los amantes aparecen en posición normal significa que alguna revelación viene en camino, cuando la posición es reversa  la carta explica que existe una desintegración filosófica en el individuo consultante. De allí que Bergman coloca dos formas de amantes, una que traerá la revelación de que el amor termina con la muerte (Jons, muchacha muda- Raval), el otro significa una desintegración de la humanidad dada por la barbarie (Plog- Plog’s wife- Jonas),  que  no es más que una forma de muerte del conocimiento  y de su colectivización. Ambos juegos de amantes acompañan al caballero a su torre y son ellos que en palabras finales presienten que la muerte les ha cerrado el ciclo y que sin ella no podrán completarlo.

 

 

 

 

 

 

La Rueda de la fortuna ó el ciclo de la vida.

En  la gran secuencia 9 del film Antonius Block llega a una Iglesia donde un  pintor  dibuja un fresco, en el se puede observar un  círculo  de personas que danzan con la muerte. Muy a pesar de ello, el círculo es iluminado por el sol y las estrellas. El pintor le dice a Block: “Se flagelan por la gloria de Dios” é inmediatamente vemos la imagen de Cristo crucificado, mientras la Muerte le espera escondida en el confesionario.

Luego de la confesión de temor  y al salir de la iglesia, el gran plano general muestra a una supuesta bruja que está siendo torturada y preparada para ser quemada en la hoguera. Luego  vendrá su crucifixión antecedida por un procesión de flagelantes, tal como estaba dibujada en el fresco de la Iglesia. Esta imagen de la bruja  cierra un ciclo dentro del film, el de la vida  y abre otro, una subsecuente segunda parte  el de la persecución de la plaga y la muerte al resto de los mortales.

Toda esta representación es la alegoría  a un ciclo de cualidades que jamás se cierra en el film, tal como lo es en la tierra, y tal vez en el universo, con lo que nosotros los humanos hemos dado por llamar vida.

El ciclo de la vida, no solo está  representado  en las cartas del Tarot  sino en toda la extensa bibliografía que sobre Biología, Religión y Filosofía se ha escrito en este mundo y justamente querer abarcar esta perspectiva nos daría pie para componer una y mil disertaciones.

Las más antiguas creencias de que la vida es un eterno retorno proceden de la China y se pierden en su inmemorial pasado, donde los sacerdotes ordenaban, como también lo hicieron las demás civilizaciones antiguas, ofrendar  sus mejores dotes a la madre  tierra para que esta a su vez se las retribuyera  en mejoras para comunidades.

Pero el mejor ejemplo de este hecho se encuentra en la historia de la civilización egipcia, cuando anualmente abrían el cauce del río Nilo para que irrigara sus siembras y entonces  participaban en un aquelarre de sacrificio para perpetuar su especie y la de sus cultivos, en la cual según ellos radicaba su poder y su reino. En la gran mayoría de sus iconos y jeroglíficos queda plasmado el ciclo de la vida. Recordemos pues que de allá, según historiadores y antropólogos vienen las cartas del Tarot y  allí también esta el ciclo dibujando un ave fénix  al frente de un ángel que abren una gran rueda dorada en el cielo, donde una sagrada esfinge manipula los movimientos de la rueda, mientras que un león y un cordero alados esperan que la serpiente originada baje del cielo-ciclo. La gran rueda a su vez guarda una serie de símbolos esotéricos.

Esta carta expresa  que luego de los sacrificios vendrán las nuevas  vías que llevarán  a un estado mejor de un individuo o de una sociedad. El sacrificio está entonces justificado, tanto cultural como  religiosamente. Esta visión gitana o egipcia, nos hace acercarnos a la judeocristiana cuando vemos a un  Jesús morir en una cruz para salvar, limpiar y renovar  al mundo de sus pecados y renacer luego ascendiendo a los cielos. Ingmar Bergman reinterpreta este ciclo, así como la imagen de Jesús en la cruz, cuando decide colocar, luego de la confesión mortuoria a una procesión de fieles atemorizados por la peste y a una supuesta bruja, que se ofrenda para salvar a la comunidad del mal que le  aqueja y que en apariencia trajo hasta ellos.

Según muchos teóricos del cine los films de Bergman parten de un solo punto que es su miedo al padre, quien, por boca de él mismo, fue cristiano y castrador. Para muchos críticos su afán consiste en exorcizar la figura paterna, a través de la representación de un  Dios Cristiano, que atormenta y persigue. Pero vale decir que en caso analizado el efecto es representar de nuevo  el sacrificio y  sus efectos y todo el film acarrea ese paradigma. Dicho desde el principio y hasta el final, la muerte y la vida  se renuevan en cada escena. Es un ciclo, como en el del Tarot, el de la vida.

 

 

 

 

 

 

El Loco.

De la praxis del teatro tomó Bergman la idea sobre una historia del medioevo y sus juglares.  Era el año de 1955, cuando el director  dictaba clases de Técnica Teatral en la Escuela de Teatro de Malmo.  Allí puso en escena una colectiva teatral, full de textos y monólogos titulado “A painting in Wood” . En ese montaje, según las notas recogidas por Peter Cowie en su libro “Ingmar Bergman” ,el director descubrió que su propuesta trascendía  de lo anecdótico  a la representación de lo social-histórico de la Europa medieval. Lo que mas le llamó la atención a Bergman, según Cowie fue que sin cambiar muchas líneas el texto podría ser modificado, en menor grado, hasta convertirse en un guión cinematográfico.

La versión cinematográfica se llamaría  El séptimo sello  y en esta los textos de  la muerte y del lancero quedaron intactos.  Según Cowie lo que más sufrió transformaciones  fue el relato de los juglares y de su tránsito por los caminos del campo y del pueblo. Se compara  a este grupo como la trilogía santificada o como la sagrada familia que a pesar del infierno de la peste queda intacta y salvada del peligro. Entre las visiones del Juglar está la Virgen María y el niño Dios así como la danza de la Muerte.

Mientras el film transcurre este personaje va enhebrando una y otra vez la misma historia diciéndonos con gestos, mimos y  actuaciones que lo visto será creído por nosotros (los espectadores) como algo veraz, pues existe y es tangible.  Esta es la descripción semántica que manifiesta la carta de el loco en los anales del Tarot. La verificación de lo real, el descubrimiento de tu propia vida ante la incertidumbre. Ella está dibujada con un árbol marchito de donde cuelga un bufón que nos mira y se ríe. Sin embargo, en el film deliberadamente hay dos iconos que lo representan: Uno es la endemoniada que va a ser sacrificada, cuyo cuello lleva puesto un collar de cuero, a manera de ahorcamiento. Pero en los gestos y en el llevar introductoriamente la información hacia el espectador el peso lo lleva el juglar, que incluso llega a incluir a su familia (sagrada) en el proceso visionario de un futuro cercano.

 

 

 

 

 

 

La torre

En este film el autor encierra a la mujer en una torre, que sirve de fortaleza contra  las fuerzas naturales. La misma es un  tributo fálico a la masculinidad, que esconde a la mujer dentro.

Las torres significaron para la primitiva cristiandad el enlace entre el cielo y la tierra, entre Dios y el mundo. También las leyendas la remontan al origen de todas las lenguas y de todas las culturas. Babel fue el pilar genético  donde, a través del castigo, el ser humano aprendió a ser diferente. Fue la torre que rompió el cielo y se atrevió a llegar al infinito. Para los latinos la torre era el “Axis Mundis” y por ende toda ciudad, pueblo, condado e iglesia debía poseer una torre, ya que según los antiguos teólogos protegía a la humanidad de los gozos de Satanás.

Curiosamente la Virgen María es representada en una torre de  marfil que a su vez  concede la gracia al hombre de conocer que la madre de Jesús viene de la rama familiar del rey David (que entre los cristianos es dibujado sobre una torre). Asimismo en la Edad media, y aún en la imaginería popular continua tal cual, Santa Bárbara es dibujada abrazada o por encima de una torre, donde, según leyendas, la encerró su padre para que no fuese tocada por las fuerzas del mal o bien por las fuerzas divinas.

Lo anterior describe que el mundo religioso cristiano presenta a la Torre como un pilar no solo de sabiduría divina sino como una construcción de la pureza. En las secuencias finales de “El Séptimo Sello”  los personajes se resguardan en la torre, donde el único habitante que existía era  una esposa que aguardaba a un marido guerrero. En los anales del Tarot la torre indica la presunción y los problemas con el entorno, con el contexto que nos rodea. Allí está la clave, el entorno que rodea a los caracteres es la peste y es de suponer que sólo allí estarán a salvo, pero la presunción les hace olvidar que nuestro destino es mortal y en esto Bergman represento el gran y mayor problema del ser humano: su existencia. Esta gran secuencia nos ilustra el paradigma kantiano de quiénes somos y adónde vamos.

 

 

 

 

 

 

La Muerte.

De este tópico se puede hablar todo y siempre será para decir nada, pues este umbral biológico  no ha sido medido jamás. Es otra dimensión y aunque crecemos y nos desarrollamos para culminar en ella no la conocemos. Sobre ella se ha dicho cualquier cosa y se ha especulado bajo cualquier teoría  mas siempre volvemos al común punto de que todos  nacemos para morir. Obviamente es el único factor democrático que posee el ser humano y aún sin conocerla, terminamos en ese punto. Por ello le tememos. Es la sencilla razón por el cuál hemos inventado un más allá donde hay juicios, cielos, reinados por dioses e infiernos, dominados por demonios. La muerte nos ha hecho sentir, desde que el hombre razonó, que existe una fuerza superior que se manifiesta llevándonos a otro mundo. Es la básica razón de las existencias religiosas y, de hecho, de la creación del  “óbolo”  que se paga al morir para ser trasladado a la gloria  de los dioses.

Las primeras iconografías  de la muerte  provienen del neolítico, cuando el hombre se  dibujó asimismo dentro de círculos concéntricos, que para algunos antropólogos sugiere la caída del cuerpo a las aguas, tal vez por ser esta la forma funeraria del difunto, como para otros es el adentrarse el organismo viviente, una vez muerto,  en el infinito.

Es en la edad media cuando la muerte toma su icono universal del esqueleto pintado, según los estudios masónicos que la representan sobre un compás y ramos de lirios. En el caso del film analizado, la muerte viene vestida de negro, color que para occidente significa guardar respeto por el difunto, mas si nos adentramos en el mundo de los significantes es el Islam quien nos dará la clave, ya que las vestiduras de la muerte en “El Séptimo Sello” son el velo con que se cubre lo prohibido o aún más específico con lo que se resguarda lo que no se ha tocado. Detrás del velo se   puede atesorar la virginidad así como la intimidad, bien sea de vida o bien de religiosidad.

El film contiene una de las más importantes secuencias que jamás se han planteado en el cine, ya que explicó con imágenes y movimientos el sagrado ritual de “ la Danza de la Muerte”, que al final cierra el ciclo histórico del film, pero también sirve  para ilustrar este fenómeno tan frecuente en la edad media, que supone la redención del ser humano ante su poder infinito y es de esta palabra que surge su significado en el Tarot, ya que la carta  de la muerte no significa la muerte por si misma o como hecho fisico-biologico, es el infinito y las posibilidades que tiene el ser humano  de trascender en la historia o en su historia.

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones.

Llegar a este punto es lo más difícil de todo tema investigativo, crear verdaderamente un postulado acerca de lo que se escribió puede resultar la destrucción de todo lo antes descrito. Se por experiencia y por historias que es la etapa que todos abandonamos por un tiempo antes de enfrentarla, pero en total, ella llega y es el momento para describir que todo lo anteriormente dicho es, fué y será un juego donde participé con gusto y me sentí capaz y cabal de comprobar que el film analizado, tantas veces visto y estudiado conformaba esa hipótesis primaria de que allí se reúnen todos los elementos del juego y del esoterismo social y psicológico del Tarot.

Mientras estudiaba y desarrollaba esta vasta crónica sobre este gran film, pensé  que me hundía en  mis propias dudas  acerca de un tema que me es tan lejano y ajeno. Acerca de una historia que en un principio me resultaba tan distante como el mismo tiempo en que se desarrolla el film por mi analizado. Por momentos creí  hundirme en un abismo y naufragar entre tanto documento y papel escrito. Las direcciones de Internet, que use para investigar, llegaron a confundir hasta la misma memoria de mi computadora, pero a final, valió la pena, aprendí sobre el raro carácter de las guerras santas, bien llamadas “cruzadas” en la edad media y que observándolas hoy tienen esa fragancia trivial de las aventuras épicas y románticas que poblaban al hombre antiguo. Aprendí también que la norma creativa del cine es inventar la magia de los recursos del diario hacer humano.

 Un día Aristóteles dijo que habían unas cuantas formas de planificar un drama, los manualistas del guión le siguen al pie de sus estipulados e inclusive famosos semiologos como Umberto Eco no se han atrevido a romper la formula y es allí donde Bergman universalizó está historia, ya que sin manejar las formulas, en apariencia, armó una historia sobre el miedo conocido de la muerte con los elementos ocultos de la manipulación esotérica del Tarot.

El Séptimo Sello es un film cristiano con visos  filosóficos que nos intenta explicar y criticar la absurda mentalidad de la iglesia cristiana primitiva, que lamentablemente aún persiste entre los cánones  eclesiásticos  de la iglesia católica apostólica romana.

Otro dato increíble y puesto al descubierto, en este ensayo, es que la palabra Tarot tiene  múltiples combinaciones, que vienen a conformar palabras claves y religiosas en cada lenguaje occidental. Sólo para citar un ejemplo veamos que en Hebreo, “Tora”, significa: Ley y también significa: Puerta. En Latín, “Rota”  es Rueda así como Orat es oración. Taor  en árabe antiguo es oscuridad  y Ator es felicidad.

Los modernos gurus de la “Nueva Era”  han intensificado un nuevo resurgimiento del Tarot como una de las puertas para acceder a los mundos psicológicos de la relajación ó como diría Freud al estado profundo del Tanatos o de lo que occidentalmente se maneja como la muerte. Vale la pena indicar que  el film analizado es un viaje mítico al miedo primario del humano. A perder ese espacio que llegamos a tener en las dimensiones terrenales. Los aportes cinematográficos de Bergman, en este film, a pesar del juego planteado son inmensamente profundos e íntimos como todas las creaciones autorales, que parten de su visión y aunque nos empeñemos en buscar uno y mil  significados, éste siempre vendrá del más interno entorno. Los mismos podemos traducirlos  así:

a.- El guión como base fundamental para describir las interacciones hombre –Sociedad. Hombre – psiquis. A partir de estos 2 paradigmas el crea círculos que atrapan al personaje y lo llevan a una constante lucha contra su destino.

b.- Los encuadres y movimientos técnicos y cinematográficos son para enmarcar los movimientos actorales.

c.- La edición parte de las necesidades  y relaciones sociales de los personajes.

d.- Crear un mito a través de una mitología existente.

e.- Recrear un juego de ocultismo y magia como una historia filosófica.

Pues bien del sueño al mito y de esta a la realidad los pasos son impredecibles y  en muchos casos fantásticos y mágicos. A final de lo investigado queda llegar aquí y una vez  más, repito, el planteamiento original se reafirmó. Pudiendo luego sacar en cuenta que el cine no es más que  una plataforma artística donde se mueven los factores técnicos en conjunto con los sueños individuales que cada creador posee y que una vez en pantalla cobran la vida que el mismo creador les insufló en algún momento.

                                                                                      Londres, Junio 1999

 


[1] The Crusades.
            The extent of Christianity during the period of the Crusades.
 The authority of the papacy and the relative decline of the empire also became
clear in the unforeseen emergence of the Crusades as a major preoccupation of
Europe. The papacy had been stirred more than once by the disasters befalling
Eastern Christians, such as their defeats by the Seljuq Turks at Manzikert
(1071) and Antioch (1085) in Asia Minor, when the Byzantine emperor Alexius I
appealed for help to Pope Urban II. Although this appeal may have been the
decisive motive for the Crusade, there were obvious advantages in diverting the
Normans of Sicily and other turbulent warriors from Europe to wage a sacred war
elsewhere. Urban's celebrated call to the Crusade at Clermont (France) in 1095
was unexpectedly effective, placing the pope at the head of a large army of
Volunteers. Even though the capture of Jerusalem (1099) and the establishment of
a Latin kingdom in Palestine were balanced by disasters and quarrels, the papacy
had gained greatly in prestige. Though Germany as a whole had remained aloof, a
Pope had for the first time stood out as the leader of a European endeavour. The
Crusades, with their combination of idealism, ambition, heroism, cruelty, and
Follies are a medieval phenomenon and, as such, outside modern man's experience.
But they were part of the religious background for two centuries and added
greatly to the anxieties, both spiritual and financial, of the papacy.
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[2] The will of God.
In Jesus' teaching, the nearness of God is itself viewed as a moving force. It
creates, as it were, a field of force and challenges the whole person to obey
the will of God unconditionally ("Let your loins be girded and your lamps
burning"; Luke 12:35). As little as Jesus tolerated attempts at calculating the
time when the Kingdom of God should come, so much the more did he demand that
men reckon with its coming. The relation between eschatology and ethics in
Jesus' teaching, however, needs to be further clarified. His commandments
nowhere have the character of prophetic sayings, and their content is not given
an eschatological basis even where Jesus linked them with the promise of
heavenly reward and, correspondingly, with the threat of damnation in the Last
Judgment (e.g., Matt. 24:24ff.; Luke 19:11ff.). God's will is valid in itself,
always and everywhere. For this reason, it is incorrect to characterize Jesus'
demands as "interim ethics"; i.e., as exceptional emergency laws in the
situation of the world that lies in the blaze of the cosmic catastrophes
accompanying the shift of the aeons and the speedy dawn of the Kingdom of God
(as did Albert Schweitzer, a great Alsatian theologian, medical missionary, and
Nobel laureate). Jesus did not draw arguments for his ethical demands from the
perishing order but, rather, from the existing world, the Old Testament
commandments, the creation, and experiences known to everyone. Thus, he did not
aim at forming a "holy remnant," which would escape the rejection awaiting
others in the Last Judgment, on the basis of some kind of select monastic rule.
The certainty of God's nearness is, nevertheless, the open or concealed point of
reference for Jesus' exposition of the will of God and explains his attitude to
the Old Testament Law. Corresponding to the character of the Old Testament legal
tradition, he refers to the will of God in single sayings and in comments in
relation to individual commandments, and, it should be noted, he did not develop
these into coherent "moral teaching." Rather, he took up quite different kinds
of commandments as concrete examples, above all from the Decalogue and related
texts, concerning one's behaviour toward one's fellow human beings (on murder
and anger, adultery and divorce, oaths, retaliation, love for others; see Matt.
5:21ff.) and also ceremonial commandments (concerning the Sabbath, prayer,
fasting, and defilement) and other cultic duties. Jesus always went to the root
of these commandments, and he did not content himself with the mere letter of
the Law but disclosed within the Law--sometimes even against the letter of the
Law (Mark 10:1ff.)--the genuine will of God. Though Jesus respected the Law, it
was no longer for him the only source of the knowledge of God's will and no
longer the absolute intermediate authority that exclusively mediates people's
relation to God. From this basis are to be understood both Jesus' exposition of
the Law and also his criticism of all formalistic casuistry, which is for him
only "human tradition."
Jesus thus brings about a confrontation between the reality of God, which is no
longer disguised by holy letter and tradition, and the similarly undisguised
reality of man. People also can no longer delude themselves into believing that
their pious works would represent them before God and thus keep on piling them
up, as it were, like the Pharisee (Luke 18:11ff.). What God wants from humanity
is not something but humanity itself, unconditionally and undividedly. The
classic passages for these thoughts are the antitheses of the Sermon on the
Mount (Matt. 5:21-48). They sharpen God's demands to the utmost extreme and
leave no room for merely legalistic behaviour. Their leitmotiv is: "Not only,
but even. . . ." Even anger, the lustful look, the "legal" divorce, retaliation
that keeps within the limits prescribed, and love that excludes the enemy are
against God's will.
These extreme demands are meant not so much to be paradoxically overdemanding
as, rather, liberating. Firstly, they are formulated in a way that everyone can
understand. They include numerous references to the natural, unperverted
practices of people in their daily lives. Secondly, the demands do not describe
an unattainable distant goal, which all human action must of necessity fail to
meet. Rather, Jesus pointed again and again to what the heavenly Father has
done, does, and will do with his children and to God's possibilities, which are
unlimited, whereas a person might despair of his or her own limited
possibilities and impotence (Mark 10:27). Jesus' sayings about faith (Mark
9:23ff.), prayer (Luke 11:1ff.; Matt. 6:1ff.), or worry (Matt. 6:25ff.) are
examples of this. Wherever Jesus calls on people to decide for themselves for
God, he bases the argument on the fact that God has already decided for
humanity. The unlimited readiness to forgive that he calls for also has its
motivation in the limitless mercy of God, which he demonstrates toward the
guilty in unfathomable measure (Matt. 18:23ff.). Jesus draws his hearers into
this relation to God and, therefore, does not engage in abstract reflections
about whether his demands are capable of fulfillment. In this way, what a person
loses is the characteristic of being able to attain meritorious achievements
(Matt. 20:1ff.). On the other hand, Jesus certainly did not give up the thought
of "reward." The reward, however, is not a material prize, although images of
this kind are not lacking, but the confirmation and perfection of the relation
to God (Matt. 25:14ff.). The idea that human beings could claim and charge
payment from God is for Jesus completely excluded (Luke 17:10).
The nearness of God, the real God, also brings humanity, no longer graded and
classified in traditional categories, into urgent and imperious proximity. How
much Jesus was concerned with human beings is shown especially by his
commandment of love, which he not only taught but also practiced to the point of
offensiveness. In it is concentrated the "better righteousness" that he demands
of his disciples (Matt. 5:20). Jesus has taken over the Old Testament dual
commandment of love of God and one's neighbour (Deut. 6:5; Lev. 19:18), which is
also in Judaism a summary of the whole Law. But it is characteristic of Jesus'
preaching (1) that he consistently subordinated all other laws--e.g., the
Sabbath commandment--to this highest critical standard (e.g., Mark 2:27; 3:4),
and (2) that he extended and heightened love of one's neighbour to love of one's
enemies (Luke 6:27ff.), and (3) that his commandment does not have the abstract
ideal of a general philanthropy at its root. Rather, he directed his hearers
into the situations--always eventful and concrete--where they encounter their
enemy (Matt. 5:38ff.) and their fellows in need (Luke 10:25ff.). Behaviour
toward one's fellow is so important for Jesus that it is all that is spoken of
in many of his utterances, without any mention of the first commandments of the
Decalogue concerning behaviour toward God (e.g., Matt. 5:25ff.; 7:12; 19:16ff.).
The distinction that modern moral philosophy makes between individual and social
ethics has, in respect to Jesus' teaching, only limited application. To be sure,
Jesus did not draw up a program for a new order for the world and the nations,
he did not demand a more just distribution of property, did not fight against
the differences existing between masters, slaves, and hired workers, and did not
give any directives for a better administration of justice. The world he had
before his eyes was the world as it was, within the horizon of Palestinian
Jewish rural conditions, and not the world as it ought to be. His sayings,
parables, and illustrations show how keenly he assessed everyday life and how
clearly he described it in his graphic, vigorous way--not glorifying this world
as an eternally valid, divinely willed order, and also not getting morally
indignant about it. Rather, he calls on people to behave in this given world in
conformity to the original will of God and his dawning Kingdom; e.g., to
renounce the reign of mammon (Matt. 6:24; Luke 16:9ff.). Jesus did not, however,
require a complete surrender of property from everyone. His followers were not
to avail themselves of the legally regulated facilities for asserting one's own
rights and were not to conform to the ways of customary behaviour in the world.
The assertion that the world cannot be governed with the Sermon on the Mount is
thus not to be denied. Jesus' sayings about retaliation and his commandment of
love are not juristically practicable as they stand, because they can only serve
as a guide for the one who has been wronged by someone else or who is required
to divide his possessions with another person. Legislators and judges have to
decide exclusively about the rights of others and must restrain evil for the
sake of the general social order. But the truism about the impracticability of
the Sermon on the Mount conceals the fact that Jesus' teaching contains strong
impulses toward social criticism.
Jesus unmasks as hollow conventions many ostensibly valid standards, explaining
the Law according to the norm of the commandment of love and applying it to
concrete situations. For this reason he also resists egocentricity, not only of
individuals but of entire religiously and socially privileged groups, and joins
with discriminated-against people (e.g., heathens, Samaritans, tax collectors,
and harlots). Thus, Jesus calls on people to live a life that corresponds to the
proximity of God's Kingdom, although the validity and urgency of his
commandments require no apocalyptic basis. The act of their proclamation,
however, stands nonetheless close to Jesus' own mission (Luke 11:32ff.).
Whether, and in what way, he expressed the fact of his mission by the use of
Christological titles is not thereby decided. Jesus knew that he had been sent
to the "lost sheep of the house of Israel" (Matt. 15:24; 9:36). His ministry,
seen as a whole, was confined to the sphere of his own people. Only a few
significant words and scenes point forward to the inclusion of non-Jews, in a
new, eschatological people of God (Matt. 8:11ff.). Jesus, however, did not
organize a mission to the heathen (Matt. 10:5ff.) nor a worldwide "church." The
only saying of this kind, spoken to Peter (Matt. 16:17ff.), has been placed in
the mouth of the earthly Jesus by the later church and clearly reflects its
situation, doctrine, and discipline. But Jesus certainly did call into existence
a movement in Galilee and allowed at least the narrower circle of his disciples,
if not all of his followers, to share in his wanderings and ministry. Later
tradition first identified the latter group alone with the Apostles (authorized
emissaries), the circle of whom was, however, not originally restricted to that
group (cf. I Cor. 15:5ff.). The number 12 symbolizes the 12 tribes of Israel. If
Jesus appointed these disciples himself, he thereby demonstrated his
eschatological claim on the whole of Israel. According to the saying in Matt.
19:28 and Luke 22:30, which was probably not formulated until later, he
conferred on them the office of ruling and judging the perfected Israel of the
new aeon.
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[3] death, dance of, also called DANSE MACABRE, medieval allegorical concept of the
all-conquering and equalizing power of death, expressed in the drama, poetry,
music, and visual arts of western Europe mainly in the late Middle Ages.
Strictly speaking, it is a literary or pictorial representation of a procession
or dance of both living and dead figures, the living arranged in order of their
rank, from pope and emperor to child, clerk, and hermit, and the dead leading
them to the grave. The dance of death had its origins in late 13th- or early
14th-century poems that combined the essential ideas of the inevitability and
the impartiality of death. The concept probably gained momentum in the late
Middle Ages as a result of the obsession with death inspired by an epidemic of
the Black Death in the mid-14th century and the devastation of the Hundred
Years' War (1337-1453) between France and England. The mime dance and the
morality play undoubtedly contributed to the development of its form.
The earliest known example of the fully developed dance of death concept is a
series of paintings (1424-25) formerly in the Cimetière des Innocents in Paris.
In this series the whole hierarchy of church and state formed a stately dance,
the living alternating with skeletons or corpses escorting them to their
destination. The work was a stern reminder of the imminence of death and a
summons to repentance. The Paris danse macabre was destroyed in 1699, but a
reproduction or free rendering can be seen in the woodcuts of the Paris printer
Guy Marchant (1485), and the explanatory verses have been preserved.
All other picture cycles on the theme were derived directly or indirectly from
that of the Innocents. The dance of death frequently appears in friezes
decorating the cloisters of monasteries (the open courtyards of which usually
contained cemeteries) and the naves of churches. There are also numerous German
woodcut versions. In 1523-26 the German artist Hans Holbein the Younger made a
series of drawings of the subject, perhaps the culminating point in the
pictorial evolution of the dance of death, which were engraved by the German
Hans Lützelburger and published at Lyon in 1538. Holbein's procession is divided
into separate scenes depicting the skeletal figure of death surprising his
victims in the midst of their daily life. Apart from a few isolated mural
paintings in northern Italy, the theme did not become popular south of the Alps.
The proliferation of literary versions of the dance of death included a Spanish
masterpiece, the poem "La danza general de la muerte," which was inspired by the
verses at the Innocents and by several German poems. Late Renaissance literature
contains references to the theme in varied contexts.
In music the dance of death was performed frequently in compositions associated
with death. Mimed representations were performed in Germany, France, Flanders,
and the Netherlands, and the music of one German Totentanz ("dance of death")
has survived from the early 16th century.
The concept of the dance of death lost its awesome hold in the Renaissance, but
the universality of the theme inspired its revival in French 19th-century
Romantic literature and in 19th- and 20th-century music. In 1956 it was
effectively used as the visual climax of Ingmar Bergman's motion picture The
Seventh Seal.

© 1994-1999 Encyclopædia Britannica

 

 

 

 

 

 

 

Bibliography
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Film Art. Bordwell, David and Thompson, Kristin. Mc Graw Hill. 1994
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History of Film. Parkinson, David. Thames and Hudson. 1995
Swedish Cinema. Cowie, Peter. International Film Guide. 1966
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The Book of the Revelations. King James Version. Canongate Books. 1998
The Crusades and the holy Land. Tate, Georges. New Horizons. Thames and Hudson. 1991
The Magic Lantern. Bergman, Ingmar. Hamish Hamilton. 1988

The Seventh Seal. Bragg, Melvin. BFI Film Classics. 1993

 

 

 

 

 

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