Mi ombligo y Yo

 

Alguna vez fui el Rey de mi reino, montado en un brioso corcel, mirando todo sobre mi altura majestuosa. El reino funcionaba a la perfección, con su reina y sus príncipes, el reino nos rendía honores y nosotros siempre junto a ello, a veces  con nuestros caprichos cortesanos, otras muchas, prodigando favores al resto, pero tratando de mostrar hacia fuera paz y armonía.

 

Cierta vez en una de las muchas campañas de conquista y reconocimiento, hubo una revuelta en el reino, volví, dispuesto a sofocarla, a recuperar mi lugar, pero fue tarde, perdí mi corcel, mi corona, y hasta mis posesiones, quede solo con mi ombligo, aun consideraba que debía reinar sobre algo, que era el monarca indestructible, pero había quedado solo.

 

No era verdad, tenía mucha gente que me apoyaba, que me seguía, que consideraba mi destitución, la destitución de quien me había destituido, pero mi error fue creer que mi ombligo era el mundo que me quedaba, no veía más allá de mis narices de mis sentimientos de traición, de haber sido traicionado.

 

Que error no ver la realidad en su momento, pensar que una traición podía valer un reino, podía costar una vida, podía significar todo por lo que se había luchado.

 

Estoy lentamente aprendiendo que mi reino no es solo mi ombligo, que me queda mucho y muchos por quien seguir, creo que aun sigo siendo un rey, si con una derrota a cuestas, pero, quien no la ha sufrido en su vida?, quien no le teme ilógicamente, desmedidamente a una derrota?, pero suceden, y hay que seguir, solo perdí a quienes me traicionaron y eso me esta haciendo ver que hay muchos más de lo que podía imaginar que me apoyan incondicionalmente

 

 

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