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VIEJOS
Y NUEVOS PARADIGMAS EMPRESARIALES
"En la teoría
económica contemporánea no hay sitio para la
tecnología, para la innovación, para el cambio".
"Desde los primeros años 70, la realidad y las
teorías económicas disponibles se han distanciado
cada vez más". (Drucker, 1989).
Juntando estas frases
del viejo gurú con numerosas observaciones y
experiencias de tantos otros, se obtiene la conclusión
de que muchas organizaciones empresariales operan todavía
bajo paradigmas culturales que, en los hechos, esto es, al
margen de discursos y pronunciamientos teóricos o
convencionales, relegan mentalmente (léase subrayado) la
tecnología a un papel secundario, aposteriorístico
e instrumental.. Aquí nos centraremos en la tecnología
de la información.
Podríamos decir,
aún a riesgo de esquematizar excesivamente, que los
paradigmas vigentes conducen a secuencias decisionales
clásicas, como, por ejemplo, a elaborar primero los
objetivos estratégicos de la empresa, y después a
acopiar y organizar los recursos humanos y tecnológicos
convenientes. En síntesis, éste es el tipo de
pensamiento que se enseña aún en muchas escuelas
de negocios y en la universidad en todas sus ramas, incluyendo
a las técnicas, pero en un mundo de economía
global, acelerada y predominantemente tecnológica,
estos paradigmas no funcionan bien. Son paradigmas
empresariales paleotecnológicos, impropios para manejar
un entorno hipercomplejo. (En una reciente entrevista,
aseguraba Toffler que en 1994 se ha graduado en EEUU un elevado
número de economistas que recitan todavía que los
factores de producción son la tierra, el trabajo y el
capital).
Precisamente, uno de
los muchos fenómenos que están ocurriendo ahora
es que todas las nuevas oportunidades de negocio dependen de
parámetros tecnológicos, y a menudo es la propia
funcionalidad de la tecnología la que muestra el camino
de tales oportunidades, y, por tanto, de la estrategia misma.
(“Conéctese con el futuro global”, dice el
último anuncio de una firma multinacional japonesa,
aludiendo a las redes digitales multimediáticas)
Frente a este planteamiento, sucede que la mayoría de
las empresas, no sólo viven en un estadio tecnológico
desfasado, sino que están técnica y culturalmente
atrasadas en sus paradigmas de acción. En tales casos,
el aprendizaje de la tecnología se constituye en
necesidad e instrumento previo al abordaje de estrategias
competitivas, en la condición de su viabilidad y, por
tanto, de su evolución. El papel de la tecnología
sigue siendo instrumental, pero ahora es primario, apriorístico
(o casi) y ubicuo. Aparece en todas las ecuaciones de la
empresa.
Vistas las cosas de
esta manera, la innovación tecnológica en las
empresas se transforma en un asunto esencial y más
complejo que la clásica transferencia tecnológica,
puesto que toca a los potenciales estratégicos de la
empresa, a sus procesos organizativos, a sus procesos
productivos y a sus procesos psicosociales. Gracias a las
nuevas tecnologías, dice Riboud, (1987), es la
organización tecnosocial en su conjunto, es decir, el
sistema, la clave de la productividad.
En este artículo
se expondrá un resumen de este concepto paradigmático,
seguido de algunos modelos sociotécnicos constructivos,
elaborados para diseñar estrategias de innovación
en el campo de la tecnología ofimática, en
general, y del "groupware", en particular. Su última
sección tratará de enmarcar todos estos modelos
dentro de una teoría de la evolución de las
organizaciones humanas. Los resultados aquí expuestos
proceden de una línea de investigación sobre
complejidad y tecnología de la información
iniciada por el autor en 1983 (Sáez Vacas, 1983).
Como comprobará
el lector, para nosotros la tecnología de la información
ocupa un lugar preeminente en el desarrollo de los “sistemas
de actividad humana”, si bien su anatomía técnica,
es decir, su conocimiento pormenorizado, tiende a jugar un
papel gregario, como uno más entre varios otros
factores. El aprendizaje de la tecnología es, en el
sentido más amplio posible, un proceso de
naturaleza cultural, multidisciplinar.
EL TRINOMIO O, I, T
El concepto que da
título a esta sección se publicó por
primera vez en la última parte de un libro que
presentaba una teoría sociotécnica de la
ofimática (Sáez Vacas, 1990a) e iba ilustrado por
un triángulo parecido al de la figura 1, cuyos vértices,
en su versión actual, significan: O
(Organización), I (Individuos), T (Tecnología).
En esta forma, ya extendida al campo generalizado de la
tecnología de la información, se ha utilizado por
el propio autor en un capítulo de un libro posterior
(Gómez-Pallete et al., 1993).
En ambos casos, la idea
es que la auténtica innovación tecnológica
es posible, siempre y cuando se consiga mover (cambiar) los
tres vértices hasta su convergencia o alineamiento, y
éste es un problema estratégico de diseño
y gestión empresarial de la complejidad sociotécnica.
En el momento teórico en que se funden estos tres
puntos, la entidad (la empresa) alcanza un estado "biológico"
nuevo en el que la tecnología revela y entrega todo su
potencial amplificador, se integra en la cultura y en los
procesos de la empresa. Lógicamente, este ciclo hay que
repetirlo, en mayor o menor grado, porque los factores que dan
nombre a los tres puntos son dinámicos y cambiantes.
Para la empresa, el
objetivo sería alcanzar el estatuto dinámico de
organización aprendiente (Senge, 1992), convertirse en
un sistema evolucionado de aprendizaje, aunque, como veremos
más adelante, este tipo de sistemas puede bloquearse
frente a nuevos paradigmas tecnológicos.
Dicho sea entre
paréntesis, la innovación tecnológica ha
demostrado ser un concepto-plastilina, moldeable al gusto de
cada cual. Nosotros la vemos como el proceso y el conjunto de
transformaciones que se producen por causa de una tecnología,
lo que quiere decir que la tecnología por sí
misma no produce necesariamente innovación.
Los procesos de
empresa
Si alguna virtud tiene
el trinomio OIT es su cociente "sencillez/potencia".
Explicita tres factores fundamentales en el juego de la
tecnología, a los que sitúa simbólicamente
en un mismo plano, que es un terreno de relaciones -de
conocimiento, de trabajo, de operación, de poder, etc.-
generado por la tecnología: la propia tecnología
(es importante explicar que este factor comprende, además
de a los objetos tecnológicos, a los métodos y
técnicas, y a los especialistas de la tecnología
concreta), la organización (la estructura orgánica
y funcional, los esquemas de decisión y de poder, los
procedimientos, la cultura empresarial, los directivos) y los
individuos (básicamente, el personal de la empresa no
incluido en los colectivos anteriores). Interpretado en
negativo, viene a postular que toda solución,
metodología, teoría o enfoque, relativos al juego
de la tecnología, que no abarque cambios en todas o en
las principales relaciones entre los tres factores, es
inadecuada. Estos cambios también afectan, llegado el
caso, a las propias piezas componentes de cada “vértice”,
que pueden ser sustituidas.
La figura geométrica
del triángulo visualiza el hecho natural de la
existencia de una distancia (distanciamiento, en términos
sociales) entre los factores del trinomio. A simple vista, se
aprecia que cualquier programa que procure el acercamiento de
los vértices es multidisciplinar, y por ello mismo bien
complicado: pura ingeniería de intangibles. En (Sáez
Vacas, 1993) y (Gómez-Pallete et al., 1993) se ha
utilizado sistemáticamente la ley cibernética de
la variedad requerida para definir principios generales de
diseño de tal programa. Sin embargo, la perspectiva del
tiempo nos ha conducido a subrayar, como no lo hicimos
entonces, la necesidad de practicar el ajuste sociotécnico
de variedades allí descrito, guiándose por algún
tipo de orientación objetivable, esto es, sintonizándolo
con metas empresariales (institucionales) concretas.
Figura 1: Modelo de
convergencia orientada a procesos de empresa
Tal es la intención
del eje de "procesos" en el mismo gráfico:
poner de manifiesto la idea de que tanto la selección de
la tecnología como las medidas encaminadas al
acercamiento de los vértices deben orientarse en la
forma más pertinente a la potenciación
instrumental de los individuos y de la organización “en”
y “para” los procesos empresariales ("business
processes", en la terminología anglosajona) dentro
del entorno de competencia y de los valores e ideologías
propios o elegidos. Es bien sabido, por lo demás, que
los procesos actualmente se construyen inspirados por el
objetivo último de procurar satisfacción a los
clientes (usuarios).
El resto de esta
sección lo dedicaremos a aderezar brevemente el concepto
con algunas otras consideraciones y referencias.
Marcos tecnológicos
Muchos investigadores,
y recientemente Orlikowski y Gash, (1994), han señalado
que cuando los marcos tecnológicos concebidos por grupos
humanos básicos en las organizaciones, tales como
dirigentes, técnicos y usuarios (nuestros tres
vértices), son significativamente distintos,
pueden presentarse dificultades y conflictos en cuanto al
desarrollo, uso y cambio de tecnología. Cualquiera puede
comprender que identificar mediante estudios de campo los
diversos marcos tecnológicos presentes, es decir, las
imágenes o interpretaciones de la tecnología y su
papel en la empresa, constituye unos de los primeros pasos para
definir las estrategias activas de aproximación de los
vértices del triángulo.
El artículo
mencionado documenta una experiencia muy viva de los costes y
fracasos en la introducción de un famoso producto de
"groupware" en una importante empresa norteamericana,
por causa de la prevalencia de la visión de los
técnicos. Legendarias son ya las diferencias de imágenes
entre técnicos y dirigentes, que Sáez Vacas
(1990b) subraya como "las incompetencias cognoscitivas
cruzadas” (el técnico especializado ignora la
significación de la técnica, es decir, de la
tecnología sólo en su dimensión técnica,
y el dirigente empresarial “toca de oído” en
lo que se refiere a la tecnología).
Figura 2: Fases de
adopción de la tecnología
Se sabe desde hace
tiempo que el ajuste social (empresarial) a la tecnología,
hasta llegar al más alto grado de compromiso con ella,
denominada “institucionalización”, recorre
unas fases y tiene una dinámica, que podemos controlar,
y hasta acelerar, pero no obviar (figura 2), como tampoco debe
olvidarse que el concepto de compromiso se extiende a la
tecnología en tanto que herramienta en un marco OITPEW
(siglas que se comprenderán más adelante, al
final de esta sección).
Nos parece éste
un aspecto extremadamente crítico, al que, sin embargo,
no suele concedérsele apenas importancia en la práctica,
quizá por su carácter intangible, psicológico.
Cuando se habla de ajuste social a la tecnología, en
realidad, se está aludiendo a la sutil red de “curvas
de adopción” de todos y cada uno de los individuos
y grupos presentes, inmersos en un territorio muy competitivo
de lucha por el poder o la supervivencia.
Los marcos tecnológicos
son un caso particular de conceptos más amplios. Así,
Mélèse, 1979, emplea el concepto de “sistemas
y lógicas transversales”, aplicable a colectivos
humanos. Nos dice que conviene ver la empresa como un nudo del
gran sistema político-socio-económico, en el que
se entrecruzan y combinan los efectos de numerosos sistemas y
lógicas transversales, cuya determinación se
encuentra generalmente fuera de la organización
(sistemas tecnológico, mercantil, financiero, social,
sindical, espacial, simbólico, etc), de forma que el
nudo es otro sistema cuyos elementos en interacción son
las representaciones que de él se hacen diversos actores
internos y externos. ¿Cómo ven a la tecnología
cada una de estas lógicas transversales?
Por su parte, el autor,
(Sáez Vacas, 1992), ha generalizado el proceso de
observación de la realidad cuyo resultado es siempre una
imagen -y nada más que una imagen- del objeto real,
producida por la interacción de tres campos, a) el
observador propiamente dicho, con sus circunstancias
personales, b) su instrumental de observación (interfaz,
herramientas cognitivas, sistemas de representación,
etc.) y c) el objeto en sí. Este modelo tiene un
carácter práctico, porque visualiza bien las
posibilidades de manejo de un grupo de imágenes en
presencia.
Reingeniería
de procesos
La reingeniería
de procesos de negocio (Business Process Reengineering, BPR en
la jerga) ha cobrado gran fama en los últimos
años, en los que ha recibido tantas alabanzas como
críticas. Aparte de que no contiene fundamento teórico
alguno, razón por la cual se convierte en un enfoque
sumamente dependiente de artes particulares, observamos que su
versión canónica (Hammer y Champy, 1994) es
claramente discontinua y partidaria del todo o nada: "rediseñar
no es mejorar o modificar el negocio, sino reinventarlo con
vistas a saltos gigantescos en rendimientos". No explican
cómo hacerlo, ni qué factores considerar, ni en
qué orden. Por el lado humano, postula la intervención
de un Líder, del Dueño del Proceso, del Comité
Directivo y del Zar de Reingeniería, lo que no coincide
demasiado con los factores OIT.
Su visión de la
informática como capacitador esencial de la reingeniería
se resume así: todo proceso está basado en una
tecnología y la nueva tecnología rompe el orden
establecido por la tecnología anterior. La compartimos,
y así lo hemos expresado en la primera sección de
este artículo, sólo que su brusca aplicación
es lo que puede producir pan para hoy y hambre para mañana.
Pensamos que la práctica de la BPR se normalizaría
a medio y largo plazo si ésta se integrase en las pautas
de los modelos continuos y de aprendizaje que aquí se
proponen.
“Soft
Systems Methodology”
SSM es una metodología
muy extendida para abordar problemas no estructurados, en los
que el enfoque clásico de sistemas no es aplicable,
porque se trata de situaciones rodeadas de circunstancias
borrosas, como aquéllas donde las percepciones de las
personas implicadas son diferentes, a veces contradictorias, y
con frecuencia confusas. Es porque son lo que Checkland,
(1981), y (Checkland, Scholes, 1990) llaman Sistemas de
Actividad Humana.
Cuadro 1
Elementos
básicos de la definición raíz de los
sistemas relevantes en SSM (Checkland, 1981)
C: Clientes. Beneficiarios (o
víctimas) de las actividades del sistema
A: Agentes, que llevan a cabo el
proceso de transformación
T: Proceso de Transformación
del sistema
W: Weltanschauung. Perspectiva o punto de
vista, imagen o modelo del mundo, que da sentido a este
sistema y a su proceso de transformación. Suele tener
que ver con la cultura de empresa.
O: Propietario del sistema. Tiene el
poder de causar que el sistema deje de existir
E: Entorno. Condiciones o
restricciones que influyen determinantemente en las actividades
del sistema
Para nosotros, la
innovación tecnológica y la BPR, entre otros
campos que podrían asimismo señalarse, engloban
procesos típicos de sistemas de actividad humana, por lo
que ganarían mucho si se enfocasen dentro de una
"filosofía" como la de la SSM, o semejante (en
general, el diseño sociotécnico). Posiblemente,
uno de los debates más inquietantes de los últimos
años, conocido como la "paradoja de la
productividad de la tecnología de la información"
(Brynjolfsson, 1993), que se pregunta cómo es que,
habiéndose incrementado desde 1970 la potencia
informática en dos órdenes de magnitud en la
economía de EEUU, se ha estancado (cuando no disminuido)
su productividad, especialmente en el sector de servicios, se
esclarecería escrutando a la luz de los modelos
sociotécnicos de innovación tecnológica
los fallos de los mecanismos utilizados corrientemente en la
implantación de las tecnologías.
El paso 3 de la SSM
preconiza que para definir de forma raíz los sistemas
relevantes de la empresa (en el lenguaje actual, los procesos
de negocio), hay que incluir necesariamente los elementos
conocidos por el mnemónico CATWOE (cuadro 1). Es
evidente que este conjunto de elementos muestra que el modelo
OITP, esquematizado en la figura 1, encaja con este cuadro (O,
C, A y T se corresponden con los factores humanos, contenidos,
respectivamente, en los vértices O, I, T y con el eje o
vector P) y al mismo tiempo se completa con él.
Circularidad causal
de los factores
La simplicidad del
modelo OITP es sólo aparente. Su misión primaria
es recordarnos la ineludibilidad referencial de considerar
todos las campos de los factores O, I, T, en relación
con P (actuales y futuros procesos de la empresa), en función
del entorno E, y de acuerdo con el vigente "modelo"
del mundo W. Pero luego está el hecho de que las
dependencias entre estos factores es circular (de ahí su
complejidad de fondo).
Por poner un ejemplo,
la organización, es decir, la estructura organizativa,
los esquemas de decisiones, la acción de los dirigentes,
sus interpretaciones y tantas otras cosas, dependen
objetivamente (se quiera o no) de la tecnología, de los
individuos, de los procesos reales o previstos, de las
condiciones del entorno, del "Weltanschauung", y de
las interrelaciones mutuas entre todos éstos y de su
historia anterior, lo que se podría expresar en forma
aproximada y pseudomatemática por O = O(I, T, P, E, W).
Pero también podría escribirse que P = P(O, I, T,
E, W), y así sucesivamente, con lo cual el número
de combinaciones se hace inmanejable, y ello convierte en
imprescindible el derivar de este modelo general modelos más
sencillos aplicables a situaciones más restringidas,
verbigracia, las que suceden con el “groupware”.
Y aunque no es el
objetivo de este trabajo, dejaremos al menos sugerido que este
conjunto mínimo de factores y su interacción
circular abren un territorio de sospechas acerca de la
pertinencia de una buena parte de la teoría y
metodología de empresas y de la mayoría de las
“lógicas transversales” hoy en uso.
Tecnología
del groupware: necesidad de un modelo estratégico de
implantación
Actualmente, las
empresas pueden llevar, en vez del personal al trabajo, el
trabajo al personal y comienzan a considerar el diseño
de la organización de la misma forma que el diseño
de productos, mientras se sienten cada vez menos condicionadas
por los límites de tiempo y lugar. Las
telecomunicaciones permiten enlazar unidades organizativas
geográficamente alejadas, recurriendo para ello a
tecnologías como el correo electrónico, el fax,
la videoconferencia y el acceso del ordenador personal a
recursos compartidos para coordinar a través de los
distintos husos horarios. En un libro muy conocido, cuyo
subtítulo “business design through information
technology” es suficientemente explícito, Keen
expone capítulo a capítulo sus componentes del
diseño empresarial integrados con la tecnología
de la información (Keen, 1991).
El groupware (GW) es
una de las tecnologías con mayor potencial de cambio
organizativo y valor estratégico. Constituye la base
tecnológica del “trabajo cooperativo soportado por
ordenador” (en inglés, CSCW, Computer Supported
Cooperative Work). El mundo GW y CSCW está compuesto por
un complejo entramado de productos, herramientas, técnicas
y servicios, que van desde el hardware (redes informáticas,
computadores, interfaces,...) hasta las técnicas
organizativas (teoría de la coordinación,
criterios de seguridad y privacidad de la información,
organizaciones reticulares,...), pasando de manera muy especial
por el software (sistemas operativos y bases de datos para
trabajo en grupo, flujos de trabajo, interfaces de usuario
grupal, paquetes integrados para oficina, etc.).
La avalancha de
productos GW, o que se pretenden tal, suscita diversas
clasificaciones. Una de ellas, por áreas de aplicación
y sus combinaciones factibles, es la siguiente:
·
Sistemas de mensajería:
correo y boletines electrónicos (BBS, Bulletin Board
System).
·
Editores de texto y de gráficos
multiautor.
·
Planificadores, gestores de
proyecto y agendas de grupo.
·
Sistemas grupales de apoyo a la
toma de decisiones conjunta (GDSS, Group Decision Support
Systems).
·
Conferencia por computador.
·
Agentes inteligentes: filtros,
presentadores y reencaminadores de información.
·
Sistemas de coordinación:
redes de conversaciones y flujos de trabajo (workflows).
·
Sistemas documentales
·
Bases de datos de grupo.
Como se ve, algunas de
estas aplicaciones contienen una esencia de computación
personal individual en su origen, y luego se han adaptado a los
procesos de grupo, que son de una naturaleza bien diferente,
puesto que integran operaciones muy complejas de comunicación
y coordinación. Otras poseen netamente una orientación
grupal desde su génesis.
Otro criterio conduce a
clasificar a los sistemas GW por su intervención en
cuanto a las coordenadas espaciales y temporales: ubicación
de los participantes en el mismo o en distintos espacios
físicos (como es el caso de la teleconferencia), el
trabajo de manera síncrona -en tiempo real- o asíncrona
(caso del correo electrónico y las aplicaciones sobre él
basadas) y las combinaciones técnicamente posibles.
Para terminar este
drástico resumen, no queremos dejar de mencionar otra
clasificación muy general, elaborada en nuestro
departamento (Jiménez Bonilla, 1995), que divide
al groupware en dos grandes segmentos: el GW orientado a la
creación y el GW orientado a los flujos de trabajo. El
primero persigue la consecución de un resultado final
concreto y que da por terminado un proceso de trabajo, como por
ejemplo la generación conjunta de un documento, o la
producción cooperativa de una aplicación software
desde su etapa de análisis y diseño hasta la de
codificación y prueba. Su ámbito de aplicación
es primordialmente de carácter científico o
técnico. El segundo, por su parte, da apoyo informático
y de comunicaciones a la labor organizativa de una empresa,
sustentando total o parcialmente los diferentes flujos de
trabajo e información presentes, o generando otros
nuevos (vía que conduce al rediseño de procesos y
a las ventajas competitivas derivables). A este segundo tipo de
groupware, cuyo ámbito específico es el
empresarial y organizativo es al que nos referiremos en el
resto de esta sección y en la siguiente.
Sociología
del CSCW
Por estos días,
en las mayores revistas internacionales se publica
repetidamente el siguiente anuncio de un producto GW: “There
will come a time when everyone in your company will
communicate, collaborate and coordinate in ways you never
imagined”. Lo que ni siquiera sugiere el texto es que
“comunicar”, “colaborar” y “coordinar”
son algo más que operaciones físicas, son también
actividades humanas nada elementales, que si siempre requieren
una planificación, un aprendizaje, incentivos y también
un cierto control, mucho más lo necesitarán al
abordar formas “nunca imaginadas”. Necesitan un
modelo estratégico de implantación, coherente con
los principios apuntados en la sección anterior. Por el
contrario, el mensaje que transmite el anuncio refuerza
el camino del fracaso al que conduce la visión
exclusivamente técnica citada en dicha sección.
Y es que no se
debe olvidar la relación entre GW y CSCW, donde este
último término expresa la índole
sociotécnica de la tecnología GW. Por
suerte, se va generando ya un acervo de observaciones y
de experiencias censadas, de las que daremos aquí unos
breves apuntes, empezando por referirnos, a modo de
ejemplo, al caso del correo electrónico, que es algo así
como la tecnología troncal de las aplicaciones y
sistemas groupware.
Un reciente sondeo en
USA muestra que el 74.7% de las empresas encuestadas le
atribuyen significación contributiva para su
competitividad y, más aún, que su importancia
crecerá en el futuro, habida cuenta del hecho de que el
correo será multimediático, integrando voz,
imágenes y gráficos. Opinión tan
positiva tiende probablemente a ocultar un tanto las realidades
sociales del correo electrónico, que, como cualquier
herramienta tecnológica nueva de la que se espera algún
fruto, requiere tiempo de adaptación, cierta disciplina
y reorganización.
Tal vez el más
conocido de los efectos es el del llamado "correo basura",
que, como mínimo, incluye esa categoría de
mensajes triviales o inoportunos, por desgracia demasiado
habituales, que se han compuesto haciendo oídos sordos
al consejo de "asegúrese de conectar el cerebro
antes de enviar un mensaje" (en ciertos sistemas de correo
electrónico sobre redes abiertas cada persona emite o
responde entre 25 y 100 mensajes diarios) y ha dado lugar a
la paradójica tecnología defensiva de los filtros
de información y agentes inteligentes (discernobots),
cuya misión consiste en analizar y categorizar los
contenidos del buzón electrónico y en su caso
eliminar automáticamente los mensajes indeseados. Como
anécdota, el novelista William Gibson, autor de
“Neuromancer”, que acuñó el término
“ciberespacio”, ha decidido no conectarse al correo
electrónico, para proteger su privacidad.
Otro género de
consecuencias se observa en el terreno del comportamiento
social del usuario del correo electrónico. Este sistema
tiende a diluir determinados factores sociales y de contexto
(estatus, cargos), que normalmente actúan como barreras,
favoreciendo la participación e incluso el
apasionamiento (la gente dice lo que no diría nunca cara
a cara), y por tanto la creatividad, pero
dificultando el proceso de toma de decisiones, que en algunos
experimentos ha llegado a cuadruplicar el tiempo del grupo
electrónico con respecto al grupo físico (o
clásico). Buenas y malas noticias.
En definitiva, lo que
ocurre con el correo electrónico es sólo una
muestra benigna de lo que puede ocurrir con el groupware y sus
impactos en el mundo del trabajo y de la empresa. La industria
de la tecnología tiene la costumbre de postular mundos
“rousseaunianos” en los que la colaboración
y la cooperación se toman por actitudes humanas
naturales. Sus experiencias piloto suelen llevarse a cabo
con grupos de técnicos o de universitarios
favorablemente predispuestos en cuanto a conocimientos,
mentalidad y cultura. Olvidan que en la realidad de las
empresas e instituciones se manifiestan esquemas de poder y
subculturas organizativas preexistentes. El director de una
consultoría americana ha declarado que el groupware es
espantoso para muchos directivos, porque, por diseño, es
rápido y democrático. El correo electrónico
funciona bien en organizaciones abiertas, pero no lo hace o lo
hace superficialmente en aquéllas que imponen rígidas
constricciones jerárquicas, fronteras para las
comunicaciones o imputaciones de costes.
Para solidificar, por
último, el argumento empleado en el primer párrafo
de este apartado, citaremos cómo en la sociología
laboral es reconocido que, en las relaciones de trabajo,
junto a los mecanismos de colaboración, juegan también
otros mecanismos, como la competencia, el conflicto, la
convivencialidad, la coerción, el compromiso, el
control, la coordinación, y así, hasta once C´s,
cuya simple enumeración revela por contraste la
preocupante ingenuidad de algunos fabricantes y
vendedores de tecnología.
El modelo
sociotécnico de complejidad 4D x 3N
Como se ha dicho,
conviene tener siempre en mente un marco de referencia robusto
al hablar de la interacción del individuo, los grupos o
las organizaciones con la tecnología. Sugerimos emplear
el modelo de tres niveles de complejidad (3N) (Sáez
Vacas, 1983), que en su versión aplicada a la ofimática
(o tecnología de oficina) se esquematiza por un gráfico
integrado 4D x 3N (Sáez Vacas, 1990a).
La figura 3 recoge sólo
una parte del modelo 4D x 3N, particularizado (parametrizado)
al caso de las aplicaciones groupware (Sáez Vacas,
1994a). Se ve ahí cómo estas aplicaciones
comportan la necesidad de armonizar los procesos en tres
dimensiones (D) diferentes, que pueden imaginarse también,
si el lector lo prefiere, como las tres ruedas solidarias de
una máquina, con sus correspondientes engranajes.
En la dimensión
de la tecnología de la información se representa
el punto de vista estrictamente técnico o tecnológico,
con sus tres niveles (N) de complejidad, que ilustran tres
estadios de evolución o de aprendizaje, empezando por la
fase de computación (tratamiento de texto, hoja de
cálculo, gestor de bases de datos, etc.) y
siguiendo por la de comunicación (redes, correo
electrónico simple, sistemas cliente-servidor, etc.)
hasta llegar a la de coordinación (coordinadores, bases
de datos compartidas, sistemas multiautor, etc.). Las
aplicaciones groupware utilizan técnicamente una gama de
productos, sistemas y procesos de un amplio espectro entre los
niveles de comunicación y de coordinación. La
dimensión de los procesos de trabajo (de negocio, de
empresa) expresa los procesos productivos, que también
modelamos en tres niveles, según sean procesos
ejecutados individualmente, por un grupo o por un conjunto o
conjuntos de grupos. Y, por último, está la
dimensión de los procesos psicosociales.
Figura 3: Diseño
de aplicaciones groupware, derivado del modelo 4D x 3N
El gráfico, con
sus tres dimensiones o ruedas, ha de leerse como una teoría
completa para el diseño de aplicaciones groupware,
compatible con el modelo OITP y derivado de él por el
procedimiento de explicitar el nivel de grupo, por la rotunda
razón de que estamos hablando de groupware. De una
manera u otra, Organización, Individuos y ahora
Grupos deberían estar presentes en tres diferentes tipos
de procesos engranados en una sola y eficaz maquinaria.
El esquema pone de
manifiesto un programa de pautas indicador de lo que hay que
hacer y de lo que no hay que hacer para diseñar e
implantar aplicaciones groupware. No sirve de nada, o, peor,
puede ser muy costoso y perjudicial, crear o introducir nuevos
procesos tecnológicos al margen de las otras
dimensiones, como tampoco será finalmente efectivo hacer
BPR, incluso bien soportada en los adecuados procesos
tecnológicos (versión Hammer), si se
desconsideran los sutiles procesos psicosociales, los marcos
tecnológicos, o las citadas lógicas transversales
o imágenes presentes en la empresa, en fin, toda la
urdimbre de relaciones humanas. Contamos ya con suficientes
ejemplos recientes de fracasos, por causas psicosociales, de
tecnologías como la agenda informática de grupo y
los sistemas de soporte a las decisiones, así como con
dificultades ocultas en tecnologías tan indiscutibles
como el correo electrónico. No creemos exagerar al
decir que, desafortunadamente, la práctica habitual del
rediseño de procesos y en particular la implantación
tecnológica se concentra en áreas
disociadas y que los empresarios no parecen dispuestos a
comprender, abordar y pagar diseños sociotécnicos.
De conformidad con
nuestra idea de los nuevos paradigmas empresariales, el modelo
OITP y, más en particular, la teoría del diseño
de aplicaciones groupware (en general, de ofimática) que
se acaba de exponer están dirigidos fundamentalmente y a
la vez a los altos dirigentes de la empresa, a los directores
de tecnología y sistemas, a los responsables de recursos
humanos, a los estudiosos de la sociotecnología, a los
asesores en organización y tecnología, y muy
especialmente a los profesores especializados en alguna de las
materias implicadas. De acuerdo con nuestra experiencia, estos
modelos poseen también un alto poder comunicador, lo que
los convierte en herramientas para promover la convergencia de
imágenes mentales y la participación humana (tipo
SSM) en todos los niveles organizativos de la empresa.
Todavía puede
concretarse más en cuanto a las vías activas de
implantación de la tecnología groupware, esto es,
en cuanto a su metodología., pero su descripción,
excesivamente técnica, desbordaría las fronteras
habituales de esta publicación, por lo que sólo
se dará a continuación una nota meramente
introductoria.
Modelo de
transferencia de tecnología groupware
Actualmente, se está
trabajando e investigando bastante en todo lo referente a
optimizar los procesos de transferencia tecnológica. En
nuestro departamento, el profesor G. León y su equipo,
(León, 1994), (León y Yelmo, 1994), están
desarrollando modelos de transferencia de tecnología de
software. Algo que es común a estos modelos es que
versan por lo general sobre tecnologías que
prácticamente (casi) sólo involucran a los
departamentos técnicos. O muchas veces así se
cree. No es el caso de la tecnología ofimática y
otras tecnologías de la información, que, por su
naturaleza, afectan a toda la empresa. Por tal razón,
aunque formalmente nos hemos inspirado en uno de estos modelos
de transferencia, le hemos sometido a las correcciones
oportunas.
Como punto de partida,
hemos postulado que, por el estado de su ciclo evolutivo, la
tecnología GW es inmadura, propiedad que imprime al
proceso de transferencia toda la esencia de un proceso de
innovación, con sus ventajas e inconvenientes. Otro
supuesto plausible es que la distancia entre la tecnología
fuente (a la que se sustituye, si existiera alguna) y la
tecnología destino (la que se implanta) es elevada.
Ahora bien, fijémonos en que esta distancia, concepto
que matizaremos en el próximo apartado, acarrea otras
dos distancias, visto el asunto a través del trinomio
OIT: la distancia organizativa (cómo será la
organización resultante, con respecto a la actual, una
vez institucionalizada la nueva tecnología) y la
distancia individual -múltiples distancias, en realidad-
(cuáles serán las funciones y cómo el
trabajo de cada elemento humano de la empresa). Esto de las
distancias no es una medida, sino un concepto, difícil
de cuantificar, pero que implica la fuerte conveniencia de que,
como arma estratégica, se dibuje al principio del
proceso de innovación un escenario de resultados lo más
realista posible en cuanto a esas tres líneas.
Dado que la distancia
tecnológica suele ser elevada, es procedente el empleo
de una tecnología intermedia, como la que para productos
tecnológicos específicos ofertan las empresas VAR
(Value Added Resellers), sobre todo si se plantean con eficacia
y globalidad, y en general empezar con lo que hemos llamado
aplicaciones groupware de perfil bajo. Nuestro modelo de
transferencia para esta tecnología es espiral si se lo
representa en un plano de coordenadas, con cuatro cuadrantes o
fases, por los que se avanza por ciclos hasta conseguir el
grado de transferencia buscado. Está descrito con todo
detalle en (Jiménez Bonilla, 1995). El autor, por su
parte, ha definido y está procurando aplicar un cierto
número de dispositivos conceptuales para el diseño
sociotécnico de la ofimática empresarial, que
caen también muy fuera del ámbito de este
artículo.
El modelo 4D x 3N,
muchas observaciones publicadas y diversas experiencias
exitosas muestran también las siguientes conclusiones
útiles: a) que los directivos son la mejor puerta de
entrada al GW en la empresa (frente al caso de otras
tecnologías), y b) que un primer paso táctico o
“psicológico” para la innovación
siempre es una cierta adaptación (aproximación)
inicial del groupware a la organización y a los
individuos que la componen, para que adquieran confianza.
Concluida la exposición
de los modelos concretos, es el momento de remontar el vuelo
para intentar situarlos dentro de un marco general de cambios
institucionales.
INNOVACION Y
PARADIGMAS TECNOLOGICOS
Hace unos años,
nos interesábamos por los procesos de innovación
tecnológica en la sociedad, y más exactamente por
las relaciones e influencias mutuas entre tecnología,
cultura y sistema social (Sáez Vacas, 1988-89).
Empleábamos el concepto de “escala del proceso”
para referirnos al orden de magnitud temporal que separaba
cambios sustanciales en cada una de las diferentes parcelas del
sistema social, por ejemplo, el sistema industrial o el sistema
educativo. El sistema industrial tiene una escala de decenas de
años, mientras que el sistema educativo evoluciona con
ritmos de centenares de años. Una tecnología
concreta estaría capacitada para marcar profundamente a
esta o aquella parcela del sistema social cuando tuviera el
potencial de provocar en ella algún cambio esencial
conveniente (se subrayan los términos “esencial”
y “conveniente”), representativo del inicio de una
nueva dinámica en cuanto a sus procesos básicos.
El artículo
en cuestión hablaba de mecanismos de ósmosis
social, de interprocesos culturales y de bloques
epistemológicos, es decir, aportaba una visión
macroscópica del fenómeno de la innovación
tecnológica. Una visión analítica de
observador sociológico.
Una teoría
del ciclo de vida y de los cambios
Por su parte,
Gómez-Pallete, en un libro recién publicado,
aporta una teoría macroscópica sobre la dinámica
evolutiva de las culturas, los sistemas industriales, el
sistema científico y los grupos humanos, y, en
particular, sobre las organizaciones inmersas en un determinado
entorno (Gómez-Pallete, 1995). Como se puede apreciar en
la figura 4, estos sistemas nacen y, a través de una
secuencia de cambios internos, crecen, maduran, se mantienen un
tiempo y, finalmente, entran en declive, si no se impulsa en
ellos algún proceso de cambios trascendentales como para
lanzarlos a un ciclo de vida diferenciado.
El núcleo
central de esta teoría reside en que en circunstancias
de entorno hipercomplejo el salto (incierto) a un nuevo ciclo
se produce sólo después de que la organización,
perpleja pero decidida, se abra al entorno y se comunique con
él a través de un tiempo de azar, tanteos
autoorganizativos y fluctuaciones -es lo que representa la
mancha en el gráfico- hasta desembocar, con suerte y
gran esfuerzo, en una nueva fase determinista de evolución
controlada.
Figura 4: Ciclo de
vida y cambios (adaptado de Gómez-Pallete, 1995)
Encontramos aquí
una reformulación de la “escala del proceso”,
pero visualizada de forma más universal y potente, y más
útil para generalizar los argumentos del presente
artículo, que pertenecen más bien al orden
constructivo de la ingeniería empresarial basada en la
tecnología. En la visión de un técnico,
como el autor, la ingeniería empresarial se ocupa de
diseñar o inventar métodos o mecanismos para
guiar y acelerar los procesos de innovación tecnológica
en sistemas de actividad humana, que es lo que son las
empresas.
Las empresas son las
células más vivas del sistema social. Forman
parte del sistema económico, están obligadas a
ser viables (Beer, 1985) y por lo tanto a responder con la
suficiente rapidez y acierto a los cambios de su entorno. No
resulta exagerado pensar que el mundo de la empresa constituye
una de las vías más caudalosas de integración
social de la tecnología, por lo que puede ser
socialmente muy rentable contribuir a armar los nuevos
paradigmas empresariales y a crear coherentemente con ellos
artefactos cognitivos prácticos.
En un libro muy
inspirado de hace casi treinta años, Sampedro resumía
las fuerzas económicas de nuestro tiempo en la explosión
demográfica, la aceleración técnica y la
evolución social, pero ya en el mismo prólogo las
reduce a dos, puesto que reconoce que la explosión
demográfica moderna es la resultante del progreso
técnico (Sampedro, 1967). Es de esperar que hoy, tal vez
a su pesar, escribiría que la tecnología es “la”
fuerza económica de nuestro tiempo. Por ello, parece
justificado decir sin ambages que tiene que ser básicamente
alrededor del impulso tecnológico como se construyen los
sucesivos cambios evolutivos que forman la curva del ciclo de
vida de una empresa moderna viable (figura 4, en la que las
coordenadas pueden representar “nivel de desempeño”
y “tiempo”).
Por su parte, Sáez
Vacas, (1994b), ha tocado también la cuestión de
los ciclos de vida de la tecnología, las empresas y las
personas, subrayando precisamente la tendencia a que por la
diferencia de longitud de estos ciclos -más corta la de
la tecnología, que la de las empresas, y ésta que
la de las personas (el ser humano tiene que adaptarse en un
sólo ciclo de vida a varias generaciones sucesivas de
compleja tecnología)- “la tecnología
desgasta a las empresas y las empresas a los hombres”. Es
un fenómeno de entropización organizativa
(pérdida comparativa de función) a costa de la
evolución técnica.
Todos los modelos
descritos en las secciones anteriores han dejado claro que la
tecnología capacita, abre espacios y posibilidades,
muestra caminos de estrategia, pero está destinada a un
costoso fracaso si no se integra solidaria e inteligentemente
con un determinado conjunto de factores en torno a una nueva
plasmación de procesos e ideas. Ahora estamos
viendo, de forma más general, que las transformaciones
previstas por el modelo OITP son en realidad una faceta de los
cambios que gobiernan el ciclo de vida de las empresas.
Queda por analizar si
tales modelos y sus correspondientes teorías se acomodan
conceptualmente, no sólo a los cambios evolutivos de la
empresa, sino también a los saltos hacia otro ciclo de
vida. Nos vemos obligados a introducir la noción de
“paradigma tecnológico”.
Tecnología de
la información: una sucesión atropellada de
paradigmas
Es sorprendente hasta
qué punto la noción de paradigma, acuñada
por Kuhn, es aplicable al campo de la tecnología de la
información, con sólo sustituir el apellido
"científico" por "tecnológico".
Kuhn utilizaba ese término para referirse a
"realizaciones científicas universalmente
reconocidas, que durante cierto tiempo proporcionan modelos de
problemas y soluciones a una comunidad científica".
Cuando surgen nuevas formulaciones o conceptos, la comunidad se
divide: al principio, la mayor parte de ella se resiste a
aceptarlas, manteniendo esa resistencia siempre o durante largo
tiempo, mientras se va creando una nueva y tal vez pujante
comunidad científica en torno a lo que se convertirá
en nuevo paradigma. Es el caso de la ciencia neurológica,
que experimentó con Ramón y Cajal un cambio
trascendente con su nuevo paradigma neuronal: el concepto de
sistema nervioso formado por una tela enmarañada de
hilos nerviosos era sustituido por una red de células
nerviosas independientes, las neuronas.
Así es como
funciona la ciencia. Obsérvese que se trata de un
problema más bien psicológico. Científicos
que con numerosos años de estudio y esfuerzo han
construido un armazón intelectual experimentan serias
dificultades mentales y emocionales para negarlo de pronto.
Precisamente, una característica esencial de la
tecnología de la información, y en especial de la
informática y de todas sus ramas, es que se basa en
modelos computacionales (construcciones intelectuales) que se
fijan lenta y trabajosamente en la mente de sus practicantes y
teóricos, y de los que luego es casi imposible
desprenderse, lo que acarrea importantes consecuencias.
Arquitecturas de
ordenador, modelos de programación, arquitecturas de
sistemas operativos y de bases de datos y muchos otros
apartados han cambiado tanto algunas veces que han causado
auténticos terremotos humanos y empresariales
(derrumbamientos y emergencias) en la industria tecnológica
y en la sociedad. La aparición de los ordenadores
personales y su encuentro con las redes han introducido cambios
radicales en la práctica informática, por
ejemplo. La digitalización universal, la optoelectrónica
y el aumento del ancho de banda de la tecnología abren
el camino a las inforpistas y al multimedia distribuido. La
tecnología de objetos se va imponiendo día a día.
Las interfaces con las máquinas son cada vez más
"humanas". Para los técnicos
profesionales estas novedades se comportan como auténticos
paradigmas, cuya perversión consiste en que se renuevan
con una velocidad enloquecida y trazan en la sociedad un mapa
fragmentario, con frecuencia incoherente, de actividades
sometidas a diversos paradigmas coexistentes.
En la sección
anterior se hablaba de la distancia entre la tecnología
fuente y la tecnología destino, en los procesos de
transferencia de tecnología. Ahora podemos decir que los
cambios tecnológicos dentro de un mismo paradigma
generan una distancia, mayor o menor, pero que podemos imaginar
dentro del mismo plano donde manejamos las relaciones del
triángulo OIT y los procesos de adaptación y
diseño OITP. Su correspondencia en el diagrama de la
figura 4 son los cambios evolutivos.
También podemos
imaginar situaciones en que la distancia tecnológica
separe dos planos distintos, cuando las dos tecnologías
pertenecen a paradigmas distintos, en cuyo caso hay que esperar
normalmente que los técnicos se resistan u opongan, bajo
mil argumentos “razonables”, a recorrer la
distancia. Sus muy interiorizados “marcos tecnológicos”
construyen un obstáculo psicológicamente
gigantesco. Conocemos varios casos reales, en los que los
técnicos de la empresa habitan distintas capas
paradigmáticas y están seguramente incapacitados
para saltar a una nueva, al menos en un plazo aceptable. Su
dificultad de acción se corresponde con el salto azaroso
de la figura 4 hacia un nuevo ciclo en la dimensión
técnica.
Hemos empezado el
artículo hablando de nuevos paradigmas empresariales,
que son los que integran plenamente a la tecnología en
su discurso. Pero si se trata de tecnología de la
información, ésta se presenta a su vez como un
dominio generador de paradigmas tecnológicos, lo que
complica un tanto las soluciones. Ajustes sucesivos en el plano
de un determinado paradigma deberían tratarse como
cambios planificados en una organización operada como un
sistema de aprendizaje.
Ahora bien, si la
tecnología elegida se rigiera por los patrones de un
nuevo paradigma, la innovación tecnológica de la
empresa podría adquirir en muchos casos una dimensión
que desbordaría a las técnicas de la reingeniería
y a las capacidades de una organización aprendiente,
para desembocar en un mundo incierto, de imágenes y
procesos seguramente por inventar, en un cúmulo de
esfuerzos azarosos y medidas especiales, en una aventura.
Circunstancias semejantes aconsejarían fuertemente
elegir una vía hacia la construcción de un nuevo
sistema técnico y no a una mera evolución del
actual.
LA TECNOLOGIA,
ARTEFACTO SOCIAL
El físico
Schrödinger ha dejado escrito: “El conocimiento
aislado obtenido por un grupo de especialistas en un campo
estrecho no tiene en sí mismo valor alguno de ninguna
clase. Sólo tiene valor en el sistema teórico que
lo une al resto del conocimiento”.
Nos parece que
semejantes consideraciones si en algún sitio son
rotundamente válidas es en el campo de la tecnología.
Esta cambia el mundo en casi todas sus manifestaciones. La
tecnología de la información provoca cambios en
las estrategias, en las operativas, en los conocimientos y
también en las emociones. Es un absurdo ineficaz
manejarla sólo como si se tratara de un conjunto de
artefactos técnicos. Un error, incluso. Lo que está
reclamando a gritos es que la teoricemos como un artefacto
social, articulado con el pensamiento filosófico,
económico, sociológico, psicológico,
biológico, artístico, etcétera.
Esta es la ideología
básica de este artículo, en el que hemos
pergeñado una teoría general del diseño
sociotécnico del cambio empresarial basado en la
tecnología de la información, aplicándolo,
para que no se crea que andamos por las nubes, al caso concreto
del “groupware”.
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