MIS CASAS


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JEREZ



Siempre queda en la memoria la casa donde tuviste tus primeros recuerdos, aquella en la creciste, aquella en la que aprendiste las primeras cosas, los primeros contactos con la naturaleza, los primeros sentimientos de cari�o, amistad, familiares, de convivencia. Yo estuve hasta los 14 a�os pasando en Jerez todos mis per�odos de vacaciones escolares, veranos, navidades, semanas santas....all� encontr� las primeras experiencias y la base para lo que iba a ser el edificio que todos construimos con nuestra propia persona. Quiero agradecer a mi abuela todo lo que me ense��, todo lo que me hizo vivir en contacto con la naturaleza. Gracias a todo aquello hoy soy lo que soy y siento lo que siento. Lo dijo bien claro: "s� es lo que se quiere ser" y " cuando encuentres el camino no lo dejes nunca". Grandes palabras que nunca he olvidado.

ROCHE-CONIL



Ubicada a 30 km de C�diz y 40 km del aeropuerto de Jerez, Roche Residencial est� consolidada con m�s de 30 a�os de existencia siendo una de las pioneras de Andaluc�a, por clase, categor�a, paz, relax, distinci�n y, sobre todo, por lo que tiene alrededor, que la convierten en el lugar perfecto para disfrutar al mismo tiempo de playa y bosque natural. Estando en primera l�nea de playa, la urbanizaci�n goza de todas las ventajas que le otorga el estar inmersa en un espacio natural �nico que ofrece un paisaje singular. La combinaci�n de la brisa marina y el aire puro del campo es la id�nea para relajarse y disfrutar, al mismo tiempo, de naturaleza y playa.
Aqu� pase toda la d�cada de los 80 disfrutando mis vacaciones de verano (dos meses) y todos los per�odos de vacaciones de semana santa y navidad. Fines de semanas, en donde nos perdiamos por los carriles de la urbanizaci�n, a�n salvaje cogiendo lirios salvajes, caracoles, pi�as y un sin fin de aventuras perdidos en medio de la soledad que se pod�a disfrutar en este lugar, los dias de playa, casi entera para nosotros, con un mar azul y tranquilo cuando lo estaba, que algunas veces se volv�a inquieto y salvaje, haciendo del ba�o toda una aventura.



En las im�genes de arriba el Club social de la Urbanizacion y la Piscina.




LA PLAYA DE ROCHE





CADIZ

(mi casa-mi hogar)


Puesta de sol desde la ventana de mi dormitorio.





HISTORIA
Definir hist�ricamente una ciudad como C�diz supone sumergirse en el mito y la leyenda. Strab�n escribe sobre C�diz unos mil a�os despu�s de fundada la ciudad y nos narra las distintas versiones que ya entonces exist�an sobre su origen, desde las que lo ligaron a los h�roes del ciclo troyano, o bien Hercules o los Geryones, hasta la que contaban los propios Gaditanos y es la que ha prevalecido hist�ricamente, la fundaci�n Tiria o Fenicia. "La ciudad m�s antigua de occidente" como t�pico inicial resulta interesante sobre todo porque al preguntarnos que fue de esta ciudad en sus or�genes y en le transcurso del tiempo podemos apreciar la continuidad de las actividades econ�micas que justificaron su fundaci�n y de los elementos de referencia urbana que mantuvieron su significado tanto en el auge como en el declive de la ciudad y que se resumen paisaj�sticamente en la bah�a.

El emporio Gaditano se inscribe en el sistema comercial del pueblo fenicio que durante siglos domin� el comercio mediterr�neo y que traspaso la barrera del Estrecho buscando un lugar desde el que explotar las ricas rutas Atl�nticas y el mercado Tart�sico y/o Turdetano.
As�, la raz�n �ltima de su existencia se vincula en primer lugar al tr�fico mar�timo favorecido por su estrat�gica situaci�n geogr�fica como avanzadilla en le Atl�ntico y como isla frente a la costa de Tartesos, un reino exhuberante de riqueza minera y agr�cola. El objeto del comercio lo constitu�an los productos agr�colas y mineros del interior turdetano, la pesca y derivados y los minerales de esta�o y plomo de las Kassiterides.

Se mencionan dos puertos, el de Menestheus (actual puerto de Santa Mar�a) y el de C�diz; aunque �ste se situaba en la zona sur occidental de la isla puede que fuera accesible desde la bah�a, teniendo en cuenta los cambios geol�gicos y de erosi�n marina que han transformado el paisaje. Lo importante a destacar aqu� es que el centro de la actividad comercial se hallaba en la Bah�a y que m�s de un puerto ofrec�a sus servicios al tr�fico incesante que all� se desarrollaba.
El �xito de la ciudad deviene sin duda de ser la ciudad de los aut�nticos due�os del comercio Mediterr�neo durante casi un milenio. La insularidad de C�diz satisfac�a las necesidades de los comerciantes fenicios; por un lado la muralla de agua significaba una barrea defensiva de primer orden y por otra les aseguraba el control de los accesos a la ciudad. Aunque la mayor parte de la poblaci�n viv�a en barcos la ciudad crec�a en la parte Nor-Occidental de la isla proporcionando a sus habitantes una vida ciudadana de calidad.

C�diz resultaba un foco de atracci�n m�ltiple aunque lo fundamental era la actividad marinera que ligaba el libre comercio con el monopolio de las rutas Atl�nticas. Precisamente los griegos, que buscaban esas rutas, fueron los que mejor informaci�n dejaron sobre la ciudad. En los viajes de los griegos pronto aparece el inter�s cient�fico el deseo de definir una geograf�a, una descripci�n del mundo conocido que prescindiera de los mitos y C�diz es para ellos un lugar de observaci�n cient�fica.
La ciudad se orientaba pues hacia la bah�a, donde se encontraba como ya hemos dicho el tr�fico mar�timo. Adem�s en la bah�a exist�an astilleros donde se constru�an y reparaban embarcaciones as� como manufacturas de la salaz�n. Todas estas actividades se mantuvieron en la C�diz romana, pero ahora inscritas en su sistema comercial, que si bien geogr�ficamente coincid�a con el Mediterr�neo, ten�a obligada referencia ala capital Romana y por ello un mercado m�s amplio.

La romanizaci�n transforma la estrategia de la ciudad pues ahora C�diz aparece como el punto de partida romano para la conquista de Iberia y como cabeza de control institucional de las ciudades del �rea. Los historiadores se�alan la habilidad de la ciudad para sobrevivir a las guerras p�nicas y a la guerra civil romana que se desarrollaron en Espa�a y, m�s aun, salir beneficiada, como corresponde a una ciudad de marcado car�cter mercantil.
C�diz reconoci� la supremac�a Romana en el 205 a. C. aunque los t�rminos de la alianza son desconocidos. La consecuencia es el incremento de su comercio maltrecho desde la invasi�n cartaginesa 233 a. C. y por ende el incremento de su poblaci�n. La ciudad absorbi� este aumento de poblaci�n densificando su n�cleo y no debi� ampliarse mucho hasta la segunda mitad del siglo I a. C. en que se construye una nueva ciudad enfrente de la existente que significaba el primer ensanche planificado de C�diz. Sin embrago tampoco esta ciudad era muy grande ya que su per�metro era apenas de 4 Km. y no absorb�a a toda la poblaci�n que adem�s de vivir en los barcos, ocupaba la tierra firme frontera y sobre todo a la isla vecina donde construyeron una ant�lopes. Adem�s de nuevos elementos referenciales como los templos de Minerva y Saturno que transformaron la fisionom�a de la ciudad, los cambios m�s importantes se refieren al �mbito de las infraestructuras. Se refuerzan las comunicaciones terrestres y C�diz se comunica con el resto de la pen�nsula a trav�s del puente Suazo de origen fenicio, esta comunicaci�n ya no es un mero acceso a tierra firme sino que significa una integraci�n a un territorio m�s amplio y a la vez su integraci�n en un sistema pol�tico que valoraba sobremanera las comunicaciones terrestres y cuyas finalidades no eran solo exclusivamente comercial sino de dominio y transformaci�n.

El otro cambio estructural fue la tra�da de agua a la ciudad a trav�s de un acueducto desde Tempul; significaba acabar con el sistema de cisternas fenicio y establec�a nuevas relaciones con el territorio circundante. Cuando la decadencia de la C�diz Romana desaparece ese acueducto la ciudad volver� al sistema de cisternas y hasta la segunda mitad del siglo XIX no tendr� conducci�n de agua desde tierra firme.
Esta ciudad nueva representa el auge m�ximo de la C�diz romana, pero que segu�a siendo la ciudad de los gaditanos, expertos navegantes y constructores de barcos, una ciudad rica a causa del comercio y a la que solo Roma superaba en poblaci�n.

A partir del siglo VIII entra en la �rbita del mundo musulm�n que segu�a practicando el comercio a su manera, una manera poco estudiada y que desde nuestro punto de vista occidental era lo m�s parecido a la pirater�a. La participaci�n en este comercio ser�a peque�a y en todo caso insuficiente para hacer de C�diz una ciudad de primer rango pues otros puertos eran los preferidos y entre ellos Algeciras, que significaba el trayecto m�s corto desde el continente Africano.
Tambi�n permanec�a la actividad de construcci�n naval y por ejemplo en el siglo IX, ante las invasiones normandas los reyes de Sevilla piensan en la seguridad de la costa Sur- Occidental y deciden que para su defensa la construcci�n de naves en C�diz, adem�s de en Cartagena y Tarragona, raz�n de esa continuidad que ofrec�a una garant�a en la construcci�n de barcos. Que esa actividad no fue escasa lo demuestra el hecho de que la carabela, de origen �rabe (Carabo) se constituye en el barco Andaluz por antonomasia. Existe una continuidad hist�rica en la construcci�n de carabelas que transcendi� a la ocupaci�n cristiana en el siglo XIII y que ser� el barco utilizado para el descubrimiento Americano.

En cuanto a la ciudad, a�n son m�s escasos los datos. Los ge�grafos y viajeros musulmanes que escrib�an sobre C�diz, vienen atra�dos por su pasado hist�rico, recogen y reinventa los mitos herculeanos, describen la estatua de Hercules que romana o Fenicia fue demolida hacia el siglo XI y dan testimonio de la pervivencia de las ruinas. La calificaci�n de villorrio pasa a ser sustituida por la de villa, irrelevante tal vez en el conjunto de Al Andalus, pero que manten�a una moderada actividad comercial, siempre con relaci�n a la bah�a.
No es exactamente un villorrio lo que encuentran las tropas cristianas que saquean C�diz poco antes de su incorporaci�n a la corona de Castilla por Alfonso X, y que regresan a Sevilla con un cuantioso bot�n, consistente en mercader�as, oro y plata. La visi�n de las ruinas producir� sin duda la impresi�n de decadencia pero no debe considerarse como signo de la ausencia de toda actividad ciudadana, m�xime para un sistema cultural que tra�a desde oriente el h�bito de compartir su espacio urbano con los restos demolidos del pasado.

A Alfonso X, le pareci� el puerto ideal desde el que impulsar la conquista Africana y con ese fin decide reedificarla y revitalizar su comercio concediendo con �l titulo de ciudad un r�gimen econ�mico que inclu�a la libertad de mercado para los vecinos de C�diz, una feria de un mes libre de derechos, y que el resto de las mercanc�as en C�diz solo pagasen un tercio de lo que deber�an haber pagado en Sevilla. Esta �ltima medida significaba la voluntad de desviar parte del comercio Sevillano hacia la bah�a de C�diz y es la primera, de la que tenemos noticia, que refleja la competitividad entre las dos ciudades que se mantendr� a partir de ahora y cuyo punto �lgido corresponde a la lucha por el comercio mar�timo.
Claro que el tr�fico a�n tardar� dos siglos en llegar pero durante este tiempo la recuperaci�n de lo mercantil en Europa era un hecho y las ciudades italianas, como las Hanse�ticas, ten�an en el tr�fico mar�timo la v�a comercial preferente. En el siglo XIII, los andaluces navegaban por la costa occidental de Africa y Las Canarias, en busca de oro, esclavos y otras mercanc�as, compitiendo con los Portugueses, con los que parece ser eran frecuentes los incidentes de pirater�a y saqueo mutuo. Este comercio con Africa era lo bastante jugoso para explicar la disputa Luso- Andaluza y tambi�n la creciente presencia de los Genoveses en el protagonismo del comercio gaditano en los siglos siguientes.


De esta ciudad reedificada, que contaba con un castillo, queremos destacar la construcci�n de una cerca que la rodeaba y de la que hoy se conservan los arcos de las tres puertas que daban acceso a la ciudad (arcos de la Rosa, El P�pulo y de las Blancas). Esta cerca de mamposter�a. Almenada y con torres de trecho en trecho, es la primera referencia documental a la construcci�n de murallas en C�diz. Claro que no era la primera vez que las ten�a pues al menos hab�an sido destruidas durante el asalto Cartagin�s a C�diz pero cuando tratamos de saber el grado de significaci�n de tal elemento en la ciudad como antecedente hist�rico, nos encontramos con que las descripciones de la ciudad no se hace referencia a ello.
Este tema revest�a importancia porque las murallas constituyen un elemento urbano de consideraci�n a partir del siglo XVII tal que durante los siglos siguientes se consideraba a C�diz una fortaleza de primer orden.

As� que el siglo XVII signific� para C�diz su construcci�n como fortaleza. A partir de 1598 se inicia la reedificaci�n de C�diz bajo la direcci�n de Crist�bal de Rojas. Se construyeron los principales castillos: el fuerte de Santa Catalina, San Sebasti�n, Puntales y se forma el primer plano de la ciudad con los proyectos de las fortificaciones en 1609.Este es sin duda el primer planos que muestra la configuraci�n de la ciudad y que permite seguir su posterior evoluci�n y desarrollo.
En el plano del proyecto de Crist�bal de rojas, se contemplaba la construcci�n de la muralla frente la bah�a, con las puertas de acceso a la ciudad, una de las cu�les, correspondiente a las fronteras de Puertas del Mar, era la principal entrada. Tambi�n se preve�a cerrar la ciudad por la parte del Istmo; en 1639 se construyeron los muros de la puerta de Tierra aunque el proyecto definitivo ser� de Jos� Baruala realizado en 1756.

Este car�cter de ciudad fortaleza se consolida pues en el siglo XVIII y guarda estrecha relaci�n con la entrega definitiva de Gibraltar a Inglaterra tras la paz de Utrech en 1713.Sin embrago la ciudad no pierde de ninguna manera su car�cter mercantil y el centro de gravedad de la actividad permanec�a en la Bah�a. Si acaso el efecto m�s palpable de la construcci�n de murallas y sobre todo de la puerta de tierra es devolver a C�diz su car�cter de Isla. El elemento militar era extra�o y al hacerse prioritario en la forma de decisiones pugnaba con los intereses comerciales. Adem�s, tampoco C�diz satisfac�a las exigencias especiales requeridas para las instalaciones militares. De nuevo la Bah�a y su espacio ribere�o acaparan la actividad ahora tambi�n militar; Los arsenales en el puente Suanzo y en la Carraca y posteriormente la capitan�a del departamento mar�timo en San Fernando 1769 son fiel reflejo de esa insuficiencia.
Quer�amos destacar la novedad hist�rica que ese car�cter representa en la ciudad y al mismo tiempo su ajeneidad. C�diz quedaba encerrada por sus murallas y en el siglo siguiente se considerar�an su l�mite a su crecimiento; esto, claro est�, referido al �nico lugar por donde la ciudad pod�a extenderse y que era el Istmo. Que el comercio fue la actividad principal durante los siglos XVII y XVIII no ofrece ninguna duda. La importancia de C�diz en el comercio americano fue tal que consigui� arrebatar el monopolio que disfrutaba Sevilla (1717). Razones de control administrativo hab�an hecho de Sevilla el puerto final de ese tr�fico pero evidentemente la navegaci�n era m�s f�cil hasta C�diz, y esa facilidad proveniente de la geograf�a fue la que impuso el traslado de la Casa de Contrataci�n al lugar desde donde se realizaba verdaderamente el comercio para su control, pues de otra manera parece ser que el contrabando o comercio fuera del control administrativo era cuantioso y ello representaba p�rdida de ingresos para la Corona.


Del siglo XVIII se dice que fue el siglo de oro de C�diz y, en efecto, favorecida por el comercio y por la pol�tica borb�nica que establece el modelo centralista-absolutista franc�s, adquiere dimensiones de ciudad ilustrada. Las ideas mercantilistas de la nueva dinast�a no pod�an sino coincidir con los intereses de la ciudad. La liberaci�n del comercio en lo que respecta a considerar el oro y la plata americanos como una mercader�a m�s y la ruptura del sistema de flotas como �nico para el comercio americano, tendr�a magn�ficas consecuencias para la formaci�n de la burgues�a gaditana que, junto con la barcelonesa, es en opini�n de Vicens Vives la �nica que merece tal nombre en la pen�nsula.

Al incremento de poblaci�n derivada de la importante actividad econ�mica, acompa�a el aumento y mejora de las edificaciones de la ciudad (Barrio de San Carlos) y tambi�n de la calidad de vida, dot�ndolas de centros de actividad educativa y cultural como el Colegio de Medicina y Cirug�a (1748), el primero de tal clase que se funda en Espa�a; la fundaci�n del Observatorio Astron�mico en el Castillo de Guardiamarinas (1751) que posteriormente en 1793 ser�a trasladado en San Fernando; Escuelas de dibujo aritm�tica y geometr�a. Los promotores de estas actuaciones eran verdaderos prototipos del esp�ritu de la Ilustraci�n, Marqu�s de la Ensenada, Jorge Juan y sobre todo O`Rylly, como gobernador de C�diz entre 1779-86, moderniza el aspecto de la ciudad y sus comunicaciones; enlosado de sus calles, establecimiento del servicio de Postas de Ruedas (C�diz-Madrid), construcci�n de cuarteles para el alojamiento de la tropa lo que implicaba liberaci�n de alojamientos para el vecindario, y proyecto de restauraci�n del acueducto del Tempul que al final no se realiz�.


Resulta curioso constatar que aunque el comercio americano estaba en decadencia a finales de siglo, la ciudad segu�a creciendo y que se realizaron cuantiosas inversiones en la construcci�n inmobiliaria. Las grandes transformaciones econ�micas que se inician en este siglo a remolque de la Revoluci�n Industrial generan problemas de adaptaci�n a las que Espa�a en general reaccion� tard�amente quedando sus infraestructuras insuficientes para mantener la potencia de las v�as comerciales. C�diz deber� enfrentar un doble reto; por un lado, la importancia creciente del tr�fico terrestre por el invento del ferrocarril amenazaba con alejarle de los centros de decisi�n, y por otro la m�quina de vapor hace que se desarrollen nuevos prototipos de barcos para los que el puerto y la Bah�a eran inconvenientes debido tanto a cuestiones de �ndole batim�trica, calado escaso, como de �ndole t�cnica, carencia de muelles y m�quinas que respondieran a la nueva organizaci�n de trabajo.




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