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LA
NIÑA DE PARÍS
Natalia
París está lejos de Colombia, pero cerca de su novio. Ella
cuenta los días que faltan para el nacimiento en Miami de su hija
Mariana y nos cuenta en exclusiva cómo se plantea el futuro de su
carrera.
¿A
dónde va la modelo más importante del país?
Por
Gustavo Gómez Córdoba
Fotos
Mauricio Vélez
La
primera pregunta que se les ocurre a los miles de admiradores de Natalia
París es si la consentida y pequeña modelo está gorda.
¡Horror! La mujer más deseada de Colombia no puede permitirse
un pecado de tan inmensas proporciones. Sí puede. ¿Qué
tan gorda? Pudimos ponerla frente a una cámara, pero fue imposible
subirla a una báscula. Y la verdad, por ninguna parte se le notan
los ocho meses de embarazo.
No
le pesan los kilos, como no le pesarían a ninguna mujer ilusionada
con la maternidad. Mariana, su hija, nace en noviembre y con ella muere
algo de la antigua Natalia: “No me importa estar engordando, o que se me
dañe el cuerpo. Me alimento bien y como incluso cuando no tengo
hambre. Cuando nazca mi hija me pongo las pilas, hago mil dietas, el triple
de ejercicio... lo único que me importa es Mariana”.
Y
le importa guardar distancias con los medios de comunicación, a
los que debe un pasado siempre presente: la pelea en el gimnasio con una
colega, su foto atrevida con la modelo Samantha Torres, las imitaciones
en La Luciérnaga, el revuelo con sus declaraciones para la revista
Shock (“No fumo marihuana porque da celulitis”)… todo se le junta en artículos
como si hubiera sucedido ayer por la mañana. Y, claro, la obsesión
nacional de medirle no sólo las curvas sino el I.Q: “Siento que
soy una mujer llena de buenos valores y eso es más importante que
ser la que más sabe de cierto aspecto”.
¿Qué
se sabe de su vida actual? Lo que ella cuenta. Y cuenta que vive en una
casa modesta de Palm Beach, rodeada de gringos a los que la curiosidad
no les alcanza para preguntarse quién es la hermosa vecina rubia
que habla español. “Aquí no puede uno darse el lujo de tener
una empleada todos los días, así que le toca a uno hacer
el almuerzo y arreglar la casa”. Lavan platos, tienden camas, recogen el
desorden… ¿Lavan?, ¿tienden?, ¿recogen? Ella y su
novio, Julio Andrés.
EL
misterioso novio.
¿Qué
se sabe de su novio actual? De nuevo, lo que ella cuenta. Y cuenta que
lo conoció en un gimnasio de Medellín y la conquistó
a punta de cabeza: “Se me fue como metiendo, poco a poco. Me gustaba su
manera de hablar… demasiado inteligente y eso es lo que más me llama
la atención de un hombre”. Que es colombiano educado en Estados
Unidos, ingeniero civil, 29 años, hogareño, repleto de valores,
pero
algo machista: “Él sostiene la casa, pero no me sostiene a mí”.
El resto es un misterio.
¿En
qué trabaja? ¿Cuál es su apellido? ¿Qué
piensa del modelaje? Despacio, con ese deje de niña consentida que
tanto le critican, Natalia siembra la charla de evasivas. Insinúa
que ya pagó la primiparada de hablar sobre sus relaciones frente
a la prensa. Gerardo Reyes aprovecha un par de líneas en Gatopardo
(Nº 6, septiembre de 2000) para dar una de esas puntadas que tanto
le molestan a ella: “El 18 de diciembre el avión voló a su
máxima capacidad desde Panamá a Fort Lauderdale. En la lista
de pasajeros, consignada en la declaración general de las autoridades
aeronáuticas del istmo, aparecen familiares y amigos de los narcos
que querían verificar la autenticidad de los ofrecimientos de (Baruch)
Vega. Entre ellos Natalia París Gaviria, la espectacular modelo
colombiana novia de Andrés David Mejía, alias Julio Fierro”.
El
regreso.
Hay
que pescar entre palabras para descubrir el plan de vida de Natalia: dejará
Miami –comienza ya a ser reconocida– y fijará residencia con su
familia en España, donde quiere volver a la universidad (estudió
publicidad) y al anonimato.
“Siempre
me he escondido de los medios. Nunca fui a cocteles, ni a los premios TV
y Novelas, ni a los que se inventó Aló, ni a CROMOS. Soy
una mujer tímida y nunca busqué ser famosa”. Va a estudiar
con lupa toda propuesta de modelaje y a cuidar cada paso. La guía
el ejemplo ajeno: “No voy a explotar mis embarazos como Paula Andrea Betancur.
Quiero otro estilo de vida”.
Natalia
París regresará a Colombia el 7 de agosto del 2002… o nunca.
“Voy a volver cuando Álvaro Uribe Vélez sea presidente. Antes,
no”. Dos puntos para hablar de Nación: “No creo en ningún
proceso de paz. Creo que debe haber una persona fuerte que ponga las cartas
sobre la mesa con mano dura. Lo que está haciendo el Presidente
me parece absurdo”. Ella presiente que en una eventual campaña de
Uribe Vélez, habrá llamada de por medio: “No sé qué
tipo de vida tenga dentro de dos años, pero estaría dispuesta
a ayudarle si me lo pidiera… aunque creo que no me lo va a pedir”.
El
negocio.
Si
lo hace, que llame con tiempo, porque Natalia modelo-Natalia mamá
es además Natalia ejecutiva, y sufre de aquello que llaman “agenda
apretada”. Tiene línea propia de bronceadores y productos naturales
(Natalia París Sol/Natalia París Luna) y prepara el lanzamiento
en México de una colección de cuadernos escolares que en
Colombia se agotó. Los calendarios por ahora suspendidos, y más
si se tiene en cuenta que a ellos les debe una experiencia nada agradable:
“La foto de contraportada del primer calendario, en la que aparezco abrazada
con Samantha Torres, siempre me produce un dolorcito de estómago,
como
que la quisiera desaparecer”. Como que quisiera mantenerla lejos de Mariana.
Demasiado
pudor para una mujer que, apenas cumplidos los 18 años (tiene 25),
corrió al cirujano plástico para que le aumentara el busto,
y cuyo cuerpo es una especie de patrimonio pasional colombiano. Con todo,
rechazó propuesta para posar en la revista Playboy: “Siempre he
tenido mucho respeto por las personas de mi casa y no me gustaría
que mi abuelita me viera desnuda en unas fotos… ¡qué vergüenza!”.
¿Moralismo?
“Yo no soy muy moralista, soy superliberada y dejo que todo el mundo haga
lo que quiera. Respeto mucho el lesbianismo, el homosexualismo… respeto
a la mujer que quiera ser libre. ¡Que hagan lo que sea! Pero no comparto
ese estilo de vida”. Su estilo de vida, por ahora, tiene todo que ver con
la maternidad y poco o nada con aquella imagen de símbolo sexual
construida a partir de vallas, afiches, campañas y cuadernos. El
cuerpo de Natalia es de Mariana. •
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