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Zona restringida

21-Septiembre-1994
      La fr�a noche hace tiempo que ha ca�do sobre el desierto de Nevada, pero el deber es lo primero. El soldado de los Boinas Negras Vernon Maxwell conduce un jeep militar rumbo al �rea de pruebas de la Base de la Fuerza A�rea de Nellis. Le acompa�an los agentes de la AFOSI Jonathan Deckard y Mark Dillon. �El motivo?.

      Hace nueve d�as desaparecieron de la cercana Base de Nellis varias unidades de fusiles de asalto M16 y se encarg� a los agentes Deckard y Dillon la investigaci�n del caso. Tras d�as de investigaciones e interrogatorios han conseguido un testigo, Vernon, que podr�a haber visto a los ladrones esconder su bot�n en la zona restringida. Y hacia all� van ahora, esperando recuperar las armas antes de que desaparezcan definitivamente.

      As� que los tres viaj�is en el jeep a trav�s de la oscura y g�lida noche del desierto, saliendo de la carretera principal y atravesando ignotas pistas de tierra, bordeando las m�ltiples colinas que pueblan este escarpado territorio. S�bitamente, ante vosotros, aparece el cartel que advierte del comienzo de la zona prohibida: "No pasar", os dice la se�al, "Multa m�nima de 50.000 d�lares".

      Par�is el jeep y, con las luces encendidas, esper�is pacientemente a que aparezcan los chicos de seguridad de esta regi�n para que os acompa�en en vuestro recorrido; los guardas de seguridad que vigilan celosamente el territorio del �rea de pruebas de Nellis. Mientras aguard�is a que os detecten y acudan a vuestro encuentro, rondan por vuestra mente las mil historias o�das de mil fuentes distintas acerca de este lugar: hogar del �rea-51, luces extra�as en el cielo, proyectos secretos del ej�rcito, bases conjuntas con entidades alien�genas y un mill�n de tonter�as m�s.

      Un resplandor amarillo cruza el negro cielo ante vosotros como una exhalaci�n y, tras la colina en que se ha ocultado, veis un perfecto semic�rculo luminoso recortando la oscuridad de la noche. Sin pensarlo dos veces, Vernon arranca el jeep violentamente rumbo a la luz, entrando en la zona prohibida. Ni Jonathan ni Mark protestan; de estar al volante hubieran hecho lo mismo, con el demonio de la curiosidad aguijoneando sus acciones.

      S�lo doscientos metros adentro. Deten�is el veh�culo, sub�s la colina cautelosamente y ech�is un anhelante vistazo al otro lado. Y lo veis.

      Un tri�ngulo flotando inm�vil en el aire. Oscuro, silencioso, enigm�tico,... imposible. S�lo iluminado por las luces amarillas en sus v�rtices y por el blanco foco procedente del helic�ptero negro que se mantiene a su lado sin emitir el m�s m�nimo murmullo.

      Confundidos por lo que presenci�is, sin duda comet�is un descuido. Ya no importa lo que fue. Tal vez Jonathan se puso en pie aturdido, quedando su silueta recortada en lo alto de la colina. Quiz�s Vernon silb� asombrado, violando la tenebrosa tranquilidad del lugar con sus sonidos. �O acaso Mark se removi� at�nito en el suelo, provocando la ca�da colina abajo de un pu�ado de ruidosos guijarros?.

      El tri�ngulo se pierde en las alturas, como si nunca hubiese estado all�. Y el helic�ptero os apunta acusadoramente con su cegador foco blanco. Corr�is colina abajo, sub�s al jeep y arranc�is, como huyendo del mism�simo diablo. Y el helic�ptero os sigue, ominosamente silencioso, se�alando con su luz hasta que abandon�is la zona prohibida.

      En el camino de regreso a la base no habl�is de lo que hab�is presenciado. Las palabras no son suficientes, aunque palabras es lo que os espera en vuestro destino.

      Al d�a siguiente, duras palabras acusadoras. Vuestros mandos: "Sabemos que vosotros mismos robasteis las armas". Vuestro abogado: "No hay nada que hacer. No habr� juicio; la Fuerza A�rea no quiere publicidad. Pero os expulsar�n con deshonor". "Bien", pens�is, "al menos no tendremos antecedentes".

      Y en menos de una semana est�is en la calle. No hace falta decir por qu� sucedi� as�. Visteis m�s de lo que deb�ais, y la informaci�n tiene un precio. Pero s� ten�is algo claro.

      Vend�is vuestras pertenencias m�s elementales e invert�s el dinero en el equipo necesario para vuestro nuevo objetivo en la vida: la b�squeda de una explicaci�n a lo que hab�is visto. Una explicaci�n, y mucho m�s. Ten�is que saberlo todo, sin excepciones.

      Durante los meses siguientes investig�is sin descanso: noticias de avistamientos OVNI, restos de ganado mutilado, supuestas v�ctimas de abducciones. Pero s�lo encontr�is un enorme mont�n de mentiras y estafas, y el mayor n�mero de decepciones que hab�is sufrido nunca.

      "�Y qu�?", pens�is tras encarar el �ltimo enga�o, "Tal vez la pr�xima vez ser� diferente. Lo que vimos fue real". Y los tres os mostr�is de acuerdo en que pronto conseguir�is ara�ar siquiera una astilla de la Verdad. Aunque lo que encontr�is sea m�s siniestro y perverso de lo que nunca hay�is imaginado.

      Aunque la Verdad acabe con vosotros.





LA VERDAD OCULTA - Juanjo González - 2001
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