Pocas esperanzas
Heather Krain, Lisa Harker, Nicole McCloskey,... corr�is. Aunque ser�a m�s acertado decir que hu�s.
Con el miedo atenazando vuestros corazones, la angustia oprimiendo vuestras gargantas y la desesperaci�n reflejada en vuestros anta�o inocentes ojos, ascend�is por el sendero que abandona el desfiladero, donde vuestros compa�eros acaban de caer y donde vosotras mismas hab�is estado a punto de perder la vida.
Mientras avanz�is r�pidamente, resbalando en la tierra del camino, temiendo ser descubiertas, no pod�is evitar lanzar una �ltima mirada atr�s. Y lo que veis os llena a�n m�s de terror.
Haciendo temblar el suelo a su alrededor se mantiene inm�vil un platillo de 15 metros de di�metro. Una nave extra�a: negra como el fr�o abrazo de la muerte; oscura como ese tenebroso rinc�n bajo vuestra cama cuando erais peque�as. Porque as� es como os sent�s ahora en este mundo, como temerosas ni�as en una terrible noche perpetua, como adorables criaturas lanzadas a una perversa realidad para la que sus limpias mentes a�n no est�n preparadas.
Un silbido os hace mirar nuevamente atr�s. Bajo la nave ha aparecido una Iguana. Majestuosa, imponente, aterradora. "Ssssitai ssssuu'k", ruge el ser hacia el interior de la cueva cuyo s�lo recuerdo os trae dolor. Y desde dentro algo, que vosotras llam�is Chupacabras, contesta en su mismo idioma. Y a vuestro alrededor, desde las bocas de las cuevas que dej�is atr�s, os parece escuchar tambi�n una respuesta en ese mismo lenguaje. �Capt�is alg�n matiz?. �Es la respuesta fr�a y cautelosa, tanteando el terreno frente a lo desconocido?. �Es violenta y desafiante, lanzada a un antiguo y mortal enemigo?. �O por el contrario es alegre y armoniosa, recibiendo la visita de un viejo amigo?. O acaso dentro del resto de cavernas no hay m�s que fr�o y humedad y os confunden los sonidos del viento jugando entre las rocas.
En cualquier caso, segu�s corriendo. Casi sin aliento sub�s a los jeeps y aceler�is, rumbo a Lumberton, rumbo al motel, para recoger todas vuestras pertenencias y abandonar esta nefasta tierra antes del anochecer.
Varias horas despu�s conduc�s rumbo a Colorado, buscando un avi�n de vuelta a casa. Con el terror impregnado en vuestro cuerpo, mir�is nerviosas el reloj. Dos horas para anochecer; aceler�is un poco m�s y volv�is a mirar el reloj. Realmente tem�is que llegue la noche, que la oscuridad despierte a una horda de seres que os persiga. Tal vez un golpe de "algo" que aterriza en el techo de vuestro veh�culo, unas poderosas garras que rasgan el metal y una repugnante boca que os muerde mientras os arrebata la vida. Pero nada de eso sucede.
Lleg�is sin problemas a Alamosa, temblando, observando el cielo nocturno con temor. A�n as� las c�lidas luces de la ciudad os proporcionan algo de tranquilidad y decid�s pasar la noche en un buen hotel.
Intent�is dormir. Pero las pesadillas est�n ah�, acechando. Cerr�is los ojos y veis los cuerpos mutilados de vuestros compa�eros que os suplican ayuda, que os ruegan que no les abandon�is. Os despert�is en la penumbra de la habitaci�n y, por un momento, atisb�is perversos pares de ojos rojos que os vigilan hambrientos. En esa oscura esquina, junto a una silla, hay uno; tras la puerta entreabierta del ba�o acecha otro. Sombras de un pasado reciente que os torturan.
Por fin os sent�is las tres y habl�is. Sab�is que hicisteis lo correcto, que era necesario que alguien sobreviviera para salvaguardar la informaci�n obtenida, y que intentar ayudar a vuestros compa�eros era in�til, a menos que tambi�n quisierais acabar con vuestra vida. Pero, inevitablemente, el dolor os aplasta como una fr�a losa de granito, la culpa os rodea como un asfixiante oc�ano, el remordimiento os devora las entra�as como un... "Como un Chupacabras", pens�is amargamente, y el tr�gico recuerdo de estos seres os inquieta de nuevo. Reflexion�is: "�Ante qu� hemos ca�do?. �Son sirvientes?. �Soldados?. �Juguetes o mascotas, quiz�?".
Y cualquier respuesta os hace temblar. Porque si los Chupacabras son sirvientes, �cuan perversa es la naturaleza de sus amos?. Porque si son soldados, �cuan terribles son sus generales?. Porque si son juguetes, mascotas, �cuan depravados son aquellos a los que entretienen?.
Al amanecer sal�s del hotel y tom�is el avi�n hacia Minneapolis. Al fin en casa. Descanso, tranquilidad, unos d�as para intentar in�tilmente apartar los nuevos fantasmas.
Dos d�as despu�s recib�s una llamada del ranchero Ernesto Johnson. Preocupado por vuestra suerte, comprende vuestras explicaciones de que es mejor dejar estar el asunto y sufrir la p�rdida de ganado con resignaci�n. Pero tiene nuevas noticias: tan gradualmente como empez�, la oleada ha cesado. Y hace ya varias noches que no hay luces rojas, ni haces de luz, ni lejanas explosiones. No os explic�is por qu� es as�, pero sab�is que no es por obra vuestra.
Ernesto tambi�n tiene tristes noticias. El rancho de los Foster ardi� hace varias noches y toda la familia, padre, madre e hijo, murieron en el incendio. "Al menos no sufrieron", se resigna el ranchero, "El humo les asfixi� mientras dorm�an".
Y sab�is que no es as�. Os cuesta poco imaginar la desesperaci�n del se�or Foster mientras falla el disparo contra ese demonio imposible que, desde el aire, se le viene encima. Pod�is ver el terror de la se�ora Foster, oyendo los gritos de agon�a de su esposo, intentando marcar el n�mero de la polic�a sabiendo que algo acaba de entrar ruidosamente en la cocina y se acerca apestando a muerte. E, indudablemente, sent�s el miedo primordial del peque�o Foster, quien se despierta asustado por los alaridos de su madre y se refugia en lo m�s profundo de su armario, s�lo para ser alzado por un terrible monstruo y arrastrado al vac�o, m�s all� de la ventana.
"S�", contest�is a Ernesto Johnson, "Fue una suerte que murieran mientras dorm�an". Y colg�is. Y sentadas en el suelo llor�is en silencio. Por ellos, por vosotras y por el resto del mundo. Dec�s: "�Para qu� contarle la verdad a Ernesto?. �Por qu� no dejar que siga al margen de la t�trica realidad de este mundo?". Pens�is: "�Cu�nto tardar� todo esto en alcanzar a nuestras familias?. �Cu�ndo nos aislar� del resto del mundo este torbellino de horrores, conspiraciones y traiciones?".
Entonces mir�is alrededor y veis que ya est�is aisladas, solas. Veis que hacen falta dos manos para contar el n�mero de compa�eros que han muerto por el camino. Ahora comenz�is a entender por qu� Joseph Brooks se divorci� de su esposa y abandon� a sus amigos; por qu� el senador Alfred Capshaw perdi� a su familia; por qu� los directivos de las Empresas Harloz se retiraron del mundo exterior. Tal vez todos hab�is visto parte de la Verdad, de la aut�ntica realidad del Universo. Quiz�s vosotras, los agentes de Majestic-12, del Grupo o del bando "bueno" no sois tan diferentes. "Excepto por los asesinatos, los atentados y las maquinaciones", pens�is acertadamente.
Pero est�is en el mismo bando: el bando de los que han llegado a conocer la Verdad y no pueden volver atr�s. Y pens�is amargamente: "Tal vez la Verdad es s�lo patrimonio de los malditos y de los condenados".
Y apag�is las luces y, al fin, dorm�s, pero tenebrosos misterios a�n por conocer hacen que os remov�is inquietas en vuestros sue�os. Y en alg�n lugar del mundo, en ese instante, nuevos horrores abren los ojos y observan �vidamente a su alrededor.

LA VERDAD OCULTA - Juanjo González - 2001
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