Para quienes dedican sus esfuerzos
a hacer ciencia honesta y tratar de desentrañar los misterios de la
naturaleza de la mejor manera posible, siempre resulta sorprendente
conocer la gran cantidad de sujetos que a lo largo de la historia se han
dedicado a engañar a sus contemporáneos sobre la base de supuestos
resultados científicos. Algunas veces con el ánimo de mejorar su
posición social; otras, solo por ganar dinero.
Aún en la actualidad, algunos
aparecen esporádicamente y, creyéndose más “listos” que los demás, se
esfuerzan por sobresalir a base de engaños. Es importante conocer estos
casos pues, como se dice: “más vale precaver…”. De ahí que nuestro
propósito sea presentar algunos de los personajes más ‘sonados’ que han
aparecido en este siglo XXI asociados a fraudes científicos.
Comenzaremos por el físico Jan Hendrik Schön.
Jan Hendrik Schön, el joven productivo
Durante varios años los
especialistas dedicados a las investigaciones en estado sólido en todo
el mundo –nuestro país incluido – se interesaron y trataron de
reproducir los resultados obtenidos por la Lucent Technologies de los
laboratorios Bell sobre electrónica orgánica.
Un conjunto de artículos
publicados en revistas científicas reconocidas describía una técnica
novedosa que daba la posibilidad de construir transistores de molécula
única, así como superconductores y láseres a partir de materiales
orgánicos, algo no visto hasta el momento. Los resultados fueron lo
suficiente importantes como para merecer premios y ser reflejados en
revistas reconocidas como, por ejemplo, Physics Today en mayo y
septiembre de 2000 y enero y octubre de 2001.
Uno de los autores, Jan Hendrik
Schön, apareció en una relación de 2001 como un autor
que publicaba un artículo novedoso cada ocho días. Ese mismo año reportó
el ensamblaje de moléculas orgánicas para crear un circuito eléctrico a
nivel molecular que se comportaba como un transistor. Era este un
resultado revolucionario, que podría ser el comienzo de la transición de
la electrónica basada en el silicio a la basada en componentes
orgánicos, con dispositivos aún más pequeños, rápidos y baratos que los
actuales.
Un elemento vital para construir
estos dispositivos era una capa delgada de óxido de aluminio que Schön
incorporaba fuera de los Laboratorios Bell, en las instalaciones de la
Universidad de Konstanz, en Alemania. No obstante, aunque el equipo y
los materiales que utilizó eran de uso común en muchos laboratorios en
todo el mundo, otros grupos de investigación nunca lograron reproducir
los resultados de Schön; en particular, las capas de óxido con la
calidad similar a las reportadas por él.
La ‘piedra de toque’ o
esencia de cualquier investigación científica es la reproducibilidad.
El resultado que no puede ser reproducido por otros grupos de
investigación en otras locaciones y bajo diferentes entornos, no puede
considerarse válido. Entonces: ¿Qué estaba pasando? ¿La técnica empleada
por la Lucent Technologies era muy difícil de dominar? ¿O sería que algo
andaba mal?
Más fácil se atrapa a un mentiroso…
A principios de 2002 algunos
físicos de los laboratorios Bell y de otros lugares llamaron la atención
de la dirección acerca de varios conjuntos de gráficos, publicados en
artículos diferentes, que tenían una similitud sospechosa.
Dos científicos que trabajaban en
una patente sobre litografía notaron que había datos duplicados en un
artículo. Una investigadora de la Universidad de Princeton vio que dos
experimentos realizados a temperaturas muy diferentes presentaban el
mismo nivel de ruido de fondo (que se sabe cambia notablemente con la
temperatura). Otro encontró el mismo nivel de ruido en un tercer
experimento. Y estos mismos investigadores, ya preocupados y con dudas,
al profundizar descubrieron más datos duplicados en otros trabajos de
los mismos autores.
Las sospechas recayeron de
inmediato en Jan Hendrik Schön, participante clave en las
investigaciones y único autor común a todos los artículos en cuestión.
Schön había sido el responsable único de aplicar las capas aislantes de
óxido de aluminio, cruciales para los dispositivos, utilizando una
máquina de pulverización o sputtering catódico en su antiguo
laboratorio de doctorado en la Universidad de Konstanz, en Alemania,
lejos de sus colegas actuales. Con pocas excepciones, fue él quien
realizó las mediciones de caracterización y también escribió los
artículos.
Tras enterarse del hecho de las
cifras repetidas, la gerencia de los Laboratorios Bell convocó un comité
que incluía investigadores de varios laboratorios y universidades para
investigar el asunto. Según la directora de investigaciones de ciencias
físicas en Bell Labs, la gerencia tuvo conocimiento de algunos problemas
con el trabajo de Schön en el otoño de 2001, pero en ese momento
atribuyó los problemas a falta de información y al mal mantenimiento de
los registros, y no al fraude.
Schön trabajaba en el campo de la
materia condensada y la nanotecnología. Obtuvo su doctorado (PhD) en
1977, en la Universidad de Konstanz, y pasó a trabajar a los
Laboratorios Bell en New Jersey, EE.UU., donde las investigaciones sobre
semiconductores tradicionales de silicio estaban siendo reemplazadas por
materiales orgánicos cristalinos, ya que algunos de estos materiales
pueden conducir la corriente.
En un transistor de efecto de
campo de silicio la conductancia puede cambiar de encendido a apagado (on/off)
muy rápidamente; esta es una función básica en el campo de la
electrónica. Los resultados de Schön reportaban cambios espectaculares
en el comportamiento on/off en materiales orgánicos, mucho
mejores que los obtenidos hasta el momento en el silicio. Además, en
otros casos, sus mediciones confirmaron predicciones teóricas; por
ejemplo, que los materiales orgánicos podrían mostrar
superconductividad, o se podían utilizar para construir láseres.
Junto a sus colaboradores, entre
2000 y 2001 publicó 16 artículos en las afamadas revistas Nature
y Science. También ganó los premios Otto-Klung-Weberbank
de Física y el Premio Braunschweig en 2001, así como el Premio al
Investigador Joven Destacado de la Materials Research Society
en 2002.
Sin embargo, ese mismo
año 2002 el comité de los laboratorios Bell encontró que
algunos de sus resultados eran simplemente inventados, en no
menos de 16 ocasiones. Estos hallazgos resultaron en una
humillación pública no solo para Schön y sus colaboradores;
también para sus empleadores y las juntas editoriales que
publicaron sus trabajos.
Laboratorios Bell hizo
público un informe de 127 páginas a fines de septiembre. El
comité examinó 24 denuncias (que involucraban 25 artículos
científicos) y concluyó que Schön había cometido mala
conducta científica en 16 de esos casos.
“La evidencia de que
la manipulación y la tergiversación de los datos se produjo
es convincente”, concluyó el informe. El comité también
encontró que seis de las ocho acusaciones restantes eran
“preocupantes”, pero “no proporcionaban pruebas
convincentes” de los delitos. Laboratorios Bell despidió a
Jan Hendrik Schön de inmediato.
Tanto va el cántaro a
la fuente…
El comité clasificó
cada denuncia en uno de los tres tipos siguientes:
sustitución de datos, precisión poco realista, o física
contradictoria. Un ejemplo del primer tipo se obtuvo de un
artículo con dos curvas de conductividad, donde los puntos
de una curva eran exactamente los de la otra, divididos por
3.96 (cualquiera que realice experimentos similares
reconocerá sin lugar a dudas que esto es prácticamente
imposible a causa de las incertidumbres típicas en este tipo
de medición).
Uno de los documentos
donde informó de una precisión irreal era un reporte
adelantado (pre-print no publicado) que Schön había
difundido ampliamente, estudiado por muchos, donde describía
su técnica para depositar películas delgadas. El comité
consideró que los datos en ese reporte tenían “un nivel de
precisión estadística que es prácticamente desconocido en
los experimentos de procesamiento”. Para obtener esa
precisión se necesitarían no menos de cinco mil mediciones.
Además, la distribución de voltaje reportada mostró un
ajuste excelente a una curva estadística Gaussiana, aunque
era de esperar otro tipo de curva.
Y como alegación de
afirmación física contradictoria, se encontró una gráfica de
resistencia vs. temperatura de un superconductor,
donde la transición a superconductor era mucho más aguda de
lo cabría esperar para una capa superficial bidimensional.
Resultó que la mayoría de los datos no eran reales. Ante la
confrontación, Schön reconoció haber mejorado la curva
porque “una curva mejorada se vería mucho mejor”.
El comité señaló que
Schön, “con solo una excepción… no ofreció información sobre
resultados o prácticas cuestionadas hasta que se enfrentó
con pruebas documentales”. En una carta presentada en
respuesta al informe del comité, Schön escribió: “No estoy
de acuerdo con varios de los hallazgos y las conclusiones en
el informe del comité de investigación “. Pero… “Admito que
cometí varios errores en mi trabajo científico, que lamento
profundamente”. Y agregó: “Nunca quise engañar a nadie ni
hacer un mal uso de la confianza de nadie”. Schön aún
mantiene que él “observó experimentalmente los diversos
efectos físicos informados en estas publicaciones”.
El comité falló que
los coautores de Jan Hendrik Schön estaban “completamente
exentos de mala conducta científica”. Schön había fabricado
o falsificado datos “de manera intencional o imprudente, y
sin el conocimiento de ninguno de sus coautores”. Sin
embargo, los miembros del comité quedaron preocupados por la
resbalosa cuestión de determinar la responsabilidad
indirecta de los coautores, algo que no pudo ser resuelto en
forma apropiada.
Quien mal anda…
A la anulación del
doctorado se sumó el hecho de que Laboratorios Bell enviaron
una carta a las ocho revistas que publicaron artículos
comprometidos por mala conducta científica. En ella
indicaban que sería responsabilidad de los coautores
individuales retirar los documentos.
La revista Nature
publicó un aviso en la versión electrónica de cada documento
afectado, alertando a los lectores sobre la investigación y
proporcionando un enlace al informe del comité.
Poco tiempo después,
las revistas retiraron prácticamente todos los artículos de
Schön. La lista detallada de artículos retirados (28) y de
otros dudosos (8) en las revistas Science,
Physical Review, Applied Physics Letters,
Advanced Materials, y Nature se puede
consultar en wikipedia.com en inglés, bajo el título “Schön
Scandal”.
En cuanto a las
patentes basadas en los hallazgos en cuestión, Laboratorios
Bell retiró de inmediato seis solicitudes de patentes
relevantes en los EE. UU. y las correspondientes solicitudes
en el extranjero. Tras el escándalo, la Universidad de
Konstanz le retiró a Schön el título de PhD por conducta
indigna.