SEMINARIO

 

Desafíos actuales de la Radiofonía Local

 

UNIVERSIDAD CATOLICA DE LA SANTISIMA CONCEPCION

 

NUEVAS FORMAS DE PRODUCCIÓN EN RADIO:  UN DESAFÍO A LA CREATIVIDAD

 

Prof. Juan Domingo Ramírez C.

Concepción, octubre de 1997

 

¿Hacia dónde va la radio? En diversas instancias siempre que nos hacemos esta pregunta terminamos conversando de lo que significa hacer radio. Lo entretenido es que cuando creemos encontrar una respuesta, nos surgen más y más preguntas. Es que, al preguntarnos qué ponemos durante más de 15 horas de transmisión, no es posible encontrar respuestas sin antes reflexionar sobre comunicación, las opciones sociales y políticas o las formas de ver la realidad.

 

Hacer radio no es poner música y sentarse a hablar detrás de un micrófono. Esto que digo, de cierto perogrullo, es comprobado semestre a semestre por mis alumnos, quienes sufren al tener que sustentar programas estéticamente hermosos con las ya clásicas preguntas CUALES SON LOS OBJETIVOS DEL PROGRAMA, PARA QUE LO ESTAMOS HACIENDO o CUAL ES EL PUBLICO OBJETIVO.

 

Si alguien vino a escuchar alguna fórmula mágica no encontrará eso. Lo que quiero es que reflexionemos juntos, miremos qué es la radio, para poder -finalmente- vestirla con eso que se llama PROGRAMAS

 

 

El componente comunicacional

 

 

Para iniciar esta conversación debemos tener claro que existen dos conceptos que son diferentes, pero que suelen ser usados como sinónimos: INFORMACION y COMUNICACION. La primera, la INFORMACION es un proceso de traspaso de datos que nos permiten sobrevivir y dominar el ambiente. COMUNICACION, en tanto, es un proceso de entendimiento, de interacción con otros. Por eso, la comunicación es una acción propiamente humana.

 

A través de la COMUNICACION yo revelo no sólo lo que conozco, sino que entrego al otro mi interioridad. Y hay comunicación cuando existe esta revelación constante. Y, cuidado con ver estas definiciones como idealistas o utópicas. Sólo recuerden cómo los medios de prensa y los periodistas nos vanagloriamos de ser educadores y de proporcionar la materia prima para que la gente pueda tomar decisiones. Diferente es el cuento si los medios cumplen o no con esa misión.

 

Desde esta perspectiva comunicacional, cuando hablamos de programas en una radio nos referimos a contenidos. Y esos contenidos -para que sean comunicación efectiva- deben ser lo más cercanos posibles a nuestro público y cumplir con esta función de diálogo. En caso contrario, puede haber audiencia... pero difícilmente habrá comunicación.

 

Quiero ejemplificar con los resultados de una investigación hecha en las regiones Novena y Décima. Al analizar cómo llegaban los productos comunicacionales del Ministerio de Agricultura a los campesinos -junto con un equipo de la Universidad Austral- hicimos unas interesantes comprobaciones.

 

La estrategia comunicacional hacia estos sectores ha sido vertical y jerarquizada. Es decir, hay una comunicación lineal desde un EMISOR que controla la información y todo lo sabe, a un RECEPTOR estático, objeto del proceso, y no sujeto. Este receptor puede estimar que ha satisfecho sus necesidades comunicacionales, pero lo ha hecho a través de la "interpretación" de la realidad que para él efectuaron el emisor y un actor que selecciona los mensajes.

 

La verticalidad provoca que los mensajes se alejen del espacio de experiencia del receptor, perdiendo su efectividad. En otras palabras, se habla en lenguajes y contextos distintos. Pero hay un efecto más peligroso aún: se crea la sensación de que estamos comunicados, sensación que algunos publicistas saben manejar muy bien.

 

El estudio a que aludí dio como resultado -en la parte radio- que los programas para campesinos editados en Santiago tenían audiencia, eran escuchados; sin embargo, su contenido -es decir, el mensaje- no tenía aplicación práctica en gran parte de los encuestados.

 

¿Qué quiere decir esto?

 

Simplemente que, para comunicarme yo tengo que distinguir entre el proceso mecánico de pasar información y la participación de diálogo que ocurre entre las personas que intervienen en los procesos, a la que denominaremos el deber ser de la comunicación.

 

Así, no hay emisores ni receptores, sino interlocutores que se reúnen en la radio. Sus mensajes existen en un contexto que es su historia, su sociedad, su cultura. Ese contexto afecta a la forma en que dicen las cosas y a la forma en que se recibe. Es decir, hay circunstancias, experiencias, vivencias, sentimientos e ideas que enmarcan nuestras relaciones comunicacionales. Y más a fondo, hay un ALGO que quiero decir cada vez que me comunico.

 

La efectividad de la comunicación -o diálogo- será mayor mientras más cercanos sean los contextos en los que ambos se mueven.

 

Y esto no es teoría pura, sino sentido común. Contexto es hablar de lo nuestro, de lo cercano, de lo propio. Y esto, en la vida diaria, es importante. O si no, sólo observen las manifestaciones de desarraigo en megaciudades como Santiago y los esfuerzos que se hacen para darles un sentido, para crear lugares de encuentro.

 

Pero... porqué si la radio puede recobrar esos espacios no lo hace o lo hace en forma deficiente?

 

Creo que hasta ahora hay respuestas simplistas al tema. Se habla de los recursos y del profesionalismo. Yo hablaría de un sistema dominante y de centralización.

 

El sistema bajo el cual nació nuestra radiodifusión es un sistema comercial; y esta constatación no es un descubrimiento sino que nos permite entender porqué no podemos hacer programas como lo hace la BBC o la radio Netherland. Y es, sencillamente, porque esos países -y Europa, en general- partió definiendo a la radiodifusión como un servicio público y no un negocio. Y así se desarrolló. En cambio, Chile eligió un modelo comercial, que exige financiar a través de la publicidad. Y en ese escenario debemos movernos.

 

Y usé el término centralización para referirme a un fenómeno que ataca a nuestro país y a nosotros mismos, cual es el de la concentración no sólo en materia de economías y recursos, sino a un nivel sicológico y sociológico. Todos miran hacia el centro y las emisoras no están ajeno a ello. Las programaciones se copian, los públicos no quieren cambios y las ideas locales son miradas como inferiores. Este fenómeno también se da a nivel profesional ¿cuántos alumnos quieren quedarse? ¿Cuántos confían de corazón que el tema de la radio regional puede dar para vivir?

 

Así, en términos muy gruesos podemos decir que la Comunicación no la podemos concebir sin entender la cultura. Y a esta la definiremos como los modos específicos de ser de las personas que integran las comunidades. De este modo, los medios de comunicación que están al servicio de las personas, lo están al servicio de la cultura y, por supuesto, del desarrollo.

 

Comunicación, cultura y desarrollo: ¿y la radio?

 

Hace un momento me referí, en abstracto, a los modelos verticalistas y cómo influyen en la calidad de la información. En el verticalismo se observa en cómo recibimos la información en nuestras regiones. ¿Cuánto de nosotros sabemos a través de los medios colectivos de comunicación? ¿Nos ha hecho más poderoso el cable, otro canal de televisión o un diario? ¿No será, entonces que esta avalancha de medios sólo está replicando informaciones en las cuales no somos sino actores de un secundario reparto, en una película en la cual nada tenemos que ver?

 

Saber de Santiago, de otras regiones, del mundo, acrecienta el valor de mi ser. Lo que no podemos hacer es creer que el crecimiento cuantitativo de los medios sea síntoma de bienestar comunicativo. La comunicación efectiva la concibo sólo desde la perspectiva del entendimiento humano: hay comunicación sólo cuando ésta contribuye al crecimiento y desarrollo de las personas.

 

Creo, también, que -para bien o mal- los medios masivos van perdiendo las posibilidades de ejercer esta comunicación al no lograr recatar lo cotidiano, aquello que hace que nos sintamos reflejados en ellos.

 

Claro que difícilmente podríamos pedirle que cubran nuestra cotidianeidad a los medios masivos de circulación nacional. Pero si es tiempo que se lo pidamos al menos a los medios locales y a nosotros mismos, como mirada profesional, ya que eso es lo que en definitiva, nos congrega aquí.

 

Pero hay otro punto de quiebre, que no es más que el reflejo de otra convulsión que afecta a nuestra sociedad. Se trata de la dicotomía GLOBALIZACION versus LOCALIDAD.

 

Sin duda que la globalización de los medios, su tecnologización, nos proporciona un acceso inigualable a la materia prima del poder: a la información. Si nos detuviésemos sólo en este punto, podríamos llegar a la afirmación -sostenida por algunos investigadores- de que hoy vivimos en una sociedad más justa, que proporciona mayores oportunidades de repartir el poder, porque los medios masivos de comunicación son variados y las alternativas, las opciones del público, son casi infinitas.

 

Dicha afirmación es falsa. No porque yo pueda ver más canales de televisión, conectarme al cable, elegir entre varios diarios, soy más libre o tengo más poder. La situación es bastante más compleja para solo verla desde esta perspectiva.

 

Hoy nos enfrentamos a un mundo global, donde el mismo concepto de la realidad necesita una revisión. Y quien no lo estime así, intente meterse en el enredo que significa las palabras REALIDAD VIRTUAL. Pero, vamos por parte. La globalidad parece ser hoy una imposición: nuestra economía tiene que ser global, las relaciones globales, los medios globalizantes. El ataque de las llamadas radio satelitales no es sino una expresión de esta globalidad. Todo está aquí, gracias a la tecnología, de la cual hemos pasado a ser objetos y no usuarios.

 

La globalización que vive nuestro país cojea por todos lados. En materia radial, por ejemplo, la globalización no tendría por qué ser versus -en contra - de la localidad. Una radio satelital -es decir, de cobertura nacional- podría tener espacios de producción local, como lo es en otros países, ya sea por necesidad propia u obligación legal.

 

¿Por qué no lo hace? Veamos nuestro panorama social y nuestra historia. No podemos esperar un modelo descentralizado radial, si nuestro país tiene un sistema centralizado. No podemos esperar servicio público de un medio que en su génesis es una empresa comercial.

 

Y este problema va más allá de nuestra posibilidad, pero no por eso es ajeno a nosotros.

 

Y... ¿cuando hablamos de programación?

 

La programación radial chilena, salvo honorables excepciones, es estandarizada y homogénea. Parece que responde sólo a una línealidad del pensamiento; es como si estuviésemos viendo en esa programación todos los pre-juicios -o sea, los juicios preformados- de nuestra sociedad. Veamos: la madrugada es noticiosa; la mañana es para la mujer; la tarde para los jóvenes y la noche, con más baja audiencia, para el que podamos atrapar.

 

Sobre una base de 17 horas de programación, este es el esquema clásico:

 

 

HORAS

 PROGRAMAS

 DESTINATARIOS

 

07:00 a 08:00

 Noticias matinales

 Amplio

 

08:00 a 09:00

 Deportes

 Masculino

 

09:00 a 13:00

 Bloque matinal

 Dueña de casa (oficinistas)

 

13:00 a 14:00

 Noticiario del mediodía

 Amplio

 

14:00 a 15:00

 Deportes

 Masculino

 

15:00 a 19:00

 Bloque de tarde

 Jóvenes

 

19:00 a 20:00

 Noticias nocturnas

 Amplio

 

20:00 a 24:00

 Bloque nocturno

 Variado (compañía)

 

24:00

 Noticias de cierre

 Amplio

 

 

 

Como podemos observar -y pido disculpas a quienes no trabajen así- la homogeneidad es tremenda. Nadie se sale de los estilos preconcebidos. Y quien lo hace, corre peligro: no llegan avisos, las publicitarias se asustan: nadie en este mercado quiere comprar sin calar.

 

Hay una falla tremenda en nuestras programaciones. Y cuando hablamos de innovar, todos vamos hacia el mismo lado. Si escuchamos los programas juveniles en su mayoría se trata de copias del estilo Rock&Pop -con el Rumpy incluido- que a la vez es una copia de radios argentinas, que a la vez es una copia de radios estadounidenses....Es decir, la pregunta aquí es ¿qué tienen de originales nuestros programas juveniles? ¿Cómo se contactan con nuestros auditorios? ¿Por qué seguimos usando el concepto de receptores, como si todos los que están al otro lado del micrófono son inactivos e impensantes?

 

Aquí hay un choque entre la teoría, las cifras y la realidad. Al menos dos investigaciones del consorcio COPESA y la PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DE CHILE, han demostrado la potencialidad del medio, tanto a nivel de cantidad de auditores como en credibilidad y horas de escucha. En la Universidad Austral comprobamos en trabajos e investigaciones esta realidad: la hermosa relación que existe con las emisoras locales, traducida en las cartas que llegan a las emisoras, los mensajes de compras y ventas, de visitas, de nacimientos y muertes.

 

La Radio es para esas comunidades un lugar de encuentro, de diálogo. Y eso, de manera tal vez poco sistemática, muchas emisoras locales lo están desarrollando.

 

Es entonces, la cotidianidad, lo diario, lo que pasa a ser importante. Es el verse de la gente en los medios, es el deber ser de la comunicación lo que resalta.

 

Allí, en esa radio, desaparecen ciertas conceptualizaciones rígidas, y surgen otras que debemos estudiar. las definiciones de noticia cambian: ¿qué es noticia en una comunidad pequeña? ¿es lo mismo que para una radio de cobertura nacional? ¿qué estamos ofreciendo, entonces, como comunicadores -y en mi caso, como comunicador radiofónico- en la formación de los alumnos que los haga permeables a esta realidad?

 

Yo decía al comienzo que no podía dar recetas. De darlas, me estaría contradiciendo en este tema de la libertad y de encontrar espacios para cada cual en la radio. Lo que puedo decir es que deberíamos pensar en el público y en sus reales necesidades a la hora de programar. Y ser capaces de inventar programas, perderle el miedo a las innovaciones y al romper esquemas.

 

La heterogeneidad es la vida en si misma. Y si de vida se trata, la radio es el medio por excelencia, dispuesto a prestarnos su técnica para vernos a nosotros mismos. Por lo demás, romper esquemas es un buen negocio. En una capacitación que di en la Novena Región, escuché con mucho gusto a empresarios radiales decir que estaban dispuestos a innovar. Pero su gran problema -nuestro problema- es que les faltaban buenas ideas, ideas responsables, ideas profesionales.

 

Creo, entonces, que las tendencias se hacen con creatividad, pero también con un sustento teórico como el que he presentado. Y quiero dar ejemplos concretos de cómo se puede lograr el equilibrio entre la necesidad de financiarse y ser creativos. Esto comienza con el uso de formatos novedosos, y bajo la conceptualización de creer que al otro lado hay una persona inteligente.

 

En Temuco desarrollé junto a los alumnos un proyecto de radio interna. Con sobresaltos, pero con cariño, se logró sacar al aire varios programas que hablan lo propio, con lo bueno y lo malo que tenemos.

 

En la Universidad Austral hicimos un conjunto de de producciones publicitarias para el proyecto Valdivia Ciudad Saludable. Recatando el olvidado formato de las dramatizaciones, rescatando el lenguaje cotidiano y los ejemplos de la vida diaria, hablamos de Salud, de Tránsito, de Hábitos alimenticios, entre otros temas.

 

Asimismo, confeccionamos spot para la radio de la Universidad Austral, de promoción de carreras de la Universidad.

 

Con docentes y alumnos, trabajamos el año pasado en un proyecto Fondart de recopilación de cuentos y leyendas de la Décima Región continental. Luego de la búsqueda del material, adaptamos y grabamos dramatizaciones de siete minutos cada una, destinadas a que los niños de nuestra región se encuentren con su cultura.

 

Sólo en estos pequeños proyectos hemos movido interesantes recursos que han permitido a estudiantes ganarse la vida, a periodistas generar una nueva visión de la profesión y a nosotros, decir que lo que hablamos tiene un asidero real. Lo que quiero decir es que, aunque no se crea, la creatividad es rentable.

 

Es en este contexto que debemos mirar las nuevas tendencias. No olvidemos, como se ha dicho, que los arquitectos de nuestro destino somos nosotros. Las tendencias no vienen de afuera, las hacemos nosotros.

 

Podemos adaptar, copias, alquilar, hacer leasing con las tendencias, pero -finalmente- somos nosotros los que hacemos el día a día de la radio.

 

No es casualidad que ahora esté en boga el tema de la Radio de Mínima Cobertura. ¿Por qué? Ojo empresarios, piensen porqué la gente quiere tener una radio ¿será acaso que no se están viendo representados en lo que escuchan? Por favor, alejemos el fantasma de que estas radios son revolucionarias, o políticas. Estas radios están surgiendo por un problema de representación, por un problema de comunicación.

 

En Chile la tendencia de la programación radial es, lamentablemente, a la igualdad, a la homogeneización. Y con ello perdemos todos. Y me asusta que a pesar de poder ver y reconocer este fenómeno, estemos sufriendo el síndrome de la Familia Feliz, en que aseguramos y porfiamos que no hay problemas, que todo está muy bien, hasta que todo se derrumba.

 

 

Hacia el cierre

 

 

¿Cuáles son los principales problemas para poner en práctica esta visión? Lo principal es un problema de formación general y de visión de nuestro quehacer. Creo que ha llegado la hora que las Escuelas de Periodismo entren a una fase de análisis y de modernización. Hay que abrir las entendederas, como decía un abuelo.

 

En lo netamente radial, debe recobrarse la capacidad de elaborar mensajes orales. A pesar de que nuestra comunicación es básicamente hablada, se nos hace difícil poner en un papel un mensaje destinado a ser escuchado.

 

Y es que nuestro entrenamiento -ahora un poco menos, por los efectos de la televisión- ha estado destinado a la producción de mensajes escritos y elaborados para ser leídos. Asimismo, el hecho de que el lenguaje oral sea natural (todos lo tenemos), mantiene la creencia que en la Radio se habla y nada más.

 

Mario Kaplún señala que "la radio es vista como un vehículo para difundir un mensaje (educativo, político, científico, religioso, etc.); un vehículo dócil y sumiso, que se limita a esparcir la voz a la distancia y diseminar información. Para el educador, una gran aula; para el sacerdote, un inmenso templo; para el político, una enorme plaza pública.

 

En todos los casos, lo que importa es lo que se quiere comunicar. El medio es considerado tal sólo eso -un medio, un canal, un transmisor." Hay aquí uno de los primeros errores. No basta con tener algo que decir, hay que saber decirlo.

 

Las investigaciones señalan que todos los mensajes son afectados por el medio en que son transmitidos. El medio radiofónico impone ciertas reglas a la elaboración del mensaje, para que este sea efectivo. No basta que la radio sea un medio, debe aprenderse a usar el instrumento radiofónico.

 

Y eso es técnica, arte y cariño.

 

Escribir mensajes para radio es hacerlo para el oído y no para el ojo. Este último nos permite repasar, volver sobre el texto, guardar; es decir, entre texto y visión hay una relación espacial que permite volver sobre el mensaje, entre otras características.

 

La Radio es un paso constante en el tiempo. El auditor no puede volver atrás en la comprensión del mensaje, lo que debilita su posición frente a la comprensión.

 

Una cosa que quizás ustedes hayan experimentado. Cuando se lee un texto, se maneja una relación entre la palabra y la razón. En cambio, el mensaje radial nos permite asociarlo más directamente con las emociones, la evocación, el recuerdo.

 

Esto nos lleva a un tema de conciencia y de reconocimiento. Lo primero que hay que hacer es liberar al auditor de los cargos de no entender un programa o una noticia. Si queremos encontrar culpables miremos a quienes elaboran los mensajes radiofónicos. ¿Sabrán lo que están haciendo? ¿Usarán las técnicas adecuadas?

 

Pero, volvamos a esto de los programas. Otro buen amigo, Ignacio López Vigil, nos entrega varias propuestas para hacer que nuestros programas sean de interés y que cumplan con los objetivos que nos proponemos, en el sentido de asegurar la función de comunicar.

 

Entre otras propuestas para modernizar nuestras programaciones, López Vigil dice que los nuevos espacios deben ser:

 

Utiles: basta de rellenar espacios. El auditor se merece más que una animación de lectura de revistas o diarios. La información debe ser cada vez más pertinente.

 

Humorísticos: la gente tiene problema y quiere que la radio cumpla con su función de entretención, la que no está sólo en la música.

 

Lúdicos: el auditor debe jugar con los sonidos.

 

Calientes: se refiere a programas de actualidad, que generen debate, que hagan pensar, que sean polémicos.

 

Sensuales: los programas deben ir a los sentidos, deben aprovechar la capacidad de la radio para crear imágenes auditivas.

 

Imaginativos: jugar es imaginar y esto no tiene costos. Pensar, hasta ahora, es gratis. La fantasía debe ser un componente de nuestra creatividad radial.

 

Creo que es bueno, antes de ir terminando hablar de algunas propuestas:

 

Es necesario profesionalizarse en el tema de la radio. Una alternativa es que los profesionales trabajen los temas de las productoras radiales y las empresas -así como lo hace la televisión- comiencen a analizar esta posibilidad.

 

Innovar en el tema del financiamiento de las radios. Si la publicidad está saturada ¿no existen otras formas para financiar un medio? Las hay, pero hay que ser creativo. En el área escrita, por ejemplo, nadie se imaginaba hace unos años que una revista pudiese ser regalada y que no cobrara por sus avisos. ¿Cómo se hace? Las Dato aviso no cobran por ciertas publicaciones y se entrega gratis. Su financiamiento son los avisajes segmentados, en público y espacio.

 

Programaciones creativas y de mayor heterogeneidad. Si nuestra relación con la cotidianedad es variada, la radio también puede ser mucho más variada. En Valdivia hubo en el verano una experiencia de dos radios en una. Por el día desarrollaba un cierto estilo y, a eso de las 11 de la noche, la radio 1 terminaba sus transmisiones y a las 11 y un minuto, aparecía la Radio Pirata, con un locutor estrella y con cientos de llamados. Fue un excelente negocio usando horas muertas, en una época precisa.

 

Programas especiales, con ciclos y públicos determinados. Hasta ahora, siempre que creamos un programa creemos que es para siempre. Así, desgastamos los esquemas y quemamos los programas. Miren la televisión. Los programas son de 15 ó 20 ediciones y luego se terminan. Siempre hay que dejar sabor a poco. Esto permite, además, diversificar nuestras fuentes de financiamiento y hacer producciones externas.

 

Hacerle caso a mi amigo: buscar en donde nadie busca, trabajaren donde nadie trabaja. Allí está la plata.

 

Quisiera terminar esta mirada un tanto desordenada a las tendencias radiales haciendo un resumen de estas propuestas y de lo que estimo debe ser nuestro desarrollo para adelante:

 

Creo que la Comunicación es una actividad humana, personal, de diálogo y de entrega.

 

Creo que la comunicación está indisolublemente ligada a la Cultura y, a través de ella, a la posibilidad de lograr un Desarrollo, visto como un mejoramiento de la calidad de vida.

 

Creo los medios de comunicación pueden y deben participar en este proceso, pero que antes deben abandonar sus concepciones verticalistas y de que todo lo saben.

 

Creo que es nuestro deber horizontalizar la comunicación, para crear una sociedad más democrática.

 

Creo que la radio es un medio que permite rescatar lo cotidiano, aprovechando su poder de sugestión.

 

Y, lo que es muy importante, creo que es posible ganarse la vida, sembrando sueños, esperanzas y utopías.

 

 

 

Valdivia, octubre de 1997

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