| La
disponibilidad de información respaldada en
datos válidos y confiables es condición sine
qua non para el análisis y evaluación objetiva
de la situación sanitaria, la toma de decisiones
basada en evidencia y la programación en salud.
La búsqueda de medidas objetivas del estado
de salud de la población es una antigua tradición
en salud pública, particularmente en epidemiología.
Desde los trabajos de William Farr en el siglo
XIX, la descripción y análisis del estado de
salud fueron fundados en medidas de mortalidad
y sobrevivencia.1,2 Más recientemente, en parte
como resultado del control exitoso sobre todo
en las áreas de mayor industrializaciónde las
enfermedades infecciosas tradicionalmente responsables
de la mayor carga de mortalidad, así como producto
de una visión más comprehensiva (integral) del
concepto de salud y sus determinantes poblacionales,
se reconoció la necesidad de considerar también
otras dimensiones del estado de salud. En consecuencia,
las medidas de morbilidad, discapacidad y de
determinantes no biológicos de la salud, como
el acceso a servicios, la calidad de la atención,
las condiciones de vida y los factores ambientales
son de necesidad creciente para analizar con
objetividad la situación de salud de grupos
poblacionales y para documentar la capacidad
de las personas de funcionar física, emocional
y socialmente (Figura 1).3 Para facilitar la
cuantificación y evaluación de las diferentes
dimensiones del estado de salud de una población
se utilizan los indicadores de salud. Un indicador
de salud es “una noción de la vigilancia en
salud pública que define una medida de la salud
(por ejemplo., la ocurrencia de una enfermedad
o de otro evento relacionado con la salud) o
de un factor asociado con la salud (por ejemplo,
el estado de salud u otro factor de riesgo)
en una población especificada.”4 En términos
generales, los indicadores de salud representan
medidas-resumen que capturan información relevante
sobre distintos atributos y dimensiones del
estado de salud y del desempeño del sistema
de salud y que, vistos en conjunto, intentan
reflejar la situación sanitaria de una población
y sirven para vigilarla. La construcción de
un indicador es un proceso de complejidad variable,
desde el recuento directo (v.g., casos nuevos
de malaria en la semana) hasta el cálculo de
proporciones, razones, tasas o índices más sofisticados
(v.g., esperanza de vida al nacer).5 La calidad
de un indicador depende fuertemente de la calidad
de los componentes frecuencia de casos, tamaño
de población en riesgo, etc. utilizados en su
construcción, así como de la calidad de los
sistemas de información, recolección y registro
de tales datos. |
Específicamente, la calidad y utilidad de un
indicador está primordialmente definida por
su validez (si efectivamente mide lo que intenta
medir) y confiabilidad (si su medición repetida
en condiciones similares reproduce los mismos
resultados). Más atributos de
calidad de un indicador de salud son su especificidad
(que mida solamente el fenómeno que se quiere
medir), sensibilidad (que pueda medir los cambios
en el fenómeno que se quiere medir), mensurabilidad
(que sea basado en datos disponibles o fáciles
de conseguir), relevancia (que sea capaz de
dar respuestas claras a los asuntos más importantes
de las políticas de salud) y costo-efectividad
(que los resultados justifiquen la inversión
en tiempo y otros recursos).6-8 Los
indicadores deben ser fácilmente utilizados
e interpretables por los analistas y comprensibles
por los usuarios de la información, como los
gerentes y tomadores de decisión. Atributos
importantes de calidad del conjunto de indicadores
son la integridad (que no falte datos) y consistencia
interna (que, vistos solos o en grupos, los
valores de los indicadores sean posibles y coherentes
y no se contradigan).9 En este sentido, la aplicación
sistemática de definiciones operacionales y
procedimientos de medición y cálculo estandarizados
es fundamental para garantizar la calidad y
comparabilidad de los indicadores de salud.2,9
Un conjunto de indicadores de salud con atributos
de calidad apropiadamente definido y mantenido
provee información para la elaboración de un
perfil relevante y de otros tipos de análisis
de la situación de salud de una población.
La
selección de tal conjunto de indicadores y sus
niveles de desagregación puede variar en función
de la disponibilidad de sistemas de información,
fuentes de datos, recursos, necesidades y prioridades
específicas en cada región o país.2 El mantenimiento
del conjunto depende también de la disponibilidad
de las fuentes de datos y de la operación regular
de los sistemas de información, así como de
la simplicidad de los instrumentos y métodos
utilizados.9 El monitoreo de la calidad de los
indicadores es importante porque ésta condiciona
el nivel de confianza de los usuarios en la
información de salud y, con mayor razón, su
uso regular. Este depende también de la política
de diseminación de los indicadores de salud,
incluyendo la oportunidad y frecuencia de su
compilación. Por ejemplo, para que un indicador
utilizado en actividades de monitoreo tenga
relevancia , el tiempo entre la recolección
de los datos necesarios para su compilación
y análisis y su diseminación debe ser corto.8
En este contexto, los indicadores de salud válidos
y confiables son herramientas básicas que requiere
la epidemiología para la gestión en salud. *(Tomado
del Boletín Epidemiológico / OPS, Vol. 22, No.
4 (2001) |