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La Procesión del Silencio

   
   

El Tepeji de la Nueva España, creció alrededor de la construcción edificada por los religiosos franciscanos, misma que sirvió para pacificar dos pueblos vecinos de sangrienta rivalidad: los náhuatl de Tepexic y los otomíes de Otlaxpan.

Se trata de la Iglesia y Ex-Convento de San Francisco de Asís, que aun podemos ver, mas de cuatro siglos después, en el centro de la ciudad. La fecha de construcción es la misma en la que se fundo el pueblo: 8 de Octubre de 1558.

El fruto de la labor franciscana se refleja en el catolicismo arraigado en el espíritu del pueblo tepejano. Remontándonos a tiempos de la Colonia, en el año de 1697, tal y como se asienta en libros originales escritos en español antiguo, se constituye la Hermandad del Santo Entierro de Cristo Señor Nuestro. Con el paso del tiempo, la Hermandad , debido a diferentes causas desaparece hacía fines del siglo XIX. Será hasta el año de 1951 cuando a iniciativa del Ing. José Terré, empleado español de la fabrica "La Josefina" los obreros de la misma fábrica y el Pbro. Pedro Trujillo resurge la agrupación con el nombre de Hermandad del Santo Entierro. La iniciativa de esto fue para organizar una Procesión similar a la que se realiza en Sevilla, España, de donde era originario el Ing. Terré.

Actualmente, esta representación tiene lugar la noche del Viernes Santo y se caracteriza, además de la participación de la Hermandad, porque las escenas de la vida y pasión de Cristo, se presentan por los habitantes de Tepeji en plataformas de traileres que desfilan a lo largo de la Avenida Principal. Para la realización de los Cuadros Bíblicos y como se hace desde los inicios, los preparativos del acto se realizan en el patio de la fabrica "La Josefina" que esta en el centro de la ciudad. El Viernes Santo, desde temprana hora ingresan los camiones, los materiales y el personal que se encargara de la instalación y decoración de los cuadros.

Cada cuadro requiere una inversión aproximada de $3000.- Los cuales son aportados por los participantes y el Comité Organizador así como por cooperación de autoridades, comercios y habitantes en general.

Varias de las escenografías se preparan con días de anticipación y el Viernes Santo, el trabajo se reduce a montarlas sobre las plataformas. A lo largo de la mañana y la tarde de ese día, todo es cortar madera, papel y cartón; clavar, pegar y pintar. Muchos de los que trabajan en el armado de cuadros son quienes encarnan personajes por la noche. A las 18:30 comienza el trabajo de caracterización: aparecen las túnicas, las armaduras de latón, las pelucas etc. Y apoyados también por el recurso del maquillaje van surgiendo los personajes de cada cuadro.

Un promedio de 10 personas es quienes participan en cada escena en la noche, es decir aproximadamente 250 actores improvisados y otra cantidad similar en el contingente a pie.

La procesión comienza a las 8 de la noche en un ambiente rodeado de misticismo y religiosidad popular. Los Cofrades inician su recorrido encabezados por el Cristo de Caña(llamado así, debido al material con que fue elaborado por indígenas en el siglo XVII) imagen a tamaño natural de Cristo crucificado. La Hermandad del Santo Entierro viste hábitos similares a los de los monjes y cubren sus caras con capuchones. El color de los hábitos es amarillo, que significa la alegría y gozo por la resurrección de Cristo. La capa púrpura significa la sangre que derramo Cristo por amor a los hombres. La capucha púrpura con una cruz roja al frente indica el anonimato con que se debe de realizar todo acto de penitencia.

El paso continua con la Urna del Santo Entierro cargada por los penitentes encapuchados y con la imagen de la Virgen Dolorosa y diferentes advocaciones (imágenes en su mayoría de los siglos XVII Y XVIII). A esto siguen los sayones a caballo, y los veinte o veinticinco camiones de Cuadros Bíblicos.

Es imponente el espectáculo porque para el paso del contingente, las luces del alumbrado público y de las casas se apagan y solo lo ilumina las antorchas colocadas en las orillas de las azoteas de la casa y edificios de la Avenida Principal. Además, se impone el sonido de los tambores que marcan el toque de solemnidad que amerita la ocasión.

El espíritu religioso no se ve, pero se vive y se siente, por eso, cuando el Viernes Santo aparezca la Procesión del Silencio, sentiremos gravitar entre nosotros el espíritu franciscano y el alma de nuestros antepasados indígenas, quienes dejaron huella de su cultura en la Iglesia y Ex-Convento de San Francisco.
 


Texto de : Octavio Jiménez, José Antonio Zambrano

(Fuente: Pagina Oficial de Hidalgo, Municipio, Tepeji del Río)

   
         
         
   

   

  

 

 

         

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