| 9. Introducción a los libros poéticos y sapienciales |
| EL
LIBRO DEL ECLESIASTÉS O QOHELET. También en este libro se discutió la canonicidad por parte de los judíos. Al final se asoció a la fiesta de los Tabernáculos, igual que Rut se leía en Pentecostés, Ester en los Purim y el Cantar en Pascua. El libro trata de los problemas cotidianos de los hombres de su tiempo y del nuestro, todo es sometido a la crítica mordaz y a su discurso: "todo vale nada", su afirmación preferida: "Todo es nulidad". Esta es la conclusión de lo que va reflexionando. En este sentido, el libro es como una especie de tratado de vida práctica. Es un monólogo sobre la vida, escrito en una forma muy popular, a veces incorrecta y espesa, con palabras en arameo. El tema al que recurre es el pesimismo ante el mundo, ni siquiera buscar sentido vale la pena. Es escéptico. Todo en la vida es para él vanidad, es inconsistente, la seguridad no existe, las riquezas no dan la felicidad, no te las puedes llevar a la tumba,... El hombre tampoco puede conocer la voluntad de Dios, ni sus decisiones. El ideal es buscar moderadamente el placer, y este placer es concesión divina que tampoco podemos atrapar. También estamos ante un libro difícil de estructurar, una especie de cajón donde se mezcla todo, los intentos por buscar una partición coherente no han acabado de convencer. Es un libro contradictorio, Qohelet habla con el corazón, no con la coherencia. Por eso, este libro nos parece hoy más actual que otros, más posmoderno. El hombre de hoy también es escéptico, está harto de discursos, y se contradice en su fragmentación. La gran dificultad del Qohelet es su interpretación acorde con la revelación en su conjunto. La imagen de Dios y la fe de Qohelet nos desconcierta. Es verdad que no encontramos nada parecido a una confianza abierta, como en Job o en otros textos. Tampoco está reflejada la pasión de los profetas frente a las injusticias. Qohelet no es así, se dirige a Dios con una cierta distancia, de hecho lo llama Elohim o "la divinidad". Dios lo presenta dando y quitando cosas de una manera imprevisible, no cuenta con el hombre; lo presenta además como dando, creando y haciendo bien las cosas, aunque con un proyecto desconocido por los hombres. Dios es impersonal en Qohelet, y esto nos molesta bastante. De hecho, este problema no pasó desapercibido en su época, es un libro heterodoxo en la cultura judía. De ahí los añadidos para matizarlo y pulirlo un poco. La tradición cristiana ha interpretado a Qohelet con la huída del mundo, el desengaño de los placeres de la vida para ir a la intimidad con Dios. Esta intimidad con Dios no la muestra Qohelet, aunque si plantea la huída y la crítica a la realidad vacía y sin sentido cuando se aleja de Dios. Por eso el programa de Qohelet en relación con el mundo nos encaja algo más que su idea de Dios. Lógicamente esta huída del mundo es retomada por la vida monástica, la espiritualidad medieval del Kempis planteó también esta "vanidad de vanidades, todo es vanidad". Huir del mundo para santificarse. Es una teología con bajo nivel de compromiso. La esperanza para Qohelet y para nosotros es Jesús Resucitado, implicarse en el mundo se hace sabiendo que "el mundo gime con dolores de parto", que la redención está cerca, que se necesitan obreros para la mies. |
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