| 8. Introducción a los libros proféticos |
| LA
OBRA LITERARIA DE LOS PROFETAS. Lo primero que nos llama la atención es que los libros de los profetas, están cargados de estilo personal, son muy distintos unos de otros. Isaías llama la atención por su estilo clásico, Jeremías nos parece más lírico y emocional, Ezequiel es más barroco y recargado. Los escritos de los profetas tienen mucho de lenguaje poético y artístico. Usan tanto la prosa como la poesía, distinción a veces difícil, dada la corrupción de algunos textos. En otros casos, como Amos, estamos no sólo ante un profeta, sino ante una genial y hermosa literatura. Parten de la fuerza sonora del lenguaje, la capacidad de conmover al auditorio, el ritmo, la sonoridad, las frases hechas o juegos de palabras con frases ingeniosas. Son textos que se hicieron para ser declamados. En critica literaria hablamos de varias etapas por las que pasa un texto Bíblico. El texto evoluciona hasta que queda fijado en la forma definitiva escrita que tenemos hoy. El punto de partida es el discurso, el anuncio del profeta, habitualmente oral. Más tarde se pondrá por escrito de una manera provisional, el texto podrá ir engordando con aportaciones posteriores, el final se hará la fijación definitiva del texto. La historia de las formas del texto nos permite descubrir muchas unidades menores dentro del mismo libro. Hay una pregunta que nos hacemos cuándo estudiamos los libros de los profetas y es por la personas o personas que pusieron estos discursos por escrito. Su intención sigue siendo un enigma. Antiguamente se pensaba en el mismo profeta que escribía, o en algún secretario. Hoy se cree que las palabras de un profeta son redactadas por una escuela o por discípulos cercanos a él. La intención es guardar y mantener en la memoria lo que se dijo en un momento. Lo lógico es que estos textos iniciales recibieran añadidos, se fueran completando y retocando en función de las necesidades de la comunidad profética El trabajo de buscar las auténticas palabras del profeta, lo que se llama la "ipsisima verba" es una tarea terriblemente compleja y llena de imprecisiones e hipótesis difíciles de comprobar. El dato más significativo y curioso de crecimiento de un texto lo tenemos en Isaías, contiene al menos tres profetas con mensajes y tratamientos distintos. Hoy la crítica afirma que el primer profeta es del siglo VIII a. C., el segundo del destierro VI a. C. y el tercero del siglo IV a. C. Es la misma escuela profética que mantiene y hace crecer el texto durante siglos. El caso contrario lo tenemos en Amos, que está muy cerca la redacción actual de la primera original. Apenas ha sido retocada ni corrompida. Se suele hablar de un género literario propio cuando se habla de los libros proféticos, estamos realmente ante una forma lírica completada con lo que llamamos oráculo. Un oráculo sería una predicción, una palabra de Yahvé. Por eso muchas veces se usa la fórmula literal: "oráculo de Yahvé´". Significa mensaje de Yahvé, palabra de Yahvé. Normalmente estos oráculos suelen ser ora de amenaza ora de esperanza. El mensaje de amenaza tiene una estructura verbal fija, se inician desde la acusación por el pecado o los pecados concretos, y van seguidos de la pena o el castigo que se van a sufrir. Suelen contener una invitación imperativa al cambio y a la conversión. En los libros proféticos encontramos también acciones simbólicas que ejecutan los profetas, por ejemplo, Jeremías tira una vasija contra la pared y se rompe. Hace una interpretación, igual que la vasija, así quedaremos por nuestros pecados. Estos gestos los realizan varios profetas. Se discute la historicidad de estas acciones que sin duda contienen un componente didáctico y llamativo ante el auditorio. Hoy se tiende más a aceptar la historicidad de estas acciones simbólicas. |
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