DECIMAS

Nos encontramos en Panamá -en nuestro viaje ideal imaginario, siguiendo siempre la huella de la poesía decimal en el Continente Americano-. También en Panamá han existido, con ritmo de mejorana y nombre de “socavón”, los duelos o porfías de improvisaciones, acompañados de música de contrapunto (guitarra y jarana) y con características similares al resto de la poesía oral improvisada en Iberoamérica. Ya en la década de los años cincuenta, según del profesor Armistead, la improvisación panameña “parece abordar en la extinción”.

La décima y la glosa también se han cultivado en Panamá, y la copla, como forma de poesía oral tal vez improvisada. A finales de los años setenta el repentista panameño Juan Francisco Chagmarín, no sólo improvisaba perfectamente décimas y glosas que compartió con repentistas y poetas cubanos en La Habana , Cuba, sino que mantenía un programa radiofónico con improvisaciones en su país, lo que asegura una audiencia y un gusto por el canto improvisado que apuntan directamente a una tradición viva. Otros datos actuales afirman que el trovador panameño se presta fácilmente a la controversia decimal, aunque no es su costumbre el pie forzado. La trova panameña se nutre de una variedad de “torrentes” con nombres como mesano, zapatero, sueste, valdivieso, Son María, y el mesano montijano, al que se le conoce también como el seis maulina, que al parecer también se practica en República Dominicana, Cuba, Argentina y Nicaragua.***

¿Cómo concebir el amor y la amistad sin la mujer, el ser excelso que Dios dispuso como complemento del hombre para concluir la obra maravillosa de la creación? Es para ella el sentimiento más sublime que le ofrendamos con nuestra admiración y respeto.

YO LE CANTO A LA MUJER
Autor: Juan Francisco Nieto Gómez
Ozuluama, Veracruz

Yo le canto a la mujer
Porque una mujer me trajo
A este mundo de trabajo,
De tristeza…, o de placer .
Al momento de nacer,
Mi llanto llenó el ambiente,
Porque entraba a la corriente
De los dolores humanos
Sin más armas que mis manos…
Sin más luz que el sol naciente.

Yo le canto a la mujer,
Crea o no en el crucifijo,
Por dadora de los hijos,
Porque nos da su querer.
Porque tiene por deber
Ser amante y cariñosa ,
Amiga, novia o esposa
Que por amor se consume.
¡Porque derrocha el perfume
De la más fragante rosa!

Yo le canto a la mujer
Porque, si no le cantara,
Quizá Dios me castigara
Vedándome del placer
De tener junto a mi ser
A esa hermosa sinfonía
De calor y armonía,
De una beldad amorosa,
Bien sea pagana o sea diosa,
Pero solamente mía.

Yo le canto a la mujer
Por su esencia vaporosa.
Tiene pétalos de rosa
Que parecen envolver
Con invisible poder
A mi pobre humanidad.
¡Le canto a la majestad
Que manda en mi corazón!
Le prodigo mi canción
A mi soñada beldad.

Le canto a la campirana,
A la que baja del monte
Envuelta en el horizonte
Que el rubio sol engalana.
Le canto a la cortesana
Que derrama su querer…
Yo le canto a la mujer
Porque cantando, cantando,
Presiento que estoy soñando
En un nuevo amanecer.

 

 


 

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