Se ha dado en llamar “bailadores tradicionales”
a las personas -hombres y mujeres- que bailan en forma natural el amplio mosaico
musical de
México para distinguirlos, de alguna manera, de la forma generalmente
estilizada proveniente de las escuelas de baile folclórico, que comúnmente
se llama “académico” o “academizado”.
En la mayoría de
los concursos de baile de huapango, por ejemplo, se califica entre otros aspectos,
la “autenticidad”, que por lo general nada tiene que ver con la
forma, digamos original, como se baila en cualquiera de las comunidades de la
región huasteca en su amplia diversidad de los seis estados que la conforman.
En grado extremo del desconocimiento de esa autenticidad se ha llegado a descalificar
y, más aun, a no permitir que suban a concursar parejas que se presentan
con atuendo o estilo de baile no “académico”. Afortunadamente,
por lo menos en lo que se refiere a la vestimenta, poco a poco ésta ha
ido ganando terreno en dichos foros y tomando el lugar que le corresponde, como
en el caso de Querétaro, no sin haber pasado antes por ingratas polémicas.
El huapango arribeño ha corrido con mejor suerte hasta ahora; prácticamente
todos los bailadores son originales o “tradicionales” y, la verdad
sea dicha, ha habido y hay ahora excelentes bailadoras y bailadores casi en
cualquier comunidad serrana, trátese de San Luis Potosí, Guanajuato
y, en menor grado, de Querétaro.
Los bailadores tradicionales
son guardianes del estilo genuino del baile de huapango donde quiera que éste
se practique; así recordamos a don Emigdio q.e.p.d, de Tierras Prietas,
Arroyo Seco, a don Manuel Villeda, de Agua del Maíz, y a diversos personajes
de San Isidro, Pinal de Amoles que, cuerda vaquera en mano, bailan incansables
durante toda la noche. Esta singular característica dio origen al emblema
de los Festivales de Huapango “Al Rescate de Nuestras Raíces”.
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