DECIMAS

No debe confundirse improvisación con invención -afirma Alexis Díaz-Pimienta-. El idioma es el barro y el improvisador moldea con ese barro, ya existente, distintas figuras. No se puede por ello pensar que su creación no es completa, así como no puede negarse la calidad del escultor por no haber creado también la piedra en la que talla su obra.


Desde este punto de vista se puede afirmar que la improvisación tiene, lógicamente, algo de todo esto: un lenguaje común, una tradición más o menos arraigada y desarrollada, y cierta manipulación de voces oídas. Sin embargo, no se reduce a esto, sino que usa todo esto como piezas, como elementos diferenciadores e integradores para crear un texto nuevo.


Los poetas improvisadores, en el mejor momento de la ejecución, cuando los niveles de inspiración y de concentración son altos, y cuando el tema o el enfoque del tema no tiene antecedentes en su propia experiencia repentista, son capaces de realizar la improvisación total, o sea, hacer constantemente y al momento, textos íntegramente nuevos. Este sentido, casi exigencia de originalidad, es la meta superior, lo más valorado de las ejecuciones improvisadas.


Es muy fuerte el rechazo a los conceptos de plagio, copia, repetición, y todas esas otras aristas de lo que se llama repentismo “impuro”.***


Arturo Castillo Tristán está iniciando hoy -13 de mayo- la primera FIESTA HUASTECA de Citlaltepec, en la Sierra de Otontepec, Veracruz, que con enorme dedicación ha venido organizando desde hace varios meses. Nos comentaba muy entusiasmado que la fiesta “ya los había rebasado” debido a la respuesta de participación de muy diversos lugares de región huasteca. ¡Enhorabuena! Será gran éxito la realización de los diversos eventos previstos para la gran fiesta, entre ellos, conferencias, gastronomía, exposiciones, presentación de tríos huastecos, danza, huapangueadas y muestras de artesanía, entre otros atractivos.

¡AY, CUANTO TE QUIERO VIDA!
Autor: Arturo Castillo Tristán
Citlaltepec, Veracruz.

(Décimas en versos octosílabos clásicos de pie forzado).
Por el prodigio divino
Por el primer llanto, llanto,
Por el germen del encanto
De donde brota el destino,
Por el paso peregrino,
Por la gracia concebida,
En la voz enternecida
Del regazo maternal,
Y en el lazo fraternal;
¡Ay, cuánto te quiero vida!

Por el frescor de la brisa
En el manto matutino,
Por lo claro del camino
Por esa luz indivisa,
Por el rumor que desliza
Acentos de bienvenida,
Por la brecha consentida
Que se abre en el horizonte
Y por el verdor del monte;
¡Ay, cuánto te quiero vida!

Por el sol y sus destellos,
Por las nubes pasajeras,
Por las notas mensajeras
Que forman cánticos bellos,
Por los misterios aquellos
De la pasión conferida,
Por la querencia que anida
En cada palmo del ser,
Por llenarme de querer;
¡Ay, cuánto te quiero vida!

Por la flor y el mediodía,
Por el saludo, el abrazo,
Por la letra donde trazo
La línea de la alegría,
Por toda la fantasía
Que me llega desmedida,
Por la tarde comedida
Donde la luna aparece,
Por todo lo que acontece;
¡Ay, cuánto te quiero vida!

Por el tacto y el sabor
Y por las cuatro estaciones,
Por las gratas sensaciones
Donde ondula el esplendor,
Por el ritmo y el color
Que a disfrutar nos convida,
Por la noche entretejida
De arrullos, sueños, suspiros,
Y por todos los motivos;
¡Ay, cuánto te quiero vida!

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