Los ensayos del sujeto con la pulsión
Lic. Eduardo Gianutti
Las palabras se descuelgan y se van enlazando, mientras tanto se va armando algo que ya estaba ahí, imperceptible. Como el mago que va sacando cosas de la galera; el escritor va encontrando palabras, pero sin saber cual será su resultado final, por lo general tiene esa búsqueda un bosquejo, una vaga sensación, cuya única explicación suele ser simplemente un impulso que pone en acción su mano.
Ensayo, como toda palabra se podría referir a múltiples significados: el primero que se me aparece es el ensayo en el teatro. El se convertiría en un espacio donde los actores pueden ir probando, conociendo y construyendo un personaje a partir de su propio cuerpo, para eso el actor "deberá tomar conciencia del mundo afectivo" y deberá "conocer de antemano los puntos del cuerpo que es necesario tocar ...". También el ensayo nos remitiría al mundo de la química, donde se prueba distintos preparados para poder ver su reacción. Finalmente, entre otros significados existente, el ensayo nos remitiría a aquel escrito usado generalmente para plantear nuevos temas, "la aparición de cosas nuevas casi siempre se efectuará en forma de ensayos por tratarse de algo provisorio y no completo ni exhaustivo" y Adorno, T. nos dirá: "En vez de producir científicamente, el ensayo refleja aun el ocio de lo infantil, refleja lo amado y lo odiado en vez de presentar el espíritu (....) dice lo que a su propósito se le ocurre, termina cuando se siente llegado el final.."
¿Qué es lo que tienen de común estas tres formas de ensayo? En las tres estarían presentes el tomarlo como un tiempo y un espacio donde el intento estaría permitido, donde no se trataría de llegar a una producción final y donde el sujeto tendría una cierta libertad para poder moverse sin tener que estar sometiéndose a reglas demasiadas rígidas, teniendo el permiso y la confianza que ofrece el no estar haciendo algo que es definitorio en sus resultados. Podríamos tomar al ensayo como el espacio y el tiempo donde el sujeto se permitiría jugar consigo mismo y con la realidad, pudiendo sentir que puede desplegarse con una mayor flexibilidad.
En el tercer caso de ensayo, que es el tema que nos ocupa, ¿por qué alguien tendría la necesidad de escribir este juego?. ¿ Qué factores inciden en una persona para que se proponga hacer esta producción?
La escritura como medio de expresión tiene características que le son particulares, se sitúa en un terreno que hundiría sus raíces en dos suelos que le terminan imponiendo sus particularidades en un campo de tensión. Por un lado la escritura derivaría de una construcción y convención social, en el caso de nuestra cultura occidental tenemos una escritura fonética, a cada signo le corresponde un sonido. La cultura de esta manera inscribe sus normas y las reproduce en cada sujeto, dejando sus marcas en el cuerpo. El ser humano antes de entrar al colegio disfruta de una actividad lúdica como el dibujo, usando distintos colores y adscribiéndole distintos significados, al salir de esta institución ha aprendido como escribir, que posición tiene que adoptar, que colores tiene que usar, en que sentido desplazar las letras, etc.
La escritura es un bien social que para Campa tiene valores de comunicación, metahistóricos en cuanto permite que un sujeto puede expresar sus pensamientos quedando registrados, perdurando en el tiempo. Brinda la posibilidad para que este pensamiento sea conocido y compartido o refutado por otras personas, incluso por el mismo escritor en el tiempo. Cuantas veces al encontrar algo que escribimos hace un tiempo nos sorprendemos de nosotros mismos o si alguien hace un comentario de ese escrito aclaramos que eso lo pensábamos en ese momento y si tuviéramos la oportunidad de volver a escribirlo seguramente lo haríamos distinto. Algunos escritos incluso llegarían a tener vida propia, teniendo la palabra escrita un peso en algunos sujetos que no se animan a discutir, "el poder de un hechizo o amuleto depende en gran parte de la escritura que comprenda". En algunos autores vemos la diferencia del valor que tiene para el lector aquellas obras que "fueron escritas por su propias manos" y aquellas que fueron reproducidas de charlas o clases verbales sin la debida corrección del autor.
Pero la escritura también hundiría sus raíces en el cuerpo, un cuerpo que para el psicoanálisis no puede ser considerado sin pensar en las pulsiones, que en su camino en busca de satisfacción entraran a jugar con otros factores pertenecientes a la historia y constitución del sujeto. Acá deberíamos tener en cuenta "los complejos de Edipo y de castración, las fijaciones pulsionales y yoicas, los destinos que tengan ellas en lo anímico, dados por los diversos estados defensivos y las formaciones preconscientes, sustitutivas". Estos tres factores darán la especificidad a la manifestación, que en nuestro caso sería esta manifestación escrita. Sin olvidar también la importancia de otro factor que es la realidad y cuyas normas culturales estarían internalizadas en el sujeto en un instancia como el ideal del Yo.
La pulsión es considerada por Freud como el motor del aparato psíquico, una exigencia de trabajo a causa de su nexo con el soma. Pero es un elemento que no puede aparecer directamente en lo psíquico, por lo cual esta obligada a buscar representantes, el afecto y su representación. La pulsión hallara este representante - representación al investir las huellas mnémicas de objeto y a consecuencia de esto nos dirá Green que este trabajo psíquico "recae sobre la actividad representativa": la carga pulsional, por medio de su ligadura con las representaciones cosa, tomará y caerá bajo las leyes del psiquismo. Hay que considerar que en este proceso de ligazón pueden ocurrir distintos desenlaces que traerán efectos en el sujeto, pero esto ya es otro tema.
Entonces la escritura tendría una función social donde sobresale la comunicación, entre otros factores, y también tendría una función que dependerá de cada sujeto. Me gustaría, ya que la palabra tiene esa función "mágica" de traer a nuestra presencia, entre otras cosas, el pensamiento de otras personas, invocar a dos autores para ver en ellos como estaría presente la exigencia de trabajo y sus efectos: Uno de ellos es Picón que nos dice que "El escritor no escribe para publicar; escribe para desprenderse de una cosa, y sólo puede hacerlo desposeyéndose de ella en provecho de los demás" y el otro es Becquer que en uno de sus trabajos nos cuenta como los hijos de su mente lo atormentan para que los provea de ropa para poder salir al mundo y que serian capaces de explicar la causa de sus fiebres. Diciendo que la única manera de sacárselos de encima que tiene él es por medio de la palabra, a la cual califica de tímida y de única capaz de cruzar el abismo que separa el mundo de las ideas del mundo de las formas.
Encontraríamos en estos autores la idea de como hay algo que molesta al sujeto, razón por la cual se pone a escribir, agregándole nosotros: dándole representación a la pulsiones y entrando estas a jugar con las propiedades del psiquismo, llegando, en el caso de no ser posible esta ligazón, a producir un efecto en el cuerpo, en el caso de Becquer sus fiebres. Gracias a la conexión que se establece en lo psíquico el sujeto le puede encontrar (crear) a las pulsiones otros objetos que no estén ubicados en su cuerpopara que ellas puedan encontrar satisfacción.
En la producción de un ensayo habrá que tener en cuenta tanto el acto de escritura junto con la producción de la obra, o sea por un lado el proceso por el cual el sujeto se interroga por un tema, por el otro el momento y el acto en el cual se pone a registrar este proceso. Hay que tomar en consideración también que la escritura no es solamente la escritura que produce la mano, ya sea en un papel, una computadora, etc. sino también que existe otro tipo de escritura que se produciría en un material muy particular como es el Ser Humano: las huellas mnémicas derivan de las percepciones, pero no se limitan a reproducir la percepción por medio del recuerdo sino que son modificadas por el paso de las pulsiones. Derrida comparará a la escritura psíquica con la "puesta en escena del sueño", donde el discurso es solo el complemento, "la escritura general del sueño desborda la escritura fonética y pone la palabra en su sitio", donde habrá "No ya una escritura simplemente transcriptiva ... sino litografía anterior a las palabras: metafonética, no lingüística, a- lógica", más bien corresponde decir, de acuerdo con él, con una lógica que no es la lógica del pre consciente, lugar para Freud de las representaciones verbales, sino una lógica más bien espacial, donde podrán existir elementos que la cadena hablada tiende a reprimir. Artaud se expresara de forma parecida sobre el lenguaje del teatro al decirnos que "ese lenguaje no puede definirse sino como posible expresión dinámica y en el espacio, opuesta a las posibilidades expresivas del lenguaje hablado" y que "No se trata de suprimir la palabra hablada, sino de dar aproximadamente a las palabras la importancia que tienen en los sueños". Estamos ante un lenguaje que se da a una lectura múltiple, donde una representación podrá ser usada por múltiples instancias, admitiendo el sueño la contradicción y privilegiando la visibilidad.
El acto de escritura entonces lo podremos dividir según sea el que se produce en el aparato psíquico y el que produce el sujeto por medio de su mano, teniendo ambas distintos tipos de lógicas, y en el caso de la última nombrada, impone al sujeto un encuadre que implicaría distintos pasajes:
En el lenguaje vía verbal predomina el eje Oído -Boca. En la escritura en cambio el predomino será del eje Visual- Manual. Al contrario del discurso verbal donde las palabras se pierden al ser dichas, en el texto estas quedan inscriptas, la hoja, o la pantalla, se convierten en un espejo donde el pensamiento adquiere un cuerpo que cede al otro, uno no esta presente cuando ese texto es leído, no se puede aclarar lo que se quiso decir.
El otro pasaje será del lenguaje hablado al lenguaje escrito. Al hablar no sólo emitimos palabras sino también una voz con determinado tono, velocidad, acentuamos determinada pronunciación, hacemos gestos voluntarios e involuntarios, en el lenguaje escrito todo esto se pierde pero en cambio podemos usar otros elementos para significar el texto como los "morfemas visuales" o el uso de colores y/o caracteres diferentes.
La escritura la tenemos que pensar en las dos formas de funcionamiento psíquico, en un funcionamiento que implica distintos tipos de procesos con lógicas diferentes: los procesos primarios y los procesos secundarios, proponiendo Green un tercer proceso que articularía los dos anteriores.
Con la relación que se instala entre los procesos primarios y secundarios se podría seguir considerando los efectos que causa sobre el sujeto. Cuando alguien intenta comunicar a otra persona lo que piensa o siente, ya sea en forma oral o escrita, necesita impedir la invasión de afectos incontrolables y de cadenas asociativas que son múltiples, poder funcionar con la lógica del proceso secundario. Scheider situará al inconsciente, a su forma de funcionamiento, como una fuente creadora, transformadora, que necesita poder combinarse con la "maestría ejecutiva de la conciencia", y nos sigue diciendo que "vivimos en un corredor de transformación, entre dos mundos espacio temporales ...", y vuelvo a ceder a la tentación de citar a Becquer, en este caso una de sus rimas (III), que hablando de la inspiración y de la razón nos termina diciendo:
"Con ambas siempre en lucha y de ambas vencedor, tan sólo al genio es dado a un yugo atar las dos"
Pareciera que de vuelta podríamos decir que Becquer estaría de acuerdo con Picon, pues para este la creación no es un atributo de la conciencia, sino el efecto de un particular poder, pero este poder que guía la mano que descubre nuestros pensamientos no actúa solo, la conciencia gobierna la mano que tacha, agrega, que modifica los detalles y los equilibrios.
La escritura nos lleva a navegar por mares nuevos, donde a veces nos detenemos por lo embravecido de la travesía y otras veces en cambio llegamos a buen puerto. En esa navegación es necesario que los dos procesos estén articulados: que no se produzca una invasión del mundo interior ni tampoco que la lógica y la "objetividad" se imponga de tal forma que no permita el trabajo creador del sujeto. Trabajo que trata de separar ese "abismo" entre el pensar inconsciente y las representaciones, que nunca son suficientes para alcanzar a decir lo que se quiere decir y que encima terminan diciendo mucho más de lo que quisimos. Trabajo que trata de dar cuerpo a una palabra descorporizada y que en ese intento de creer que se logra hacerlo, permite al sujeto poder crear, como la pulsión en su recorrido crea su objeto, la palabra en su recorrido ira buscando su objeto, creyendo haberlo encontrado para terminar dándose cuenta el sujeto que ese abismo del cual nos habla Becquer sigue sin ser cruzado de forma terminante. Si por alguna razón el sujeto cree que la palabra emitida corresponde exactamente con la realidad, que la relación entre la palabra y la realidad es de correspondencia, se corre el peligro de que deje de percibir su poder de creación, dejando de reconocer su propia producción e impedido de reconocerse como sujeto, entrando en un funcionamiento caracterizado por Sami-Ali como "banal" y adaptándose a las normas sociales, encerrándose en un clausura que si bien lo protege de la invasión de los procesos primarios y de sentir los compromisos pulsionales, es una clausura que lo deshabita de si mismo, impidiendo reconocerse como ser habitado por fuerzas contradictorias que siempre están en pugnas y coartando su sentimiento de estar vivo. Estando estos sujetos saturados del sentido, sin poder interrogarse de su producción y poder cuestionar esa realidad en la que viven, realidad presupuesta como objetiva y concreta, realidad que contienen las normas que le dan existencia y por lo cual cualquier cuestionamiento a estas implica la perdida de su ser; realidad que contiene el desconocimiento del otro como un otro diferenciado. En estas personas las huellas mnémicas parecieran que solo pueden representar a la realidad, sin que se hubiera producida la ligazón con las pulsiones, convirtiendose no ya en una huella, de la cual se puede hacer una lectura donde el sujeto pueda aparecer, sino que se transforma en una presencia plena, como si fuera el objeto en vivo, sin que se pueda hacerlo entrar en una cadena de relaciones.
En la producción del ensayo se volvería necesaria la obtención en el sujeto de un placer en la producción de la actividad representativa, renunciando a una voluptuosidad orgánica. Sería necesario que también se instale un proceso de ligazón - deligazón - ligazón, que permita al sujeto tener una capacidad de construcción en la cual este incluida la posibilidad de la frustración sin que signifique ésto una herida narcisista insoportable.
Para Winicott la aceptación de la realidad por el ser humano es un proceso continuo en el cual la vinculación entre la realidad interna y la externa ira aportando una cuota de tensión, donde en todo caso el sujeto sólo se podrá hacer una concepción de la realidad externa. Entre estos dos mundos él propondrá un tercer espacio intermediario entre la creatividad primaria y la percepción objetiva basada en la prueba de realidad. Al referirse Adorno en la cita del comienzo al ocio de lo infantil que refleja al ensayo podríamos pensar que gracias a ser un estilo de presentación de ideas que no impone seguir una metodología, permite al sujeto liberarse de pautas exteriores y constituir al ensayo como un espacio potencial para desarrollar su creatividad. Viéndose enfrentado a las limitaciones que impone la escritura: "Llega un momento en que no es crear o pensar lo que resulta lento, sino anotar lo que se crea, lo que se piensa: el relámpago pertenece a la cabeza, el trabajo a la mano; en los casos extremos la producción mental, según parece, se torna atemporal, solo queda el tiempo del cuerpo", el sujeto se ve urgido por el empuje pulsional a escribir y para esto deberá soportar estos desfasajes entre el funcionamiento del cuerpo y el funcionamiento consciente; entre la realidad interna y la externa, se tendrá que producir en él esa ligazón entre el pensar inconsciente y la representación. Si estos desfasajes no llegan a ser soportados por el yo, despertaran en el sujeto un estado de angustia. Pareciera que de esta situación nos habla Artaud al decirnos: "Me falta una concordancia de las palabras con el minuto de mis estados"; "Soy aquel que ha sentido mejor el desconcierto estupefaciente de su lengua en sus relaciones con el pensamiento. Soy aquel que mejor ha localizado el punto de sus más íntimos, de sus más insospechables deslizamientos. Me pierdo en mi pensamiento verdaderamente, tal como se sueña, ... Soy aquel que conoce los recovecos de la pérdida". Pérdida, pues para adquirir el lenguaje se debe perder la ilusión de que las palabras corresponden a las cosas.
Y volviendo a la cita de Adorno el ensayo termina cuando se siente llegado el final y no donde no queda resto alguno. En mi caso el momento final ha llegado, no porque no sienta el deseo de seguir reconstruyendo este escrito, deseo casi eterno, sino porque llega el momento de desprenderse de él. El final como forma de parar el deseo de sustitución, de transformación, como forma de parar la insatisfacción ante la imposibilidad de separar el abismo entre el mundo de las ideas y el mundo de las formas.