Enrique El Navegante.

Javier Candia

    Alejandro Daque

 

Su Importancia Histórica

Enrique fue el tercero de los hijos de Juan I, rey de Portugal y de Felipa de Lancaster. Nació en Oporto el 4 de marzo de 1394, falleció en 1460 y se destacará, durante su vida, por una serie de hechos dignos de mencionar

 

En el año 1415 y con apenas 20 años de edad, participó, junto a  sus hermanos Don Duarte y Don Pedro, en la conquista de Ceuta, ciudad situada en el norte de África que estaba en manos de los moros, quienes tenían una gran cantidad de cristianos como prisioneros, en una campaña en la que participaron más de cincuenta mil portugueses y unas 1200 naves.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ceuta

El 25 de julio de 1515, y junto a sus dos hermanos, Don Juan y Don Duarte, Enrique zarpó desde el puerto de Lisboa. A cargo de ellos iba una flota de más de 1200 barcos (1242 para ser más exactos) y casi 55000 hombres, con el propósito de sitiar y conquistar la ciudad de Ceuta, ubicada en el extremo sur del estrecho de gibraltar, y que se encontraba bajo la dominación árabe.
El 21 de agosto del mismo año, los navíos bajo el mando de Enrique comenzaron a desembarcar hombres. Los moros, asustados, corrieron a refugiarse a las puertas de la ciudad. Al caer la noche, las tropas árabes, que ya habían perdido a su comandante, avandonaron la defensa de la ciudad, con lo que la conquista, por parte de los portugueses encabezados por Enrique y sus hermanos, se hizo más fácil. Al día siguiente, el rey Juan I, al ver el éxito de la conquista, armó a sus tres hijos “Caballeros de la Corona”.
 
Como Enrique era el tercero de los hijos de Juan I, en linea sucesoria, casi no tenía aspiraciones al trono. Es por esto que se convirtió en Gran Maestre de la Orden de Cristo, heredera de la en otros tiempos poderosa Orden del Temple, la misma orden fundada durante las cruzadas en el templo de Salomón, y que, dado su poder económico, así como los misterios que esta encerraba, había sido perseguida por la Iglesia Católica, antes de que la monarquía portuguesa  decidiera protejerla. Una vez que asumió como Gran Maestre de la Orden de Cristo, Enrique dispuso de una gran cantidad de dinero, que le permitió establecer su corte en Sagres, desde donde promovió, en gran forma, las exploraciones de las costas africanas.
 

 

El Gran sueño de Enrique, después de la conquista de Ceuta, fue encontrar el paso que permitiera llevar a los navegantes portugueses, llegar hasta la India, sin tener que atravesar los países, musulmanes, tan hostiles a la presencia de cristianos.
Para ello mandó a construir la primera escuela de  cartografía y navegación en Europa, en el año 1520, donde se inventarían y descubrirían una serie de elementos tan necesarios para la navegación, como la carabela.
A la muerte de Enrique, en 1460, la Escuela de Cosmografía, pasaría a llamarse la Casa de Guine, y posteriormente, y con rango ministerial, la Casa das Indias e la Junta dos Matemáticos.
Enrique navegó muy poco, y el sobrenombre de “El Navegante”  surge a partir de el impulso que dio a la navegación en su país.
 

 

Uno de los más importantes avances hechos por la Escuela de Navegación fundada  por Enrique, fue la creación y perfeccionamiento de la Carabela, la que toma cualidades de las embarcaciones europeas del norte (barcos vikingos principalmente) y de la costa mediterranea (la galera típica).
De las primeras tomó su alto bordo, su casco redondo con gran capacidad de carga, sus velas cuadradas con rizos y bonetas, y el timón central. De la tradición mediterránea tomó la solidez de la construcción del casco, con cuadernas de roble, y el afilamiento de su línea, así como las velas latinas, y la multitud de mástiles y velas.
 
Entre los técnicos que con él colaboraron estuvieron el converso mallorquín Jaime Ribes (Jafudá Cresques), hijo del célebre Abraham Cresques, autor del "Atlas Catalán" de 1375; Duarte Pacheco y Juan de Castro, Cadamosto, Antón Gonçalves y otros. Algunos historiadores opinan que en Sagres, Jafudá construyó astrolabios, cuadrantes y agujas naúticas para los navegantes portugueses. La preocupación científica se advierte en el hecho de que en 1426 los portugueses descubrieron y estudiaron la corrinente de las Canarias y las experiencias que le decidió a adoptar la carabela como navío más adecuado para las expediciones. Tuvo gran resonancia la obra de Duarte Pacheco, "Esmeraldo de Situ Orbis" (1505), que es una exacta descripción de las costas de Guinea, lo que los portugueses denominaban un "roteiro". Duarte Pacheco dio como medida del grado ecuatorial 106,54 Km., con un error inferior al 4 por ciento, y mucho más aproximado que los anteriores autores.
 

Entre 1427 y 1431, las islas Azores son descubiertas.

En 1434 Gil Eanes, escudero del Infante, alcanza el Cabo Borjador.

Baldaia, en 1436 llega a lo que él mismo denomina Rio de Ouro.

En 1442, Antao Gonçalves, y Nuno Tristaõ llegan al Cabo Blanco.

Nuno Tristaõ, en 1446 llegó hasta la desembocadura del río Gambia.

Cá da Mosto, un Veneciano al servicio de la corona lusitana llega en 1455 a las islas de Cabo Verde.

Por último, en 1499 Vasco da Gama llega a La India, por la ruta que bordea la costa africana.

 
Como las exploraciones portuguesas se volvieron cada vez más audaces e importantes, la Iglesia en Roma vio en ellas una gran posibilidad de evangelización. Es por esto que la Curia Romana, encomendó a la Orden de Cristo la orden de evangelizar todos los nuevos territorios descubiertos y por descubrir.
El Patronato que Calixto III concedió al gran Maestre Enrique el Navegante implicaba un conjunto de deberes y derechos. Por una parte, Portugal asumía la obligación de enviar misioneros y mantenerlos, financiar la erección de parroquias y obispados, y otras obligaciones, nada pequeñas, que los reyes lusitanos supieron cumplir. Por otra parte, los Papas concedían al rey de Portugal unos privilegios que iban mucho más allá de los de un patronazgo ordinario, pues al rey cristiano se encomendaba la misión de evangelizar y de administrar eclesiásticamente todos los territorios nuevos alumbrados a la fe.

Libro del Conosçimiento de todos los rregnos et tierras et señorios que son por el mundo.
Este libro, a pesar de ser de “Ciencia Ficción”, pues todos los viajes que en él se describen son producto de la imaginación del autor, fue un referente obligado dentro de las lecturas de Enrique. De él tomó parte del impulso que le llevó enviar una gran cantidad de navegantes al continete africano.
Además, para obtener todos los conocimientos respecto del continente africano, Enrique se hizo rodear en su corte de sabios judíos, para los cuales, acceder al territorio norafricano, dominado por los árabes, era mucho más fácil  que para los cristianos.
 
Enrique no sólo dio el impulso necesario para una acción humana monumental desde el punto de vista político y científico, sino que –quizá involuntariamente- provocó una caza del hombre que duró cuatrocientos años y que convirtió a África en un continente manchado de sangre y de lágrimas.
El impulso de los viajes y de los descubridores era una mezcla de fe y de codicia, de religión y de rapacidad. Allí se juntaron el espíritu de los cruzados y de los apóstoles con los más viles intereses de lucro y condujeron a la caza de los negros desarmados, que eran apresados por sorpresa y hechos esclavos de la manera más indigna y desconsiderada.
Personajes idealistas como el propio príncipe Enrique esbozaron programas utópicos, según los cuales los negros, después de bautizados, tenían que ser devueltos a su país, para hacer proselitismo entre los que se habían  quedado allí. Estos programas también contribuyeron a que se considerara a los africanos como hombres verdaderos. El príncipe Enrique hizo devolver a África a algunos negros bautizados, con la esperanza de ganar así pueblos
enteros para la fe cristiana. Pero los cristianos negros desaparecieron rápidamente en la selva y no volvieron a dar señales de vida.
En 1460, año de la llegada a Sierra Leona y de la muerte del Infante, el ansia de lucro sustituyó al idealismo romántico de Enrique. La actitud que transformó un pequeño pueblo de la Península ibérica en una verdadera nación de navegantes esforzados, se deterioró con el paso del tiempo, y se llegó a considerar el trabajo de los esclavos como la base de la existencia nacional.
 
Conclusión
En conclusión, se puede decir que el impulso que dio el principe Enrique a la navegación, fue importante y destacado, que gracias a él se produjeron los posteriores descubrimientos de la llamada Edad Moderna, los cuales contribuyeron al progreso de la humanidad. Pero a la vez, estos descubrimientos también sirvieron como impulso para una de los más grandes horrores que la humanidad jamás ha cometido: la persecusión de los pueblos de la raza negra y la esclavización de estos por parte de los hombres de raza blanca. Cabe señalar que estos pueblos, continúan siendo perseguidos hasta el día de hoy, a pesar de las manifestaciones, descubrimientos y avances científicos en cuanto a genética, y a declaraciones como la de los Derechos Humanos, los cuales, a pesar de ser evidentes, aún parecen no ser lo suficientemente fuertes como para sensibilizar el espíritu de los seres humanos. Y todo esto provocado inconcientemente por un joven principe portugués que deseaba llevar el evangelio hasta el fin del mundo conocido.
 

 

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