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Llueve
mucho.
Delgada y morena,
habla con pasión:
-tengo cuarenta y cinco años
voy a parecer antigua,
si quieren se pueden reir,
les doy permiso.
Nos ponemos serios,
adivinamos el final.
Tratábamos cómo relacionarnos con el otro.
Sigue hablando:
-si es por sufrimiento,
lo conozco.
Tuve un novio que no murió.
No está.
Está preso.
Yo no soy de esas que visitan a su hombre a la cárcel.
Estoy como vine al mundo.
Intacta.
Sí,
soy virgen todavía.
Un silencio.
El agua de lluvia corre por las cañerías.
La coordinadora baja la vista.
Dice:
-Bueno,
quería desearles feliz día del amigo.
Nos tomamos de las manos,
nos saludamos y besamos.
Es una noche muy húmeda.
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