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Mi
sombra no es fiel,
se
desprende a veces de su costra –como el sol
de
la noche-alborada – y se prueba otra piel.
Últimamente
corteja a cierta claridad y la enamora,
o
se acurruca
como
un galgo de frío a mis pies.
Le sonrío cuando baila
sobre mi cabeza encendida de ensueños.
Y
se burla de mí.
Por
ausencia de luz se marchita gradualmente,
camino
a la tristeza.
Y mi sombra celeste de niño?
Tal
vez la pueda encontrar en un hueco del bosque
encantado
o dormida.
Ha
oscurecido apenas. Una sombra Rosa me traduce
los sueños –escritura en clave del pasado-,
cuyo azar es cercano a mi lógica.
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