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El viento
ya no la escucha
la noche pega el gran salto
sobre la evocación.
Por más que hable
no encuentra a la niña .
que se ha dormido
en un sueño venerable.
La vida juega un suspiro de estrella .
con los cabellos de una mujer solitaria
que convive con la distancia .
tejiendo tormentos en la sangre
evocando su tesoro perdido.
Puertas que se cierran
como sombras de pájaros .
en el umbral de una lluvia aciaga
se oye su desencanto
un vacío en el alma
araña sus recuerdos enterrados.
Tal vez...
una mañana de hierba
cruce el último miedo.
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