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Por Julio di Risio (*)
“No olvidemos ni por un segundo que Welles es el único, con Griffith, que, tanto en el cine mudo como en el sonoro, han hecho arrancar ese maravilloso tren eléctrico en el cual Lumiére no creía ” J.L Godard
Remontar la realidad
Desde “la máquina de remontar el tiempo” - como Welles llama a la mesa de montaje -, pega y despega, avanza o retrocede para narrar, de acuerdo a un apasionante juego de elipsis, su “F de Falso”, que transita por la delgada línea que separa verdades y mentiras.
Un documental sobre el falsificador de pinturas Elmyr de Hory, realizado para la televisión por Francois Reichembach, le sirve de soporte para armar este fascinante puzzle.
En la pantalla de la mesa de montaje, prisionero de los límites que le impone el encuadre, Elmyr, un tanto alterado, trata de explicar: “Yo no soy actor, jamás he actuado”. Con una sonrisa, Welles se desentiende de Elmyr, y busca la complicidad del espectador: “es verdad, aunque su verdadera profesión es pintar falsificaciones, va a ser el actor principal de nuestra película”.
Cajas chinas
Una enigmática dama, que no consigue pasaje para viajar en avión, es comprimida mediante un truco de magia realizado por Welles, y trasladada dentro de una maleta. Welles se compromete, más avanzado el filme, a contarnos toda la verdad sobre la dama. De pronto, la película en la pantalla de la mesa se corta. Mientras Welles laempalma, nos dice: “pero ahora volvamos a Elmyr”. En esta escena, el escritor Clifford Irving, que en la emisión televisiva de Reichembach figuraba solamente como un invitado, se convierte gracias al astuto montaje de Welles, en un personaje del filme, Irving observa a Elmyr que trabaja sobre un Matisse: “el trazo de Matisse nunca era tan firme como el mío. Yo tenía que remedarlo para hacerlo más ”a lo Matisse”“. Como en cajas chinas, Welles habla entonces del escritor: ”Irving, que escribía un libro sobre falsificadores, era otro falsificador. Elmyr e Irving, dos maestros del talento”. En un rápido montaje de fotos, dibujos, recortes, Welles muestra a Irving acusado de fraguar una entrevista con Howard Hughes. Desde la imagen de un antiguo parlante, se escucha una voz latosa: “este episodio es tan fantástico que excede a mi imaginación. No conozco a ese Irving, jamás lo he visto”. Welles al espectador: ¿Será esta en verdad la voz de Hughes?”
M de Magia
En un primer plano las manos de Welles hacen pases mágicos, mientras anuncia diez y siete minutos de historia real sobre la dama , Oja Kodar: “Picasso, cuenta Welles, se encontraba pintando en un pueblo de Tousaint, Oja estaba allí de vacaciones y se paseaba de mañana, de tarde y de noche. El la espiaba tras los visillos de la ventana, ella lo perturbaba, lo atraía, lo inspiraba. ”Oja convirtió al gran maestro en un voyeur”.
Esta secuencia, montada con un rápido y seguro ritmo, recuerda los movimientos de un prestidigitador: Oja pasea con distintos atuendos, según la hora del día, en planos contrapuestos a una foto de Picasso que mira desde atrás de una ventana. Sobre la foto del pintor se han sobreimpreso unas cortinillas que se abren y se cierran, dando a la foto una notable sensación de realidad. Los ojos del maestro siguen en perfecta angulación -por inversión del fotograma- las distintas direcciones en las que Oja se desplaza.
Luego ella corre -en ralenti- con un vestido de gasa azul, hacia la supuesta casa de Picasso. En un osado corte dentro de la misma toma, Oja desaparace tras la puerta, que al cerrarse ha dejado atrapado un trozo de su vestido. Abriendo la puerta desde adentro, su mano destraba la tela y cierra nuevamente. Simplemente bello.
Sacándose un puro de la boca y sonriendo como un niño travieso, Welles nos confiesa: “La verdad, en estos diez y siete minutos he mentido como un loco”.
El arte de lo falso
Mientras Welles camina por los jardines de Dublin, su voz en off: “Cuando tenía dieciséis años me hice actor. Nunca había actuado, pero en Dublin dije que era un famoso actor de Nueva York, y me creyeron. Así empecé con mi falsificación artística”. La voz continúa ahora sobre las imágenes de unos rudimentarios platos voladores -que recuerdan a las películas de Ed Wood-: “...y luego en la radio , mi nuevo vuelo a la falsificación fue en platillos voladores. Pero no fui a la cárcel... Fui a Hollywood”.
No es fácil dar con esta película. Curioso destino... Como si el fantasma de Welles jugara todavía con ella y con nosotros, por momentos podríamos dudar de que realmente existiera.
(*) Montajista
Esp. en reestructuración y planificación técnica del guión.
(01)543-8983
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