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No
tengo necesidad de ningún testigo para afirmar que ella estuvo siempre
aquí.
Ella, roja como la sangre, pero que nada tiene que ver con los guerreros.
Ella, dorada a veces como el sol, pero que nada tiene que ver con quienes
equivocan el sentido del oro.
Ella, roedora de la razón, sustento de la razón.
Ha aprendido a resistir bajo el agua y la noche. Ha llenado sus horas
subterráneas de colores profundos, segura de que no podrían dejar de
estallar alguna vez.
Se ha quedado quieta, pero viva, cuando callaban u obligaban a callar a
los que debían llevarla en la frente.
Porque ella no juzga ni castiga ni tiene tampoco nada que disculpar.
Ella, rápida como el relámpago que descubre de pronto el verdadero corazón
del día, ése que no puede verse desde el caparazón ni desde la nube.
Reunida donde se bebe y se baila y se canta y se habla con la boca.
Cernida sobre lo que vendrá con sus ojos antiguos que sin embargo nada
tienen que ver con la raíz.
Tensa entre la maravilla y la miseria, entre la multitud y el solitario,
que juntos o no la componen y vuelven a perderla en lugares y tiempos
diferentes pero no para ella.
Seguramente no puede verme ni oírme ahora porque estas pobres palabras no
quieren salir de mí más que con su presencia y su presencia es lo único
que puede hacerlas llegar hasta ella.
Pero está también aquí porque está en todas partes y no tengo
necesidad de verla ni de que otros la vean para saberlo.
Estoy seguro que debe estar aquí, contra el mar donde el viento dibuja
uno de sus rostros y donde los pinos salvajes sólo hablan de ella. Pero
está también en la ciudad, al otro lado, entre motores y hombres, cuyos
ruidos la encantan.
Y está en mi corazón y en el tuyo, pájaro breve que ayer cantabas en la
lluvia, y en el calor de la hierba y en la curva rápida del verano y en
la mano tendida de mi amada que cobija sin saberlo pero con aterradora
claridad la vida y la muerte como si se pudiera hacer otra cosa que
mirarla y tomarse de ella para que todo rompa a cantar y siga cantando
como cantará siempre mientras ella esté aquí. Estoy seguro.
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