La llama


Por RODOLFO ALONSO

 

 

No tengo necesidad de ningún testigo para afirmar que ella estuvo siempre aquí.

Ella, roja como la sangre, pero que nada tiene que ver con los guerreros. Ella, dorada a veces como el sol, pero que nada tiene que ver con quienes equivocan el sentido del oro.

Ella, roedora de la razón, sustento de la razón.

Ha aprendido a resistir bajo el agua y la noche. Ha llenado sus horas subterráneas de colores profundos, segura de que no podrían dejar de estallar alguna vez.

Se ha quedado quieta, pero viva, cuando callaban u obligaban a callar a los que debían llevarla en la frente.

Porque ella no juzga ni castiga ni tiene tampoco nada que disculpar.

Ella, rápida como el relámpago que descubre de pronto el verdadero corazón del día, ése que no puede verse desde el caparazón ni desde la nube.

Reunida donde se bebe y se baila y se canta y se habla con la boca. Cernida sobre lo que vendrá con sus ojos antiguos que sin embargo nada tienen que ver con la raíz.

Tensa entre la maravilla y la miseria, entre la multitud y el solitario, que juntos o no la componen y vuelven a perderla en lugares y tiempos diferentes pero no para ella.

Seguramente no puede verme ni oírme ahora porque estas pobres palabras no quieren salir de mí más que con su presencia y su presencia es lo único que puede hacerlas llegar hasta ella.

Pero está también aquí porque está en todas partes y no tengo necesidad de verla ni de que otros la vean para saberlo.

Estoy seguro que debe estar aquí, contra el mar donde el viento dibuja uno de sus rostros y donde los pinos salvajes sólo hablan de ella. Pero está también en la ciudad, al otro lado, entre motores y hombres, cuyos ruidos la encantan.

Y está en mi corazón y en el tuyo, pájaro breve que ayer cantabas en la lluvia, y en el calor de la hierba y en la curva rápida del verano y en la mano tendida de mi amada que cobija sin saberlo pero con aterradora claridad la vida y la muerte como si se pudiera hacer otra cosa que mirarla y tomarse de ella para que todo rompa a cantar y siga cantando como cantará siempre mientras ella esté aquí. Estoy seguro.

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