¿QUIÉN DIJO QUE SOY UN  ERMITAÑO?

 

 

                                        Ilustración: Hermenegildo Sábat

                                           Por Julio César Galtero

 

 

Hay quienes murmuran que soy un ermitaño. Y no es así, y voy a probarlo. Si escribo una novela, a menudo de aventuras, la vivo a fondo, es verdad, responsable como soy de la suerte de mis personajes y también porque el clima me arrastra, sitúa en el centro de la escena. Ya que uno escribe, en primer lugar, para disfrutar de la creación, de esa torcedura que le practica a la realidad con otra realidad virtual, más emotiva, más concertada y verdadera. Y, en fin, suelo enfrascarme en mis trabajos como un director de orquesta, el cual no puede abandonar a sus ejecutantes en medio de la función.
 
Luego, si no escribo una novela la estoy lucubrando, lo cual renueva mi contracción, y da más crédito a los rumores.
 
 
Esta ¿anomalía? o comoquiera se la designe, se viene agudizando, lo reconozco, debido a que, de más en más, profundizo la autocrítica y, por consiguiente, mi reclusión.                 En tardes, con el ánimo de mejorar, me digo que si disfruto de platicar ¿por qué no me corrijo? Pero, me lo digo nada más.
El tiempo, con su desconcertante relatividad, fluye como un huracán cuando uno se haya absorbido y remolonea desquiciándonos cuando la aridez se abate como una lluvia de ceniza. Y esta vez, sin un libro que escribir y sin otro por empezar, el malestar competía con la soledad. Algunas charlas, empero, con amigas y amigos, no alcanzaban para vincularme a los demás.
Un atardecer, aterido por las inclemencias, por una llovizna pertinaz, me refugié en una tienda de máscaras, de figuras de cera, tal cual haría en cualquier otro refugio que atinase a improvisar.
Lo primero que observé en este museo de mi novelística fue la pareja que en El Gusano en el Corazón se empieza amando por dinero y se termina amando de verdad, que es cuando el estipendio destila su ponzoña terriblemente residual. Lástima, la belleza de Sandra aparecía marchita por el patético desenlace.
De inmediato avisté a Charo, la traficante de diamantes y hampona, la de Nuestro Calendario, obstinada en seducir al pistolero, por más que Julieta, sospechada de asesinar a Horacio, se quedará con Mario, el vengador cautivo de la asesina. 
Luego reconocí a Sergio, el de La Ultima Mujer que lo Amó, tan fidedignamente esculpido, estragado, eso sí, por un cáncer que Paula le fraguó para empujarlo al suicidio; pobre Sergio, devorado por el cianuro, por su rencor. El, que había sido un seductor hombre de mundo. Tal vez por esto me reprochaba ahora el rol que le había destinado en la novela. Y estaban Paula y su amante, el diseñador, ambos atrapados en la telaraña de Sergio.
Me sustraje a este encuentro tan emotivo, desgarrador a ratos, y avancé hacia el interior de la tienda  para enfrentarme, con renovado estupor, con los protagonistas de Relatos que Conmovieron a Buenos Aires, escritores, mercenarios, amantes volcánicos, doloridos, traficantes, conspiradores, intrigantes, extraídos de periódicos y semanarios se materializaron a mi lado. Y no podía faltar Samantha, la de El Amor de Mamá, concibiendo el crimen perfecto, y el matarife de Los Casos Perdidos, inminente víctima, a su vez, de una implacable viuda negra, y merodeaba también el usurpador del relato homónimo, verdugo del pensador allende la acera y reconocí asimismo al aviador de Otoño de 1990, transido por un amor de otra esfera y por cierto reconocí al criptógrafo, oriundo de otro cuento homónimo, quien se enamora de una corsaria a punto de que lo abata la soledad y de improviso vi confabularse a los ejecutores de Cayetano, en Niños Envueltos, cuando este no podía ejercer más su autoridad y asistí a la revancha tenística rubricada por la nostalgia, que se dirime grotescamente en En Lugar de Monedas... Y, es claro, reconocí a la viuda del escritor que, en Soy Leyenda, protesta porque a su marido no lo acaban de transfigurar, le endilgan libros que no ha escrito jamás y allí estaban los antihéroes de Cuentas en los Bosques de Viena, Thomas Schule y Ludwig Adolf, los de La Cuarta Pata, Miranda y su lesbiana por la que cometerá atrocidades para retenerla, y se reconocía, por fin presente, al protagonista de Ensenada Aguas Cautivas, Obdulio Fern, el concebidor de la eternidad y sus verdugos, sicarios, y estaban Gaspar Malaver y Simón Isidro Porfirio Valladolit, los de El Halcón y la Serpiente, pujando, el editor para corregir al iniciado y este para rectificar a su amante y al editor, aunque respecto de Gaspar Malaver no lo consiguiese. Y me consterné aun más ante la corporeidad de mis criaturas, Boris y Denise y su mítico astrólogo y herbolario quienes habían abandonado una Tierra yerma y develado el Tiempo y la Eternidad y sometido la cronología y compuesto el mapa sideral, imbuidos de la épica y de purgar las astronaves de parásitos, en la culminación de secesiones, cruentos sismas y luchas intestinas. Los que hablaron fueron Simón Isidro Porfirio Valladolit y Obdulio Fern. 
- ¿Quién dijo que eras un ermitaño, Julio? - me increpó el novelista -. ¡Si tenés cientos de amigos! Te debemos la vida y, por mi parte, que hayas compuesto un ritual doméstico para mi lucimiento y para enmendar a damas excéntricas y superficiales; no te abandonaremos jamás, aunque nos hayas vapuleado.
Y acotó Obdulio Fern:
- Sin tu ayuda, y la imponderable de Natalio, mi descubrimiento no se habría divulgado.       Asimismo me crucé con Amparo, la nodriza de Ensenada Aguas Cautivas, la que salvó a Natalio, el cual formularía tamaña revelación.
Y los recién llegados de Indiscreciones y de El Ultimo Deseo, en nombre de todo el grupo, me invitaron a cenar.
En verdad, no soy un ermitaño, aprobé, cuento tantos amigos y he de concebir muchos más para este club tan singular. Y si usted, querido lector, carece de amistades, hágase miembro y no lo deje de visitar. Será bienvenido.


*Bibliografía. Tango y Morfina,  El Gusano en el Corazón, La Ultima Mujer  que lo Amó, Nuestro Calendario, El Amor de Mamá, Los Casos Perdidos, El Usurpador, Otoño de 1990, El Criptógrafo, Niños Envueltos, En Lugar de Monedas..., La Profanación del Arcano, Soy Leyenda, El Nivel  de Incompetencia, Cuentas en los Bosques de Viena, Relatos que Conmovieron a Buenos Aires, (obras comple-tas,1era y 2da.edic.), La Cuarta Pata,  El Halcón y la Serpiente, Ese Viernes Espantoso, Ensenada Aguas Cautivas. De próxima aparición: El Ultimo Deseo, La Primavera de la Memoria, Indiscreciones, La Novela Policial, ensayo, Penas y Alegrías de un Narrador, memorias

 

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