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Hay
quienes murmuran que soy un ermitaño. Y no es así, y voy a
probarlo. Si escribo una novela, a menudo de aventuras, la vivo a
fondo, es verdad, responsable como soy de la suerte de mis
personajes y también porque el clima me arrastra, sitúa en el
centro de la escena. Ya que uno escribe, en primer lugar, para
disfrutar de la creación, de esa torcedura que le practica a la
realidad con otra realidad virtual, más emotiva, más concertada y
verdadera. Y, en fin, suelo enfrascarme en mis trabajos como un
director de orquesta, el cual no puede abandonar a sus ejecutantes
en medio de la función.
Luego, si no escribo una novela la estoy lucubrando, lo cual
renueva mi contracción, y da más crédito a los rumores.
Esta ¿anomalía? o comoquiera se la designe, se viene
agudizando, lo reconozco, debido a que, de más en más, profundizo
la autocrítica y, por consiguiente, mi reclusión.
En
tardes, con el ánimo de mejorar, me digo que si disfruto de
platicar ¿por qué no me corrijo? Pero, me lo digo nada más.
El tiempo, con su desconcertante relatividad, fluye como un
huracán cuando uno se haya absorbido y remolonea desquiciándonos
cuando la aridez se abate como una lluvia de ceniza.
Y esta vez, sin un libro que escribir y sin otro por empezar,
el malestar competía con la soledad. Algunas charlas, empero, con
amigas y amigos, no alcanzaban para vincularme a los demás.
Un atardecer, aterido por las inclemencias, por una llovizna
pertinaz, me refugié en una tienda de máscaras, de figuras de
cera, tal cual haría en cualquier otro refugio que atinase a
improvisar.
Lo primero que observé en este museo de mi novelística fue
la pareja que en El Gusano en el Corazón se empieza amando por
dinero y se termina amando de verdad, que es cuando el estipendio
destila su ponzoña terriblemente residual. Lástima, la belleza de
Sandra aparecía marchita por el patético desenlace.
De inmediato avisté a Charo, la traficante de diamantes y
hampona, la de Nuestro Calendario, obstinada en seducir al
pistolero, por más que Julieta, sospechada de asesinar a Horacio,
se quedará con Mario, el vengador cautivo de la asesina.
Luego reconocí a Sergio, el de La Ultima Mujer que lo Amó,
tan fidedignamente esculpido, estragado, eso sí, por un cáncer que
Paula le fraguó para empujarlo al suicidio; pobre Sergio, devorado
por el cianuro, por su rencor. El, que había sido un seductor
hombre de mundo. Tal vez por esto me reprochaba ahora el rol que le
había destinado en la novela. Y estaban Paula y su amante, el diseñador,
ambos atrapados en la telaraña de Sergio.
Me sustraje a este encuentro tan emotivo, desgarrador a
ratos, y avancé hacia el interior de la tienda
para enfrentarme, con renovado estupor, con los protagonistas
de Relatos que Conmovieron a Buenos Aires, escritores, mercenarios,
amantes volcánicos, doloridos, traficantes, conspiradores,
intrigantes, extraídos de periódicos y semanarios se
materializaron a mi lado. Y no podía faltar Samantha, la de El Amor
de Mamá, concibiendo el crimen perfecto, y el matarife de Los Casos
Perdidos, inminente víctima, a su vez, de una implacable viuda
negra, y merodeaba también el usurpador del relato homónimo,
verdugo del pensador allende la acera y reconocí asimismo al
aviador de Otoño de 1990, transido por un amor de otra esfera y por
cierto reconocí al criptógrafo, oriundo de otro cuento homónimo,
quien se enamora de una corsaria a punto de que lo abata la soledad
y de improviso vi confabularse a los ejecutores de Cayetano, en Niños
Envueltos, cuando este no podía ejercer más su autoridad y asistí
a la revancha tenística rubricada por la nostalgia, que se dirime
grotescamente en En Lugar de Monedas... Y, es claro, reconocí a la
viuda del escritor que, en Soy Leyenda, protesta porque a su marido
no lo acaban de transfigurar, le endilgan libros que no ha escrito
jamás y allí estaban los antihéroes de Cuentas en los Bosques de
Viena, Thomas Schule y Ludwig Adolf, los de La Cuarta Pata, Miranda
y su lesbiana por la que cometerá atrocidades para retenerla, y se
reconocía, por fin presente, al protagonista de Ensenada Aguas
Cautivas, Obdulio Fern, el concebidor de la eternidad y sus
verdugos, sicarios, y estaban Gaspar Malaver y Simón Isidro
Porfirio Valladolit, los de El Halcón y la Serpiente, pujando, el
editor para corregir al iniciado y este para rectificar a su amante
y al editor, aunque respecto de Gaspar Malaver no lo consiguiese. Y
me consterné aun más ante la corporeidad de mis criaturas, Boris y
Denise y su mítico astrólogo y herbolario quienes habían
abandonado una Tierra yerma y develado el Tiempo y la Eternidad y
sometido la cronología y compuesto el mapa sideral, imbuidos de la
épica y de purgar las astronaves de parásitos, en la culminación
de secesiones, cruentos sismas y luchas intestinas. Los que hablaron
fueron Simón Isidro Porfirio Valladolit y Obdulio Fern.
- ¿Quién dijo que eras un ermitaño, Julio? - me increpó
el novelista -. ¡Si tenés cientos de amigos! Te debemos la vida y,
por mi parte, que hayas compuesto un ritual doméstico para mi
lucimiento y para enmendar a damas excéntricas y superficiales; no
te abandonaremos jamás, aunque nos hayas vapuleado.
Y acotó Obdulio Fern:
- Sin tu ayuda, y la imponderable de Natalio, mi
descubrimiento no se habría divulgado.
Asimismo me crucé con Amparo, la nodriza de Ensenada Aguas
Cautivas, la que salvó a Natalio, el cual formularía tamaña
revelación.
Y los recién llegados de Indiscreciones y de El Ultimo
Deseo, en nombre de todo el grupo, me invitaron a cenar.
En verdad, no soy un ermitaño, aprobé, cuento tantos amigos
y he de concebir muchos más para este club tan singular. Y si
usted, querido lector, carece de amistades, hágase miembro y no lo
deje de visitar. Será bienvenido.
*Bibliografía.
Tango y Morfina,
El Gusano en el Corazón, La Ultima Mujer
que lo Amó, Nuestro Calendario, El Amor de Mamá, Los Casos
Perdidos, El Usurpador, Otoño de 1990, El Criptógrafo, Niños
Envueltos, En Lugar de Monedas..., La Profanación del Arcano, Soy
Leyenda, El Nivel
de Incompetencia, Cuentas en los Bosques de Viena, Relatos
que Conmovieron a Buenos Aires, (obras comple-tas,1era y 2da.edic.),
La Cuarta Pata,
El Halcón y la Serpiente, Ese Viernes Espantoso, Ensenada
Aguas Cautivas. De próxima aparición: El Ultimo Deseo, La
Primavera de la Memoria, Indiscreciones, La Novela Policial, ensayo,
Penas y Alegrías de un Narrador, memorias
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