JUAN DE DIOS FILIBERTO

Por José Kuperman

 

 

    En los comienzos del 1900, imaginar a los hombres que gustaban del tango, tenemos que llevarlos al ambiente justo de sus andanzas.

    Por eso necesitaban ese espíritu, sentir los acordes del bandoneón, oir silbar el violín, jugar con la flauta y si debe, agregar el piano. Tocar con el alma por donde saldrían los

compases para deleite de milongueros canyengues y minas de conventillo.

    Filiberto logra entrar por esa puerta grande que es en definitiva su musa inspiradora que le permite crear su primer tango “Guaymallén”, estrenado por Eduardo Arolas en 1905.

    Era Filiberto un típico representante de ese mundo y vivía consustanciado con ella y nos cuenta: “Recuerdo un episodio de mis tiempos de violinista, en un café de ..La Boca, .Patricios y Olavarría, donde habíamos formado un trío. .Se componía de un piano, violín y bandoneón; el violinista era yo, nos pagaban por noche dos pesos a cada uno. Pero andábamos en desacuerdo. No por la paga, sino por la música., El pianista tocaba de oído, el del bandoneón se floreaba a su gusto y yo repetía a mi manera lo que había aprendido en el conservatorio. Más que un trío musical parecía un terceto de solistas..Lo malo que los tres tocábamos al mismo tiempo y cada cual agarraba por su lado. Aquello salía como la mona. Los otros me echaban la culpa a mí y yo se la echaba a ellos. Hasta que se armó la bronca y nos separamos por incapacidad de caracteres y de instrumentos.

   Individualistas cien por ciento, en cada interpretación ofrecíamos tres versiones

distintas de cada pieza. Lo que no me explico es que no nos disolvió el público o el dueño del café, antes que nosotros nos disolviéramos, después de pelearnos.”

    Filiberto gustaba caminar por las calles de La Boca, usando largas patillas, sombrero negro de alas anchas, de copa chata y un moñito volador.

    No cabe suda de su veta inspiradora, como “El .Pañuelito.” y”Quejas de Bandoneón.” y el siempre recordado “Caminito”.

    Otra de sus virtudes fue la de director de su orquesta, con su ritmo lento y acompa-sado, frente a las orquestas de ritmo más al corte y la quebrada. Filiberto ha marcado su lirismo de poeta, pese a su anarquismo, de su origen pobre pero de auténtico creador.

 

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