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ALBERTO
DANERI |
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COMO
UN DUENDE QUE EN LA SOMBRA
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Mientras
la boca de Dios, pérfida,
calla, y su alma se retuerce herida
en las riberas del
Tigris y el Eufrates
¿recuerdas al pequeño
que en el ´36
se alzó feroz contra la República?
Hubo otro que marchó
sobre Roma,
uno en la fría
estepa devoró millones
y cierto pintor amaba
medir narices.
Ellos soldaron su
sangre al cow-boy
que borrará el
arameo de Babilonia.
¿Dónde estás,
hombre? ¿Por qué no
gritas?
Cientos de miles de
niños han muerto.
Como un duende ebrio el poder asola
cuerpos preñados de
hambre y llanto.
En la sombra. Día y
noche. Impune.
Oh
hermano, despierta. Y resiste.
Cada humano es tu
mismo pueblo.
(Marzo 2003)
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PIQUETEROS |
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Ya vienen,
Entre nieblas los excluidos baten alas amarillas
toman la calle como primer paso hacia la libertad
y desiertos de mentiras asaltan la mañana
donde retumban en bodas sus corazones solitarios
mientras un olor de viento crece desde el dolor;
“nos robaron todo menos la esperanza”
avanza el murmullo al ritmo de sus palos inútiles
y cada derecho perdido, es una piedra en la mano.
Ya vienen unidos
cuál un mar de risas crepuscular
los rostros cubiertos por bufandas coloridas.
Ahora cientos de gritos fulguran como un cuchillo
sumando temblores de pan, hambre y trabajo
ahora la tarde exalta a un pueblo que resiste
los cánticos muerden trás un silencio amenazante
y esa nueva raza franquea gallarda el puente.
Ya vienen húmedos de cólera
igual que el viento suspira caminan del brazo
marcando descalzos huellas de sol en el asfalto;
nadie tiene siquiera monedas en los bolsillos
pero cantan agitando sus máscaras de fuego.
Otros ebrios de miedo cierran las ventanas
hoy los ojos palidecen detrás de los postigos.
Cuando el fuerte teme al débil la fatal cacería
funde como ola y mar a víctimas con balas:
adentro humillan a varones y mujeres desnudos
y naufraga el atardecer frente a setenta heridos.
Afuera todo es luz fría, todo es sombra;
en el confín de la ciudad vuelve la pena
se hace llanto huyendo entre la metralla
al fijar eterna la memoria sobre el puente.
Afuera la luna sale desflorando la vida
el martirio gime unánime en el invierno rojo
y dos jóvenes despiertan a un futuro de nada
vestidos de sangre y de hermandad.
(Julio 2002)
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El Doble |
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Me preguntas por qué nuestro deseo
no
es unánime
cuando huyo a ese cuarto sin orgía
para refugiarme entre libros o notas.
Allí hay un hombre maduro soñando
paradojas frente a un invisible espejo.
Me preguntas por qué ciertas noches
saco a bailar el alma o me acuesto
con jazz bop a transcurrir silencios
desgranar fogosos ritmos heridores
y escribir páginas extasiado. Niego
anhelar ilusionarme con la soledad;
tímidos y audaces la sufren por igual.
Me preguntas por qué vestido de lector
no te veo ni escucho.
Tampoco puedo verme. Hincando tifones
voy lejos o soy otro. Ni siquiera ese amante
que vuelve a ti y al que viste antes. Dudo
ser el que fui o puedo haber sido.
Tropiezo sin cesar con las huellas de alguien.
En la certeza de que soy él viajo dentro de mí
con la duda de alcanzarlo y hallar la semejanza
a fin de atisbarle para conocerme un poco más.
Tal vez soy uno, el de la historia que leo.
Tal vez, pues al regresar no me reconozco
ni lo recuerdo
ni me recuerdo
y pienso que por un tiempo
me volví nada o todo, allá lejos,
con ese otro que llevo escondido.
¿Quién vive en mí cuando no estoy contigo?
Dímelo. Díselo a todas mis sombras.
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Porque voy en busca del viento |
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Oh, no te asombres de mi tristeza!
Y no me preguntes;
no sabría decirte sino palabras tan
vanas,
Dios mío, tan vanas,
que me pondría a llorar como si fuera
a morirme.
Sergio Corazzini
Porque voy en busca del viento
y tengo dos manos para abrir
a plena luz y a pleno grito;
porque
el silencio es vasto en la tierra
sublevada y abismal sin un cielo;
porque
brilla la noche y estoy solo
con la oscuridad de todos;
porque
cuando las voces callan
ya no recuerdo mis olvidos
ni encuentro de los ausentes el
camino
extiendo la mano
toco__a un hombre |
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Partidas |
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Inmóvil frente al aliento del cauto mar
bajo la humedad de mayo su verdeoscuro penetra
mi cansada mirada
y el oleaje surge en espirales tras las gaviotas.
Soy aún rico en tiempo;
he mutilado, cautivo del silencio, todo presagio.
Apenas ayer salté cincuenta cortos años
y mis amigos no están. Han partido solitarios.
¿Qué sangre nos nutría?
Vuelven junto al mar como un viento fuerte
sellando mis manos a las suyas.
¿Cuándo nos haremos lúgubre cadena?
No me pidan hoy grandes palabras
pues no las tengo;
guardando cenizas de hombres y mujeres
desnudos
el mar llora de amor.
¿Cómo lo recorrerán esas fútiles sombras?
Canto su ausencia en la pálida lluvia y espero.
Tanto por tan poco.
Cuando revivo nuestras mutuas ilusiones
ni siquiera creo ser dueño de su historia;
algunas mañanas sueño
utopías
y despierto sin el pan ni el vino con memorias
para siempre perdidas.
Ya no me reconozco fuera de mí;
voy por un sendero de arena o aire
para evitar el hollín de 1os hombres.
Una mano inefable roza mi espalda
y desciendo
al infierno de los que se han ido;
náufrago deseoso de unir agua y cielo
me siento a lagrimear entre viejas rocas
y só1o toco escombros:
estoy entre hermanos.
De "El mar llora de amor" |
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http://mx.geocities.com/albertodaneriescritor
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