L A  P I S T O L A

Y  E L  R A T Ó N

 

 

 

Cuento brevePor Alberto Daneri  exclusivo  para Generación 2000

    

                                                               Ilustración Matías Berbari

 

 

 Su padre era un socialista que quería ser escritor, pero

afirmaba que sus mejores relatos se quedaban en la cama:

así nació Kiko. Poco después el padre se le perdió a la

madre y nadie supo por qué ella quería recuperarlo.

Solitario y hostil, Kiko a los quince llevaba pistola; todo el

mundo se asustaba mientras echaba miradas equívocas a

las muchachas y sabía perder su tiempo sin que nadie lo

ayudase. Cuando juró que las gotas de lluvia en su

ventana eran la voz de su padre perdido, un médico lo

diagnosticó demente. Es algo muy fácil, puede hacerse con

cualquiera igual a Kiko: odiaba el trabajo y valoraba la

fantasía y a la gente desvalida. Lo encerraron. Allí

descubrió que cada uno tenía su pistola y todos creían que

iban a morir sanos. Al salir la vio; ese día ella oyó el rumor

del deseo expandido dentro de su blusa y le sonrió. Kiko

hablaba sin saber qué quería decir pero deseando que ella

lo supiera. Tienes dinero?, preguntó la chica.

Heredé libros, dijo él. Ella se burló, pues ansiaba un

millonario por tener en los espejos de su casa una rivalidad

continua con su madre. Kiko extrajo su arma pero ella no

se preocupó. Van al manicomio los que pierden sus

afectos, pensaba él. La abrazó y dio a la chica algo que

podía pasar por un beso. Sus alientos se mezclaron con 

sabor a pastillas. Luego Kiko guardó su pistola (que era el

miedo), saco un ratón (que es  el amor) y se lo regaló.

Nadie más los vio. Algunos suponen que tuvieron hijos y

fueron felices. Hay quien dice que unido a ella terminó loco,

pero es la clase de gente que cree  que Hemingway murió

de un escopetazo en la boca porque buscaba dar brillo al

caño con su aliento.

 

 

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