EL  CORAJE  DEL  SILENCIO

 

Por Cristina Siri 

El habla de coraje. Habla de luchar, defenderse para construir; cuando lo nuestro ya está devastado. Casi no queda nada de todo aquello que nos cobijó, abrigó y dio motivos de alegría a nuestros antiguos días.

         El habla de los cobardes como si supiera. En realidad no sabe.

Trajo mi jaula cerca de la hoguera para que pudiera participar del rito de la luna creciente. Pretende que acumule mi femenina ira. Pretende que así tome coraje y rompa las rejas de esta “casa” que ellos construyeron hace tanto, a la luz del sol, porque rompí las reglas de la Tribu.

         Yo no quiero salir. Estoy quieta como un Tótem. Echada contra los barrotes que huelen a libertad porque están torneados con la madera del árbol mío.

         Ellos creyeron que me castigaban. Yo río por dentro. Miro la piel de seda negra de mis piernas y recuerdo como cedieron bajo este árbol que hoy es mi cárcel, a la pulsión dulce y enérgica del hombre. De ese hombre, que se suponía... no tenía que amar.

         El cree saberlo todo. No sabe nada. Yo tenía que ser de él: virgen y sometida. Yo fui libre.

         Esta es ahora mi libertad. Ejerzo el coraje de la obstinación y la paciencia.

         Los veo bailar alrededor de un fuego que nunca sintieron arder en sus almas. Sus lenguas flagrantes dibujan el cuerpo de mi amado que ya no está sobre la densidad de esta tierra. Fue empalado y devorado por los lobos. El niño arrancado de mi vientre, ofrecido en sacrificio.

         Yo soy una amenaza que palpita en silencio.

Nadie se acerca hasta mi jaula. Puedo destrozarlos con mis dientes de loba, sobre todo hoy que hay luna llena y un aullido me destroza el corazón por no salir desde mi boca tiesa. Callo. Siempre callo. No voy a dejarles el poder de inmolarme para placer de sus creencias.

         El cree saberlo todo. No sabe nada.

Su cobardía es la que me enseñó el coraje del silencio. 

 

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