MI HIJO EL BARRABRAVA     

                                                                                                       por Elsa Copati

 

Agradezco la colaboración brindada por mis hijos Federico y Martín sin la cual no hubiera  podido escribir este cuento.

 

            Yo soy la madre. ¡Sí! ¡Y a mucha honra! Somos de Boca desde siempre. Hasta donde me.

llega la memoria. Todavía me acuerdo de mi bisabuela materna, de mis abuelos, de mis tíos... .

Todos de Boca. Y me casé con el finado por eso también. Por la devoción hacia la bandera

azulyoro.

- ¡Boca! ¡Boca! - cantaba yo de chica, cuando escuchaba el partido por la radio. En esa época a las  mujeres no nos dejaban ir a la cancha, que si no... Me lo iba a perder. Para mí Rattín, el número cinco, era un ídolo. Estaba tan enamorada de él. Otras de mi edad se ratoneaban con el Alén Delón. En cambio yo con Rattín, tan temperamental, tan... De Rojitas ni hablar, con ese nueve estampado en la camiseta. No le daban ya los pies de tanto meter goles. Y ni hablar de Roma... Si habrá atajado goles de las gallinas... No, no los odio porque sí. Es que los de River se hacen odiar. Diga que el técnico Di Stefano daba para mucho... Después, con la televisión tuvimos casi el partido en casa. Pero nunca es lo mismo que en la cancha. ¡La cancha es una gloria! Sí, señor. Yo soy la madre de ese barrabrava que metieron en el calabozo. Mire, señor. Mi hijo no es ningún inútil. Los barrabravas cumplen una función. Los partidos no son lo mismo sin ellos. Son los que dirigen la hinchada, los que llevan los bombos, las matracas, los pitos. Es decir, los que arman todo el batifondo ese que tanto les gusta a los jugadores y ni hablar cuando el Mono ataja un gol de esos que va y va y va y él se tira para el lado justo y ¡Mono! ¡Mono! ¡Mono!... y el coro: “Hinchada, hinchada, hinchada hay una sola, hinchada la de Boca las demás se quedan piola”. Sí, ya sé  que a los muchachos a veces se les va la mano, pero a mi hijo, no. Yo lo eduqué bien. Siempre le dije: - Nene, portate bien en la cancha. No te olvides. Ustedes son el numero doce. Tienen que alentar al equipo de Marzolini que se entrega entero a la victoria. ¡Si yo hubiera sido varón! ¡ Lo bien que lo hubiera pasado! Imaginesé, señor, generaciones de hinchas de Boca. La Bombonera fue nuestro segundo hogar. ¡Dale Bo..! ¡Dale Bo..! No me diga que hicieron lo que la gente dijo porque no le creo y menos de mi hijo. Habrán sido los de River, esas gallinas que primero empiezan y después arrugan. Eso es. Empiezan y arrugan. Empiezan y arrugan. Lo mejor es cantarles: “Oleleolala no sea maleducado salude a su papá” ¡Les da una bronca! Si lo sabré yo... Del barrio de la Bombonera. Para mí verlo a Manteca agarrar la pelota y correr y correr y púm derecho al arco es lo más grande del mundo. - ¡Gol! - grito y no paro. - ¡Goool! - grito cada vez más fuerte cuando se me pasó el asombro. - Goooooool! - y ahí paro porque el corazón me bate como el bombo del Negro. No, mire. No se lo creo. No serán santos pero... De ahí a linchar a uno de River, no. Habrá sido algún infiltrado como dicen los políticos para quedar bien. ¡ Mi hijo, menos que menos! Yo siempre le digo. Las cadenas llevalas para intimidar a los de la hinchada contraria pero no las uses nunca. Vos mostráselas, nada más. Por eso le digo, señor. Yo sé cómo lo eduqué. Somos gente culta. Sabemos manejarnos en la cancha. Conocemos al adversario que está en la tribuna de enfrente, esperando nuestra caída. Yo le digo al nene. No hay que dejarse. Pero con las cadenas nunca. Por eso, si lo lincharon, ellos no fueron. Sogas no llevan. No va con nuestra cultura. ¡Dale Boca! ¡Dale Boca! Parecen bailarines en la cancha, vea. Ni el mismísimo Julito Bocca, el que sale a veces bailando con esos pantalones ajustados que una... Ni siquiera él consigue dar esos saltos, una pierna estirada para adelante, otra pierna estirada para atrás. Ellos sí que traspiran la camiseta. La vez pasada, Márcico me regaló una. La lavé porque una es limpia. Pero me dio una lástima... Ah no, señor. Mi hijo, no. Es un barrabrava de bien. Ellos están para aflojar las tensiones provocadas por la emoción del partido. ¡La Bombonera es una fiesta con ellos! Llena de banderas azulyoro flameando como si estuviéramos luchando por la patria. Es que Boca... ¡Boca es la patria!. Es la mitad más uno. Y los barrabravas son el número doce que no puede fallarles vayan adonde vayan. Porque los siguen a todas partes. Sí. Mi hijo tiene mundo. No es un tirado. Es muy viajado. Por eso yo le enseñé que las cadenas las muestre para disminuir al adversario. Para hacerle sentir que no es nada, que ni siquiera existe. ¡Dale Bo..! Se me enciende el corazón cuando la hinchada hace la ola... ¿Vio que perfección? La ensayaron mucho, pero al final les salió bien y se la enseñaron a todos los hinchas . Ellos están ubicados en la tribuna de tal manera que junan a todo el que se niega a hacerla. A ése sí que se la dan. Pero en broma nomás. Para que aprenda. ¡En la cancha somos uno solo! ¡El número doce! ¡Dale campeón! ¡Dale campeón! Y cuando el equipo entra a la cancha la euforia no tiene límites,  son nuestros héroes, nuestros próceres, los que van a jugarse enteros por alcanzar la victoria. Entonces cantamos el himno. Nos ponemos la mano en el corazón y empezamos: “Boca Boca de mi vida vósolalegría de mi corazón sabes todo lo que siento yo te llevo adentro de mi corazón”. No, señor. Sabés no. Sábes. No. No me hago la fina, es por la melodía. No pega. Escuche bien¨: ... sabés todo lo que siento... En cambio: “... sábes todo lo que siento...”. ¿Ve que suena mejor? De la otra manera  falla la melodía. Mi hijo, el barrabrava que usté tiene ahí encerrado nada más que por una simple sospecha ya fue a dos mundiales. En el último no se pudo lucir porque con el disgusto que tuvimos porque le cortaron las piernas a Dieguito... Bueno, es una forma de decir, claro. Pero en el anterior, en Italia, sí que se lució. El, junto con todos sus compañeros se agarraron a las patadas con esos borrachos de los júligan, esos degenerados que no tienen ni un poquitito así de cultura deportiva. ¡Yo al nene lo vi por televisión! Tenía la bandera argentina enroscada de la cabeza a los pies. ¡Sentí una emoción! ¡Cómo nos afanaron la copa...! Pero ya pasó. Ahora estamos pendientes de la tablita. ¡Boca! ¡El gran Boca va primero! A los de River, esas gallinas que se las tiran de pitucos... Mire usté que hacerse llamar “millonarios”, los vamos a dejar atrás, bien atrás. No insista. El nene no fue. Aunque me muestre la soga. Es imposible. Yo misma le compré las cadenas. Yo misma se las preparo antes de cada partido. El es incapaz de matar una mosca. Mucho menos va a linchar a uno de River tan vilmente. Con una soga... No, señor. La soga no es de nuestra cultura. Mire, no me ofenda. Yo no estoy encu... tapando a nadie aunque se trate de mi hijo. Así que usté no me toca. Al calabozo su madre, si es que la tiene porque si la tuviera no me trataría con tanta descortesía. No. No. Le digo que... Bueno. Cierre bien. Aquí, encerrada en esta jaula le voy a seguir insistiendo con que mi hijo, el barrabrava, no fue porque soga no usa. No es de nuestra cultura. Y además,

aquí encerrada, voy a seguir teniendo el corazón libre para cantar con toda la voz que tengo: “Boca Boca de mi vida vósolalegríademicorazón...”       

 


 

Elsa Copati nació en Buenos Aires. Ha publicado los libros de poemas “Fugacidad del Sol”(1985), “Motivo para el Junco (1990) y “Poética de los Escombros”(1998). Además los libros de cuentos “Elige tu nombre” (1986), “Travesías” (1993) y “Cuando uno es otro” (1995). Es cofundadora de la revista de literatura “Tamaño Oficio” e integró su consejo de redacción.

 

Teléfono: 4902-3990                         

e-mail: elsacopati@yahoo.com.ar                                                                                                                                               

 

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