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Los españoles, aún perdiendo la guerra en Cuba, no
querían regresar a España. Prueba de ello fue la emigración
peninsular de civiles y militares a la Isla, que sobrepasó
el millón en el último tercio del Siglo XIX. De estos,
los oficiales y soldados que se ocultaron al término de la
contienda, por un motivo u otro, después de sumar y restar
muertos y desaparecidos, amén del retorno forzoso a la Metrópoli,
según lo acordado con la Trasatlántica Española
(2), cuyo testimonio es uno de los de mayor peso documental, dio
un saldo aproximado de 750 mil inmigrantes, que casados o arrimados
con negras, blancas, mulatas o disfrazados como simples campesinos,
quedaron en Cuba.
España encontró en nuestro país el único
lugar, a pesar de ser el último en dejarlo, donde no fueron
rechazados, llegándose a fundir en un entorno social, como
parte inequívoca de la nacionalidad cubana.
Es decir, que para entender este enorme legado cultural, dejado
por los españoles en nuestro país, sería como
fuente necesaria para su comprensión, observar la magnífica
obra de los ingenieros, los arquitectos y constructores en general,
a través del decursar histórico y palpable en nuestras
construcciones de fortalezas, iglesias, conventos y asentamientos
poblacionales, maravillosamente reflejados en el libro "500
años de Construcciones en Cuba" del licenciado Juan
de las Cuevas Toraya, quien minuciosamente nos ha dejado en
su Obra detalles y rarezas jamás conocidas de nuestra historia
colonial, pasando desde la penca y la yagua indígena, con
los bajareques y los palafitos, a la sobria roca caliza, para lograr
con la cal y la sillería, la construcción de tres
de las más conocidas fortalezas de la América: La
Fuerza, El Morro y La Cabaña, a las que se adicionó
La Punta, predominando en los proyectos de sus ingenieros y arquitectos
la intención medieval a simple vista hoy con
los fosos, aljibes, puentes levadizos, arcos trilobulados, los famosos
ojos de buey para claridad o respiración los
baluartes en sus ángulos y para el alojamiento de la tropa,
con un cielo embovedado, saltando de la línea recta durante
el decursar de los Siglos, a las volutas reposadas, tenues, suaves,
en los costados y frentes de toda construcción oficial, iglesias,
conventos, creándose así una especie de barroco criollo
de ultramar a copiar en toda la América Española,
variando esta corriente constructiva a partir de la segunda mitad
del Siglo XIX, con la instalación de la primera fábrica
de cemento Portland en Cuba e Hispanoamérica, así
como el famoso Art Noveau de inicios del Siglo XX.
He aquí algunos datos inéditos del Libro, como primicias
dignas de mencionar:
Siglo XVI:
Los primeros constructores que murieron por la libertad de Cuba
contra el invasor, según informe al Rey, en el ataque a La
Habana por el pirata Jacques de Sores fueron: "Juan Díaz,
Albañyl y los Carpinteros Maestre Juan, Esteban Sánchez
y un tal Nicolao".
La fundación de un tejar, como la primera industria de
materiales de construcción en Cuba, por un alfarero procedente
de Santo Domingo, ubicándose en Puerto Príncipe, al
disponer de arcilla que "afloraba en todas partes con extraordinaria
calidad".
El primer capataz de la construcción de quien se tiene
noticia en Cuba, que surge al comenzarse las "Obras de la Zanja
Real", para abastecer de agua la Ciudad de La Habana, según
documento que dice: "primer veedor" capataz
"con un salario de 14 reales al día, para el cantero:
Juan Naera, para que ande en la obra e mande lo que han de hacer
los peones y los esclavos".
La primera Escuela de Canteros de La Habana, fundada por Francisco
Calona.
Siglo XVII:
Las Murallas de La Habana se comenzaron a edificar a mediados
de este siglo utilizando 75,000 m^ 3 de piedra
de sillería. Su construcción duró cerca de
100 años. Tuvo nueve puertas, las que abrían y cerraban
con el aviso de cañonazos. Su dotación militar fue
de 3,400 hombres y 180 piezas de artillería.
Siglo XVIII:
El desarrollo en su máximo esplendor de la carpintería
cubana con la construcción de 109 barcos [bergantines, galeones
y fragatas, por un valor aproximado de 26 millones de pesos fuertes].
Siglo XIX:
La primera preocupación ecológica por la Bahía
de La Habana, con los arreglos en la ciudad de sus calles, por el
tránsito de no menos de 700 mil carretas anuales (3), cargadas
con cajas de azúcar para la exportación por el puerto,
deteriorándose las vías debido a la baja calidad de
sus rellenos y lodazales, piedras y deshechos que con el arrastre
de las lluvias sin alcantarillado eran "conducidas
al puerto con perjuicio de su fondo" y "resultando que
los buques no tuvieran donde fondear".
Inodoros: En Cuba se colocaron los primeros muebles sanitarios
en el Centro Asturiano (1887). Eran estos de forma antiestética
de embudo, cajón de madera forrados de zinc y con una cadenita
larga. Cuando los vio el Capitán General en su inauguración,
tras un largo silencio, a distintas preguntas respondió:
"bueno, es que ya nos habíamos acostumbrado al olorcillo".
El escritor Juan de las Cuevas logró esta colosal Obra,
gracias a su esfuerzo en los dos últimos años de trabajo
y utilizó para ello 40 años de sedimentación
cultural, documentos e informática, acumulados durante su
vida profesional.
En el "Índice de Contenido" existen no menos de
1,800 referencias de poblaciones y obras, estructurados a su paso
por cinco Siglos, hasta el año 2000, en más de 1,000
cuartillas, con más de 400 fotos, que incluyen las rarezas
más impresionantes en la historia de la construcción
de nuestro país. Las ciudades y pueblos aparecen en cada
siglo por orden alfabético.
La bibliografía consultada se encuentra en 45 páginas,
las entrevistas en número de más de 100 a personalidades
jubiladas o activas en el Sector de las Construcciones.También
hay citas de personas vivas, muertas o salidas del país,
por-que atrás, aún hoy, a través del tiempo
quedan sus obras como tarjetas de presentación.
En el cierre de la estructura, a finales del libro, debemos señalar
que el Autor logra magistralmente en un Capítulo relacionar
los Secretarios y Ministros de la Construcción en Cuba, desde
la primera intervención norteamericana de 1899 hasta hoy,
con sus respectivas síntesis biográficas. En otros
Capítulos da igual tratamiento a los Constructores Des-tacados
durante los 500 años y a los Científicos de la Construcción.
De los cinco Siglos desarrollados en el libro, el XX fue dividido
en dos partes. Sus últimos cuarenta años corresponden
al período de la Revolución, con cifras actualizadas,
incluyendo las construcciones realizadas en el exterior.
Desde los inicios hasta su última etapa vemos cómo
la Revolución rompió con todos los esquemas constructivos
anteriores, iniciándose en el país una nueva era,
con el desarrollo de la industria del prefabricado de hormigón,
se tipificaron los proyectos, logrando con ello mayor rapidez en
los plazos de ejecución de las obras, aumento de la productividad,
reducción de los índices de consumo de materiales,
etc. También se emprendieron con tecnología de punta
y Dirección Integrada de Proyectos los Polos Turísticos,
Pedraplenes y Autopistas.
Estamos en presencia, pues, de un libro Científico Técnico,
dirigido a Directores, Especialistas,Técnicos, Estudiantes
en general y a todos los amantes de las obras de ingeniería
y arquitectura.
Abelardo Padrón Valdés
Escritor e Historiador
___________
(1) Moreno Fraginals, Manuel, Cuba España-España Cuba,
Barcelona, 1996.
(2) Compañía Trasatlántica Sociedad Marítima
Mercantil de Barcelona.
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