PRÓLOGO

En pleno siglo XX:

...La estatua de José Martí que encendió la guerra y declaró que no era ni contra el padre valenciano ni su madre canaria... se yergue rodeada... —entre otros edificios—, por el Centro Gallego, el teatro del catalán Payret, el Centro Asturiano y la españolísima Manzana de Gómez... (1).

Los españoles, aún perdiendo la guerra en Cuba, no querían regresar a España. Prueba de ello fue la emigración peninsular de civiles y militares a la Isla, que sobrepasó el millón en el último tercio del Siglo XIX. De estos, los oficiales y soldados que se ocultaron al término de la contienda, por un motivo u otro, después de sumar y restar muertos y desaparecidos, amén del retorno forzoso a la Metrópoli, según lo acordado con la Trasatlántica Española (2), cuyo testimonio es uno de los de mayor peso documental, dio un saldo aproximado de 750 mil inmigrantes, que casados o arrimados con negras, blancas, mulatas o disfrazados como simples campesinos, quedaron en Cuba.

España encontró en nuestro país el único lugar, a pesar de ser el último en dejarlo, donde no fueron rechazados, llegándose a fundir en un entorno social, como parte inequívoca de la nacionalidad cubana.

Es decir, que para entender este enorme legado cultural, dejado por los españoles en nuestro país, sería como fuente necesaria para su comprensión, observar la magnífica obra de los ingenieros, los arquitectos y constructores en general, a través del decursar histórico y palpable en nuestras construcciones de fortalezas, iglesias, conventos y asentamientos poblacionales, maravillosamente reflejados en el libro "500 años de Construcciones en Cuba" del licenciado Juan de las Cuevas Toraya, quien minuciosamente nos ha dejado en su Obra detalles y rarezas jamás conocidas de nuestra historia colonial, pasando desde la penca y la yagua indígena, con los bajareques y los palafitos, a la sobria roca caliza, para lograr con la cal y la sillería, la construcción de tres de las más conocidas fortalezas de la América: La Fuerza, El Morro y La Cabaña, a las que se adicionó La Punta, predominando en los proyectos de sus ingenieros y arquitectos la intención medieval —a simple vista hoy— con los fosos, aljibes, puentes levadizos, arcos trilobulados, los famosos ojos de buey —para claridad o respiración— los baluartes en sus ángulos y para el alojamiento de la tropa, con un cielo embovedado, saltando de la línea recta durante el decursar de los Siglos, a las volutas reposadas, tenues, suaves, en los costados y frentes de toda construcción oficial, iglesias, conventos, creándose así una especie de barroco criollo de ultramar a copiar en toda la América Española, variando esta corriente constructiva a partir de la segunda mitad del Siglo XIX, con la instalación de la primera fábrica de cemento Portland en Cuba e Hispanoamérica, así como el famoso Art Noveau de inicios del Siglo XX.

He aquí algunos datos inéditos del Libro, como primicias dignas de mencionar:

Siglo XVI:

Los primeros constructores que murieron por la libertad de Cuba contra el invasor, según informe al Rey, en el ataque a La Habana por el pirata Jacques de Sores fueron: "Juan Díaz, Albañyl y los Carpinteros Maestre Juan, Esteban Sánchez y un tal Nicolao".

La fundación de un tejar, como la primera industria de materiales de construcción en Cuba, por un alfarero procedente de Santo Domingo, ubicándose en Puerto Príncipe, al disponer de arcilla que "afloraba en todas partes con extraordinaria calidad".

El primer capataz de la construcción de quien se tiene noticia en Cuba, que surge al comenzarse las "Obras de la Zanja Real", para abastecer de agua la Ciudad de La Habana, según documento que dice: "primer veedor" —capataz— "con un salario de 14 reales al día, para el cantero: Juan Naera, para que ande en la obra e mande lo que han de hacer los peones y los esclavos".

La primera Escuela de Canteros de La Habana, fundada por Francisco Calona.

Siglo XVII:

Las Murallas de La Habana se comenzaron a edificar a mediados de este siglo utilizando 75,000 m^ 3 de piedra de sillería. Su construcción duró cerca de 100 años. Tuvo nueve puertas, las que abrían y cerraban con el aviso de cañonazos. Su dotación militar fue de 3,400 hombres y 180 piezas de artillería.


Siglo XVIII:

El desarrollo en su máximo esplendor de la carpintería cubana con la construcción de 109 barcos [bergantines, galeones y fragatas, por un valor aproximado de 26 millones de pesos fuertes].

Siglo XIX:

La primera preocupación ecológica por la Bahía de La Habana, con los arreglos en la ciudad de sus calles, por el tránsito de no menos de 700 mil carretas anuales (3), cargadas con cajas de azúcar para la exportación por el puerto, deteriorándose las vías debido a la baja calidad de sus rellenos y lodazales, piedras y deshechos que con el arrastre de las lluvias —sin alcantarillado— eran "conducidas al puerto con perjuicio de su fondo" y "resultando que los buques no tuvieran donde fondear".

Inodoros: En Cuba se colocaron los primeros muebles sanitarios en el Centro Asturiano (1887). Eran estos de forma antiestética de embudo, cajón de madera forrados de zinc y con una cadenita larga. Cuando los vio el Capitán General en su inauguración, tras un largo silencio, a distintas preguntas respondió: "bueno, es que ya nos habíamos acostumbrado al olorcillo".

El escritor Juan de las Cuevas logró esta colosal Obra, gracias a su esfuerzo en los dos últimos años de trabajo y utilizó para ello 40 años de sedimentación cultural, documentos e informática, acumulados durante su vida profesional.

En el "Índice de Contenido" existen no menos de 1,800 referencias de poblaciones y obras, estructurados a su paso por cinco Siglos, hasta el año 2000, en más de 1,000 cuartillas, con más de 400 fotos, que incluyen las rarezas más impresionantes en la historia de la construcción de nuestro país. Las ciudades y pueblos aparecen en cada siglo por orden alfabético.

La bibliografía consultada se encuentra en 45 páginas, las entrevistas en número de más de 100 a personalidades jubiladas o activas en el Sector de las Construcciones.También hay citas de personas vivas, muertas o salidas del país, por-que atrás, aún hoy, a través del tiempo quedan sus obras como tarjetas de presentación.

En el cierre de la estructura, a finales del libro, debemos señalar que el Autor logra magistralmente en un Capítulo relacionar los Secretarios y Ministros de la Construcción en Cuba, desde la primera intervención norteamericana de 1899 hasta hoy, con sus respectivas síntesis biográficas. En otros Capítulos da igual tratamiento a los Constructores Des-tacados durante los 500 años y a los Científicos de la Construcción.

De los cinco Siglos desarrollados en el libro, el XX fue dividido en dos partes. Sus últimos cuarenta años corresponden al período de la Revolución, con cifras actualizadas, incluyendo las construcciones realizadas en el exterior.

Desde los inicios hasta su última etapa vemos cómo la Revolución rompió con todos los esquemas constructivos anteriores, iniciándose en el país una nueva era, con el desarrollo de la industria del prefabricado de hormigón, se tipificaron los proyectos, logrando con ello mayor rapidez en los plazos de ejecución de las obras, aumento de la productividad, reducción de los índices de consumo de materiales, etc. También se emprendieron con tecnología de punta y Dirección Integrada de Proyectos los Polos Turísticos, Pedraplenes y Autopistas.

Estamos en presencia, pues, de un libro Científico Técnico, dirigido a Directores, Especialistas,Técnicos, Estudiantes en general y a todos los amantes de las obras de ingeniería y arquitectura.

Abelardo Padrón Valdés
Escritor e Historiador

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(1) Moreno Fraginals, Manuel, Cuba España-España Cuba, Barcelona, 1996.
(2) Compañía Trasatlántica Sociedad Marítima Mercantil de Barcelona.

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