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Vallao pertenece al municipio de Cangas del Narcea, cuya capital, del mismo nombre, es el núcleo más poblado de este extenso concejo.
Vistas del Barrio de Ambasaguas (En el centro, Puente Romano y Capilla del Carmen), y de la calle Rastraculos. El sector vinícola cangués, único en la región, está siendo potenciado actualmente en la zona... ... y hablar de vino Cangas, es hablar de nuestras fiestas, las Fiestas del Carmen!! ¡¡Qué puede decir alguien de Cangas de las fiestas de su pueblo!! para quien no las conozca, intentaré explicarlo: En las fiestas del Carmen, no sólo confluyen los amigos de toda una vida, los invitados, la familia, turistas y demás amantes de la juerga: como ocurre en las fiestas de cualquier pueblo, se une el ambiente festivo a la devoción religiosa, festejándose el día grande de las fiestas (16 de Julio) con una Descarga de pólvora, que la "Sociedad de Artesanos", que el pasado año 2002 celebró su centenario, dispara con una pasión casi mística en honor a la Virgen del Carmen cuando ésta, en su procesión de regreso a la Capilla de Ambasaguas cruza el Puente Romano.
Durante los minutos previos a la Descarga la tensión alcanza niveles inimaginables en tiradores y apurridores y se contagia por el aire a todo el público, las voces, los comentarios y los consejos de quienes te rodean, apenas llegan a tu mente, pues llevas esperando esto desde el 17 de Julio del año anterior. Esa excitación, sumada al cansancio acumulado de los días y noches anteriores te transporta a un estado de ánimo difícilmente explicable, semejante al que te produce un sueño que está a punto de acabar bien, y del no quieres despertarte, pero las manos no te dejan de temblar hasta que, con un volador en una mano, y una humeante mecha al rojo vivo en la otra, oyes que las campanas han dejado de tañer. Esa es la señal... y es como volver a nacer...! Tras esta señal, indicadora de que la imagen de la Virgen ha alcanzado el centro del Puente Romano, apuntas con la lumbre a la mecha del volador, pero no lo enciendes hasta que oyes subir con un rugido al primer barreno, disparado por el presidente de la Sociedad de Artesanos, que da la salida al resto de los tiradores. Durante más de seis minutos de un estruendo descomunal, miles de voladores que los tiradores disparan a mano van llenando el cielo del atardecer de hileras de humo que se terminan en volutas grises, nubes que, poco a poco, van creciendo en tamaño hasta fusionarse en unas pocas, y al final, formar una sola. Seis minutos en los que los sentidos se van obnubilando, ensordeces por el ruido de las explosiones, la emocionante belleza del resplandor humedece tus ojos, la vibración del suelo bajo tus pies anula la sensibilidad de tu piel y el olor y sabor de la pólvora en nariz y boca te transportan a un estado semihipnótico. Pero durante esos minutos el público percibe la "música" in crescendo, el eco de los voladores devuelto por las verdes laderas de rodean el valle en el que se asienta Cangas, ecos de sonidos de los voladores tirados a mano que parecen como respondidos, apoyados y fortalecidos por otros tantos miles de barrenos que las máquinas sueltan al aire como flechas envenenadas, y simultáneamente surcan el cielo en una ascensión final, con un rugido que te hace temblar, mientras esperas brevísimos segundos que parecen horas a que la última traca, la apoteósica haga su explosión en el cielo
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