| Fragmentos para leer y comentar | |||||||||
| 1984 Orwell | |||||||||
| Monologo de Molly Bloom Ulises ,J Joyce | |||||||||
| Historias de Cronopios y de famas Julio Cortazar | |||||||||
| EL PERFUME � HISTORIA DE UN ASESINO
PATRICK S�SKIND En la �poca que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a esti�rcol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata, las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilaci�n apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a s�banas grasientas, a edredones h�medos y al penetrante olor dulz�n de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre, las curtidur�as, a lej�as c�usticas, los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos ol�an a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran j�venes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos ... No te atrevas nunca m�s, �me oyes?, �no te atrevas nunca m�s a poner los pies en el umbral de un perfumista! As� habl� Baldini y, mientras hablaba, la habitaci�n se fue impregnando de "Amor y Psique". Hay en el perfume una fuerza de persuasi�n m�s fuerte que las palabras, el destello de las miradas, los sentimientos y la voluntad. La fuerza de persuasi�n del perfume no se puede contrarrestar, nos invade como el aire invade nuestros pulmones, nos llena, nos satura, no existe ning�n remedio contra ella. Grenouille hab�a dejado el matraz sobre la mesa y secado su mano impregnada de perfume con el borde de la levita. Uno o dos pasos hacia atr�s, el torpe encorvamiento de su cuerpo bajo la fil�pica de Baldini bastaron para dispersar por el aire oleadas de perfume reci�n creado. No hizo falta nada m�s. Ciertamente, Baldini todav�a gritaba, clamaba y escarnec�a, pero con cada aspiraci�n disminu�a en su interior la ira que alimentaba su locuacidad. |
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