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El vendedor de letras

En Abecelandia había una vez un vendedor de letras. Vendía letras flacas y panzonas, redondas y triangulares, mayúsculas y minúsculas, prolijas y desprolijas, verdes, violetas y de todos colores. Porque el vendedor vendía todos los días cosas distintas. Nadie sabe como se llamaba, le decían Beto, el vendedor de alfabeto.
Cada mañana se preguntaba qué tenía ganas de vender. Si se levantaba con ganas de vender frutas vendía la A. Y salía por su barrio a vender:
- ¡MANZANA, ANANÁ, BANANA!
Y a la noche, a veces, aunque todos lo querían y adoraba a sus nietos, pensaba pero la A es amor, mientras hacía una ensalada de frutas.

Otro día se disfrazaba de barrendero, un barrendero muy especial que estaba vestido de brujo, con un mameluco blanco. Como la escoba la usaba para barrer, iba en bicicleta por Abecelandia.
Esa noche, cuando estaba por llegar a su casa, vio a Berta con sus cinco nietos en la vereda. Y como no había barrido tanto, se ofreció a dejársela bien limpita. Al otro día también se fue en bicicleta, vendía cacerolas, gorros de cocinero y afilaba cuchillos. Pasó por la casa de Berta con la ilusión de un chico pero no estaba en la vereda.Otra mañana quería vender frutas de nuevo y salía por su barrio a vender:
- ¡Duraznos y damascos!
Ese día vendía todo del mismo color e iba vestido al tono, de color durazno.Luego fue verdulero, se sintió triste porque no había vendido ni siquiera una espinaca.
- ¿Cómo está Don Beto?
- Doña Berta, hoy casi nadie me compró nada.
- Mis nietos tampoco quieren comer “nada verde”. Tiene que aprender a hacer croquetas de espinaca.
Y mientras miraba las estrellas esa noche, aunque todos lo querían y adoraba a sus nietos, pensaba pero la E es cielo estrellado, para mirar enamorado y que para colmo al día siguiente sería florista. Y fue florista. Y vendió muchas fresias. Pero no se sintió feliz porque no tenía nadie a quien regalárselas. Llevó a su casa un ramo para su hija y a la noche mientras que cenaban los fideos que él mismo amasaba, ella le dijo:
- ¿Qué te pasa papi que volviste temprano? Hace unos días que te noto raro.
- Hoy sentí que no tenía nadie para regalarle flores.
- A mí me regalaste, papi.
- Sí, nena, vos sabés de qué te hablo porque también estás sola.
- No es lo mismo papá, mi marido se fue, nos dejó. Pero papi, vos estás bien, no tenés que pensar así, fueron muchos años con mamá pero podés conocer otra señora, hay clubes, tenés que tener fe.
Esa noche, aunque todos lo querían y adoraba a sus nietos, pensaba pero la F es felicidad y eso empieza con fe, su hija tenía razón. Y se quedó hasta tarde, mientras horneaba para el día siguiente.¡Las galletitas que vendió fueron las más ricas! Con formas de animalitos, “masitas” como las de su infancia. Las galletitas “G” venían en bolsitas con dos animales cada una: gallinas y gerifaltes, canguros y guanacos, guepardos y cigüeñas y gatos y pingüinos.
No le importó la ganancia. Esa noche pensó que G era de ganas.Entonces no solamente vendió en su barrio empezó a comercializar helado en su bicicleta con una bocina de heladero. Llegó hasta el castillo, su fábrica se llamó “El hado”. Su especialidad: helados para hormigas y ratones: con forma de hoja y queso y para perros y gatos: con forma de ratón, gato y hueso.
Pensó en sus nietos, fanáticos de las cajitas feliz, inventó un helado nuevo con sabor a hamburguesa y huevo frito. Y para su hija el helado light, de zanahoria y huevo duro. Pero esa noche los extrañó porque no volvió. También un poquito extrañó a Berta.Se entusiasmó con la heladería y durmió en lo de Paí Luchí porque le tocaba la I y quería ir hasta el polo y poner una heladería en un Iglú, con helados para colibrí, con gusto a kiwi y maní, a higos y ají.¿Si son ricos? A mí me los recomendó el Paí Luchí, Ciclón no estaba, menos mal porque si no se le acababa todo el helado. Ah, y el picaflor que pidió helado de flor, la especialidad: helado de alhelí.
Beto se hizo famoso por su galletitería y su heladería y porque el Paí hablaba de él todo el día. Pero extrañaba a sus nietos y volvió a su barrio.Se apareció en el jardín de infantes con juguetes para todos. Aurelio y Eulogia jugaron con sus amigos y comieron los conitos más ricos del mundo.También les llevó helados y juguetes a los cinco nietos de Berta. Y como hacía mucho tiempo que no lo veía, ella lo invitó a comer algo. Unos sandwichitos de jamón y queso y jugo. Lo que más le gustaba a Beto.
Hacía mucho tiempo que no lo veía y su padre no llegaba. Y la hija mientras lo esperaba preparó algo pero se puso a charlar y no cocinó. Comieron algo especial : fiambre surtido, jamón cocido y jamón crudo con ensalada jardinera y huevo.Y al otro día fue kiosquero. Pero ya estaba tan acostumbrado a viajar que empezó también a recorrer kilómetros y kilómetros en su karting Kiosco ambulante. Y le regalaba a los chicos chicles con gusto a kiwi y caramelos “kmelos”.Como ya había regalado juguetes, helados y golosinas y él era tan lector: le regaló a los nenes de la sala unos cuentos y poesías para leer por placer y una enciclopedia para investigar y a los nenes de la escuela literatura, manuales y diccionarios. Fue un gran librero, recorrió el mundo de Abecelandia en Vuelta al Mundo. Vendió libros con imágenes, con letras mayúsculas y minúsculas y hasta con letras solas para los más grandes. Y también les narraba a los más chicos y les leía a los más grandes con sombrilla cuando había sol, paraguas cuando llovía y seguía y seguía hasta con linterna bajo la luz de la luna y las estrellas. Cuando vio la luna volvió porque le iba a regalar a Berta una novela.Hubiera sido librero toda la semana pero a la mañana siguiente fue mago, recorrió en moto el mundo con su secretaria que era una mona muy mona. Su varita era una pluma y su mochila estaba llena de trucos de magia y palomas. Las convertía en mariposas de colores. No cobraba entrada, trabajaba al monedero. Y él que se había gastado todas las moneditas, le donaba un alimento no perecedero o le convidaba un caramelo.
Pero siendo mago no pudo hacer aparecer una novia. Berta va a pensar en Mengano o Zutano y pensó: mañana es N de novia. Estoy seguro que me quiere. No salgo a vender nada.Nadie sabe porqué el vendedor de letras ese día no vendió nada. Algunos dicen que hizo números para ver si podía irse a vivir con Berta. Otros que estaba tan nervioso que cruzó puentes, patinó, escaló montañas, nadó y esquió por la nieve pensando en ponerse de novio. Pero que para no pensar se llenó la cabeza de números por un día. Dicen que con los naipes jugó a la escoba de quince. Hay quienes dicen que los fantasmas en lugar de porotos usaban naranjas para contar jugando al truco con las cartas de sus trucos. Seguro que estuvo con Pinocho y con su canción le enseñó a contar hasta ocho. Iba por todos lados diciendo “A la una sale la luna... y cuando llegaba al diez decía: “cuando salga la luna le voy a decir a Berta si se quiere casar conmigo”.
Berta no le dijo que no, le contestó que lo quería mucho, pero que a su edad, tenía que pensar en su hija que precisaba ayuda con los quintillizos, que su yerno no estaba en todo el día, porque llegaba muy tarde de trabajar, que no sabía cómo decirle.
Y esa noche, tomaron jugo de naranjas, se pusieron de novios, pero pensaron que N era nietos que los adoraban, que se juntarían a cenar al día siguiente para que se conocieran porque ellos también se amaban.Desde la mañana se puso a amasar ñoquis:
- ¿Tan temprano cocinando para la cena?
- Porque hoy seremos muchos a cenar.
- ¿Quién viene a probar tus ñoquis? – dijo Eulogia celosa
- Viene Berta, la hija y su esposo, sus cinco nietos.
- ¿Alguno cumple años?
- No queremos hablar, que se conozcan.
- ¡El abuelo está de novio! ¡El abuelo está de novio!
- ¿Cuántos nietos dijiste que tiene?
- Es mi amiga, la de los quintillizos.
Y cenaron unos ricos ñoquis y también había lasagna. Era sábado a la noche, podían quedarse hasta tarde. Las niñas jugaron, los niños pelearon un poco y los grandes hablaron, y también discutieron un poco:
- Pero mamá, vos sabés que te necesito, a tu edad, enamorarte.
- Pero mi amor, ya nos vamos a arreglar.
- Vos llegás siempre tan tarde de trabajar.
- Yo a mis nietos no los voy a descuidar.
- A mí me parece bien, papá, eso que estoy sola con los chicos pero te veo bien y eso es lo que me importa. Y además así no vas a estar de un lado para el otro vendiendo cosas por el mundo.
A los quintillizos, la idea de que Beto fuera su abuelo les encantaba, a Aurelio le daba celos y Eulogia seguía cargando a su abuelo: ¡El abuelo está de novio! ¡El abuelo está de novio! Y las nietas de Berta también cantaban: ¡La abuela está de novia! ¡Tenemos un nuevo abuelo!
Y después de los ñoquis comieron cañoncitos con dulce de leche y ahí nadie más hablo ni discutió.Desde que se despertó, empezó a soñar qué podía hacer con la O. Buscó el poncho y el gorro e infló e infló globos rojos. Era domingo y esta vez fue ayudado por Berta y llevaron al sector del parque a sus siete nietos.
- ¡Hoy vendo globos! ¡Hoy vendo globos!
Todos los globos tenían formas: de Saturno, con los anillos, de corazón y la de zorro, por supuesto, el logo del parque de diversiones. Le encantó ser globero y pasar en familia un día entero. A Berta también le gustó mucho darse cuenta lo famoso que era Beto. A Aurelio le gustó poder ir a juegos que nunca había ido porque su hermanita no se animaba. Fueron cuatro en la Montaña Rusa que nunca iba porque ninguno lo acompañaba. A Eulogia le encantó ir con las dos nenas a las Tacitas, que su hermano nunca la llevaba. Y a Berta le encantó su globo en forma de corazón.
Al otro día lo vieron salir a Beto muy paquete con un pantalón nuevo y bien peinado. Y con un paquete. Aurelio le preguntó:
- Abuelito, qué llevás en el paquete.
- Adiviná.
- Con P... con p... –pensó Aurelio- ya sé una pelota!
- Hay nene, vos siempre pateando pelotas, para mí tiene unos patines –dijo Eulogia.
Y el abuelo les dijo que no era para ellos los regalos pero que no les podía decir lo que tenía ahí. Que era un regalo para alguien muy especial y que se tenía que ir porque la pava ya debía estar puesta. Voy a comprar pasteles y les voy a traer a ustedes.
- ¡Qué misterioso está el abuelo!
- Hoy es lunes, ¿no salís abuelo? – dijo Aurelio.
- No tenemos tiempo que perder a nuestra edad. Haremos todos los trámites que haya que hacer y si se puede, el viernes: al registro.- Pero si ñoquis comimos antes de ayer, abuelo.
- Pero hoy es q de queso y nada mejor que mis ñoquis.
- Hoy también vienen todos que estás haciendo tantos.
- Y también va a haber panqueques.
- ¿Y qué había en el paquete, abuelo? – dice Aurelio.
- Ya la van a ver a Berta con sus zapatos nuevos el viernes.
Y mientras el abuelo preparaba la salsa a los cuatro quesos, se pusieron a cargarlo para ver si decía algo. Pero el abuelo solamente dijo:- Me alcanzás el queso para ir rayando
Y mientras el abuelo preparaba los panqueques, se pusieron a advertirle:
- Abuelo, te vas a quemar, no seas cabeza de novia.
- Me alcanzás el mantel – dijo el abuelo.
- ¿El mantel?
- Hoy cenamos en el quincho y con mantel.
Los chicos ayudaron y poquito a poquito levantaron y lavaron las copas y esta vez fueron sus nietos, aunque sabían que el abuelo los quería y se habían divertido que pensaron que la Q era de quintillizos. Y el abuelo sentía que la Q era de querer y ser querido.Mañana voy a salir a vender ropa y compraré remeras nuevas para que los chicos se estrenen. Llenó su carro.
- Revuelva, señora revuelva. En el carro no hay nada caro: polleras, remeras, camperas, todo para sus chicos.
Esa noche el abuelo llegó con dos paquetes: uno chiquito con una remera rayada azul y roja y otra rosa y blanca. Y otro paquete más grande con tres remeras azul y roja y dos rosa y blanca.
-- Yo con las nenas me llevé rebien.
- Si, las ví que estaban jugando las tres.
- Seré mañana vendedor de sombreros, hay un cuento que me gusta que tiene un protagonista que vende sombreros, yo seré el mejor.Como había mucho sol, se puso el sombrero que le quedaba mejor y allí empezó a apilar sombreros, gorras, capelinas y viseras.- Seré prudente no iré a la selva porque los monos me las van a robar y además le tengo miedo a las serpientes. Voy a ir hasta el castillo del marqués. Me llevaré la canasta con sandwiches para el camino y una sillita.
- Papá, llevás la sombrilla.
- Hija, tengo sombrero.
- Ma, quiero conocer el castillo, puedo ir con el abuelo.
- No, sabés que cuando el abuelo se va a vender puede caminar mucho. Va a ir hasta el castillo ¿sabés para qué?
- ¿Por qué se va con esa señora?
- ¡¡¡Entonces el sábado conoceremos el castillo!!!
- El castillo no, la capilla. El abuelo cuando trabaja siempre va solo.- Don Beto, dónde va hoy con tantos sombreros.
- Seguramente el marqués me comprará para todos sus nietos. Y quiero también una sencilla ceremonia en su capilla.- ¿Qué hacés papá? No me digas que vas a amasar tallarines hoy también.
- Es que no puedo dormir, estoy nervioso. ¿Y vos qué estás haciendo?
- Yo estoy haciendo la torta.
- Abuelo, ¡hoy tenemos tallarines igual!
- ¿Qué hacen levantados a esta hora? El casamiento es a las doce y media, después del jardín.
- No puedo faltar, yo también quiero ayudar.
- Ayudá ahora, sacá la tetera pero tené cuidado. Cuando ustedes van al jardín yo tengo que limpiar acá.
- ¿La tetera de porcelana? Nunca tomamos el té con tetera.
- Pero hoy sí, te con tetera y las tazas del juego también.
- Por supuesto papi, después las saco yo.
- Pero mami, se rompieron dos y seremos doce, ¿no es cierto?
- Y algunos vecinos más, pero Berta también trae su juego de tazas de té.
Esa noche, porque adoraba a Berta, porque sus hijas que se conocían de cuando eran chicas la habían pasado bien, porque la hija y el yerno de Berta también estaban contentos y porque, aunque se peleaban, los chicos habían jugado tranquilos, pensó hoy es T de una tarde sin tiempos, con torta y tallarines. Y también pensó que Berta estaba hermosa con el vestido que él le había comprado y pensó en Berta de novia.Últimamente no había pensado en otra cosa, ultimados todos los detalles, con un uniforme a la usanza antigua y un trajecito elegante y ajustado y tocado de tul entraron juntos. En cada banco de la capillita había un chico, en el primero del lado izquierdo Aurelio y del derecho Eulogia, luego los quintillizos y también los nueve nietos del marqués. Después de la emotiva pero sencilla ceremonia, en el jardín del palacio brindaron, comieron unas trufas y ultraligero se fueron en el unicornio que trajo el ujier a pasear por el universo de luna de miel.Y cuando volaron no pensaban que estaban extenuados. Se fueron así vestidos y todos saludaron al famoso vendedor. Se sentían como en la edad del pavo, unos veteranos enamorados.
Caminaron viendo vidrieras y él le regaló unos versos, “viste que lo mío son las palabras”.Estuvieron de weekend y aunque debían cuidarse, comieron un sándwich y hasta tomaron helado con un poco de whisky.Y mandaron un fax, porque extrañaban a pesar de estar en los más exclusivos hoteles y comer exquisiteces. Prometieron volver al terminar el abecedario, porque el viernes era la fiesta de fin de curso.
Ya me deben estar extrañando mis clientes, pensó Beto.Y cuando fueron a la playa se dijeron ya termina nuestra luna de miel pero ahora que terminan las clases, nos podemos venir unos días con los chicos, hasta Navidad.
Y con la Z llegaron a casa. Volvieron por unos días al zapallo, el zapallito y la zanahoria. Nunca más se preocuparon por ser el hazmerreír de Abecelandia, no les importó el zodíaco, solamente el amor que los revitalizó.

Y este cuento se termina, de la A de amor a la Z de final feliz.

María Martha Castaño.

 

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