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Mateo y yo
"¡Quiero más!", dijo Don Clodo, un tortugo medio extraño que vive en el fondo de mi patio, mientras se terminaba el último geranio del jardín.
Como verán, este es un tortugo muy particular, nadie sabe bien por qué razón se le ha dado por treparse a los tallos y comerse una a una, las flores de mamá. Eso sí, a los únicos que ni se les acerca, son a los cardos.
Y como yo lo quiero mucho, porque es un gran tortugo, ando haciendo flores en papel crep y las voy pegando en los espacios que quedan en blanco, porque si en casa se enteran a mí me matan y a Don Clodo lo echan de caparazón a la calle.
Por lo demás es un buen tortugo, no ladra, no maúlla y no pía. Aunque yo lo escucho… Don Clodo es muy sabio, y como es muy sabio, sabe escuchar y entender a los niños. ¡¿Qué suerte que tengo, no?!.
Yo solía contarle que estaba enamorada de Mateo, el chico de la otra cuadra, el que va a tener un hermanito dentro de poquito. Sí, a él siempre me lo encontraba en el jardín, pero ni siquiera me saludaba… pero era mi novio igual. Lo que pasaba era que él todavía no lo sabía. Pero cuando se enterara de la noticia le iba a encantar.
Hace unos días llevé a Don Clodo en mi bolsillo al jardín, para que lo viera y me diera su opinión. Este tortugo es experto en chicos que no saludan. Después de verlo, se metió en su caparazón un instante - él dice que tiene millones de enciclopedias ahí dentro, y así debe ser -, luego asomó y me dijo:
-Mmm… - Y yo me quedé esperando, pero Don Clodo estaba como hipnotizado. -Mmmm, creo que el problema de este chico, Mateo, es que …es que… - nunca había visto a mi tortugo tan desconcertado - es que ya tiene novia.
Pero, ¿cómo?, le pregunté. Si yo nunca lo vi con ninguna nena.
-Pasa que esa nena no lo sabe. Pero el sí sabe que es su novia.
Aaaa!! Quería gritar de bronca. Cómo podía tener otra novia, si su novia era yo, claro, aunque el no lo supiera todavía.
Ese día pensé todo el día en él, estaba furiosa. Dejé a Don Clodo en el jardín y estaba tan distraída que hasta me olvidé de hacer las flores para reponer aquellas que el tortugo se comiera, para cuando quise hacerlo ya era muy tarde… mamá estaba muy enojada.
Al día siguiente fui al jardín, le pedí a mamá que me atara muy bien mis colitas - tenía miedo de que mis pelos salieran volando en cualquier momento -, me encontré con él y le dije muy firmemente:
-¿Con que tenes otra novia que no soy yo, eh?
Él me miró perplejo, parecía no entender nada.
-Yo no, no tengo otra novia, ni ninguna tampoco. Porque la única nena que me gusta… y mucho, sos vos. ¿Querés ser mi novia?
Yo me moría de vergüenza. ¡Qué papelón!. Parece que Don Clodo no era tan sabio como yo creía.
¡Sí! Le dije contenta, pero sonrojada.
Desde ese día le prometí a mamá enseñarle a Don Clodo a comer como un verdadero tortugo, Mateo y yo somos novios, y lo mejor de todo, es que los dos lo sabemos.
Romina Mroczek
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