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Hostería Maitén
La hostería Maitén es un lugar de sueños. Sobre la ladera de la montaña y justo antes de caerse al agua del lago, asoman sus esplendorosas paredes de troncos y su chimenea, que a la noche cuando, empieza a refrescar, expulsa aros de humo gigantes. Maitén es la hostería de Paco, un huemul muy hospitalario y cordial, meditabundo y sobre todo habilidoso. Si hay algo que lo destaca en toda la región es su capacidad para solucionar todo con casi nada.
A lo hostería llegan animales de todo el mundo. Viajeros cansados de la rutina de la selva, sedientos mochileros del desierto, acalorados habitantes de las orillas de todos los mares y congelados pingüinos también. Todos vienen en busca de la tranquilidad del bosque y de las palabras de Paco, que en cada nueva visita dejan huellas profundas en las almas y los sueños de sus hospedados.
Cada temporada se colman las habitaciones, osos, lobos marinos, tigres, leones, llamas, vacas; todos conviven en perfecta armonía el tiempo que duran sus vacaciones en Maitén. Aunque algunos suelen quejarse de Rodolfo, un erizo mezquino, ruidoso y rezongón, que se la pasa gritoneando a todos como si fuera el dueño de la verdad, y para colmo ronca tan fuerte que hace temblar las paredes de sus vecinos de cuarto, y por las noches, cuando ya nadie anda por los pasillos, comienza a sonambulear por la hostería despertando a todo el que haya tenido la suerte de poder pegar un ojo.
Este verano el conserje de Maitén será Leo, "el solterón", un hurón bastante torpe, metiche y metepatas. En el bosque lo conocen muy bien porque no hay problema en el que no haya estado involucrado. Pero como Paco es su viejo amigo, y este año se quedó sin conserje - porque la coneja que atendió la hostería durante años ha tenido conejitos-, Leo se ofreció a darle una mano, y Paco no pudo rehusarse.
La cuestión es que las cosas comienzan a funcionar de un modo un poco extraño este verano. Pareciera que hay más turistas que en otros años y no hay más hosterías alrededor del lago. Y aunque mucho se comenta el extraño movimiento, Paco no sabe nada porque tuvo que viajar unos días a cuidar de su tía, que ya está un poco viejita.
Y los turistas siguen llegando, y llegando... y llegaaannndo!!!. Leo no quiere que ninguno se quede con las ganas de disfrutar el lago, y tampoco quiere que su viejo amigo se pierda algún cliente, así que decidió comenzar a amontonarlos, agregó camas y colchones por todos lados. Entre las hoyas colchones desparramados, entre los sillones y el hogar almohadas y almohadones.
Una jirafa duerme la siesta acostada, ocupando todo el pasillo que va desde los dormitorios a los baños, en una de las piezas un león, arriba de él un tigre, y encima de él un alce y arriba de él, apretando su panza contra el techo un mono comiendo banana.
Y pobre el cocinero, a la hora de la cena, del almuerzo, el desayuno y la merienda, que tiene que andar a los saltos entre loros y cigüeñas para alcanzar las hornallas para preparar las delicias de Maitén.
Y como era de esperarse, de a poco todos comienzan a quejarse.
- ¡Silencio!. Que esto ya parece un zoológico-, dijo el tigre.
- ¡Peor, se parece a un gallinero! -, respondió Rodo zocarronamente.
- ¡Cua, cua cuacua! -, le respondieron las gallinas enojadas.
- ¡Que vuelva Paco! -, dijo el león dando un gran rugido.
- Pero, señores. ¿Por qué razón están tan alterados? ¿A caso no están disfrutando su estadía en esta maravillosa hostería? - pregunto Leo amablemente y todos los animales comenzaron a gritarle a la vez.
¡Qué despiole! El bosque está conmocionado.
- ¡Mañana mismo nos iremos! ¡Este no debe ser el lugar del que tan bien me habían hablado! -, dijo el guanaco enojado.
De pronto todos comenzaron a marchar, como podían, a sus cuartos para armar las valijas. Caras de enojo y desconcierto pasaban cerca de Leo, refunfuñando por lo bajo. Las ardillas del bosque se preocuparon mucho, ellas y todos los animales de la montaña adoraban al viejo Paco, y no querían que los turistas se fueran del lugar pensando que Maitén ya no era el mejor lugar del mundo para pasar el verano. Paco moriría de tristeza si sus viajeros no volvieran al lugar.
Esa noche hubo una gran reunión a orillas del lago, estaban todos los amigos de Paco planeando qué podían hacer, mientras Leo hacía malabares para tratar de contentar a los huéspedes, aunque sólo fuera por un ratito más.
Rápidamente decidieron construir una nueva hostería, pegadita a Maitén. Todos colaboraron, talaron árboles, prepararon macetas con flores para las ventanas, construyeron hermosísimos muebles rústicos y hasta construyeron un cuarto laaaargoo, largo para que la jirafa pudiera dormir sus siestas cómodamente. Trabajaron toda la noche sin cesar, cantando alegres canciones.
Al amanecer todo estaba listo, el aroma a chocolate caliente despertó a todos los turistas de Maitén... algo raro sucedía.
- Buen día Señor Mono - le dijo la ardilla trepada a la torre de animales invitándole una gran banana -, ya está lista su nueva habitación, por favor acompáñeme que se la enseño.
- Buen día Señorita Jirafa, permítame enseñarle nuestra nueva suite para jirafas africanas, construida especialmente para usted - le dijo la lechuza.
Todos los animales comenzaron a mirarse extrañados.
- ¡Adelante! ¡Conozcan el Maitén 2! Construida especialmente para todos ustedes -, gritaba el conejo saltarín.
Y en medio de las mudanzas y las sonrisas que habían vuelto a su lugar llegó Paco, que sorprendido por el albedrío y los cambios de la hostería se quedó por primera vez boquiabierto, sin saber qué decir. Lila, la grillita, le contó todo lo que había pasado en un santiamén, entonces Paco pudo entender.
- Este es el mejor rincón del mundo, nunca dejaré de volver -dijo el león.
- Podrían haberlo adornado mejor - refunfuñó Rodo, mientras todos le gritaban que se callara.
- ¡Es increíble!.
- ¡Que precioso!.
Paco no sabía como agradecer a sus amigos, quienes en realidad también ayudaron a Leo para que no se ligara otro reto, porque en este asunto de ser conserje no tenía experiencia.
Y así fue como Maitén 2 abrió sus puertas y aún hoy sigue siendo el lugar preferido de todos los animales. Paco ya está muy viejito, y lo ayudan todos sus amigos porque ya no ve muy bien, y le cuesta un poco escuchar, pero sin lugar a dudas sigue siendo el mejor consejero y el huemul más hospitalario que se haya conocido, y por ser tan buen amigo sigue siendo el elegido de todos los animales de todos los rincones del mundo.
Romina Mroczek
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