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Abril y su calendario disparatado

Abril ya era grande cuando la conocí. Podía contar hasta cinco con sus dedos chiquititos, arremangarse solita las mangas para lavarse las manos, guardar en su lugar cada uno de sus juguetes y hasta podía escribir su nombre a la perfección.

Le encantaba perderse en el calendario que colgaba de la puerta de su armario. Ninguno de nosotros, los más grandes, sabíamos de sus aventuras o mejor dicho, de sus travesuras, porque a Abril le fascinaba cambiar el orden de los días. Logró que los meses no siempre comenzaran un día lunes y que casi ninguno terminara en domingo y en especial que los feriados nunca cayeran en fin de semana.

Puede sonar chistoso, pero Abril no nació en el mes de abril, nació justo en la mitad del mes de mayo. A veces me pregunta: “¿Por qué no me llamaron Mayo?”. Debe ser porque es un nombre feo y para varones. ¿No?. Y ahora que lo pienso, ¿no sería por su nombre que le gustaba tanto jugar con el calendario?

Una tarde, Abril fue a jugar a la plaza del calendario disparatado, dispuesta a poner todo cabeza bajo. Comenzó por los números, después por los nombres de los días y por último arremetió contra los meses.

¡Que almanaque más descabellado! Y no porque anduviera sin pelos, sino por lo alocado. Tanto era el lío, que ya ni siquiera Abril entendía lo que estaba pasando. Se había mareado de tal manera que no podía volver a ordenarlo, porque ni siquiera recordaba si el lunes estaba después del domingo, o si el viernes llegaba antes que el sábado y como temía que le dieran un gran reto se fue a dormir en silencio, sin contarle a nadie el lío que había armado. Fue tanto el desparramo, que en ese nuevo orden el cumpleaños de Abril ya se había pasado.

Al día siguiente, al levantarse, Abril fue a mirar su calendario para ver si solito y por casualidad se había ordenado y fue ahí cuando se dio cuenta que todos lo habíamos olvidado.

- ¡Buaaa! ¡Buaa! – se desilusionó, no le había llegado ni un sólo regalo.

- No llores pequeña - le dijo la puerta del armario - nada malo ha pasado.

- ¡Si! Todos se olvidaron de mi cumpleaños.

- Ven aquí - le dijo la puerta, invitándola a sentarse en su regazo- siéntate y verás que en realidad nadie lo ha olvidado.

Mientas le acariciaba el cabello, se iba ordenando el calendario y le explicó que era tanto el desorden que había dejado que su cumpleaños se había mezclado con los días del mes equivocado y que en realidad faltaban varios días para poder festejarlo.

- ¿Ves? Ahora estamos en Abril...

- ¡Como yo! - dijo secándose una lágrima

- Claro, como tú - le dijo sonriente mientras terminaba de ordenarlo recitando: “30 días trae noviembre, con abril, junio y septiembre; 28 sólo uno, los demás de 31”. Ahora todo está en su lugar.

Una vez ordenado, los días pasaron y por fin llegó el gran cumpleaños, hubo tortas, chicitos, globos, un payaso y un mago. Yo le regalé un libro de cuentos y estuvieron todos sus amiguitos del jardín que también le trajeron hermosísimos regalos.

Cuando la fiesta terminó fue corriendo hasta su cuarto, para ver qué día caería el próximo feriado largo, porque la invité a pasear. Eso sí, prometió esperar pacientemente y sin volver a armar ningún desparramo en la plaza de su calendario disparatado.

Romina Mroczek

 

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